LA PRIMERA REFRIEGA AÉREA EN LA GUERRA DEL CHACO

El legendario héroe, My. Jorge Jordán Mercado, protagonizó con tenacidad y bizarría la primera refriega aérea de la Guerra del Chaco.

Por Ramiro Molina Alanes (*)

Si bien, la historia aeronáutica ha conceptuado como el Primer Combate Aéreo en América a la espectacular lid que se suscitó en los cielos del fortín Saavedra el 4 de diciembre de 1932, donde el Cap. Rafael Pabón derribó una aeronave enemiga; tres meses antes, el 9 de septiembre de 1932, se produjo un contacto balístico entre aviones adversarios, que en términos estrictamente militares no fue un combate aéreo, sino una refriega o una infructuosa persecución, porque el avión paraguayo se dio a la fuga eludiendo el inesperado lance de honor.

Sin embargo, pese a la abundante bibliografía especializada de ambos bandos, causa indignación que a través de algunas publicaciones y el mentado internet, se esté propalando la sandez de que en esa fecha se habría producido “el primer combate aéreo entre un obsoleto Potez 25 paraguayo contra tres Curtiss bolivianos, donde el piloto paraguayo, Emilio Rocholl, logró derribar uno de los Curtiss”(1).

En tal virtud, con la premisa de develar quimeras y aclarar históricamente versiones completamente alejadas de la verdad, que distorsionan ingenua e irresponsablemente ese importante hecho, después de una seria, honesta y exhaustiva investigación histórica, basada en fuentes documentales primarias y bibliográficas de uno y otro contendiente, emergió esta esclarecedora nota.

BOQUERÓN

Este célebre fortín que se ha constituido en el símbolo del heroísmo y la tenacidad del soldado boliviano, fue tomado por nuestras tropas el 31 de julio de 1932, con la cobertura aérea de una escuadrilla de aviones(2). Desde entonces, la aviación boliviana realizaba frecuentes vuelos de exploración, reconocimiento e incluso de hostigamiento a las huestes paraguayas, que en grandes masas convergían hacia Boquerón con la resuelta intención de retomarlo.

LOS SUCESOS AÉREOS

De esta manera, el día mismo del inicio de la gran batalla, es decir, el viernes 9 de septiembre de 1932, tres aviones Potez 25 paraguayos fueron sorprendidos en las inmediaciones del fortín por otros tres aparatos Vickers bolivianos.

La sorpresa de los aviadores paraguayos fue mayúscula, puesto que inmediatamente descendieron a ras del monte para darse a una precipitada y desordenada fuga; en ese trance, el My. Jorge Jordán inició una porfiada persecución sobre el Potez 25 No. 6(3), disparándole certeras ráfagas que impactaron en la escurridiza aeronave e incluso en el piloto. La participación de tres aviones adversarios y la herida que recibió uno de sus pilotos, está corroborada por las propias fuentes paraguayas que dicen: “…Los tres aviones ‘Potez’ en apresto en ‘Isla Taguató’ se dirigieron al frente de operaciones en una sucesión de vuelos en cooperación con las armas terrestres. En el cumplimiento de una de esas misiones el ‘Potez’ No. 5 [sic] pilotado por el Tte. 1º Emilio Rocholl y de observador – artillero el Tte. 1º Román García, aislado de su par el No. 6 tripulado por el Tte. 1º  Trifón Benítez Vera y Tte. 1º Carmelo Peralta, era atacado por una patrulla enemiga de tres aviones, al mando del Mayor Jorge Jordán Mercado - Resulta herido el Tte. 1° Rocholl y la máquina con varios impactos de balas, logra aterrizar no obstante, sin mayores ulterioridades en Isla Poí ”.(4)

Otro aviador paraguayo que participó en Boquerón señala:

“ … Eran tres los aviones paraguayos que estaban sobrevolando las proximidades de nuestro fortín en poder del enemigo; pero, fue un Potez 25 tipo colonial, (el Potez 6) tripulado por el ‘benjamín’ entonces de nuestras alas, el Teniente 2º flamante P.A.M. Emilio Rocholl, a quien acompañaba como observador el de igual jerarquía, Román García, el que recibió el ataque. El choque fue espectacular e impresionante, dada la inmensa superioridad de la performance de la máquina de su adversario y por ser el primer combate aéreo que se libraba, precisamente en el primer día de la batalla, el piloto recibió una herida de consideración en el brazo izquierdo, obligándose por ello el observador a tomar la palanca de mando para conducir la máquina de vuelta a su base..” (5)

Por otro lado, el comandante del célebre reducto, Tcnl. Manuel Marzana, consigna: “…vuelan sobre el fortín tres aviones pilas; una de las Semack les hace fuego, sensiblemente sin resultado. Vuelan muy alto y siguen en dirección a Yucra. Un cuarto de hora después vuelan perseguidos por tres aviones nuestros. Uno de ellos entabla combate con el enemigo; éste, perseguido, baja hasta los 300 mts.; pero, no podemos hacerle fuego por temor de tocar al nuestro; la máquina nuestra acosa a la enemiga, que tiene que huir vertiginosamente hacia Isla Poí. Quince minutos después los aviones bolivianos se dirigen a su base”(6)

Asimismo, un sargento boliviano que observó el hecho desde Boquerón, confirma que la refriega aérea fue una acción individual:

“…(El Potez adversario) ha sido atacado por uno de nuestros aviones que lo tiene debajo y le va disparando sin interrupción. El aparato paraguayo va perdiendo altura, pasa por las posiciones del reducto de Boquerón casi por encima de los árboles. Nos parece que cayó a poca distancia; pues tomó la dirección de isla Poí, siempre seguido por nuestro avión que después de dar una vuelta por las posiciones bolivianas, se dirige a la base de Arce”(7). De igual manera, la versión paraguaya está contenida en los siguientes términos:

“...Fue sorprendido por un avión de caza enemigo que lo persiguió con tenacidad, siéndole a éste fácil  alcanzarlo en virtud de su mayor velocidad y gran maniobrabilidad, en considerable desproporción con nuestra máquina. Acribillándola a balazos, a pesar de la admirable decisión con que se defendieron los nuestros. El resultado fue que, no sabemos por qué circunstancia, el enemigo abandonó su empeño de derribarlo, no obstante haber herido en el antebrazo izquierdo al piloto” (8)

Finalmente, el protagonista principal de este suceso, My. Jorge Jordán Mercado, en su diario de campaña consigna elocuentemente: “Acuerdo Orden de la Escuadrilla 53-32 para apoyar a la defensa de Boquerón despegaron a Hrs. 7:30 Scout 7 con My. Jordán, el Scout 8 con Cap. Ernst y el Vespa 6 con Tte. Paravicini y Tte. García. El Vespa 6 dejó 2 bombas de 50 libras y cuatro de 25 libras; el Scout 7 tres bombas de 25 libras y el Scout 8 tres bombas de 25 libras. Avistamos en los alrededores de Boquerón 3 aviones enemigos que no entablaron combate; My. Jordán persiguió avión enemigo ametrallándolo hasta agotar banda de munición”.

LA FALSEDAD DEL DERRIBO

Tanto las fuentes paraguayas como bolivianas, descartan fehacientemente el supuesto derribo de un avión boliviano; el mismo Tte. Rocholl, en una entrevista que le realizó el corresponsal en Asunción de “La Nación”, al margen de pavonear que se enfrentó a tres aviones, no hizo referencia en ningún momento al derribo que se le atribuye 80 años después; su versión fue: “…Tras algún tiempo vuelo llegamos por fin Boquerón. Altímetro señalaba ochocientos metros ese momento. A poco encontrarnos evolucionando cumplimiento nuestra misión divisamos tres Curtiss [sic] bolivianos, cuales lanzáronse sobre nosotros trabando combate; con teniente García defendiamonos tesoneramente evolucionando forma poder cubrirnos en posible. Un rato más y adversarios volaban aproximadamente cincuenta metros nosotros. Ametralladoras funcionaban intermitentemente y en eso sentí tocado brazo izquierdo por una bala. Teniente, muéstranos herida, conserva proyectil. Y con toda modestia dícenos es simple rasguño. Nuestro objetivo había terminado y luego de luchar rato más con los tres bolivianos, emprendimos viaje nuestra base, aunque no sin antes mirar detenidamente cómo iban desarrollándose operaciones....”(9)

Esto lo ratifica el propio Director General de la Aviación Paraguaya en los inicios de la Guerra del Chaco, el Mayor argentino Vicente Almandos Almonacid, quien en un comunicado de fecha 12 de septiembre de 1932, señala: “Los tenientes Rocholl y García se han hecho acreedores a ser condecorados con la medalla de aviación, pues pilotando un avión de observación y bombardeo, llevando doce bombas volaron sobre fortín Boquerón el 9 de los corrientes, siendo atacado por tres aviones bolivianos; Rocholl recibió herida en un brazo únicamente después de haber dejado caer todas las bombas que llevaba ese aparato consigo y cuando las alas y el fuselaje se encontraban perforadas por treinta tiros”.(10)

Ya en esa época, la prensa boliviana ridiculizó así la versión paraguaya: “Se ha lanzado al aire, asegurando sin pizca de rubor, que en el único combate aéreo realizado, un avión paraguayo hizo frente a tres aviones bolivianos, pero se le olvidó añadir en qué consistió ése, que en puridad de verdad en mirar a los adversarios y tomar a la primera ráfaga de ametralladoras de uno de ellos, tomó las de Villadiego, sin volver la vista hasta Asunción”(11)

NOTAS:
1)   Los fabulistas paraguayos parecen ignorar que los primeros Curtiss llegaron a Bolivia en enero de 1933 y que el piloto evasor, Tte. Emilio Rocholl, fue herido en dicha acción.
2)   Actualidad Aeronáutica No. 123 de octubre de 2007, Pág. 22.
3)   Paradójicamente, esta misma aeronave sería abatida por el Cap. Pabón el 4 de diciembre de 1932.
4)   Cap. P.A.M. Félix Zárate Monges. La Aviación Paraguaya Antes y Después de la Guerra del Chaco. Págs. 75,76
5)   My. PAM Leandro Aponte. La Aviación Paraguaya en la Guerra del Chaco. Pág. 130, 131.
6)   La Gran Batalla, Memorias del Gral. Marzana. Pág. 128.
7)   Antonio Arzabe Reque. Boquerón Pág. 77, 78.
8)   My. Leandro Aponte. Obra citada  Pág. 197.
9)   La Nación de Buenos Aires de 10 de septiembre de 1932
10)  El Diario, 13 de septiembre de 1932      
11) El Diario, 16 de septiembre de 1932

* El autor es Académico de Número de la Academia Boliviana de Historia Militar
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Links relacionados:


BOQUERÓN DÍA 10/09/1932 "NUEVO PLAN"


Por:  Juan Alberto Quiroz Maida exclusivo para Historias de Bolivia - Extraído del libro: "LA HISTORIA DEL SIGLO XX EN BOLIVIA"



Sabado 10 De Septiembre De 1932: 

El 10 de septiembre el Tcnl. Jose Felix Estigarribia, sin acabar de entender lo que habia sucedido, reajusto su táctica. Por los resultados del primer combate, supuso que en Boquerón estaban muchos más hombres de los 1.200 calculados inicialmente. Solicitó refuerzos.

El asunto exigía un sitió reglamentario para rendir a la fuerza boliviana por hambre, hostigandola con una lluvia de morteros y granadas mientras las ametralladoras harían fuego contra las trincheras.

BOQUERÓN DÍA 11/09/1932 "EL CERCO"



Por:  Juan Alberto Quiroz Maida exclusivo para Historias de Bolivia - Extraído del libro: "LA HISTORIA DEL SIGLO XX EN BOLIVIA"

Domingo 11 De Septiembre 1932:

El día 11 comenzó a tenderse el cerco. Pero la desmoralización en el frente paraguayo era evidente, el Gral. Osorio emitió un mensaje: 

"De la resistencia en Boquerón depende el destino de nuestro chaco. El presidente de la República y la bación entera confían que sus defensores cumplirán su deber valerosamente como lo vienen haciendo y que no dejarán pasar al enemigo".

