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LA DEFENSA DEL FORTÍN CAPIRENDA Y LA AVALANCHA GUARANÍ


Por: Félix Yúgar Arias. (1910-1973) - Benemérito de la Guerra del Chaco - Condecoraciones por heridas de guerra: Estrella de Hierro en dos oportunidades por el Capitán General del Ejército. / Artículo publicado en el periódico La Patria el 13 de junio de 2010. / EXTRACTO DEL LIBRO 1003 DIAS EN EL INFIERNO VERDE

En Homenaje a los héroes que dieron todo por lo que tenían en su verdadera Patria. Bolivia.
Para que comprendamos que antes de sentirnos dueños o de decir que pertenecen a una determinada región, y desfigurar nuestra identidad, deben saber que somos bolivianos/as, antes que nada
11 DE ENERO DE 1935

Con todo ahínco evoca mi mente los días pasados en el Fortín de Capirenda. Después de la avalancha guaraní al cantón de Villamontes a cuyas proximidades el General Estigarribia proclamaba en sus manifiestos que el Ejército paraguayo tomaría Villamontes haciendo irradiar su espada en tal o cual fecha. Todo aquel sueño fantástico se frustró al estrellarse contra el baluarte inexorable de nuestros obstáculos y posesiones bien fornidas. Al ver fracasadas aquellas intentonas es que se trasladó casi todo el ejército pila hacia nuestro sector.

CAPIRENDA.

Era un lugar donde existían tres lagunas, una delante de nuestra línea y las otras detrás.
ORDEN IMPARTIDA POR EL COMANDO DE LA 3ra DIVISION
A las diez de la mañana del día 4 de Enero de 1935, cuando trabajábamos nuestras posiciones, empapados de sudor y tierra, para poner resistencia al invasor que avanzaba paulatinamente del lado de la Picada Escobar; un estafeta del Comando del Regimiento, con el fusil a la bandolera y su pijchu de coca se aproxima ante el Comandante de Compañía, Guido Pradel y dice:
Mi Suf. Le traigo ésta Orden Circular.
Leyó frunciendo el ceño y nos pasó para cerciorarnos como amigos a mí y a Caldera (estafeta) que era como su hermano. Lo copiamos rápidamente y devolvimos. El tenor literal decía lo siguiente:

MANIFIESTO

Al soldado del Regimiento "Parapetí".
En la defensa de Capirenda debéis portaros con todo valor para aniquilar al enemigo que inútilmente ha de querer pasar adelante. Para esto observad las siguientes reglas:
A.- Observad al enemigo, apreciad la distancia a la que se encuentra, graduad el alza y disparad apuntando a conciencia, si cada uno mata o hiere a cinco pilas.
B.- Será suficiente para terminar con ellos.
C.- Aquí el enemigo se ve a la distancia por consiguiente no hay sorpresas.
D.- Conservad la serenidad y rechazad con continuo fuego todos los asaltos que el enemigo intente, ya los verás caer como moscas.
E.- En ésta defensa, cada tirador defiende a otro con el fuego cruzado o flanqueante.
F.- Cada grupo está defendido por otro.
G.- Cuando el enemigo quiera tomar agua hay que aprovecharlos.
H.- No dejes de hostigar en todas las direcciones para que el enemigo no pueda emplazar sus ametralladoras, hostiga las alturas y partes arboladas, en las noches hostiga las orillas de la laguna.
I.- Si de día no puedes abastecerte, espera tranquilo la noche para comer, Agua tienes a la mano.
J. Cuando el enemigo quiera envolverlos, entonces.
K.- Los otros Regimientos atacarán.
L.- No dispares sin apuntar bien.
M.- La Patria exige tu sacrificio, debes morir o vencer.
Fado. Cmdo.3ra Div.
Tal fue el manifiesto que nos impartieron de retaguardia y por eso se preparó fuertes posiciones de defensa.
El 5 de Enero, ya las patrullas enemigas acudieron a nuestro frente aproximándose a menudo al frente de la laguna que nos circundaba.
Los entretenimientos frontales con fuego cerrado, nuestras patrullas destacadas lateralmente vuelven constatando la maniobra de cerco que nos preparaban los regimientos paraguayos en gran número, siendo algunas de nuestras patrullas sorprendidas y dispersadas en el monte.
El 9 de Enero, se nos concentra el fuego incesante de artillería queriendo extinguirnos. Estuvimos de mucha buena suerte porque los proyectiles que nos disparaban se clavaban en las lagunas ¡sápak…sápak…! En la noche nos cruzan proyectiles luminosos de su artillería despidiendo luces blancas.
El 10 de Enero un hostigamiento lejano se escucha a nuestra espalda o retaguardia, era el choque, después el combate de fuerzas pilas con nuestro grueso. Otro tiroteo estalla próximamente, signo del cerco ya formado en su totalidad. Se preguntan con su rugido las ametralladoras, una grave situación la nuestra. El Comandante de mi Regimiento Mayor Monje Gutiérrez, fue asaltado en su puesto logrando huir a nuestras líneas. Cocinas y todos de retaguardia fueron sorprendidos.
El 11 de Enero de 1935, de acuerdo a las opiniones del Comandante del Regimiento y Oficiales, se propuso salir del cerco a costa de cualquier sacrificio, dejando centinelas que distraigan mientras la reunión del grueso.
Recuerdo las frases de aliento del Mayor Monje Gutiérrez, que dijo:

"ESTA ES UNA DECISIVA PARA NOSOTROS, MORIREMOS O SALDREMOS DE ESTE CERCO".

