LA HISTORIA DEMUESTRA CÓMO CHILE USURPÓ A BOLIVIA SU LITORAL


MAPA TOPOGRÁFICO Y MINERALÓGICO DEL LITORAL BOLIVIANO (1871-1872) USURPADO POR LA INVASIÓN MILITAR DE CHILE EN 1879 (FUENTE: ANDRÉ BRESSON).

Publicado en el periódico El Diario  el 4 de Octubre de 2015


Los antecedentes históricos revelan que la unión entre la región andina de Bolivia y la costa de Atacama se remonta a la prehistoria. Luego de la independencia de Bolivia en 1825, se creó la Provincia del Litoral en 1829 y en 1867 se constituyó como Departamento, con una superficie de 120.000 km2. Las Constituciones Políticas chilenas reconocieron la condición costera de Bolivia.



Aparte de que la unión entre la región andina de Bolivia y la costa de Atacama se remonta a la prehistoria, durante el coloniaje español se constituyó el Virreinato del Perú, en 1542, éste fue subdividido en Reales Audiencias, una de ellas fue la Real Audiencia de Charcas (actual Bolivia), creada por Cédula Real en 1559, incluyó dentro de su jurisdicción territorial al Distrito de Atacama y su costa, que abarcaba desde el río Loa, en el norte, hasta el río Salado, en el sur, más allá del paralelo 25º.
La situación permaneció invariable cuando la Audiencia de Charcas pasó a la dependencia del Virreinato del Río de la Plata, así como al declararse la independencia de Bolivia en 1825. Al año siguiente se procedió a la división política del país. Se convirtió en departamentos a las antiguas intendencias coloniales y se las subdividió en provincias, entre las que se encontraba Atacama, perteneciente a la jurisdicción de Potosí.



En 1829 se creó la Provincia del Litoral y en 1867 se constituyó como Departamento, con una superficie de 120.000 km2. El Litoral boliviano contaba con los puertos de Antofagasta, Cobija, Tocopilla y Mejillones y las poblaciones interiores de Calama y San Pedro de Atacama.



La condición costera del territorio de Bolivia y su soberanía marítima no fue cuestionada por Chile. Las Constituciones Políticas chilenas de 1822, 1823, 1828 y 1833 reconocieron que su límite hacia el norte era el desierto costero de Atacama.

CASO HUANCHACA Y EL ASESINATO DE NOEL KEMPF MERCADO


El 5 de septiembre de 1986, el país fue conmocionado con la noticia del asesinato del Profesor Noel Kempf Mercado junto a sus acompañantes en la serranía de Caparuch ubicada en el Oriente Boliviano, en una fábrica en la que se producía cocaína conocida como “Huanchaca”. Esto desato no solo durante el gobierno de Paz Estenssoro sino a largo plazo un escándalo nacional. El crimen además de despertar la conciencia ciudadana con relación al narcotráfico tuvo sus secuelas, el diputado Salazar que era parte de las investigaciones del Caso Huanchaca fue asesinado. Este fue el destape del narcotráfico en el Oriente Boliviano.



FEDERICO ESCÓBAR; UN CAUDILLO DEL SINDICALISMO BOLIVIANO


Por: Javier Claure C. - Publicado en: www.rebelion.org / www.ecdotica.com / Periodico La Patria, 25 de abril de 2010.

Federico Escóbar Zapata es un nombre vinculado en la historia del sindicalismo boliviano de los años 60. Nace en Oruro (Bolivia) el 26 de noviembre de 1923. Hijo de Francisco Eleuterio Escóbar, obrero del ferrocarril Machacamarca – Uncía, y Nieves Zapata de Escóbar. Federico quedó huérfano de padre a temprana edad y pasó su niñez en Machacamarca. Estudió sus primeros años en el colegio Leónidas Lazarte y posteriormente en el colegio Simón Bolivar de Oruro. A los 17 años comenzó a trabajar en la Empresa Minera Catavi perteneciente al campamento de Siglo XX, un centro minero de mucha importancia por la producción de estaño. Fue precisamente en Siglo XX donde Simón Patiño, el Rey del Estaño, encontró la veta de estaño más grande del mundo. Patiño fue, en aquel entonces, el industrial más importante de Sudamérica. 

PANDO; EL MÁS JOVEN DE BOLIVIA

Pando de antaño.


El departamento de Pando es el más joven del país. Fue creado por Decreto Supremo del 24 de septiembre de 1938, durante el Gobierno de Germán Busch, con el nombre de Pando, en honor al presidente José Manuel Pando uno de los principales exploradores de esos territorio, que lideró a las fuerzas militares nacionales en la denominada segunda campaña contra Brasil en defensa del territorio del Acre (1902).
El Acre que era parte de Bolivia cuando fue fundada la república, contaba con una extensión de 355.242 kilómetros cuadrados. Bolivia perdió una considerable superficie de bosques ricos en hevea o árbol de la goma. Tras la Guerra del Acre, el 17 de noviembre de 1904, Brasil y Bolivia firmaron el Tratado de Petrópolis, en el cual el país cedía 191.000 kilómetros del Acre a Brasil, quedando apenas un diez por ciento de la superficie original.
El departamento pandino debido a la coincidencia de la fecha de su creación con los festejos cruceños, de la emancipación de 1810, traslado sus festejos al 11 de octubre, fecha en la que se conmemora la Batalla de Bahía de 1902.
Pando fue creado sobre lo que antes fuera el Territorio de Colonias del Noreste. La ley de 1938, compuesta por 11 artículos, fue promulgada durante la Convención Nacional del Legislativo.
El Artículo 1 de la mencionada ley señala: "Se crea el Departamento Pando cuyos límites serán: Al Norte y el Este, la frontera internacional con la República del Brasil, desde Bolpebra hasta la confluencia de los ríos Beni y Mamoré; Al Sur el río Beni, desde la mencionada confluencia hasta la barraca San Antonio sobre el mismo río, (entre las barracas Natividad y Todos Santos) de este punto siguiendo por una línea recta que va a terminar a la barraca San Pedro sobre el río Madre de Dios, frente a la barraca América y el arroyo Cuidalcandada conforme al mapa oficial compilado por la Comisión Cartográfica de Guerra y Colonización (La Paz, 1934): continuando de este punto por el citado río Madre de Dios hasta tomar la frontera con el Perú; Al Oeste la línea fronteriza hasta Bolpebra".
En el Artículo 2 establece que la capital del Departamento es Puerto Rico, y en el Artículo 3 señala su división en cuatro provincias: "Tahuamanu, capital Cobija; Abuná, capital Manoa; Manuripi, capital Puerto Rico; y Madre de Dios, capital Las Piedras". También fija los límites de estas provincias y su división en secciones municipales y cantones.
En el Artículo 11 de la Ley, de dispone la elevación a categoría de Ley el Decreto Supremo de 22 de diciembre de 1937, que creó la provincia Heat en el departamento de La Paz, con las modificaciones introducidas por la delimitación del departamento de Pando, y denominando en adelante esta provincia como Iturralde
En 1915, se dispuso que la ciudad de Cobija (llamada así Puerto Bahia desde 1908) sea la capital de Pando, aunque recién en 1945 se hizo ese traslado.