ÚLTIMO DÍA DE LA CAMPAÑA MILITAR. IMPRESIONES A SUS PADRES, DEL SOLDADO GERMÁN RIVERO TORRES


El Chaco, 14 de junio de 1935

Mis queridos papás:
Todos estos días han estado interesantes. Desde la noche del martes que fui al puesto de la 8ª. División, a oír la radio y que a esas horas en La Paz se había estado realizando una manifestación patriótica por la paz, se nos fue haciendo carne la idea de una cesación de fuego. Y nosotros pesimistas a toda gestión de paz, tan anhelada, pensábamos que no llegaría todavía, por las experiencias dolorosas de las treguas de Boquerón, de Alihuatá y ahora en Villa Montes, y que al final del término no se reanudarán las actividades? Los oficiales se muestran así todos ellos, sin ver todavía su fin. Una fecha tan esperada de tanto tiempo atrás, al llegar nos parece una mentira.
Esta tarde, después del fragor de esta mañana, ha cambiado todo, estando en calma, parecía una finca, menos zona de guerra. Se oye el murmullo del río, el canto de los pájaros y allá los soldados en su campamento se dedican a sus cositas. Francamente que se extraña el ruido propio del Chaco, que constantemente era el ruido de disparos de fusil, a intervalos de rato en rato el de las ametralladoras, y de cuando en vez las bombas de los stocks; todo esto se nos había familiarizado y su ausencia nos llama la atención. Ayer como esta mañana me levanté de cama temprano, a las 4, con todo ahínco y romper el alba con mis piezas, hostigando con ganas, en sitios conocidos del plano de donde colocar las granadas. De 11.15, 11.30 y 11.45 a.m. de hoy, fueron las concentraciones de infantería, stocks, como las baterías de este y el otro lado del río, sobre las boca picadas. El ruido y fragor parecía de una guerra de gran estilo a la europea. Ahora todo es tranquilidad, sólo los marigüis zumban. 
Les copio las circulares recibidas con este motivo, para que conozcan:
“De Relaciones comunican que con acuerdo unánime Ministros, Presidente República aprobó Protocolo suscrito Baires, autorizando al Canciller Elio para suscribirlo. (Fdo.) Gral. Peñaranda”.
“Protocolo paz suscrito Baires fue modificado última hora plazo diez días aprobación Congreso que vencerá sábado 22. Protocolo adicional establece que si aprobación Congreso no fuese dado este plazo, quedará anulada cesación hostilidades. Nos esforzaremos para darle cumplimiento estipulaciones y en caso de imposibilidad, podríamos prorrogar; pero en todo caso convendría mantener vigilancia evitar sorpresas. Atto Tejada Sorzano”.
“Maniobra dilatoria de representante paraguayo para conseguir una cesación fuego, implica fundada creencia que Cmdo. Paraguayo llevará. Entre hoy y mañana, ataques sobre puntos importantes, cuya posesión anhela. Recomiendo a los Cmdos. Mantener estricta vigilancia en su sector y exigir que cada hombre esté en su puesto. Las unidades de la reserva deben estar listas para acudir a cualquier punto. Los jefes y oficiales deben constituirse inmediatamente a sus puestos. En el sector Pilcomayo (Dorbigni) se demostrará mayor actividad mediante hostigamiento de fuego. En el campo atrincherado (Villamontes) se hará presión en el sector donde el enemigo se encuentra próximo. En el destacamento Camatindi (Alturas del Cerro) debe mantenerse en constante afronte. La aviación recibirá órdenes especiales. (Fdo. Cnel. Bilbao R.)”
“El día de hoy, horas doce cesarán fuegos, hasta sábado 22 mes en curso. A horas 11.30 y 11.45 se efectuarán presión fuegos desde posiciones. Grupo 1º concentrará sus fuegos siguientes distribución: Batería 17 frente estacas 2, 3 y 4. Baterías 1 y 21 frente estacas 39, 40 y 41. Hora oficial dará el grupo. Capt. Vaca Roca.”
“Mañana cruzan nuestra línea dos aviones argentinos y uno de sanidad paraguayo, conduciendo delegación militar neutral, los que aterrizarán en V. Montes. (F.) Cnel. Revollo.”
“Germán y René Rivero Torres. Grupo 1º Ayer supimos firma protocolo paz. Felicitaciones abrazos. (Fdo.) Ramón.”
El correo pasado nos trajo cartas vuestras, de mamá 4 de junio, Mariza 2, y escritas en La Paz de Alicia y Olga del 5 de junio. Esta vez Juan no ha escrito. Todas ellas nos hablan de Carlos del que también recibimos una carta de salutación del 23 de mayo. Ha sido una sorpresa la llegada de las nenas a La Paz y deben estar muy contentas, porque el pueblo está delirando de frenesí con los acontecimientos de la paz. Allí donde hay tantas personas amigas, y Juan que tiene tantas relaciones aumentarán sus buenas impresiones.
Mis queridos papás, esta les lleva todo mi afecto y mis besos cariñosos, lo mismo que a todos los de casa. Vuestro.
GERMÁN


La campaña militar propiamente dicha abarcó tres años. La campaña diplomática, otros tantos. En ese sentido, la Guerra del Chaco tuvo una duración de seis años. Bolivia recuperó lo más ubérrimo de su territorio: sembrado de hidrocarburos y enormes campos de agricultura y ganadería, abrazados por dos ríos. Alcanzó su OBJETIVO DE LA GUERRA: EL ACCESO AL OCÉANO ATLÁNTICO A TRAVÉS DEL RÍO PARAGUAY.

LA HISTORIA DEL NARCO ESCÁNDALO DE HUANCHACA DE BOLIVIA INVOLUCRÓ A LA DICTADURA ARGENTINA, PARAMILITARES NICARAGÜENSES, LA DEA, LA CIA Y HASTA A UN PRE CANDIDATO PRESIDENCIAL ESTADOUNIDENSE


Por: Rafael Sagárnaga L. / Los Tiempos de Cochabamba, 3 de Octubre de 2016.

Hace 30 años, entre septiembre y octubre de 1986, Bolivia amaneció durante semanas a la espera de resolver una intriga: ¿a quién realmente pertenecía la megafábrica de droga donde había sido asesinado uno de los científicos cruceños más destacados?  
La conmoción se desató ese 5 de septiembre. Una expedición científica se había adentrado a aproximadamente 750 kilómetros al noreste de Santa Cruz. Sobrevolaba la zona de Huancahaca, en medio de una selva de rasgos prístinos. Y aquella mañana los investigadores cometieron un error fatal: aterrizaron su avioneta en la meseta de Caparú, sobre la pista de una narcofábrica, a la que confundieron con una estancia.
Al bajar de la aeronave se les acercaron dos individuos armados con ametralladoras. El naturalista Noel Kempff Mercado, quien lideraba el grupo, al advertir el error expresó: “Nosotros somos personas de paz, venimos en misión científica y no somos policías”. Fueron sus últimas palabras. Segundos después una ráfaga acabó con su vida.
Los vigías de la narcofábrica tampoco tuvieron contemplaciones con los otros tres miembros de la expedición. De inmediato victimaron al guía Franklin Parada Auclos. El piloto Juan Cochamanidis fue asesinado minutos más tarde mientras intentaba huir por medio del bosque. Sin embargo, Vicente Castelló, un científico español, logró sobrevivir. Escapó sin que lo alcancen las balas y se escondió entre las lianas del monte durante horas.
Entonces tuvo la suerte de observar y llamar la atención de otra avioneta. Hizo señales y logró que aterrice. Subió a la nave y pidió a los pilotos que despeguen de inmediato alertándolos de que los sicarios podían volver. Tras llegar a Santa Cruz informó sobre las muertes del renombrado científico boliviano y sus acompañantes.

TODO A FAVOR DE LOS NARCOS

Sin embargo, sucedió lo probablemente más inesperado: recurrentemente los operativos de rescate y de intervención armada del lugar se fueron postergando y hasta abortando durante más de 72 horas. El asombro creció puesto que precisamente en aquellos días se encontraban en Bolivia aeronaves y tropas estadounidenses. Helicópteros “Black Hawk”, aviones hércules y Marines habían llegado para combatir el narcotráfico. Las excusas sumaron desde dificultades de comunicación con las autoridades responsables hasta falta de gasolina o mal clima.
Cuando las primeras autoridades arribaron a Huanchaca, parte de las instalaciones habían sido desmanteladas. Quedaban esparcidos por una virtual ciudadela restos de precursores y droga. El escándalo estalló y llegó hasta el Congreso boliviano donde se exigieron explicaciones y se conformó una comisión investigadora.
“Una relación de las principales declaraciones prestadas por autoridades civiles y militares sobre los sucesos de Huanchaca ante la Comisión Mixta del Congreso confirma, una vez más, que la mayor responsabilidad pesa sobre el Ministro del Interior (Fernando Bartelemy) por haber suspendido un operativo listo para rescatar a las víctimas y dar con los asesinos, conociendo que se trataba de narcotraficantes”. Así relataba el diario “Hoy” las primeras conclusiones de los parlamentarios, el 4 de octubre de 1986.
La investigación estableció diversas responsabilidades de militares, policías y miembros del Gobierno de Víctor Paz Estenssoro por encubrir el incidente en Caparú. Sin embargo, nadie fue procesado. Peor aún, dos meses después de la masacre en Huanchaca, Edmundo Salazar, el diputado que presidía la comisión investigadora, fue asesinado.
“Las mafias del narcotráfico parecen infranqueables”, había declarado horas antes de recibir cuatro balazos en la puerta de su casa.


BANZER Y LA HISTORIA DE HUANCHACA

¿Quiénes iniciaron Huanchaca? Cosas del destino, dos inversores alemanes en 1912 construyeron en la zona una barraca gomera en el afán de aprovechar el auge del caucho. Recordaron el nombre de célebres minas de plata en el Pacífico y la llamaron Compañía “Huanchaca”. Probablemente ignoraban que aquel nombre quechua significa “puente de penas”, todo un lúgubre presagio. Luego, durante más de seis décadas, permaneció abandonada y transitada apenas por miembros del pueblo guarasugwe (1).
Fue entonces cuando empezó la historia de aquella mega narcofábrica. El país vivía bajo la dictadura de Hugo Banzer Suárez, el primer gobierno boliviano identificado por tener sólidos nexos con el narcotráfico. Solamente que en esos tiempos la “guerra contra las drogas” no había empezado y primaba la Guerra Fría y la “lucha contra el comunismo”.
Durante aquel Gobierno la producción de coca destinada a la cocaína creció de 6.800 toneladas a 16.817, vale decir, 247 por ciento, materia suficiente para 62 toneladas de cocaína.
Decenas de autoridades y personalidades influyentes del esquema banzerista devinieron en destacados narcotraficantes. Varios de sus allegados, incluidos su yerno, Luis Alberto Valle, su esposa, Yolanda Prada, y su primo, Guillermo Bánzer, fueron descubiertos en actividades narco (2). En el complemento de aquella tiranía, el “Delfín” de Bánzer, Juan Pereda Asbún, duró cuatro meses en el poder. A Pereda, mientras fungía como Ministro de Gobierno, el destino lo acercó a un futuro narcoemblema. En agosto de 1976, Bánzer le regaló 7.200 hectáreas en el noreste cruceño (3). La zona que el dictador obsequió a su “Delfín” fue precisamente Huanchaca.
Cuatro años más tarde surgió un narcoescándalo sostenido. Tras cuatro presidencias fugaces llegó al poder Luis García Meza. EE.UU. no reconoció a este Gobierno que apenas escondía su evidente relación con narcotraficanes, nazis y hampones. Sin embargo, lo que precipitó su caracterización como narcodictadura constituyó un escándalo internacional gestado en un programa de televisión. El 1 de marzo de 1981, el hombre fuerte y Ministro de Gobierno de aquel régimen, Luis Arce Gómez, cayó en desgracia. Fue calificado como el "ministro de la cocaína" por el célebre periodista estadounidense Mike Wallace.
En el programa "60 Minutos", Wallace presentó un documental sobre los vínculos de Arce con las mafias de la droga. Además, el reportaje destacaba la participación en esas actividades de otros miembros de la dictadura, entre ellos el Ministro de Educación, Coronel Ariel Coca Aguirre. Coca era también propietario de tierras obsequiadas por Bánzer cuatro años antes, en la zona de Huanchaca.
El reportaje contenía imágenes, investigaciones oficiales e incluso una entrevista con Arce Gómez. Se sumaba a una serie de trabajos como los de Newsweek en EEUU, Veja en Brasil, Marca en Perú y Der Spiegel en Alemania (4).
La narcofama precipitó al régimen. El hoy reo Luis García Meza, pese a que había anunciado que gobernaría 20 años, renunció el 2 de agosto de 1981.  

