BATALLA DE FLORIDA 25 DE MAYO DE 1814


Por: Ángel Sandóval / Extraído de www.icees.org.bo


Una de las contiendas más sangrientas y decisivas de la Guerra de la Independencia americana. Los cruceños jugaron un papel histórico y político en esta gesta libertaria.

El gobierno argentino de Gervasio A. posada, en 1821, dispuso que la calle más céntrica de Bueno Aires, lleve el nombre de florida, en honor a esta crucial batalla.

– A continuación fragmentos de las obras completas de Humberto y José Vásquez Machicado:
Todos veteranos de la “patria vieja” como solían llamarse ellos con orgulloso énfasis, coincidían en los siguientes datos: Arenales, después de su derrota en San Pedrillo, se presentó en el pueblo de Florida, fue hecha porque tuvo noticias de que el Coronel Ignacio Warnes se había replegado a este pueblo.

Arenales llegó con un pequeño resto de su tropa que constituían unos treinta a cuarenta lanceros. Warnes viendo que sus tropas no estaban bien disciplinadas y por este motivo no podían hacer frente al aguerrido ejército del Coronel José Joaquín Blanco, optó por retirarse al pueblo de Florida, con 400 hombres. La fuerza con que Blanco llegó a Santa Cruz en persecución de Warnes era de unos 500 soldados.

Blanco antes de dejar la ciudad de Santa Cruz, designó como a su lugarteniente a un militar llamado Francisco Udaeta, con una fuerza de unos 100 infantes. Este feroz realista inmediatamente de ido Blanco mandó fusilar a Cuestas y a Cárdenas, oficiales de Warnes.

Cárdenas, antes de ser pasado por las armas, y en el momento en que un soldado realista intentó vendarle los ojos, se negó a esta ceremonia y con voz clara y un acento enérgico, pronunció las siguientes palabras: “Quiero ver venir las balas que me han de matar porque defiendo el suelo en que nací”.

Mientras tanto, Warnes recibió anuncios de que Blanco se aproximaba a marchas forzadas en su persecución. El ejército patriota resolvió esperarlo en el lugar de Florida. Pero antes, Warnes quiso distraer a las tropas de Blanco, mientras se ultimaban los preparativos del combate. Para ello, destacó al Coronel cruceño José Manuel Mercado, al mando de unos veinticinco o treinta hombres al punto denominado la “Paliza” a unas cinco o seis leguas de Florida a objeto de estorbar el paso de la vanguardia realista. En efecto, el Coronel Mercado trabó una ligera refriega en aquel lugar y ante la superioridad del enemigo optó por emprender una precipitada fuga hacia Florida, asiento del Estado Mayor de Warnes.

Warnes en posesión de los datos trasmitidos por Mercado sacó sus fuerzas del pueblo de Florida y las desplegó en formación en lo ancho de la playa del río Florida.

El jefe patriota al revisar sus tropas, al observar que uno de sus soldados de infantería de origen guaraní, cavando un foso y ocultándose a medias en él, se aprovechó en seguida de la enseñanza y ordenó inmediatamente se procediese a cavar una zanja en línea. De esta manera la infantería de Warnes estaba protegida por esta especie de trinchera. A la vista del enemigo sólo estaba la caballería, situada a un costado de la infantería patriota.

La caballería realista atacó furiosamente a la igual patriota: en lo más recio del combate y estando el ejército de Blanco a una cincuenta varas de las de Warnes, la infantería que estaba oculta en foso en la playa, recibió orden de atacar, habiendo ejecutado la orden con descargas cerradas que causaron el terror y el espanto en la caballería realista; esta circunstancia aprovecharon las huestes de la Patria para seguir a los atacantes, sable en mano.

El desorden y la confusión reinaban en la caballería de Blanco. A fin de rehacerse los jinetes retrocedieron hacia el pueblo de Florida. Al efectuar esta maniobra se encontraron con su infantería que venía por un camino estrechísimo que corría a lo largo de un barranco de unos cien metros de altura y por otro lado un curiche profundo; algunos soldados realistas, en la desesperación, y viéndose acosados materialmente por las fuerzas insurgentes, se tiraron a lo más hondo de las aguas cenagosas, pereciendo irremisiblemente.

La infantería, haciendo un esfuerzo, dio media vuelta y pudo llegar hasta la misma plaza de Florida. Hay que tener en cuenta que este pueblo está situado en el mismo barranco del cauce del río, habiendo colocado Warnes su ejército en la playa del lado Sud.

La estrechez de la pequeña plazoleta del pueblo no permitía el desarrollo de las armas de fuego fuera de que la cercanía de los combatientes hacía imposible el cargar de inmediato los fusiles, de manera que la lucha tuvo que llevarse a sable, lanza y bayoneta.

En medio de la confusión y fiereza, se encontraron los jefes patriota y realista Warnes y Blanco respectivamente; ambos montaban briosos corceles; momento hubo en que Warnes llevaba la peor parte porque el caballo de éste, para emplear una expresión criolla “boquimuelle”. Uno de los soldados del jefe patriota, un negro apellidado Ainque, al observar la mala situación de Warnes se precipitó sobre Blanco y con la culata de su fusil le asestó un feroz golpe en la nuca que lo dejó desvanecido.
El coronel Warnes, se aprovechó de este accidente y cimbrándose sobre su caballo asestó a su rival Blanco un fuerte sablazo en el cuello que concluyó con la vida del caudillo realista. El soldado patriota, el negro Ainque, viendo que Blanco estaba muerto, se apresuró a despojarlo de su uniforme, casaca, gorra y sable y cabalgando sobre el caballo del vencido, partió veloz hacia el campo patriota, donde ya se dejaban escuchar los primeros gritos de la victoria.

Arenales al observar que la caballería había sido dispersada, y al no divisar grupos compactos de enemigos, se lanzó en persecución de tres lanceros que tomaban el camino de Santa Cruz, pero lo hizo con tal bravura que se aportó de su escolta, lo que fue aprovechado por los prófugos para, a las pocas cuadras de la plaza Florida, volver con sus cabalgaduras contra el atacante y le asestaron tal número de lanzazos y sablazos que lo dejaron por muerto. Arenales tenía trece gloriosas heridas. Hasta aquí el relato viejo.

(Transcripción Ángel Sandóval). Tomado del periódico El Día, martes 25 de mayo 2010

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