Cobija la capital

Cobija, capital de Pando ubicada en la provincia Nicolás Suárez, fue fundada el 9 de febrero de 1906 con el nombre de Bahía en la margen derecha del río Acre, para consolidar la soberanía boliviana en ese territorio.
Tras la Guerra del Acre, el general José Manuel Pando comisionó al Tcnl. Enrique Fernández Cornejo para que construyera al Puerto Bahía a orillas del río Acre, orden que se cumplió el 9 de febrero de 1906.
Colinda con Brasil; lo que hace posible la existencia de la zona franca, también se conoce como la “La Perla del Acre”.

Fragmento del artículo publicado en el periódico Los tiempos el 24 de Septiembre de 2016.



HÉROES DE LA GUERRA DEL CHACO: BANDA MILITAR DE MÚSICA


Por: Juan Alberto Quiroz Maida para: Historias de Bolivia.
Fotografía: Familia Sardón.

La presente banda Militar de Música se encontraba al Mando del Cap. Mus. Marcos Herminio Sardón Torrico. 
Esta banda Militar de Música dió inicio al acto del primer encuentro de los comandantes de Ejércitos, Gral. José Félix Estigarribia (Paraguayo) y el Gral. Enrique Peñaranda Castillo (Boliviano), realizado el 18 de Julio de 1935. 
Esto sucedió en puesto Merino, ubicado en inmediaciones de Villa Montes y Capírendá. 

El Sr. Victor Medén Peláez, de nacionalidad Paraguaya, escribió lo siguiente: Un relato de ese acto describe este suceso “Al hacerse las presentaciones el momento es emocionante y solemne. La oportuna ejecución de la banda, disimuló las lágrimas que brillaron en los ojos de muchos de los presentes. Peñaranda, hombre recio, tiembla de emoción. Estigarribia tiene la mirada dulce y tranquila”


BANZER: EL PRIMER AGITADOR QUE VAYA AL CAMPO, YO LES AUTORIZO, ME RESPONSABILIZO, PUEDEN MATARLO. SI NO, ME LO TRAEN AQUÍ PARA QUE SE ENTIENDA CONMIGO PERSONALMENTE

Hugo Banzer / Foto: Contrainformo.com

Cuando Banzer estaba en el poder, en 1976, Matilde Artes fue detenida y torturada en el departamento de Policía. El interrogatorio le dejo a Matilde con graves lesiones; la columna fisurada, el tabique nasal roto y perdió varios dientes. La vinculaban con el movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros. Era otra acción del Cóndor: una argentina torturada en Bolivia y acusada de participar en la guerrilla uruguaya.
La hija de la actriz, Graciela -17 años, dirigente universitaria, estudiante de Asistencia Social y farmacia y bioquímica-, y su compañero Enrique Joaquín Lucas López, un uruguayo miembro de tupamaros, habían viajado a Perú donde el 28 de junio de 1975 nació su hija Carla A comienzos de 1976, madre e hija residían en Oruro y López en Cochabamba. Graciela era una militante activa y había participado en movilizaciones en apoyo a la huelga minera en Oruro. El 2 de abril de 1976, llegaron las fuerzas de seguridad, destrozaron la casa y la llevaron detenida al departamento de Orden Político (DOP), que era parte “del sistema Cóndor” de la dictadura de Banzer. Graciela fue terriblemente torturada.

LOS OFICIOS DEL AYER EN LA CIUDAD DE LA PAZ



Por: Ivone Juárez /  La Paz - Pagina Siete, 30 de abril de 2017

La mayoría desapareció: las lecheras no caminan por las calles, tampoco los heladeros con el carrito lleno de fotografías o el chamuñero, que tentaba con sus melcochas a las salidas de los cines y del teatro.
Un día el ritmo de la ciudad de La Paz estuvo marcado por sus oficios.  La lechera que golpeaba todas las puertas de las casas para ofrecer  su producto por litro. Traía  la leche  en garrafones de aluminio que cargaba durante horas, rondado el barrio;   el heladero, que rompía el   silencio con su bocina de mano ofreciendo el "paquete, chupete, barquillo”, en ese carrito de dos ruedas que empujaba lentamente, como  dando tiempo a sus clientes para que lo alcanzaran.
El carrito estaba construido con pequeñas ventanitas de vidrio, en las que exponía una infinidad de fotos, sobre todo de futbolistas y cantantes,  para llamar la atención de los clientes y entretenerlos para que no desesperen en la espera de su helado.
El chamuñero, ubicado generalmente a la entrada de los cines, del Teatro Municipal o en alguna de las esquinas de la plaza Murillo, ofreciendo sus melcochas, esos dulces en forma de trenza que se chupaba hasta que el paladar ardiera. El hombre de los pajaritos multicolores enjaulados, que se paraba afuera del mercado Camacho y otros lugares por donde circulaba mucha gente  para leer la suerte. El pajarito elegido por el cliente sacaba un papelito en el que  se leía la profesión que se iba a tener o la suerte que se iba a correr en el amor.
Éstos son algunos de los oficios que ya desaparecieron en la ciudad de La Paz. Gracias a las  imágenes que se publican y comparten  en el Facebook de Fotos antiguas de La Paz los podemos recordar o conocer hoy, Día  del Trabajo.









LA OFENSIVA ENEMIGA SOBRE EL SECTOR VILLA MONTES HA SIDO COMPLETAMENTE QUEBRANTADA



"La ofensiva enemiga sobre el sector Villa Montes ha sido completamente quebrantada, siendo más que probable que el enemigo no tenga el propósito de reanudarla para insistir en la captura de esta importante plaza, frente a cuyas posiciones dejó miles de cadáveres. Todo deja ver que el enemigo desplaza actualmente su centro de gravedad sobre los sectores Boyuibe y Parapetí".