UNA NARCODICTADURA PARA LA CIA

Sin embargo y curiosamente, las narcodictaduras bolivianas no sólo generaron desafectos e indignación en las esferas del poder estadounidense. Narcogenerales y narcocoroneles no resultaron precisamente marginados y despreciados por los poderosos de la primera potencia mundial.
Durante su dictadura, Bánzer era elogiado por su colaboración con los gobiernos republicanos de Richard Nixon y Gerald Ford, aunque con matices.
“El presidente Bánzer – dice un informe al Secretario de Estado Henry Kissinger- es del área de Santa Cruz y fue apoyado en su movimiento revolucionario de 1971 por intereses políticos y económicos en Santa Cruz. Como tal, tiene obligaciones con este grupo, particularmente desde que ha indicado repetidamente que volvería a vivir en Santa Cruz luego de su alejamiento de la Presidencia... Éste es un punto importante ya que mucha gente cree que Santa Cruz es el centro para el tráfico de cocaína”. Se trata de uno de los párrafos de un documento confidencial desclasificado 25 años después en EEUU (5).
Y, claro, Juan Pereda Asbún y Ariel Coca también gozaron de amores y desamores en EE.UU. Ambos, por ejemplo, cedieron sus tierras en Huanchaca a la empresa estadounidense Nuevo Mundo Ltda. Los propietarios de la empresa eran Ronald Bruce Lindemberg y Stephen Green Youngman. En realidad se dedicaban al narcotráfico. Dos de los hijos de Lindemberg fueron arrestados por ese delito en 1980 y a él se le confiscó una avioneta que trasladaba cocaína valuada en cerca de 500 mil dólares (6).
Pereda, con el tiempo, pasó a una vida discreta. Reapareció ante los medios el 17 de agosto de 2010 en Santa Cruz. Tras un escándalo en vía pública, se supo que sufría de severa adicción a la cocaína (7). Murió en noviembre de 2012. Coca, pese a que la DEA le confiscó avionetas con droga, también pasó a una vida de terrateniente relativamente discreta. Reapareció en 1986, sorprendentemente como colaborador de la DEA en pesquisas sobre la gran fábrica de droga, ubicada en la zona de Huanchaca (8).


HUANCHACA, NICARAGUA E IRÁN

Sin duda, la figura de Ariel Coca marca la etapa de mayor intensidad en la relación odio – amor que las dictaduras bolivianas tuvieron con EE.UU.  El Gobierno de García Meza y Arce Gómez  mereció una guerra abierta desde la prensa y el Gobierno estadounidense, pero tuvo una singular contraparte: una intensa relación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la ultraderecha del Partido Republicano y la dictadura militar argentina. Los militares argentinos eran por entonces los principales aliados de los servicios de inteligencia y la ultraderecha estadounidenses en Latinoamérica. Fueron el Gobierno que más colaboró a García Meza.
Esa sociedad tuvo efectos globales. La narcodictadura quería eternizarse en el poder gracias a la economía de la droga. La CIA, la ultraderecha republicana y los argentinos buscaban resolver una difícil ecuación: ¿cómo sostener la guerrilla de la “Contra” nicaragüense en Centroamérica sin fuentes de financiamiento oficiales? La fórmula resultó inmediata: producir cocaína en Bolivia, venderla masivamente en EE.UU. y usar buena parte de las ganancias en la compra de armas para los “contras”. El negocio luego se ampliaría a la venta encubierta de armas a Irán para usar esos fondos en la compra de cocaína.
El golpe de García Meza es considerado en Bolivia el último manotazo de las dictaduras. Paradójicamente, a nivel internacional, se convirtió en el “big bang” de una nueva era de operaciones encubiertas. La CIA juntó a varios de sus conocidos. Los criminales nazis Klaus Barbie (quien trabajó para la CIA desde 1945) y Otto Skorzeny, devenido en traficante de armas, articularon la estrategia. Diversas versiones aseguran que operadores diplomáticos y políticos de EE.UU. como Jesús Rodríguez, David Greenly y Manuel Rocha supervisaban su funcionamiento. El teniente coronel Oliver North encabezaba todo el megaoperativo.
Mientras tanto, grupos de paramilitares y los militares más comprometidos con García Meza marcaban literalmente a fuego las rutas de exportación de droga. El plan concentraba sus contactos con los narcotraficantes Roberto Suárez Gómez, “el padrino” y, su sobrino Jorge Roca Suárez, alias “el techo de paja”. Suárez trabajaba con el cártel de Medellín al que remitía pasta base. Roca optó por la producción completa propia y la ruta del Golfo de México.
Poco a poco, Roca concentró el negocio y Suárez Gómez entró en desgracia.
El “techo de paja” logró instalar la mayor fábrica de droga de la que hasta entonces se haya tenido memoria. La instalación, una ciudadela capaz de producir 1,5 toneladas de droga semanales, funcionaba en la planicie de Huanchaca (9).
Cinco años más tarde, en 1984, el derribo de un narcoavión en Nicaragua develó el escándalo “Contras”. Coincidentemente, el propio Mike Wallace, en “60 Minutos” amplificó la denuncia (10). El peso de aquella crisis llegó en los años venideros a frenar una candidatura a la presidencia en EE.UU., la de Oliver North.


DOBLE CRISIS EN BOLIVIA

En septiembre de 1986 el desaprensivo y trágico viaje de Kempff Mercado y sus colaboradores elevó aquella crisis a niveles sin precedentes dentro y fuera de Bolivia.
El presidente Víctor Paz Estenssoro apenas cumplía trece meses del nuevo mandato y el embajador de EE.UU., Edward Morgan Rowell, diez meses en su cargo. Pero la crisis fue tal que unas semanas después del caso Huanchaca, Rowell salió Bolivia, en un hecho sin precedentes. Paralelamente, y con Rowell en el ojo de la tormenta, el caso Huanchaca modificó la relación de fuerzas dentro del régimen de Paz Estenssoro.
La cima del narcoescándalo llegó cuando Rowell y el jefe de la DEA en Bolivia, Frank Macolini, llevaron el resultado de las investigaciones estadounidenses al presidente Paz Estenssoro. El Embajador llegó a Palacio Quemado con la conciliación de una ruda disputa entre los informes de la DEA y la CIA. La Agencia Central era dirigida en Bolivia por el oficial político de la Embajada David Greenly. En Palacio Quemado participaron en la cita sólo cinco personas. Junto a los ya mencionados se hallaban presentes el entonces ministro de Planeamiento, Gonzalo Sánchez de Lozada y el Secretario de la Presidencia, Juan Carlos Durán.
Los estadounidenses comunicaron a Paz Estenssoro que entre las personas involucradas en el caso se hallaba una perteneciente al círculo íntimo del Presidente. Tras releer el informe, Paz Estenssoro tomó cierta distancia y permaneció reflexivo durante varios minutos. Luego, Sánchez de Lozada comunicó a los estadounidenses: “El Presidente prevé entregar el Gobierno a una junta militar. Advierte que este informe implica una nueva interrupción de la democracia en Bolivia”.
En medio de la tensión generada por el Mandatario, Sánchez de Lozada propuso una salida concertada que, finalmente, aceptó el embajador Rowell. El nombre de la persona aludida fue eliminado del informe y Paz sorteó aquella crisis.
Sin embargo, el narcoescándalo causó una baja inesperada. Macolini, el Jefe de la DEA, hizo llegar a sus superiores en EE.UU. el dato de que Rowell había alterado el informe. Días más tarde, Rowell abandonó Bolivia sin dar mayores explicaciones. Su cargo fue ocupado interinamente por David Greenly hasta el final de la gestión (11).

LA ERA DE LOS SÁNCHEZ

Sin embargo, en el Gobierno boliviano aquella crisis pareció haber beneficiado a algunos políticos. Desde aquel diciembre de 1986, el poder que adquirieron tanto Sánchez de Lozada como Durán sólo tuvo parangón en los viejos caudillos del MNR. El primero fue tres veces candidato y dos Presidente en las siguientes cuatro elecciones. Juan Carlos Durán resultó nominado candidato emenerrista en los restantes comicios de 1997. Junto a ellos emergió un tercer operador político con amplio poder interno en esos 17 años: Carlos Sánchez Berzaín. Antes de ganar predominancia en filas del MNR, Sánchez Berzaín sólo había destacado por una singular actividad: su bufete defendió a peces gordos del narcotráfico ligados a la dictadura de Luis García Meza. En 1985 se identificó su presencia en el caso “Tauro” que afectaba a Jorge “techo de paja” Roca. Sí, el propietario de Huanchaca (12).
Aún con narcocasos ligados a sus huestes (como un narcoavión con 4,5 toneladas en 1995), los Sánchez gozaron sostenidamente de las simpatías estadounidenses. El 26 de junio de 2002, cuatro días antes de las elecciones presidenciales, en Chimoré, el entonces embajador Manuel Rocha de EE.UU., frente al presidente Jorge Quiroga, dijo: “El electorado boliviano debe considerar las consecuencias de escoger líderes de alguna manera conectados con el narcotráfico y el terrorismo”. Aludía a Evo Morales, buscando claramente favorecer la candidatura de Sánchez de Lozada. Varios autores (13) relacionan a Rocha con el escándalo Irán Contras.
Y si de acogidas y buena conducta se trata, el “techo de paja”, tras entregarse a las autoridades en 1993, fue extraditado a EE.UU. Está considerado entre los ex narcotraficantes que lograron rehabilitarse, casi todos ajenos al Cártel de Medellín. Allí estudió arquitectura y derecho en prisión. A principios del segundo gobierno de Sánchez de Lozada los bienes que se le habían incautado en Bolivia a la familia Roca Suárez, fueron devueltos (14).
A 30 años de la mayor narco crisis boliviana --no exclusivamente boliviana--, sólo dos personas resultaron purgando penas por el caso: los dos sicarios brasileños que dispararon contra la delegación científica. Hasta hoy no se sabe quién era aquel angustiante año de 1986 el influyente operador de la mega narcofábrica de Huanchaca.
"El golpe de García Meza es considerado en Bolivia el último manotazo de las dictaduras. Paradójicamente, a nivel internacional, se convirtió en el “big bang” de una nueva era de operaciones encubiertas"

"La crisis fue tal que unas semanas después del caso Huanchaca, el Embajador estadounidense, Edward Morgan Rowell, salió de Bolivia en un hecho sin precedentes. Con Rowell en el ojo de la tormenta, el caso Huanchaca modificó la relación de fuerzas dentro del régimen de  Paz Estenssoro"

Notas

(1) Artículo titulado “¿Y qué tiene que ver Huanchaca…?”, Jorge Alberto Landívar Cabruja, ex director de la Fundación Noel Kempff, biblioteca del Cebem.
(2) La droga el dinero y las armas. Alaín Labrousse, responsable del Observatorio Geopolítico de las Drogas, Editorial Siglo XXI (1993).
(3) El Juicio a La Dictadura. Marcelo Quiroga Santa Cruz (Citado por Martín Sivak en El Dictador Elegido, Plural Editores (2001).
(4) El Cuartelazo, Gregorio Selser (Citado por Martín Sivak en El Dictador Elegido, Plural Editores (2001).
(5) El Dictador Elegido, Martín Sivak, Plural Editores, pag. 187 (2001).
(6) Revista Tierra Lejana, edición del 21 de junio de 1999.
(7) Red Erbol y varias agencias de prensa.
(8) La Guerra de la Coca, Róger Cortez, FLACSO CID, pag. 48 (1992)
Cocaine Import Agency.
(9) Narcos, Banqueros y Criminales, Juan Salinas, pags. 33 -40 (2005).
(10) Salinas, como otros autores, compilan los datos del escándalo Irán – Contras que fue investigado por una comisión del Congreso, encabezada por el senador John Kerry. Kerry fue candidato a la Presidencia de EE.UU. en 2004 y es actual Secretario de Estado.
(11) Testimonio de Ramiro Paz Cerruto, Economista, asesor de Naciones Unidas, ex subdirector del Periódico HOY e hijo del presidente Paz Estenssoro *
(12) El Juguete Rabioso, artículos de Fernando Esquivel y Wilson García Mérida, (octubre de 2003).
(13) Narcos, Banqueros y Criminales, Juan Salinas, pags. 33 -40 (2005).
(14) Vuelve el represor de cocaleros, Red Voltaire, Wilson García Mérida (01-10-2002).