El agotamiento de nuestra munición es un fracaso, el enemigo es seguramente toda una División, como se aprueba por nuestra misma observación. Efectivamente gritaban los pilas "bolivianitos a acostarse temprano que mañana estarán de viaje a Asunción", mas ironías de la guerra.
A las cuatro de la tarde nos constituimos en nuestras posiciones. Fui a socorrer a un herido que gritaba, constatando que no era grave sino de pequeñas carcazas en la espalda, en las regiones escapulares. Vuelto de aquella tensión vi que el Sbtte Pradel había reunido a todos los Clases de la Compañía Avaroma Flores y otros que por esa vez el Regimiento Parapatí 47 de Infantería se componía la mayor parte de benianos y cruceños, especialmente la Compañía de Pradel, quién después de reflexionar a los citados Clases dice: No es la primera vez que me veo en este trance, en Alihuatá y en el Carmen me sucedió igual cosa pero siempre yo he salido; así que si las otras Compañías se niegan a salir, nosotros romperemos a la noche el cerco y saldremos a costa de cualquier sacrificio, la orden de la reunión sigilosa en el puesto del 2do Batallón, ES TRES MORTERAZOS SEGUIDOS, hay que dejar centinelas que distraigan a los pilas mientras la reunión del grueso ¡entendido…!
-Sí mi Teniente. (responden a una sola voz).
A eso llega otra orden del Regimiento, de que la hora de la reunión sea modificada, en vez de morterazos la entrada de la Luna que debía caer a las dos de la mañana aproximadamente.
Hay instantes en el corazón humano que por más fuerte que uno sea, se apodera el desvanecimiento, así como un ser desamparado vi caer y entrar el Sol en su ocaso, clamando las siguientes palabras ¿Oh Sol mío, mañana a estas horas ¿qué será de mi?, y el Sol penetró con sus últimos destellos del día. Medité y clamé a Dios y a mis detentes que me salven del peligro de esa noche.
El griterío cercano de los pilas ¡bolivianos acostarse temprano que mañana temprano estarán de viaje a Asunción!, este griterío se calló un tanto en la noche. Todo se cumplió con la orden del Regimiento, se dispuso centinelas al contorno del cerco, verdaderos hombres de sacrificio, quienes contestaban con el tiro del fusil al traqueteo de las ametralladoras pilas. Mientras tanto el grueso del Regimiento, iba reuniéndose en el puesto del segundo batallón.
Llegada la hora a eso de la una a dos de la mañana en un avance sigiloso tropezamos y rompimos la línea telefónica enemiga, mas rápidamente el grupo delantero o satinador tropieza con el cerco de las ramas. Formados en línea de un solo grupo todas nuestras ametralladoras y fusiles al grito de ¡Hui…ja…Viva Bolivia! Acegó nuestra timidez con la valentía única, en ese momento no había cerco que resista ni enemigo que nos detenga, nos convertimos en fieras furiosas, nuestras armas y nuestros pechos vomitaban fuego y exhalaban cólera, parece que en ese momento se reencarnaron en nuestros cuerpos los titánicos espíritus de nuestros antepasados, Avaroa, Cabrera, Max Paredes, Corneta Mamani y otros. Algo que nos hizo caer en sí fue la caída en la zanja enemiga, los paraguayos al ver el volcán de fuego no hicieron mas que acurrucarse dentro la zanja, sentimos una confusión entre bolis y pilas, salimos empujándonos unos a otros arañando con la agilidad inexplicable; ya la Luna había perdido su claridad, entonces fue mas visible el parpadeo del fuego rojo de las armas que en esa niebla se observaron. Se escucharon gritos de ayes, en fin dependía del destino y suerte de cada uno. A las cuatro a cinco de la mañana el clavarse y cruzar de las balas enemigas de las piezas pesadas que custodiaban el cerco formado no hicieron mecho efecto debido al terreno felizmente accidentado.
Durante esa jornada se dieron cuantas pisoteadas a pilas, cuántos últimos suspiros, en fin cuánta tragedia de la guerra y cuanta valentía.
Vi que en la parte alta de una loma de arena una ametralladora enemiga que despedía una cortina de fuego, nos aproximamos y pasamos por debajo de tal cortina de balas.
El grito de una orden del Tte Mérida que decía ¡Alto, pase la voz!, existe otro cerco mas allá, ¡Hay que mandar el parlamento! (quería decir rendición), a esta voz nadie escuchó. Un solo aliento, una sola decisión y un solo valor cundió en los soldados, ¡Cobarde, qué ni qué mandar parlamento! Respondió un soldado.
Se desparramó el Regimiento, infiltrándose en el monte con gritos de coraje por todos lados. Dos pesadas más, posesionadas estratégicamente en las puntas de las lomas segaban con el fuego cruzado, se vieron arrojar chispas de fuego que parecían ser bombas pero que no explotaron, palabras de astucia de ¡Viva Salamanca! Se escuchaban las voces afeminadas de los pilas; nuestro fin era salir del cerco con que pretendían nuestros enemigos, tomarnos prisioneros y cumplimos con nuestro propósito.
Cuando el albor del día ya aclaraba, se distinguió que un soldado disparaba desde una chapapa de un árbol próximo con una ametralladora pesada, un Cabo nuestro apellidado Angulo, apuntó y disparó su ametralladora liviana, habiendo quedado colgado de los pies, hecho un muñeco el paraguayo, ¿estaría amarrado o se incrustaría en los palos de la chapapa los pies de aquel soldado?
No había tiempo que perder y había que seguir adelante.
Salió el Sol, renaciéndonos con una vida nueva el 12 de Enero de 1935… ¿Alguien dijo de aquella epopeya boliviana?
Aquí vale decir, que la furia humana es incontenible como un río caudaloso que va en busca de su cauce. Así fue el coraje inevitable de los soldados del Regimiento Parapetí  47 de Infantería.

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