LA MASACRE DEL VALLE



Por: Gustavo Rodríguez / Publicado en el periódico La Razón, el 19 de enero de 2014

La Revolución Nacional de 1952 conformó, gracias a la reforma agraria, una alianza entre los campesinos y el Estado, basada también en prebendas y corrupción. El Ejército, que derrocó al MNR el 4 de noviembre de 1964, heredó y alimentó el pacto. Hacia 1970 pequeños signos de independencia sindical afloraban en el sector agrario e intentaban filtrarse en la Asamblea Popular, cerradamente obrerista. Fueron cortados con el golpe de Hugo Banzer en contubernio con el MNR, la FSB y sus aliados empresariales, bien aceitados con el dinero norteamericano.

El 20 enero de 1974, el gobierno banzerista decretó la elevación de precios para los artículos de primera necesidad y, en un efecto dominó, también se incrementaron los de otros productos, como los insumos agrícolas. Pese al rígido control político, voces de protesta se hicieron sentir en distintos lugares. Fabriles en La Paz y Quillacollo, mineros y bancarios decretaron paros. En los valles cochabambinos, poblados de pequeños productores parcelarios, la protesta fue contundente. Eran los mismos que dos décadas atrás habían protagonizado belicosas movilizaciones por la reforma agraria, pero ahora estaban tutelados en el pacto militar-campesino.

El 24 de enero, campesinos del Valle Alto iniciaron bloqueos de la vía Cochabamba-Santa Cruz, que se extendió por kilómetros y con distintos focos en Quillacollo y Sacaba. Argumentaban que por su débil ubicación productiva no tenían defensa frente a la escalada inflacionaria que se venía encima. La noche del 28, como toda respuesta, Banzer decretó Estado de sitio, con el consabido argumento de que “extremistas” actuaban en las sombras. El 29 en Tolata, luego en Epizana y finalmente el 30 en Sacaba y Quillacollo, tanques de guerra del regimiento Blindado Tarapacá y tropas del CITE dispersaron a ráfagas de ametralladora y tiros a la multitud campesina. El saldo oficialmente reconocido de los caídos de Totala fue de 21 presos, 13 muertos y 12 heridos. Las víctimas pudieron ser muchos más; nunca se supo con certeza. La prensa estableció que al menos 16 campesinos murieron en Tolata y al parecer otros siete en Epizana, en el cruce caminero de Cochabamba hacia Sucre. Se dijo que también hubo varios caídos en Sacaba. En entidades de la Iglesia Católica se habló de decenas de desaparecidos, según un documento publicado en 1976 por Justicia y Paz. Fueron arrojados al río, llevados en volquetas municipales y camiones militares con rumbo desconocido o enterrados detrás del cementerio de Cochabamba, a la vera del la mítica colina de la Coronilla. Se basaron en testigos confidenciales, pero nunca el dato pudo ser comprobado.

Bolivia no fue la misma desde la masacre campesina. La protesta quechua fue la primera confrontación a la dictadura militar. Contribuyó a abrir grietas para que universitarios, mineros y la población civil derrumbaran a Banzer con la huelga de hambre de fines de 1977. Apuntó el poema de Coco Manto: “Ahora que el pacto está roto. Atipasunchej carajo”.

Sobre sus ruinas, se construirá más tarde la CSUTCB y la independencia indígena. No hubo ninguna investigación sobre lo ocurrido en enero de 1974, pero sus huellas aún perduran frescas en los valles cochabambinos. A cuatro décadas de los disparos mortales, decenas de familiares aún esperan Verdad, Justicia y Memoria.


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EL PRIMER AUTOMÓVIL QUE LLEGO A SANTA CRUZ DE LA SIERRRA



Extraído de: hoybolivia.com

El primer automóvil que llego a nuestra ciudad, en el año 1919, rompió con la monotonía de la vida diaria del pueblo cruceño y marcó el inicio de una nueva etapa del desarrollo en nuestro departamento, hasta entonces la movilización de la gente se hacía en caballos, bueyes o carretones, desde entonces hasta la Guerra de Chaco, entre Bolivia y Paraguay, se pudo observar un crecimiento en el parque automotor de la ciudad que implementó significativamente su desarrollo.
Su propietario fue el Dr. Ángel Sandoval quien introdujo este automóvil de lujo para la época por la localidad de Puerto Suarez frontera con el Brasil.
Es bueno mencionar y reconocer a este meritorio profesional y benefactor de la salud pública por que fue quien construyo el Pabellón Médico que hoy lleva su nombre.
Y como no meditar sobre la forma en que se transportaban nuestros ancestros, desde las caminatas por selva, pampas y ríos para continuar trasladándose de un sitio a otro en caballos, bueyes domesticados, carretones tirados con hasta cinco o seis yunta de bueyes según el recorrido.
Este modelo de transporte llegado desde España durante la colonia sirvió para transportar no solo mujer, niños y ancianos de un lugar a otro, sino también y hasta los años 60, para transportar madera de construcción, Leña, Carbón, Azúcar, Sal, Arroz, Maíz y toda la producción agropecuaria del campo o provincia hasta la ciudad capital o centro de comercialización (Mercados de consumo internos).
Ingresaron a la ciudad capital una gran cantidad de vehículos de diferentes marcas y provenientes de diferentes países también, que dinamizaron el movimiento cotidiano y la vida de su gente en este pueblo grande con aspiraciones de gran ciudad. Empezaba a tomar impulso una nueva dinámica del desarrollo regional.
Los aviones y trenes complementaron estas aspiraciones y actualmente la gran urbe cruceña cuenta con un parque automotor de más de cien mil vehículos, varias empresas aeronáuticas y dos vías ferroviarias que nos conectan con los países de Argentina y Brasil.




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UN GRINGO DE LA GUERRA DEL PACÍFICO Y EL PRIMER VUELO EN GLOBO EN LA CIUDAD DE ORURO


Por: Ing. Miguel Salas Aguilar / Publicado en el periódico La Patria, el 4 de octubre de 2009.

GLORIAS ORUREÑAS.

La historia nacional palidece al no tener claro los antecedentes de la historia aérea en nuestro país, pues desde el siglo XIX al presente, la mayoría de los ensayistas se volcaron trilladamente a desentrañar las acciones de los gobernantes más de las veces triste y vergonzosa, olvidando a los simples ciudadanos; hombres y mujeres, muchas veces anónimos y arrinconados en la memoria bibliográfica, que desde su disciplinado y dedicado rincón del trabajo supieron ennoblecer a las ciencias, meritorias existencias que se ofrendaron a la arqueología, arquitectura, el arte, la botánica, la exploración, y un sin fin más de disciplinas e incluso la osada y atrevida aventura de la aviación.