MAURICIO LEFEBVRE VICTIMA DE LA DICTADURA DE BANZER



QUIÉN FUE MAURICIO LEFEBVRE

El Padre Mauricio Lefebvre Beaudry, nació en Saint Denis, Montreal, Republica del Canadá, el 6 de agosto de 1922.
Sus padres fueron Alphonse Lefebvre y Mariel Anne Beaudry. Ingreso en 1940 al semanario oblato de Chambly, en Canadá y 8 años después fue ordenado como sacerdote. En febrero de 1953 vino a Bolivia, vivió en Llallagua, Siglo XX yCatavi. A principios de 1958 se traslada a la ciudad de La Paz, fue estudiante universitario en la Universidad Mayor de San Andrés, de la ciudad de La Paz y posteriormente efectúa estudios en Europa y retorna al país en 1966.

LEFEBVRE EN BOLIVIA

El Padre Mauricio Lefebvre llego a Bolivia con los primeros Misioneros Oblatos canadienses el año 1953.
Como misionero participo en el trabajo pastoral y social en el Distrito Minero de Catavi, Llallagua y Siglo XX. Al cabo de unos años, sintió la necesidad de conocer mejor la realidad de Bolivia y de América Latina y para ello viajó a Roma para estudias sociología.
Volvió a Bolivia tres años después repleto de ideales y soñando con una nueva sociedad más justa y fraterna. Entre los años 67 y 70 impulso la Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL), que reunía a varios sacerdotes, religiosas y también representantes de otras iglesias, principalmente de la iglesia metodista y otros pensadores o personas que no eran de ninguna Iglesia Católica, pero todas comprometidas con el cambio social a favor de los más necesitados en Bolivia.

EN LA UNIVERSIDAD

A su retorno a Bolivia, en 1966, estaba clara su sensibilidad social.
En 1968 ingreso a la Universidad mayor de San Andrés (UMSA) y promovió la carrera de Sociología hasta ser conformador junto a otros profesionales, en abril de 1970.
El Padre Lefebvre preguntaba en 1967: “Cuando pues, la Iglesia y nosotros, sus curas, arriesgamos el pellejo por lo que decimos creer en materia de caridad, de pobreza, de libertad religiosa, de justicia social”?
En el compromiso con la sociedad boliviana y con la educación, a lento la creación de la Facultad de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de la que fue su primer decano.

MUERE LEFEBVRE, MÁRTIR DE LA LIBERACIÓN

Entre las 17:30 del 21 de agosto de 1971, cuando Mauricio Lefebvre salió de su casa. Dos horas después lo trajeron de vuelta, muerto, integro en su tanto amor a los bolivianos y victimas de tamaña violencia.
Había ido a ayudar a la gente del pueblo. Cuando era la tarde de violencia y resistencia. Banzer Suarez tomo el poder a “sangre y fuego”, aquel día, toda Bolivia se estremeció, sobre todo por las numerosas víctimas inocentes de ese golpe de Estado.
Atendiendo a un pedido clamoroso de la Cruz Roja Boliviana, el Padre Mauricio fue a socorrer a los heridos que yacían en la calle. Iba en una camioneta cubierta con la bandera de la Cruz Roja, acompañando de un médico y de una enfermera.
Se acercó hasta los heridos en medio de los disparos y una bala mortal le atravesó el pecho. Cayo de su vehículo y quedo tirado en la calle… se desangro.
Intentaron socorrerle, pero el fuego de los fusiles y las ametralladoras era constante.
Cuando oscureció, pudieron retirar su cuerpo. Pero ya sin vida. Tenía 49 años, de los cuales 19 había pasado en Bolivia. Se pudo constatar 32 impactos de bala sobre su camioneta. Esto quiere decir que su heroica muerte no fue accidente causado por una bala perdida.



BOQUERÓN DÍA 20/09/2016 "VIVERES PARA UN SOLO DIA"


Extraído del libro: "LA HISTORIA DEL SIGLO XX EN BOLIVIA"

Martes 20 De Septiembre De 1932:
Quedando víveres para un solo día, un avion dejo caer la orden de que los contingentes de Montalvo Y Eduardo debían salir, para evitar que ellos consuman lo poco que quedaba de alimentos, debiendo quedar los estrictamente necesarios para continuar la defensa. 
Nuestros compatriotas salieron a sangre y fuego provocando bajas pero perdiendo a muchos hombres y tras una jornada de lucha encarnizada, quebraron el cerco desde adentro y se reunieron con el resto del destacamento de Peñaranda. 
El cerco volvio a cerrarse.
Los diarios de Buenos Aires destacaron que en Boquerón un puñado de bolivianos daban el más hermoso ejemplo de valor a la América. 
Y en La paz salieron manifestaciones al grito de "¡ Boquerón, No Caera!".

BOQUERÓN DÍA 21/09/1932 "GALPONES"


Extraído del libro: "LA HISTORIA DEL SIGLO XX EN BOLIVIA"
Miércoles 21 De Septiembre De 1932:


El día 21 prosiguió el monótono fuego de artillería sobre Boquerón. Tras los consabidos intentos de asalto de trincheras, rechazados con profusión de sangre, los sitiados emplearon también su tiempo para limpiar los galpones donde se alineaban los heridos por los que nada podían ya hacer los médicos Eduardo Brito Y Alberto Torrico al carecer de absolutamente ninguna medicina.

LA REVOLUCIÓN DE COCHABAMBA 14 DE SEPTIEMBRE DE 1810



El grito libertario del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca, encabezado por la generala Juana Azurduy de Padilla, Manuel Ascencio Padilla, los hermanos Sudañez y otros. El levantamiento del 16 de julio de 1809 y la chispa encendida por Pedro Domingo Murillo en la ciudad de La Paz, seguida por el triunfo de los patriotas revolucionarios en Buenos Aires en mayo de 1810, despertó el coraje, la valentía, y la decisión de los valerosos cochabambinos.

Esteban Arze, oriundo de Tarata, al enterarse de los movimientos libertarios y la sublevación de los pueblos en Buenos Aires; el 25 de mayo de 1810 reunidos en un gran Cabildo logran la renuncia del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros al Virreynato de Buenos aires, a la que pertenecían los pueblos del Alto Perú.

Arze, aunque de ascendencia criollo-mestiza, pero de familia muy bien acomodada, desde aquel día recorrió todos los pueblos del valle cochabambino, llegando a Cliza pueblo al que conocía desde muy pequeño, Punata, K’uchu Muela, Arani y muchos otros, donde en 4 meses aproximadamente logra reunir más de un millar de valerosos revolucionarios.

Al amanecer del 14 de septiembre de 1810, los patriotas del valle a la cabeza de Esteban Arze, ingresan con vítores libertarios a la ciudad de Cochabamba, a este movimiento se suman los patriotas Fransisco del Rivero, Melchor Guzmán Quitón, Mariano Antezana y el cura Juan Bautista Oquendo.

Horas después, luego de derrotar a las fuerzas realistas; los patriotas reunidos en cabildo abierto, deciden deponer al gobernador realista José Gonzales Prada, quien al enterarse y viendo a los patriotas enardecidos, huyó de Cochabamba con rumbo desconocido. 

Lograda la victoria, el cabildo nombra a Francisco del Rivero como nuevo gobernador de Cochabamba y a Manuel Esteban Arze como la máxima autoridad de las fuerzas revolucionarias.

Al finalizar el cabildo, el pueblo cochabambino declara su emancipación y hace escuchar su grito de liberación del yugo español, creando una Junta de Gobierno que consolidaría el triunfo de los patriotas cochabambinos, a la cabeza de Esteban Arze, Francisco del Rivero, Melchor Guzmán Quitón y el cura Oquendo quien fuera vocero de los patriotas.

La chispa del triunfo de la revolución cochabambina pronto se irradia por todo el virreinato de Buenos Aires; Arze, conocedor de los vejámenes a las que fueron sometidos los patriotas en Chuquisaca y La Paz y fortalecido por el triunfo en Cochabamba, con su ejército fortalecido de más de 1.500 patriotas se dirigen a la ciudad de Oruro y La Paz.

En Oruro, los patriotas dirigidos por Tomás Barrón, se unen a las de Esteban Arze; los realistas que pretendían saquear la riqueza orureña, se enfrentan al valeroso ejército patriota de los cochabambinos en los campos de Aroma. 

*Esta reseña fue publicado en el periódico Opinión el 15 de septiembre de 2015.

DESPEDIDAS DE JÓVENES BOLIVIANOS QUE PARTEN A LA GUERRA DEL CHACO

Despedida en la estación central de La Paz, jóvenes bolivianos que parten al Chaco, 1932.

Por: Isabel Velasco / La Paz, Bolivia Octubre de 2010. / Parte de su artículo dedicado a las mujeres y publicado en su Blog.

Todos querían ir a la guerra, la ansiedad en los jóvenes era incontrolable, los deseos de servir a la patria tan vehemente e indisoluble, ante este hecho las madres sumidas en el dolor más silencioso y disimulado no podían hacer otra cosa que resignarse pues era BOLIVIA que necesitaba de sus hijos.
Con mayor razón si estos jóvenes participaban de cualquier demostración callejera en contra de la nación que nos había agredido. En esos momentos no se sintió decadencia, solo el deseo abrasador de marchar al frente.

ALGUNOS DETALLES DE LA FUGA DEL SIGLO EN BOLIVIA


Por: Rafael Sagárnaga López  / El Pais de Tarija, 2 de Noviembre de 2015.

Cansados de una de las peores formas de tortura, heridos por reiteradas crisis emocionales, un 3 de noviembre de 1971, 15 presos políticos tomaron, literalmente, el cielo por asalto y le causaron el primer sofocón a la dictadura de Hugo Banzer Suárez.
Jesús Taborga siente una particular emoción cuando ve filmes como Papillón o el Conde de Monte Cristo. Aquellas historias lo sobrecogen, le recuerdan su propia historia. Otros nueve ex prisioneros políticos de la dictadura de Hugo Banzer, hoy repartidos por el mundo, comparten en gran medida esa percepción. No del todo, porque para ellos sólo hubo un confinamiento.
A la hora de recordar hechos heroicos, los activistas de las asociaciones de víctimas de la dictadura tienen como referente a este filósofo beniano. Es más, aquella experiencia suma entre los guiones en proyecto del célebre cineasta Jorge Sanjinés. Y, sin duda, recuerda que la realidad muchas veces si no iguala, supera a la ficción.
“Poco antes de la madrugada del 22 de agosto de 1971, agentes del Gobierno allanaron mi casa y me llevaron a dependencias de la Dirección de Orden Político (DOP)”, recuerda Taborga al iniciar su relato. El golpe de Estado, que causó al menos 98 muertos, se había consumado la noche del 21. En horas siguientes más de 5.000 personas, especialmente universitarios y sindicalistas, fueron detenidas. Jesús, a sus 22 años, cursaba el segundo año de Derecho y Filosofía en la Universidad Mayor de San Andrés y militaba en la Juventud del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML).         
“Se lo llevaron a donde hoy funciona la Prefectura, a ese edificio que queda frente al Palacio de Gobierno y también frente al Legislativo. Nosotras fuimos a reclamar al coronel (Rafael) Toto Loayza que era nuestro vecino. ‘Ya, se perdió nomás, ¿acaso no saben que es comunista?’, nos respondió. Esa vez era un pecado ser político”, recuerda la esposa de Taborga, Yolanda Chávez.  
El 23 de agosto el entonces universitario fue fotografiado junto a granadas, carabinas y dinamitas que -asegura- nunca había visto. El 24, el matutino El Diario publicaba la imagen bajo el titulo: “Extremista escondía un arsenal”. Las esperanzas en su liberación empezaron a desvanecerse.
Tras una semana de encierro, interrogatorios e insultos en frías celdas de cemento el grupo de 30 prisioneros fue obligado a formar en el patio de la DOP. “‘Van a volver a sus casas…Los vamos a llevar hasta sus domicilios’, nos dijeron”, recuerda Taborga. Luego los obligaron a subir a empellones dentro de varios jeeps militares. Sin posibilidades de ver el exterior, a los detenidos les alarmó que el viaje empezase a tardar mucho más de lo previsto.
Una hora más tarde, el grupo llegó a la base aérea y se embarcó en un avión militar Douglas C-47. “Cuando alzó vuelo temimos lo peor. Sabíamos que en otras ocasiones habían lanzado gente a la selva o al lago Titicaca. Recordamos cómo unos años antes botaron desde un helicóptero a Jorge Vásquez Viaña, uno de los guerrilleros del Che. Casi instintivamente  empezamos a agarrarnos entre todos los detenidos. Nos conminamos luego a resistir en bloque cualquier intentona de que nos echen al vacío”.
Sin embargo, tras una hora de vuelo, el aeroplano inició su descenso. Una bocanada de calurosa humedad recibió al contingente de presos. Inmediatamente una voz les anuncio: “Este es el puesto militar de Alto Madidi”.
Luego se les instruyó las normas que deberían seguir. Una treintena de soldados armados con granadas y ametralladoras los vigilaría. Se les impuso limitaciones para las charlas y no debían formar grupos de más de cinco personas. Su actividad inmediata era la construcción de galpones con materiales extraídos del bosque.   
A partir de ese instante, los prisioneros empezaron a sentir el rigor del confinamiento. El acoso de los mosquitos resultaba incesante durante día y noche. “Parecía que se turnaban. De día los “polvorines” o “ejenes”, de noche salían los zancudos. Para los que nacimos en el trópico era molesto, pero pasaba, sin embargo los que llegaron del altiplano vivían un infierno de 40 grados”, recuerda Jesús Taborga.
De mal a peor. Los militares continuaron enviando contingentes de prisioneros hasta completar un total de 90. La comida resultaba escasa y poco nutritiva. Cada 20 días llegaba un avión con lo suficiente para la clásica lagua cuartelaría. Entre los presos sólo había un médico quien debió improvisar sus atenciones ante la falta de fármacos. Poco a poco resultaron afectados y derruidos física y emocionalmente.
“Empezamos a sufrir el efecto de microorganismos que se introducían en nuestros cuerpos. La picazón nos obligaba a arrancarnos los cabellos o la piel con nuestras uñas. Muchos empezaron a caer enfermos debido a la virtual inanición. Otros enfermaron de paludismo o cayeron víctimas de los tábanos. También hubo picaduras de tarántulas, víboras y mantarrayas. A mí me atacó un tipo de hongos que puso una de mis manos en riesgo de ser amputada. Así la dictadura nos impuso la tortura de la naturaleza”, concluye el ex prisionero de Madidi.
 Pero no sólo los presos políticos resultaron castigados. Un padecimiento similar afectaba a varios de sus custodios. Entre la monotonía y el dolor, algunos de los conscriptos comenzaron a compartir sus ocasionales meriendas con los prisioneros y viceversa.
Poco a poco, en filas de los recluidos empezaron a debatirse alternativas de acción antes de que la selva los aniquilase. La furibunda disputa política de esos tiempos no hizo excepciones en el campamento. Los miembros del Partido Comunista de Bolivia (PCB) se marginaron de la idea de una sublevación. Por su parte, los militantes del PCML, el naciente Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) apoyaron la fuga. En el conjunto de presos el Gobierno también había ubicado varios soplones.
La alternativa entre orientarse, tras tomar el campamento, hacia la frontera con Perú o secuestrar el avión de las provisiones marcó el segundo debate. El punto más delicado era la cantidad estimada de muertos durante la proyectada captura de los militares. Pero un día los planes se facilitaron y cobraron prisa. “¡Cuente conmigo profesor, para cualquier tipo de fuga. Les voy ayudar a salir de este infierno, pero que sea rápido!”, le dijo el cabo Felipe Mita a Taborga, una tarde de octubre. Ambos por aquel entonces compartían además la memoria de haber sido docentes escolares. Mita tenía voz de mando sobre cinco reclutas y aseguró que se plegarían a la movilización.         
A partir de ese momento las reuniones furtivas se intensificaron. Los líderes de cada grupo articularon una cuidadosa selección para evitar a los soplones. Los encuentros se efectuaban de noche en el extremo de la pista o en pleno monte. Entonces calcularon los días que faltaban para la llegada del Douglas C-47. Éste podría aterrizar o bien con contingente militar de recambio o con sólo provisiones y encomiendas. De ello dependían los riesgos de la confrontación. “En la víspera de la potencial llegada del aeroplano formamos dos grupos que tomarían el campamento. Uno lo encabezaba el capitán Arturo Montalvo quien había sido edecán del presidente Ovando y por ello se hallaba también como prisionero. Él lideraría a Mita y sus conscriptos. El otro grupo estaba compuesto por civiles”, rememora Jesús Taborga.


Y el 30 de octubre, la escuadrilla de Mita apuntó sus armas contra los otros militares. “¡Manos arriba, carajo! ¡Que nadie se mueva! ¡Tiren sus armas al suelo!”, gritaba el cabo sublevado. Al principio, el grupo sorprendido consideró que Mita bromeaba. Media hora más tarde, el teniente que comandaba el destacamento de Alto Madidi suplicaba por su vida. Los insurgentes se la garantizaron, si se portaba bien. Entonces empezó la espera del avión carguero. Y se hizo más larga de lo previsto. “No llegó ni el día 20 ni el 21. Entre nosotros cundió la idea de que los militares se habían enterado. Preveíamos una salida por el monte. Para crispar más nuestros nervios, la tercera noche una manada de jaguares rodeó el campamento. Sus rugidos generaban fuertes ecos”.
El 3 de noviembre el Douglas C-47 llegó a Alto Madidi. Los insurgentes habían organizado trincheras alrededor de la pista y un grupo de avanzada que se acercaría a la nave. “Fuimos las primeras en saberlo”, relata la esposa de Taborga. “Cada vez que llevábamos las encomiendas, esperábamos el retorno del avión por si nos trajera cartas y noticias de ellos. Pero ese día 4, los aviadores nos avisaron que no había vuelto y que el campamento estaba tomado”.
En Alto Madidi, las acciones cobraron un ritmo vertiginoso y angustiante. La aeronave sólo podría llevarse a 16 personas. Varios de los elegidos se resistieron a partir por miedo a represalias contra sus familiares. El piloto fue obligado a buscar en sus cartas de vuelo la pista más cercana de los países vecinos. La única posibilidad, dadas las reservas de gasolina, era Puno. Eso en lo que oficialmente señalaba la carta.

“Viajamos muy tensos, repitiéndole al capitán que no nos engañe ni ose ningún contacto con tierra. Luego vino un arriesgado paso por la cordillera. El avión pasó como por entre dos paredes de hielo. Poco a poco vimos el lago. Luego vino lo más crítico”, resume Taborga.
Cuando apareció Puno, no había aeropuerto a la vista. La pista señalada en la carta había sido abandonada años antes, ni siquiera la habían inaugurado. El trazo se hallaba plagado de pedrones. Mientras tanto el avión consumía los últimos litros de su reserva de combustible. Los pilotos sobrevolaron la ciudad anunciando la emergencia.
“En el límite el piloto tenía como única opción el aterrizaje forzoso. Nos pidió que nos preparemos para el impacto. En ese momento sentí que todo podía haber sido en vano y acababa ahí. Imaginé el momento en que nuestros cuerpos se fraccionarían”.
Taborga recuerda que tras un indescriptible sacudón, vino el silencio. Uno de sus amigos le preguntó: “¿Estamos vivos o muertos compañero?” 

-“Más vivos que nunca compañero, ahora podemos tomar el cielo por asalto”. La fuga se había consumado. Poco a poco empezaron a aparecer campesinos peruanos y luego autoridades sorprendidas por el primer avión que aterrizaba en Puno. La sorpresa se volvía mayor al ver salir de la nave a hombres armados, barbudos y famélicos. Algunos, como Montalvo, incluso se desvanecieron afectados por la debilidad que les causaba el paludismo.   

“16 confinados huyeron del Alto Madidi”, anunciaba en su principal titular el matutino Presencia el 4 de noviembre. El matutino Hoy tenía un título central similar. Hacia Puno comenzaron a llegar periodistas desde Arequipa e incluso desde Lima. 


Unos días después el grupo era recibido en Chile por el Gobierno de Salvador Allende. La fuga añadió otros giros a las vidas de políticos y conscriptos. El capitán Montalvo poco después se asiló en Suiza donde formó familia y reside hasta hoy. Uno de los conscriptos hizo lo propio en Holanda, otros en Suecia. Mita retornó a Bolivia años más tarde. Taborga pasó una odisea adicional cuando dos años después fue arrestado por la dictadura de Pinochet y residenciado en una isla del sur. “Allí los militares definían muchas veces la muerte y desaparición en el mar de algún detenido”. Tres meses después también salió exiliado a Europa y en 1978 volvió a Bolivia, nuevamente a la filosofía y el activismo político. 
Todo pasa. Hasta mediados de 2014, ocasionalmente, el ex cabo aymara compartía un pan de arroz en el café camba que tiene el filósofo en La Paz. Casi, logró llegar al homenaje que la Cámara de Senadores rindió a los fugitivos del Madidi en noviembre. Pero falleció a causa de una enfermedad seis meses antes. Sólo cinco de aquel singular puñado de fugitivos llegaron a la ceremonia. Y como en cada encuentro recontaron su historia recordando –como repite Taborga- que “las libertades no se dan, sino se toman”.


Lista de fugitivos de Alto Madidi

1. Arturo Montalvo (militar)
2. Jesús Taborga
3. Luis Mazzone Roca
4. Jorge Rodríguez Rueda
5. Dardo Suárez Justiniano
6. Alejandro Pérez Méndez
7. Juan Ramírez Torrico
8. Matías Chuve Yaruba
9. Benjamín Herrera Romero
10. Felipe Mita Ticona (soldado)
11. Gregorio Humerez  (soldado)
12. Edmundo Nina Sarzuri (soldado)
13. Lorenzo Vargas Huanca (soldado)
14. Daniel Bustillos Jové (soldado)
15. Daniel Yarari Sumpero
16. Miguel M. Velasco


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ESCAPE DE LA PRISIÓN VERDE


Por: Alejandra Balderrama Parada / Pagina Siete 17 de julio de 2016.