EL PRIMER AERONAUTA EN BOLIVIA.

¿Quién fue el primer aeronauta en nuestros cielos? Las primeras referencias que se tiene de la actividad aérea en Bolivia datan de 1872, referencias y pinturas de aquellos años muestran pequeños globos Aerostáticos en los paseos de la ciudad de La Paz, ante la acomodada burguesía y la admirada plebe.
Una de las principales obras referenciales es el libro "Alas de Bolivia" de la escritora Amalia Villa de La Tapia, la que refleja los inicios de nuestra historia aérea. Esta escritora nacional refiere que la primera ascensión al cielo fue el año de 1872, cuando gobernaba el país el Dr. Tomás Frías, ocasión cuando llegó a la ciudad de La Paz una compañía de circo, entre las que destacaba don Apolinar Zeballos con su globo Montgolfield, iniciando con ello el nacimiento de nuestra historia aérea:
"…Apolinar Zeballos, de nacionalidad peruana, tuvo la idea de presentar un espectáculo nunca visto en esta ciudad. Con tal motivo construyó un globo tipo Montgolfield – 1783, utilizando tocuyo y otros materiales. Solicitó de las autoridades nacionales el permiso respectivo para presentar al pueblo la prueba de ascensión de un globo y, concedido que le fue. Zeballos instaló el globo en la Plaza de Armas, hoy Plaza Murillo, y lo infló con los medios existentes en la época. Concluido sus preparativos, Zeballos se lanzó al espacio tripulando su globo, que se elevó hasta una altura de 500 m., permaneciendo en el aire aproximadamente 25 minutos, al cabo de los cuales descendió sin ningún percance en los terrenos de la zona llamada Tembladerani"
Aquella primera ascensión, lamentablemente no fue bien aprovechado. Los sucesivos gobiernos nunca trataron seriamente de implantar este útil avance tecnológico para aplicarlo en el campo civil y más que todo militar, ya que de haberse tomado seriamente como útil herramienta de la defensa y exploración, hubiera mejorado considerablemente nuestra posición en los posteriores años republicanos.
De todas maneras esta primera ascensión con fines civiles en un globo Montgolfield, está registrada solamente en la ciudad de La Paz, aunque no es atrevido suponer que el mismo se hubiera podido realizar igualmente en la de Oruro, por su próxima cercanía.
Apolinar Zeballos, se constituye biográficamente para este estudio como el primer ser humano que se elevó a los cielos, iniciando con ello, una carrera aérea del que muy pocos conocemos su autentica génesis histórica. Lamentablemente del señor Zeballos, no se conoce mayores datos personales, como resultado del indebido descuido hacia nuestros pioneros del aire, del siglo XIX.

MUCHO ANTES DE LA GUERRA DEL PACIFICO

Igualmente que el peruano Apolinar que había llegado a nuestro país el año 1872 junto a una compañía de circo ambulante, hacia el año 1877 un ciudadano norteamericano llamado Eduardo Laiselle, fue el Aeronauta que más impresionó inicialmente al público chileno por sus acrobacias aéreas en un globo Montgolfield llamado por su propietario como "Juana de Arco", el mismo que posteriormente se trasladó a Bolivia donde logró el primer ascenso en los cielos de nuestra ciudad, ante la expectación de una admirada población.
Un joven yanqui llegó al puerto chileno de Coquimbo, donde por vez primera para aquel país el globo engomado "Juana de Arco" realizó su primera ascensión.
El relato del historiador chileno, don Pedro Álvarez Pavez en su libro "Tradiciones y Episodios de Coquimbo", relata que es esta ciudad chilena, el lugar donde se realizó el primer vuelo en globo del siglo XIX, del osado estadounidense E. Laiselle, para que décadas después lograse los mismos exitosos vuelos en Oruro, La Paz y Cochabamba.
La proximidad de la inminente guerra, puso aquel acontecimiento en segundo plano, por lo que el siguiente relato es una suerte de afortunado encuentro con el pasado del los inicios de las actividades de este personaje.
"Empezaba a cresparse la cuestión chileno – boliviano que dio origen a la Guerra del Pacífico, cuando al atardecer del domingo 2 de Febrero de 1879, el joven Eduardo Laiselle, natural de Boston, ciudad que abandonó para recorrer el mundo en una compañía de variedades, elevose ante la atónita población de Coquimbo en su globo Aerostático "Jeanne d’Arc", de tela engomada, a una altura considerable, para ir luego a caer cerca de los escombros del vapor quemado –el Dover Castle– que se encontraba en la bahía. Ahí recibió uno de los botes preparados al efecto y trasladándose al muelle de pasajeros, donde se tributaron acaloradísimas felicitaciones."
"Por el motivo explicado al principio, talvez no se dio a dicho vuelo la importancia que merecía, pasando este suceso casi desapercibido. Empero, veinte años después, el 12 de marzo de 1899, el célebre Aeronauta repitió el ascenso en la plaza ‘Vicuña Mackena’. Como era natural, en la plaza y en los balcones del Hotel de France había gran aglomeración de gente, ávida de presenciar la arriesgada aventura."
"A las cinco y media de la tarde el enorme aeróstato rasgaba los aires en demanda del firmamento. El perseverante Laiselle, en traje de marinero, agitaba el tricolor nacional en medio de los acordes de la banda de músicos que amenizó el acto. A causa de que no soplaba la más leve brisa, la ascensión fue casi vertical; por lo que la mongolfiera descendió sobre un edificio cercano, hasta donde acudió el populacho enloquecido y vitoreó al audaz navegante. Esta vez Laiselle fue objeto de una significativa manifestación de reconocimiento en la que le fue obsequiada una bonita medalla de oro y un reloj por el Municipio local."
"- ¡Jesús, María y José! ¡Que susto me da, niña! ¿A dónde irán a parar estos hombres con sus inventos?... decía santiguándose, una vieja de pueblo a su hija, mientras contemplaba desde el cerro el espectáculo aéreo, nunca visto en nuestro puerto, con media boca abierta de pasmo.
La aventura aérea de Eduardo Laiselle en Chile, conllevaron a su nacionalización; participó como combatiente del ejercito de aquel país, retirándose años después con el grado de subteniente, después de haber participado en las terribles jornadas de ‘Chorrillos’ y ‘Miraflores’ que fueron contrarios a la Alianza Perú-Boliviana.
Muchos años después, luego de amplios vuelos en el vecino país, Laiselle ingresó a Bolivia. Esta vez tocaría a Oruro ingresar en la historia aérea, cuando un 4 de julio de 1901, el globo aerostático realizaría otra hazaña.