Transcurría agosto de 1971 y  Bolivia sufría el cruel golpe de Estado encabezado por el entonces coronel Hugo Banzer Suárez, apoyado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario MNR, y Falange Socialista Boliviana FSB, partidos con los que instaura un gobierno militar de facto. 
Al día siguiente del golpe, el 22 de agosto, aproximadamente a las tres de la madrugada, en un domicilio de la calle Nicaragua en la zona de Miraflores, aparecen una docena de agentes del ministerio del Interior, fuertemente armados. Uno de ellos grita "¡Abran la puerta o la derribamos, aquí se guarda armamento y se esconden socialistas y comunistas subversivos!” "¿Entendieron carajo?”.
 "Sin atender ni entender razones, se metieron a la fuerza hasta mi dormitorio con pistolas en mano, saquearon mi vivienda, me llevaron entre golpes y empujones, en condición de apresado por miembros de la Dirección de Investigación Nacional (DIN)”, recuerda Jesús Taborga, que  fue el primero en llegar al recinto carcelario de San Pedro,   con la mirada fija en recortes de periódico y fotografías que guarda como un tesoro pírrico de aquella  terrible experiencia.
Poco a poco llegaron más dirigentes de organizaciones obreras, sindicales, políticas y populares, todos capturados  con la misión de silenciar y amedrentar a la oposición. 
"¡Ahora verán lo que es gobernar, comunistas de mierda!”, eran las palabras e insultos que escuchaban todo el día estos presos, para quienes  los días se  hacían largos. Los  pisos de cemento concentraban el   frío, que rebotaba a sus cuerpos. Ignoraban  cuál sería su destino.
Después de una semana de torturas físicas y psicológicas, Taborga y otros 69 apresados fueron trasladados a la base aérea de la ciudad alteña, para abordar una nave militar  de dos hélices, un Douglas C-47. "Pensamos en lo peor; que desde el avión nos lanzarían; ya era conocido que años atrás, exactamente en 1967, fue arrojado en el Chapare desde un helicóptero, Jorge Vásquez Viaña, El Loro, quien colaboró con Ernesto Che Guevara en la guerrilla de Ñancahuazú. Todas las ideas posibles rondaban por nuestras cabezas”, cuenta  Taborga en compañía de su esposa Yolanda Chávez, quien escucha atentamente y en silencio el relato de su compañero de vida.       
Una vez en el aire y tras aproximadamente una hora de vuelo, el avión empezó a disminuir la  velocidad y de pronto tomó contacto con la tierra. Al bajar,  los prisioneros -70 en total- se encontraron en medio de una selva inmensa y salvaje. Se acercaba el mediodía y la temperatura bordeaba los 40 grados. El intenso calor hizo que rápidamente se despojaran de sus ropas.   
Taborga y los demás prisioneros eran personajes identificados como de "izquierda” y él en especial, pues había participado anteriormente como dirigente de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
Estaban en una prisión en la selva amazónica de Alto Madidi. 

 "Como se conoce, hubo un movimiento un año atrás, en 1970, en la UMSA,  inspirado por el Mayo francés, o Mayo del 68 en Francia. Se quería hacer cambios estructurales profundos en la universidad boliviana y hubo varios choques entre universitarios con bandas delincuenciales que apoyaban a la derecha, como los Marqueses. A partir de ese momento  fue fichado como comunista”, recuerda con nostalgia Yolanda Chávez, su esposa.
El infierno verde
"Al principio no sabíamos dónde nos encontrábamos. Mientras conversábamos , y queriendo obtener respuestas, escuchamos: "¡A trabajar carajo! ¡Empiecen a construir sus pahuichis! (vivienda rústica de palmeras y madera), ni el diablo escapa de este infierno verde!” cuenta Taborga, refiriéndose a estos  hombres armados, quienes se burlaban  constantemente de sus detenidos.      
El comandante militar del campamento asignó responsabilidades por grupos. La vida dentro del campo de concentración se hizo prontamente monótona y desgraciada. Entre  las tareas asignadas figuraban  cortar la palma, llevar al hombro hojas de motacú, recoger madera, cavar pozos y seleccionar bejucos y lianas.
La mirada de Taborga  se pierde por un momento y cambia el tono de voz.  Ya casi quebrado recuerda: "al pasar los días y las semanas, varios de los compañeros cayeron enfermos por inanición, paludismo, altas fiebres, nos defendíamos con trapos para no ser picados por mosquitos, tábanos, pulgas y demás las alimañas del lugar”.
Después de días, semanas y meses ya nadie quería alejarse y menos fugar de aquella inhóspita región, pues varias malas experiencias calaron hondo en el grupo.
 N. Antequera, un estudiante de medicina, entró al río, pisó una raya que lo picó. Estuvo varios días quejándose de dolor.  Otro caso, con más fortuna, fue el de Nicanor Hervas, quien se perdió en la selva por un día, tuvo que dormir arriba de los árboles, para no ser devorado por las fieras. Y  René Higueras gritó una noche: "¡auxilio!”.
Fue socorrido tras sufrir la picadura de una araña negra en la garganta.
Así transcurría su vida en aquel campo, sin esperanzas y acostumbrándose día a día al maltrato. Pero  Taborga entabló amistad con uno de los guardias, el cabo Felipe Mita, quien fue maestro rural en su comunidad, ambos individuos eran educadores y compartían el amor por la enseñanza. 

Desde entonces conversaban continuamente de sus experiencias al frente de una pizarra y fue cuando ambos soñaron con  un plan de fuga, pues el guardia compartía las mismas penurias del clima que los confinados.

Los que huyeron  de Madidi

- Arturo Montalvo 
- Jesús Taborga 
- Luis Mazzone Roca
- Jorge Rodríguez Rueda
- Dardo Suárez Justiniano
- Alejandro Pérez Méndez
- Juan Ramirez Torrico
- Matías Chuve Yaruba
- Benjamín Herrera Romero
- Felipe Mita Ticona
- Gregorio Humerez
- Edmundo Nina Sarzuri
- Lorenzo Vargas Huanca
- Daniel Bustillos Jove
- Daniel Yarari Sumpero
- Miguel M. Velasco

La idea de escapar de aquel inhóspito lugar se fue dando  poco a poco entre los más cercanos y confiables. Ponían a votación una serie de planes que tal vez podrían conducirlos a la libertad, o a la muerte... Al  final concluyeron que fugarían así sea  a costa de sus vidas. Lo primero que debían hacer era apoderarse del armamento de los vigilantes, reducirlos y ponerlos en custodia. Una vez con las armas en su poder  y el campo bajo  control,  procederían a secuestrar el avión, que debía llegar  el 30 de octubre, para escapar  hacia Chile, donde  Allende había ganado las elecciones y formó  un gobierno abiertamente populista.
La aventura
Se organizaron en dos grupos, uno de civiles y otro de militares. El grupo castrense estaba dirigido por el capitán Arturo Montalvo, quien fue asistente del general Juan José Torres.  Una vez que se cumplió con el objetivo se apresó al comandante del campo de concentración. "Ya solo esperábamos al avión, pero creo que calculamos mal, ya que lo estuvimos esperando ese día y otros más, la paciencia tiene un límite. Empezamos a cuestionar nuestro accionar, sin embargo al medio día del 3 de noviembre escuchamos el ruido de los motores y vimos que el avión dio varias vueltas antes de aterrizar. No sospecharon nada desde el interior; actuamos como de costumbre y nadie se dio cuenta que el campo era nuestro”, relata Taborga. 
Entonces, tomaron el  avión sin sobresaltos, pero  la tripulación y su capitán, Raúl Villaroel, quería que los confinados abortasen el escape hacia Chile, ya que solo había combustible para una  hora y media, insuficiente para llegar al destino trazado. 
Entonces surgió la idea de fugar primero hacia Puno, Perú, país bajo el mando del  militar Juan Velasco Alvarado, de tendencia populista. Despegaron hacia su destino sin tener en cuenta que en Puno no había aeropuerto; ni si quiera una pista de aterrizaje provisional. "Aterrizamos con el ‘Jesús en la boca’ y gracias al capitán Villaroel y a su pericia de buen piloto boliviano es que salimos ilesos de aquella horrible experiencia”, recuerda Taborga.
Tras aterrizar en Puno, fueron trasladados hasta un centro médico donde fueron  atendidos. La prensa peruana seguía al grupo donde fuera y  estaba impactada por cómo este grupo de valientes había fugado hacia la libertad  de un campo de concentración, en una dictadura, y la hazaña de tomar dicho campo y luego robar un avión.
"Fugaron confinados de Alto Madidi en aeronave de las Fuerzas Armadas de Bolivia”, tituló  Hoy. "16 confinados fugaron de Alto Madidi a Puno secuestrando un avión”, dijo Presencia el 3 de noviembre de 1971) y "Fugitivos de Alto Madidi fueron conducidos a Arica”, destacó Ultima Hora.
"Tras permanecer el Puno nos dirijimos hacia nuestro destino planeado, Chile, donde recibimos el asilo político tan ansiado de parte del presidente Salvador Allende,pero 11 meses más tarde, en septiembre de 1971,   Augusto Pinochet protagonizó el golpe de estado más sangriento de América y tuvimos que salir exiliados nuevamente pero esta vez hacia Europa... Esa historia es para otra nota”, sonríe Jesús Taborga, moviendo positivamente la cabeza.
Café Moxos, el rinconcito
Conocí a Jesús Taborga en 2004; tuve el gusto y placer de compartir un sinfín de tertulias con él. Era algo así como una baraja de testimonios, historias y vivencias.  Hace un par de semanas fui a su rinconcito, el Café Moxos, como era habitual.  Me prestó la revista Tricontinental, la que, a primera vista, parecía no tener  valor alguno.  
Pero al pasar sus páginas me detuve  en la página 62 y allí estaba el grupo de valerosos hombres que fugaron de Alto Madidi (La prisión verde) en la dictadura de Banzer y alcanzaron la libertad en la Chile de Allende... y entre ellos estaba Jesús Taborga.
Le agradecí por prestarme la revista, pues estaba elaborando esta nota sobre la fuga de confinados políticos de aquella prisión.  Me  pidió que lo visite en dos semanas, cuando por fin se cumplió el plazo establecido fui con unas ganas locas de recibir unas fotografías que quedaron pendientes para la nota y algunas anécdotas más...
Llegué a la puerta de su rinconcito, pero me enteré de  que un día antes había fallecido.


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SOBREVIVIENTE DEL INFIERNO VERDE


Por: Javier Claure C.


Arturo Montalvo pasó su niñez y adolescencia en los centros mineros de Catavi, Llallagua y Siglo XX (Bolivia). Su primer idioma fue el quechua y dice haber descubierto secretos de la naturaleza cuando, de niño, jugaba en los socavones de su pueblo. Fue precisamente en esos lugares, en los que el proletariado minero boliviano, muchas veces, llevaba a cabo sus asambleas en locales clandestinos con el propósito de reivindicar sus derechos y conquistas sociales.