EL PRIMER VUELO EN ORURO.

Eduardo Laiselle, fue la primera persona en elevarse al límpido cielo altiplánico y este capitulo constituye un homenaje a este pionero aéreo, pues sin lugar a dudas contribuyo con el avance tecnológico de la naciente urbe orureña, hacia principios de siglo XX.
Una buena prueba del uso de este aparato de vuelo en nuestra ciudad, se encuentra en el periódico de nuestra Biblioteca Municipal, el mismo comenta en breve crónica:
"De regreso de La Paz, ofrece don Eduardo Laiselle, contribuir con su Aerostato, al festival de las próximas fiestas patrias del 6 de Agosto. Es de esperar que el Comité respectivo, vote una suma destinada a contribuir a los gastos que demande este espectáculo, que seria verdaderamente popular y bastante apropiado para esos días."
De este aeronauta, refiere también la escritora nacional Amalia Villa de La Tapia, salvando el error de que los naturaliza como francés, naturalmente por su sugestivo apellido, revelando interesantes datos para la historiografía nacional y principalmente local, como la fecha de aquel histórico suceso que vale la pena apuntar:
"Realizó su primera demostración en la ciudad de Cochabamba su primera demostración el 27 de abril de aquel año (año 1901), alcanzando gran éxito. Pasó después a la ciudad de Oruro, donde el 4 de julio remontó por los aires hasta alcanzar la altura de 800 m., con una permanencia de 15 minutos, al cabo de los cuales desciende en perfectas condiciones."
Las características del globo aerostático "Juana de Arco", son importantes para reconstruir los momentos históricos que nos tocó vivir, el investigador Virgilio Figueroa, detalla algunas características de aquel aparato engomado.
"…en vez de barquilla, o colgante de ésta, pendía un trapecio en que aparecía el Aeronauta haciendo toda clase de pruebas acrobáticas. Aquello producía una impresión profunda en los espectadores. El globo se elevaba unos doscientos o trescientos metros a veces un poco más, y cuando se le concluía el humo o el aire caliente, empezaba a descender lentamente y caía a veces en la calle, otras en alguna casa o en algún arbolado. La gente corría tras el atrevido piloto y lo auxiliaba cuando caía en algún sitio peligroso. Nosotros desde el balcón de la niñez presenciábamos el espectáculo…"

UNA INOCENTE INSPIRACIÓN.

Mientras que en la ciudad de Santa Cruz, los bueyes arrastraban pesadas carretas, y en Cochabamba los hacendados recorrían sus calles en caballos; en Oruro, se hacían notables progresos tecnológicos que nos constituían en pioneras a nivel nacional.
El 4 de Julio de 1901, marca el inicio de nuestra historia aérea como ciudad precursora en la conquista de los cielos nacionales, cuando un colorido globo aerostático y un valiente "gringo" chilenizado, se elevaron en la inmensidad de nuestro azul cielo orureño.
Aquel vuelo indudablemente fue presenciado por toda la población local, así como por las colonias extranjeras residentes en la ciudad; quienes quedaron admirados por la fantástica presencia del ser humano en el cielo, reservado hasta entonces a las aves y los seres divinos. ¡Se había conquistado lo imposible!
Indudablemente este acontecimiento, sirvió para que un niño de 8 años llamado Juan Mendoza y Nernuldez, quien como otros tantos avistaba boquiabierto la proeza del "gringo" Eduardo Laiselle , se propusiera desde entonces seguir los pasos de tan arriesgada profesión… la imaginación y la inocencia tuvieron su recompensa cuando el año 1921 llegó sobrevolando un avión italiano a nuestra ciudad; luego de cumplir cursos de aviación en el aeródromo de Villa Lugano-Argentina, y lograr su brevet internacional. ¡Acto valeroso que le otorgó el título de Primer aviador nacional!. Pero esa es otra historia.

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TESOROS Y SECRETOS DEL ACRE BOLIVIANO EN LA HISTORIOGRAFÍA DE JOSÉ SALMÓN BALLIVIÁN


Por: Wilson García Mérida / Publicado en: periódico El Sol de Pando, el 30 de octubre de 2014.

Que habían otros indígenas tacanas como Juan de Dios Aguada, además de Bruno Racua, protagonizando con igual maestría y valor la expulsión, a flechazo limpio, de los brasileños de Puerto Bahía (hoy Cobija); que el descubrimiento de Cachuela Esperanza se produjo, casualmente, un 11 de octubre —día en que conmemora la Batalla de Bahía—, pero 22 años antes de la guerra; que Cobija era una ciudad que parecía existir en la dimensión desconocida, donde el tiempo transcurría diez veces más lento que en el resto de Bolivia… Secretos que la memoria enterró en su silencio y su lejanía, pero reviven con fantástica exactitud histórica en cada una de las páginas del libro “Por tierras calientes: Impresiones, anécdotas e iniciativas referentes al Beni y Noroeste” publicado en 1928. Su autor: el médico, músico, escritor y explorador paceño José Salmón Ballivián.
El periodista Carlos Soria Galvaro tuvo a bien donar a Sol de Pando un ejemplar original de aquel libro compilado junto a otras obras del escritor. Se trata de un volumen empastado que incluye dos libros de José Salmón Ballivián sobre la Amazonia boliviana, publicados antes de la Guerra del Chaco: “Por Tierras Calientes…” y “El Hombre de los Bosques – Cuentos Tropicales de Yungas, Santa Cruz, Beni, Acre, Caupolicán”.

HEROÍNAS DE LA CORONILLA





Publicado en el periódico Opinión, el 6 de agosto de 2012 

El pronunciamiento revolucionario del Alto Perú, por sus características fue un movimiento total de la Nación en armas, en ellas lucharon hombres, mujeres y niños, todos dieron su vida por la idea común de Patria, los hombres, mujeres, sacerdotes, funcionarios, criollos, mestizos e indios, unificaron esfuerzos en esta epopeya. Entre 1809 y 1810 la guerra de guerrillas en el Alto Perú tuvo una significación diferente que la librada en el noroeste argentino, la geografía y el carácter de la lucha le dio singularidad a la misma; esta era cruel y sanguinaria, al tiempo que era heroica por sus sacrificios y hazañas; se caracterizó por la humildad de sus caudillos y su arrojo, sucumben y aparecen otros, brotan de las montañas y del seno de las selvas y los bosques; son exterminados, vencidos y martirizados, pero ellos jamás se extinguen pues fueron fecundando en la sangre de otros el ideal de patria y libertad; los historiadores hablan de más de 102 caudillos que actuaron en esta lucha heroica y que solo 9 sobrevivieron; los 93 restantes subieron al cadalso o se extinguieron en los campos de batallas; también la heroicidad de las mujeres estuvo presente de manera efectiva en estas luchas. 

Los centros de resistencia se llamaban republiquetas, a saber: La del norte en Ayopaya-Omasuyos y Chayanta, que dominaba las comunicaciones con Oruro, Cochabamba-Chuquisaca. Otra en Mizque, que circundaba a Cochabamba y se comunicaba con Santa Cruz de la Sierra y Valle Grande. Otra en Río Grande hacia el Pilcomayo. Otra en Cinti con comunicaciones en Porcoy-Cotagaita y se extendía hacia Tarija y el Chaco Boreal.

Los caudillos más importantes eran: Al norte: Muñecas y Lanza; al centro: Arce y Arenales; al sud: Padilla, Camargo, Umaña y Uriondo y en el oriente: Warnes y Mercado. En Tarija se encontraban: Manuel y Ramón Rojas, Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez (alias el Moto), José Fernández Campero (Marqués de Yavi), los de Tarija respondían a Güemes y a Belgrano.

Los realistas trataron de contener los avances guerrilleros y sofocar la segunda rebelión en Cochabamba, el 22 de mayo de 1812; Goyeneche, sostuvo encuentros sangrientos, como la batalla de Quehueñal a la altura de Pocona, donde es derrotado Arce; entonces Goyeneche avanzó hacia Cochabamba que preparaba la resistencia con muy escasos recursos.

El gobernador Antezana retornó a Cochabamba, donde intentó reunir refuerzos. Al llamado del gobernador de entre los escasos mil hombres que quedaban en la ciudad, “solamente las mujeres dijeron: si no hay hombres nosotras defenderemos”. Goyeneche hizo avanzar sus tropas hacia la ciudad, pero desde la Tamborada, se les abrió fuego nuevamente, por lo que reinició el ataque. Antezana le hizo saber que él se rendía y dispuso que se retiraran y guardaran las armas. Ante su proceder “se congregaban todas las mujeres armadas de cuchillos, palos, barretas y piedras en busca del señor Antezana para matarlo”.

Las mujeres obtuvieron las llaves del depósito de armas y entrando en él “sacaron los fusiles, cañones y municiones y fueron al puesto de San Sebastián (el cerro de la Coronilla a extramuros de la ciudad), donde colocaron las piezas de artillería”. La resistencia de la ciudad se redujo así a un pequeño ejército armado de machetes, mazos, algunos fusiles y tres cañones, comandado por una anciana ciega, Manuela Gandarillas y las vendedoras del mercado popularmente conocidas como “chifleras”. 

El paso arrasador de Goyeneche se sintió en Cochabamba el 27 de mayo de 1812. El matón del Desaguadero halló una ciudad protegida por ancianos, mujeres y niños que resistían el ataque realista con piedras y palos. Las tropas de Goyeneche ingresaron a la ciudad formando dos columnas por la Tamborada y el Ticti. 

No fue difícil para Goyeneche ganar semejante batalla, aquel 27 de mayo de 1812, tendió un cerco mortal alrededor de la colina donde se concentraron las combatientes. La matanza fue despiadada, allí también murió la esposa de Esteban Arze. 

Poco después, entraron a sangre y fuego, pasando por las armas a algunos guerrilleros y mujeres, la ciudad fue totalmente saqueada y quemada, provocando con ello el terror, a duras penas algunos pudieron salvarse y huir hasta Chayanta.

Las víctimas del 27 de mayo

Manuela Gandarillas, Manuela Rodríguez de Arze, Manuela Saavedra de Ferrufino, Rosa Soto (nieta de la ciega Gandarillas y quien inspiró al épico personaje de Nataniel Aguirre), Juana Ascui, Lucía Ascui, Lucía Alcócer León de Chinchilla, María Isabel Pardo de Vargas, María Teresa Bustos de Salamanca y Lemoine, María del Rosario Saravia de Lanza, María Pascuala Oropesa, Luisa Saavedra de Claure, Mercedes Tapia y las hermanas Parrilla; entre los varones: Joaquín Mariano Antezana, Manuel Ignacio Ferrufino, Agustín Ascui, José Domingo Gandarillas, Bernardo Luján, José Manuel Lozano, Juan Zapata. Es una lista parcial de las víctimas de la matanza de San Sebastián. 

DOÑA MANUELA RODRÍGUEZ Y TERCEROS.

La insurgencia de Cochabamba estampó la cruz de una rebeldía insistente sobre la sensibilidad femenina. Lo demuestra el tumulto popular del 27 de mayo de 1812, que fue inspirado por la obstinación combativa de una descendiente del caudillo Alejo Calatayud, la abuela patriota que infundió el soplo de su temple irreductible para transformar a las mujeres del pueblo alzado, en aquellas heroínas que inmortalizaron su reto en la inmolación de la Coronilla. Siempre asociada al sino de su esposo y de sus hijos, la criolla también buscó un lugar de repentina colaboración para asomarse a los hechos como actora o como intérprete, con el desborde de su pasión contenida. Al igual que Doña Juana Azurduy, envuelta por la llama de la aventura, junto a Manuel Ascensio Padilla en la bravas escaramuzas del guerrillero, aparece Doña Manuela Rodríguez y Terceros al lado de Arce, con el entendimiento de la misma obra redentora de modo que el aura de la rebeldía pudo nombrar la figura de ambos personajes. 

INSTAURACIÓN DEL DÍA DE LA MADRE

En esta colina, más conocida como de la Coronilla, cientos de mujeres murieron a manos de las fuerzas realistas. En homenaje a ese valor demostrado aquel 27 de mayo de 1812 es que se recuerda esta fecha como el día de la madre boliviana, conmemoración que fue confirmada a través de la Ley de la República del 8 de noviembre de 1927, el Día de la Madre boliviana es festejado cada 27 de mayo.