Con tan sólo diez años, Montalvo, fue espectador de la Revolución del 52. Dirigentes sindicales como Federico Escóbar, Juan Lechín Oquendo y otros líderes mineros y campesinos fueron un ejemplo a seguir, comenta con entusiasmo. Las injusticias sociales y el maltrato a la población en esos sectores marcaron profundamente sus convicciones ideológicas. Fue dirigente de los mineros y campesinos (laimes y jukumanis) del norte de Potosi. Además, fue declarado hijo predilecto de Uncía.
Comenzó su carrera militar en los años 60 y confiesa que el ser militar, según su apreciación, era una forma de encarar su patriotismo por el país que lo vio nacer. Era una manera de luchar y defender al pueblo, no de reprimirlo; confiesa. 
Después de haberse recibido del colegio militar, perteneció a un grupo de oficiales progresistas que actuaban bajo el nombre "Legión de honor". Criticó duramente al dictador, que colaboró con el Plan Cóndor, Hugo Banzer Suárez; por tener una conducta en contra del pueblo. Trabajó en el gobierno de René Barrientos, Alfredo Ovando y Juan José Torres. Se declaró ser un capitán reformista en pro de su pueblo. Finalmente, fue arrestado por órdenes de Banzer y deportado a una prisión en la selva amazónica de Alto Madidi.
Después de permanecer en ese infierno verde por mucho tiempo, dirigió a un grupo de prisioneros y, con armas en las manos, asaltaron el avión militar, Douglas C-47, para fugarse. Los titulares de los diarios, durante la dictadura de Banzer, anunciaban la noticia: "Fugaron confinados de Alto Madidi en aeronave de las Fuerzas Armadas de Bolivia" (Hoy, periódico de la mañana). "16 confinados fugaron de Alto Madidi a Puno secuestrando un avión" (Presencia, 3 de noviembre de 1971). "Fugitivos de Alto Madidi fueron conducidos a Arica" (Ultima Hora). 
Montalvo vive en Estocolmo más de 30 años. Además, es un artista que, a pesar de muchos trabajos en su haber, se aísla de la fama. Ha patentado una técnica para trabajar con vitrales que ya tiene difusión internacional, pero ese no es el tema de nuestra conversación. Su vida está llena de anécdotas y ha mantenido, durante décadas, algunos secretos que hoy piensa revelarlos en esta entrevista: 

Javier Claure (JC): Cuando René Barrientos estaba en el poder, solicitaste una baja indefinida ¿Por qué? 

Arturo Montalvo (AM): Cuando Barrientos tomó la presidencia, me nombró secretario privado del Ministerio de Gobierno. El Ministro del Interior de aquella época era Quiroga, un militar de la aviación, pero fue sustituido por Antonio Arguedas Mendieta, un mecánico de aviación fiel a los principios de Barrientos. Este señor era alpinista y fue él quien ocultó, en las alturas del altiplano boliviano, las manos del Che. Después de un tiempo, escapó a Cuba para entregar a Fidel esas manos luchadoras por la justicia, tan requeridas por la CIA. 
Cuando Arguedas se fue a Cuba, pedí mi baja de ese cargo porque, entre otras cosas, debía dedicarme a tareas de carácter represivo y policial. Y yo no perseguía ese objetivo. Más bien me dediqué a mis actividades artísticas. Me adjudique un contrato, de 1.500 dólares, con la gerencia de administración de aereopuertos de Bolivia (Aasana). Y durante un año de trabajo pinté algunos cuadros de tipo tiwanacota en la torre de control del Aereopuerto Internacional El Alto. 

J.C: ¿Y ya no te incorporaste más en el Ejército? 

A.M: Bueno, después de un tiempo Barrientos reclamó mi presencia y me citó a su casa. Era un día sábado, me acuerdo muy bien. Me reprimió por haber abandonado el Ejército. En esos momentos hizo una llamada telefónica a su edecán, David Fernández, para comunicarle que el día lunes Montalvo se presentará en el Palacio de Gobierno y será nombrado el nuevo edecán. Entonces nuevamente retomé mi carrera militar. A manera de anécdota, te cuento que Barrientos fue mi padrino de matrimonio, pero no pudo estar presente en la ceremonia por motivos de viaje. Arguedas estuvo en su lugar.
Una vez tenía que viajar a Panamá, por órdenes de Barrientos, y encargar un avión repleto de regalos para las Fuerzas Armadas. Este hecho lamentablemente no se llegó a cumplir, ya que Barrientos murió en un accidente aéreo. 

J.C: ¿Y qué pasó después de la muerte de Barrientos? 

A.M: Todos sabemos que la muerte de Barrientos sacudió a las Fuerzas Armadas desde sus cimientos, y cambió las estructuras dentro el Ejército. Gracias a él existía una cierta unidad en los ánimos castrenses. Barrientos era considerado una especie de líder de los campesinos. 

J.C: ¿Quiénes conformaban parte del grupo "Legión de honor"? 

A.M: Éramos un grupo de 9 oficiales con ideas de izquierda. Luchábamos por una Bolivia independiente y libre de ideologías extranjeras. El General Hugo Banzer Suárez perteneció también a esta Legión, y juró fidelidad ante Ovando y Barrientos. Sin embargo, Banzer traicionó este juramento causando un baño de sangre en Bolivia, con la ayuda de Videla y la CIA, durante el golpe de Estado del 71. Pero también es cierto que dentro el Ejército habían oficiales progresistas y oficiales que se oponían a toda conquista social. Esto se puso en evidencia, inmediatamente después de la muerte de Barrientos. Entonces ahí los traicioneros se quitaron la máscara. En lo que concierne a mi persona, jamás abandoné a los principios de la "Legión de honor". 

J.C: Me conversabas en una ocasión que eras edecán del presidente Alfredo Ovando Candia. ¿Podrías contarme algo de esa época? 

A.M: Sí, claro fui edecán de Ovando, pero también era el secretario privado de su esposa Elsa Omiste. Ella había fundado una organización de nombre "CONAME" para beneficios sociales y trabajábamos juntos. 
Yo siempre era honesto a los principios progresistas de la Patria, pero habían oficiales que no me podían ver al lado de Ovando. El día que se presentaron los rumores del golpe de Estado, encabezado por Hugo Banzer y el comandante del Ejército Rogelio Miranda, estábamos reunidos en la casa de Ovando. El general nos había convocado a una reunión de suma importancia. En esa asamblea se encontraban los ministros de su gabinete y algunos oficiales más cercanos a Ovando. Ese mismo día sobrevolaban, por el cielo, aviones de guerra comprometidos con Banzer. El propósito de esas amenazas era, naturalmente, la dimisión de Ovando. Ahí estábamos conversando como hacer frente a semejante intimidación, pero Ovando nos sorprendió con una actitud bastante débil y poco coherente. Nos manifestó que había decidido dejar el poder. Todos quedamos sorprendidos y confusos. En ese momento, le suplicamos que debiéramos hacer resistencia, pero él sentía temor. Su forma de obrar era demasiado pasiva y conformista. Mientras los aviones hacían, cada vez más demostraciones de fuerza sobre la casa de Ovando; el general se ponía más nervioso. Al mismo tiempo, las llamadas telefónicas de Banzer, lo conminaban a dejar el poder. La situación iba de mal en peor, lo que ocasionó el malestar físico de Ovando. 

J.C: ¿Cuál fue tu reacción al ver que Ovando no quería la resistencia? 

A.M: Bueno, cuando Banzer dio el ultimátum a Ovando para que deje el poder, yo levanté la mano y pedí que se me otorgue la oportunidad de mediar ante Banzer. Le pedí al General Ovando que se me diera la orden para dirigirme, en nombre de su gobierno, a la casa donde se encontraba Banzer. La misión era tomarlo preso y hacer que sus soldados amotinados vuelvan a sus bases. Sabía que esta tarea era casi imposible, pero yo debía intentarlo a cualquier precio. Estaba consciente de que debía tomar decisiones drásticas, si el caso así lo exigía, incluso sacrificar mi vida. 

J.C: ¿Y cómo fue el encuentro con Banzer? 

A.M: El capitán de policía, Carlos Fernández, y yo fuimos los encargados de esta difícil tarea. Llamé al Ministerio del Interior, por teléfono, y lo único que pedí era un periodista para que nos acompañe y escriba, tal vez, una trágica historia, en la ya trágica historia de Bolivia. Y así nos dirigimos al lugar donde se había atrincherado Banzer, con mucha seguridad y a buen recaudo. Me presenté en nombre del General Ovando, por medio de uno de sus guardias, pero me negaron rotundamente la entrada al recinto. Indicaron que nada se tenía que hablar y que mi presencia estaba demás. Desde ese instante Banzer jamás olvidó mi nombre. Así que tuve que volver a la casa de Ovando con esta mala noticia. 

J.C: ¿Y qué pasó al final? 

A.M: Cuando entré a la casa de Ovando, su propio jefe de seguridad, Luis Arce Gómez, y los otros ministros presentes en la reunión lo habían abandonado totalmente. Después se supo que Luis Arce Gómez estaba comprometido con el supuesto golpe de Estado. Entonces no me quedaba otra cosa de tomar las responsabilidades que aquel momento exigía. Me hice cargo de Ovando y su familia. Ordené la retirada y puse en una maleta algunas de sus pertenencias más necesarias. Los subí a una movilidad y cuando todos estaban sentados, tuve la impresión de que quizá no alcanzaríamos al lugar deseado. Pensé entonces en el lugar más cercano: la Embajada de México. Antes de partir di la última mirada a la casa que quedaba completamente abandonada. Ni siquiera cerré las puertas con llave. Y partimos rumbo al recinto diplomático. Cuando los vi dentro la embajada, me sentí aliviado. Ovando me preguntó: ¿Por qué tú no ingresas? Le contesté que la misión no estaba cumplida y que debía quedarme en Bolivia para hacer resistencia al golpe. Aunque a decir verdad, no se veían posibilidades para hacerlo. De todas maneras, no quise asilarme y nuevamente volví a la casa de Ovando. Entré al living y me puse a pensar. Estaba totalmente solo y desesperado sin saber qué hacer. Después de un momento, se me ocurrió llamar a la casa del General Juan José Torres, a quien lo habían marginado por sus ideas progresistas de izquierda.

J.C: ¿Y lograste algún contacto con él? 

A.M: Si, él me contestó y me invitó a su casa para conversar. Apenas llegué me sirvió una taza de café, pero le rechacé, alegando que no había tiempo. Pensó que estaba bromeando. Y enseguida le expliqué la grave situación que el país estaba atravesando. Le dije que acababa de trasladarlo a Ovando y su familia a la Embajada de México. Y que precisamente en ese momento Bolivia no tenía presidente y, por lo tanto, debiera hacerse cargo del país. Era nuestro deber y obligación hacer resistencia al golpe. Después de una larga conversación, Torres aceptó mi propuesta: "hacer la resistencia". Nos pusimos en contacto con el mayor Cejas que era el comandante de una unidad de artillería ubicada no muy lejos de la ciudad de El Alto. Sabíamos que este mayor era leal a las ideas de izquierda. Y así empezamos hacer la resistencia desde el aeropuerto de la base militar en El Alto. 
Un grupo reducido de la Fuerza Aérea se unió a nuestra lucha. Pero tuvimos temor que, por la noche, los golpistas nos atacarán con un número mayor de hombres. Sin embargo, hicimos la resistencia. Aunque hubo un par de oficiales que se daban por vencidos de ante mano. Jorge Gallardo fue uno de ellos. Tenía espasmos nerviosos y no quería separarse de mí, me decía que debíamos abandonar porque todo estaba perdido. El miedo se apoderó de él, y yo le dije que se marchará. 
Finalmente, logramos tomar contacto con el sindicato de transporte y otros sindicatos. Se declaró una huelga general donde se paralizó toda Bolivia. Y Banzer no tuvo otro remedio que abandonar el país. Había fracasado el golpe de Estado. Nosotros triunfamos la lucha sin un solo muerto. Y después del triunfo, el General Torres acompañado de algunos dirigentes sindicales, el capitán Banegas que manejaba el coche y todos los que habíamos hecho resistencia, ingresábamos al Palacio Presidencial aplaudidos por las multitudes. Al día siguiente Torres fue proclamado presidente de Bolivia. 

J.C: ¿Algunos problemas después de la proclamación? 