Gran parte de esta costumbre, se originó con el fin de recordar el valor y el compromiso que tuvieron con su patria las mujeres cochabambinas, valor que quedó demostrado en el campo de batalla el 27 de mayo de 1812 en la conocida Batalla de la Coronilla con motivo de la Independencia de la República de Bolivia.

LA RABONA

Rabona, su nombre deriva del hecho de que generalmente marchaban en la cola de las columnas y aunque también se les conocía como cantineras el término original era el más extendido; eran las mujeres esposas, madres o hermanas de los reclutas, acompañaban en campaña incluso con sus pequeños hijos a cuestas para de esta manera evitar la desmoralización y deserción de la tropa durante los primeros meses del adiestramiento, con el tiempo muchas de ellas terminaban formando parte integrante del batallón y no era inusual que caído su hombre en combate le prodigaran los primeros auxilios o asistieran en su agonía llegando a tomar incluso el rifle de aquel para continuar combatiendo, los hijos nacidos o criados en campaña solían pasar el resto de su vida ligados a la milicia incorporándose como tamborileros desde la niñez o como soldados desde la adolescencia, al darse el alto ellas escogían el mejor sitio para acampar, enseguida descargaban las mulas, armaban las tiendas amamantaban y acostaban a los niños, encendían los fuegos, cocinaban y atendían a sus maridos o parejas, reparando los uniformes y realizando otras tareas domésticas, que en esa época incluso podían considerarse su actividad de logística.

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UN CUENTO BREVE SOBRE LA DEFENSA DE BOQUERÓN EN LA GUERRA DEL CHACO

UN CUENTO BREVE SOBRE LA DEFENSA DE BOQUERÓN EN LA GUERRA DEL CHACO
Oficiales y soldados de Boquerón

Por la transcripción Dr. Antonio Revollo Fernández - Pdte. Sociedad de Historia y Geografía de Oruro / Este artículo fue publicado en el periódico La Patria de Oruro el 1 de enero de 2013.

INTRODUCCIÓN


En la memoria de los bolivianos ha quedado grabada con cincel de hierro la gran epopeya y gloria de la defensa del fortín Boquerón en la guerra internacional frente al hermano país del Paraguay, donde el soldado boliviano demostró su garra y valentía heroica jamás vista en la historia republicana, donde exactamente seiscientos veintiún (621) combatientes compuestos por soldados de diferentes lugares del país, es decir, vallunos ,altiplánicos, orientales, del campo y la ciudad al mando del legendario Tte.Cnel. Manuel Marzana hicieron frente al cerco de más de seis mil soldados paraguayos retroalimentados con tropas frescas del 8 al 29 de septiembre de año 1932, veintiún días sin alimentos, sin agua, sin medicamentos con muchos muertos y heridos, al final sin municiones, cerco humano enemigo temerariamente roto dos veces por otro héroe, Germán Busch, que al final extenuados, sin haber dormido muchas jornadas casi al filo de la locura marcaron esta leyenda denominada la epopeya del Boquerón, página gloriosa que sigue motivando la admiración de propios y extraños, pese a haber transcurrido cerca a ochenta (80) años. 
Sobre este particular cursa en mis manos una obra intitulada "Sin rencor. Cuentos breves de la Guerra del Chaco", editada en la ciudad de Asunción (Paraguay) el año 2001, bajo la dirección de Hugo Rodríguez Alcalá en la que llama la atención el trabajo intitulado "Boquerón" de autoría de Luisa Moreno, escritora paraguaya que sobresale hechos desconocidos por nosotros como el marco tenso y sobrecogedor días antes de la toma del fortín Boquerón por las tropas paraguayas, que precisamente por su gran valor histórico y literario se reproduce íntegramente el texto mencionado, el mismo que permitirá tener mayor criterio sobre esta épica guerrera.

Boquerón (Sin rencor)