A.M: Si, horas después de la posesión de Torres, la radio patrullas, me notificaron que una movilidad se dirigía, a toda velocidad, hacia El Alto y que adentro se encontraba el General Ovando. Me quedé confundido, era impensable ya que lo había dejado a él, y su familia, en la Embajada de México. Inmediatamente pensé que se trataba de un secuestro. Por la urgencia que requería el caso, no tuve tiempo de dar órdenes a nadie. Tomé mi propia movilidad y me di a la fuga en busca de ese extraño coche que causaba sospechas de toda índole. Logré dar alcance a la movilidad exponiendo mi seguridad. El coche paró y, para mi asombro, ahí estaba sentado Ovando. Lo saludé, y me contestó que todo marchaba bien. Me sorprendió mucho ver a ciertos oficiales del ejército junto a Ovando. Precisamente esos oficiales lo habían abandonado en los momentos más cruciales, pero el oportunismo se hacía sentir fuerte. Cuando las turbulentas aguas se calmaron pedían a gritos, sin ningún fundamento, que Ovando vuelva al poder. 
Estos trajines siguieron su curso sin éxito, ya que Torres habló con Ovando para persuadir sus actos malintencionados. El General Ovando había perdido el poder por su propia inseguridad y cobardía de hacer resistencia a las tropas de Banzer. 
Yo portaba un arma automática aquel día. Esto me causó, posteriormente, grandes problemas. Me acusaron que estaba detrás de Ovando para matarlo. Ese fue el mal pago que recibí por mi lealtad a la Patria. 

J.C: ¿Qué cargo ocupabas en el gobierno de Torres? 

A.M: Durante el período de Torres, trabajé tres meses como Ministro del Interior, hasta que su gobierno se organice. Fui nombrado directamente por Torres en el momento que nos hicimos cargo del gobierno. Por aquel entonces yo tenía solamente 26 años y sentí, en mis adentros, que ese cargo era mucho para mí. Entonces lo llevé a Jorge Gallardo como mi asistente, pero él quería algo más. Por insistencia de Gallardo, hablé con cierta gente para que se hiciera cargo del Ministerio (un grave error), y posteriormente fue nombrado Ministro del Interior. Yo pasé a la sección administrativa que tenía que ver con los fondos del Estado. Lo que más me sorprendió es que Gallardo se volvió rico de la noche a la mañana. Hacía gastos desmedidos. Yo como subalterno de él, debía depositar en su oficina, la cantidad de dinero que él pedía. Esta conducta ilícita me indignó, le llamé la atención severamente. No quise formar parte de esa corrupción y, en medio de muchas discusiones, decidí renunciar a todos los cargos que me ofrecían. 

J.C: ¿Por qué renunciaste a esos cargos, siendo así que tú luchaste para que Torres suba al poder?

A.M: Parece paradójico, ¿verdad? Pero una de las principales causas fue los desfalcos que se cometían en el Ministerio. Además, Jorge Gallardo junto a su hermano estaban planificando un golpe de Estado contra Torres. Me quisieron involucrar en ese acto inmoral de traición y, lógicamente, ese proceder no formaba parte de mis principios. Torres, a su vez, no me escuchó las prevenciones que yo le transmitía acerca de este golpe de Estado y de los robos. Él siempre comentaba: "No debemos desconfiar de nuestros propios hombres". Esta ingenuidad de Torres me desconcertó, y entonces se frustraron mis ideales de justicia y lealtad a la Patria. Pues no tuve más remedio que dejar mis actividades dentro el gobierno.
Sin embargo, tuve el honor de acompañarlo a Torres hasta el Palacio de Gobierno. Y no me arrepiento, porque pertenecía a los oficiales progresistas. Su error fue, no dar crédito a mis palabras de advertencia. Antes de retirarme de su gobierno, le di mis gracias haciendo el saludo no con la mano militar, sino con un apretón de manos.

J.C: ¿A qué te dedicabas después de haber renunciado a todos esos cargos? 

A.M: Como te conté anteriormente, no quería salir del país. Cuando me sentí libre de todos los cargos en el gobierno de Torres, me dediqué, entre otras cosas, a uno de mis hobbies: a participar en carreras de autos. De esa manera desafié a todo el mundo con mi presencia. Banzer se había refugiado en Argentina después de su fracasado golpe de Estado, pero conspiraba desde allí para un segundo golpe con la ayuda de militares de ese país. Cuando tomó el poder, dio órdenes para mi apresamiento. 

J.C: ¿O sea que Banzer tenía la mirada puesta en tu persona? 

A.M: Por su puesto, tenía muchas razones para hacerlo. Yo lo califiqué como traidor, mucho antes que diera el golpe a Ovando. Su comportamiento, no fue otra cosa que una traición a los principios patrióticos que él también demostraba, en ciertas ocasiones, ante los oficiales progresistas. Aunque siempre desconfiábamos de su lealtad. Era ególatra, no estaba contento con sus propias medidas y nos decía que había recibido una formación especial contraria a la nuestra. Siempre hablaba de sus antepasados aristócratas y nunca mostraba buena cara ante las medidas sociales en pro de la clase desposeída. 
Muchas veces le siguieron sus falsos pasos. Recuerdo que Ovando lo llamó, una vez, para que rinda cuentas de reuniones informales con ciertos oficiales, de los que también dudábamos de su lealtad. Banzer respondía dando respuestas satisfactorias y continuamente lo visitaba a Ovando para despejar dudas. Yo criticaba severamente esa actitud. Lo llamábamos "buscapegas" y traidor a los principios que habíamos planteado los oficiales progresistas: "Las Fuerzas Armadas deberían actuar en favor del pueblo". 
Luego vino su primer intento de golpe de Estado, en el que fui intermediario entre Ovando y Banzer. No me recibió en su casa, pero mi nombre se lo había grabado en mente de por vida. Se me acusó que estaba detrás de él para matarlo. Un tremendo error de él y su familia. Como miembro de la "Legión de honor", mi tarea no era matar a nadie. Además, se inventó que había viajado a Buenos Aires para liquidarlo cuando él vivía allí. Tomando en cuenta todos estos aspectos, pues yo era, según Banzer, el enemigo número uno y ordenó mi apresamiento. 

J.C: ¿Y cómo fue tu apresamiento? 

A.M: Una verdadera odisea. Me pusieron en una celda fría. No tenía derecho a tomar agua y menos a comida. Pero gracias a mis compañeros presos, recibía algo de comida por un espacio que los presos mismos se ingeniaron. Me encontraba mal de salud, me dio una terrible pulmonía. Los demás presos se dieron cuenta que padecía de este mal y me sacaban al patio clandestinamente. Hacían un círculo humano y yo, en el centro, me tendía sobre la tierra para tomar sol. De esta manera fui recuperando, poco a poco, gracias a esa solidaridad y, pues, esto me daba fuerzas para seguir luchando. 
Un pasaje que siempre recuerdo; es cuando el hijo de Banzer vino a la cárcel para agredirme. Gritaba a voz en cuello: "...que lo saquen a ese carajo de Montalvo que quería matar a mi padre. Quiero ver su cara". Vinieron los guardias, me sacaron de mi celda y me pusieron frente a él, pero a buena distancia. Estaba rodeado de carabineros y seguía gritando: "...ahora te tengo en mis manos, se acercó para maltratarme con una mirada de odio". En ese momento, los 500 presos políticos dieron unos pasos adelante para ir a su encuentro. El agresor se sintió entonces humillado e impotente de tomarme en sus manos. Finalmente, viendo esa avalancha de gente, se dio la vuelta y asustado siguió sus pasos hacia la calle. Pero tuvo el valor de gritar "te haré podrir en la cárcel". 

J.C: ¿Y cuanto tiempo estuviste en la cárcel? 

A.M: Pues al día siguiente del altercado con el hijo de Banzer, a eso de las tres de la mañana escuché mi nombre. Un guardia vino a mi celda y me pidió, en voz alta, que recogiera mis pertenencias. Los otros presos se despertaron, pero no pudieron detener mi partida. Me desearon suerte y repetían que debía ser fuerte, recuerdo bien. En esos instantes, presentía lo peor. Estaba dispuesto a todo, inclusive a la muerte. Me llevaron en un jeep militar a toda velocidad hacia el aeropuerto de El Alto. Luego me embarcaron en un avión de transporte. No sabía el destino. Ahí empezó una tortura psicológica. Contaba los minutos que me quedaban de vida. De repente, me di cuenta que había otra persona más en el avión, también en calidad de preso. Era el médico del Che Guevara, el doctor Higueras. Cuando lo vi a este señor, sentí un apoyo moral que se convirtió en una luz de fuerza y alegría. Éramos dos en la batalla. Luego de un par de horas de vuelo, el avión descendió en una parte de la selva amazónica. 

J.C: ¿Qué pensaste en esos momentos? 

A.M: Cuando descendió el avión, divisé a lo lejos que otros presos políticos alzaban los brazos dándonos la bienvenida. Posteriormente nos enteramos que el lugar en el que habíamos aterrizado se llama Alto Madidi. Era una selva infernal donde el calor y los mosquitos nos atacaban todo el tiempo. Banzer decidió eliminarme de la manera más disimulada enviándome a ese campo de concentración. Así podía culparle a la selva de mi destino y quedar libre de culpa. Nunca se supo de la cantidad de muertos que se enterraron en el cementerio de Alto Madidi.

J.C: ¿A qué te dedicabas en Alto Madidi? 

A.M: Desde que puse mis pies en ese campo de concentración, pensaba solamente en la fuga. Pero ¿cómo realizar esta fuga? Esa era la pregunta de cada día. El primer obstáculo era la gente con diferencias ideológicas irreconciliables. Entonces empecé a elaborar mentalmente un esquema que pudiera unirnos. La consigna era "libertad o muerte", nada de conversaciones políticas. Y así comandé a un grupo de 16 jóvenes dispuestos a morir. Estábamos conscientes que no teníamos mucho que ganar, pero nuestra misión era seguir adelante pase lo que pase. Entonces empezamos con un entrenamiento militar intensivo. 

J.C: ¿Existe algún libro o documento que relata la vida de los presos en Madidi? 

A.M: Sí, por su puesto. Hay un libro de Lucho Mazone y me parece que su relato es lo más correcto. Aunque mis apreciaciones tienen otro ángulo de vista. En cambio el libro que escribió Jorge Gallardo es una calamidad y lleno de falsedades. En la primera hoja del libro, me di cuenta que va por muy mal camino.

J.C: ¿Lo llegaste a conocer a Luis Arce Gómez? 

A.M: Si, lo conocí en el Colegio Militar cuando estudiaba. Luego se recibió de oficial, pero por alguna causa fue dado de baja. Extrañamente tenía entrada a esa casa de estudios. Se dedicaba a sacar fotos a los cadetes y ganaba algún dinero vendiendo retratos.
Tuvo una controvertida carrera militar. Con el correr del tiempo, lo vi nuevamente de uniforme ocupando el cargo de jefe de seguridad de Ovando. Me extrañó muchísimo. Se dice que Ovando lo llevó a ese cargo, porque su padre, Lucho Arce, era un viejo militar muy amigo de Ovando.
Hoy en día sabemos que Luis Arce Gómez ha estado en la cárcel de Estados Unidos por delitos de narcotráfico y ahora está cumpliendo otra pena en el penal de Chonchocoro.

J.C: Finalmente ¿cómo ha sido tu vida en exilio durante estos últimos 30 años? 

A.M: Primero que nada, te diré que nunca pude volver a Bolivia por la permanente amenaza de Banzer. Él decía amnistía para todos, menos para Montalvo. Así que tuve que esperar hasta que muera para visitar Bolivia. 
Hicieron desaparecer todos los documentos de mi carrera militar. Hoy no existo, ni si quiera, en los registros de cocina de las Fuerzas Armadas, pero tengo la satisfacción de haber trabajado honestamente por Bolivia. Y esto pueden atestiguar aquellas personas, con un sentido cabal, que estaban cerca de mí durante el gobierno de Torres.
Cuando llegué a Suecia, como exiliado, era un país con muchas ventajas y, claro, había que prepararse. Trabajé en la televisión sueca y en un Instituto para el Desarrollo Técnico, llamado NUTEK. 
En cuanto a mi carrera artística se refiere, creo que he logrado algunas cosas que me están dando mucha satisfacción, pero vuelvo a recalcarte gracias a un tenaz esfuerzo y mucho trabajo. De lo que me siento orgulloso, es de haber patentado una técnica para trabajar con vitrales y ya tiene alcance internacional. Así que como verás, he echado raíces en este país pero, a pesar de los años, no me olvido de mi patria Bolivia.


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