"No sé por qué nadie se acuerda de nosotros, sin embargo fuimos indispensables. En esa llanura fogosa y áspera, el soldado tenía solo dos grandes fantasías. El agua y la mujer. El comandante Estigarribia sabía que la palabra vital en aquella guerra sería el agua, sí señor, el agua, y nosotros éramos los poceros. Nuestro "Regimiento" era muy especial. Cada grupo constaba de cuatro hombres y tenía su apodo. El nuestro se llamaba "Teru-teru".
"Con la llegada del Comandante Estigarribia a nuestro campamento en Isla-Poí, se intensificaron los aprestos para recuperar el fortín caído meses atrás en poder de Bolivia. Se organizaron en dos columnas. Nuestro Comandante se puso al frente de una de ellas y, con un "Viva el Paraguay" que permaneció retumbando en el desierto, el 7 de septiembre de 1932 partimos hacia el camino de Yucra, rumbo a Boquerón". 
"Mi "Regimiento" tenía la misión de apoderarse de los pozos de agua que abastecían a las tropas enemigas". 
"Generalmente nos movíamos de noche mediante sendas de fosos cavados en las tinieblas que nos permitían aproximarnos a las líneas interiores de la defensa. De día rastreábamos el agua con una horqueta verde, una especie de misión imposible por la cantidad de venas saladas que casi siempre nos engañan".
"Nos comunicábamos con los otros grupos según los silbos o gritos de pájaro u otros animales que habíamos elegido como apodo para identificarnos. Una madrugada en que habíamos salido a cazar un venado, el cielo estaba nublado y nos desatinamos".
"No recuerdo cuántos días anduvimos buscando a nuestros compañeros hasta que una madrugada oímos el lejano rumor de estampidos, y hacia allá nos dirigimos. Costeando el monte entramos a una picada recién hecha, pero por precaución tomamos un camino paralelo, un tacuruzal caliente infestado de tunas". 
"Al medio día, el sol era una incesante llamarada de polvo blanco, brotaba de la tierra una especie de vapor hirviente y el viento norte traía olor a azufre y a carroña. El cansancio y la sed comenzaban a jugarnos una mala pasada. Algunos sentían nauseas, otros, fuerte dolor de cabeza y, de cuando en cuando aparecían las visiones. A menudo creíamos encontrarnos con el enemigo, se nos aparecían en grupos miserables, o como solitarios en piel y hueso, les alteábamos y desaparecían en la densa polvareda. Sabíamos de esas cosas. Sucedían a menudo en aquel desolado infierno. Era el delirio, la sed que comenzaba a atormentarnos con las primeras irisaciones del llano y crecía oprimiéndonos en una especie de camisa de goma caliente que nublaba el juicio. Después de la media tarde, a lo lejos vi algo verdaderamente absurdo, una figura que se desprendía de un algarrobo seco y venía directamente hacia nosotros en un remolino de arena larga y negra. Usaba botas y guerrera caqui de oficial. Era una mujer de grandes ojos castaños. Me impresionó su palidez, su extrema flacura, su abundante cabellera negra".
"Tenía los labios amoratados cubiertos de llagas. Visiblemente aturdida, gesticulaba diciendo cosas extrañas. Creí que se trataba de otro espejismo, pero la mujer se acercó a uno de mis compañeros y suplicando en un idioma que supusimos sería el quechua, le entregó un cuaderno sucio de sangre reciente. Era el diario de un tal "Sub. Tte. Tabora" que, hojeado rápidamente, decía: "Nunca esperamos que los paraguayos planearan una ofensiva tan importante. Se oye un griterío atroz, los dientes castañetean y es imposible dominar el temblor de las piernas". 
"Presentimos la derrota antes de iniciarse la batalla, suenan bandas de música a lo lejos. Son las polcas épicas paraguayas. Campamento" y otras, que más los enardecen. Dos escuadrones progresan sin precaución alguna, marchando al trote. Con gritos de ¡Hurra! Nos desafían. A los cuatrocientos metros inician el asalto: "Viva el Paraguay". "Es la primera vez que oímos su grito de guerra. Cuando llegan a los trescientos metros que tenemos marcados en el espartilla, soy la señal. Vomitan las pesadas, vibran las livianas, no cesa la fusilería. Hierve el caldero de la guerra". 
"Vivamente impresionados por la presencia de la mujer y del diario, al mismo tiempo nos enterábamos de la reciente batalla librada en ese mismo terreno en el cual, tal vez, el oficial, autor del diario había muerto. Lo que nunca pudimos averiguar fue cómo había llegado a manos de la mujer ni que era ella del Sub. Tte. Tabora". 
"La chica repetía insistentemente "agua, agua". Nosotros teníamos una caramañola de reserva, pero estábamos desorientados, éramos cuatro y no teníamos ningún deseo de compartirla con el enemigo; de pronto, la mujer vio nuestra caramañola y se abalanzó sobre el recipiente atacándonos con mordiscos, patadas, arañazos, y cuando al fin pudimos reducirla, le mojé los labios, dándole un pequeño sorbo de agua y, al tragarla, se desmayó". 
"No sabíamos qué hacer con ella. Era nuestra prisionera, se nos acababa el agua, y no teníamos ni idea del rumbo que llevábamos. No podíamos dejar ir a la mujer, podría delatarnos, podría ser una trampa del enemigo". 
"Sus compañeros. Tal vez estarían muy cerca buscándola. Con solo gritar nos pondría en serios problemas. Pero tampoco la queríamos abandonar en ese llano desolado donde no sobreviviría ni dos horas más. Resolvimos llevarla con nosotros. Volvimos al foso que habíamos cavado esperando que oscureciera para continuar hacia donde se originaban los rumores de voces". 
"Era la primera vez, en mucho tiempo que venía una mujer y, a pesar de su aspecto lastimoso, no podía menos de sentir el fuerte impacto de su presencia. Había en ella cierto aire desvalido, cierto pudor que desconcertaba sometiendo suavemente mi voluntad a su servicio. Poco a poco nuestro estado de ánimo iba cambiando. A mí se me entumecían las piernas, y el más charlatán de mis camaradas de golpe se había quedado mudo. La poderosa energía que nos impulsaba hacia nuestro objetivo se estaba debilitando. Había una especie de flojera, un malhumor creciente, injustificado. Cualquier disparate insignificante recibía un insulto desmesurado. Y sin darnos cuenta se había establecido entre nosotros un afán de competencia, el motivo no importaba".
"La inesperada "visita" había traído condigo una tensión extra sobre nuestros nervios, además ella no sacaba la vista de la cantimplora y al menor descuido intentaba apoderarse del líquido. Horas más tarde, unos morterazos nos obligaron a reaccionar; asustada por los estampidos, la mujer comenzó a hablar en un perfecto castellano". 
"Eran cosas incoherentes, hablaba de un tal Guzmán, de algunos momentos de la batalla reciente, de paraguayos muertos a los que arrancaron galletas, cigarros, agua. Con espanto nos dimos cuenta de que estábamos en pleno territorio enemigo". 
"Jamás pude entender cómo fue posible que nos acercáramos tanto sin que nadie nos viera. Por suerte la noche nos cubrió, pero antes de que entrara el sol ya habíamos avistado un buen refugio, un enorme "samuhú" no estaba lejos y junto a él nos asilamos. Cerca de las raíces cavamos una cueva bastante amplia cuya abertura tapamos con ramas y espinas". 
"Pero estábamos demasiado cerca del campamento boliviano. Estábamos en el ojo del polvorín. Por el azar habíamos conseguido penetrar hasta las mismas barbas de Marzana, pero la misión había fracasado; por un lado, un grupo de cuatro hombres era insuficiente para cualquier maniobra y por otro lado, los pozos de agua ya no servirían para nadie. Estaban infestados de cadáveres".
"En el aire flotaba una pestilencia maligna y nosotros no teníamos más que un resto de agua y algunos pedazos de cogollo de palma. Pero según la mujer que en su delirio no paraba de hablar, los bolivianos también estaban llegando al límite del sufrimiento. Desde hacía tiempo Vivian de carne de mula y del escaso alimento que se les arrojaba desde el aire, y cuando acabaron las mulas se resignaron a raspar huesos o a masticar cuernos remojados".
"Esa noche hubo un gran movimiento de tropa después del avión que pasó rasando el campamento. Al parecer había estado esperando víveres, pero solo cayeron mensajes con la orden de que siguieran resistiendo". 
"Pensé que tal vez, cuando se sosegaran la cosas, podríamos intentar escaparnos. El cielo estaba despejado, pero hasta las estrellas parecían nerviosas aquella noche fragante y terrible en compañía de nuestra inquieta enemiga que se valía de todas las artimañas femeninas para obtener el agua o escapar". 
"Contrariamente a mis esperanzas, sentía que la tensión aumentaba en el bando enemigo. Sentados en torno a las hogueras murmuraban algo que pronto fue subiendo de tono; estaban excitados, hablaban de nosotros, de los feroces combatientes de la llanura, de grandes masas de tropas paraguayas cuya presencia anticipaban las charlas de los de los soldados y el ruido de los camiones. El silencio extraño del monte multiplicaba los ojos del miedo y crecía la impaciencia, solo interrumpido por los siniestros aullidos de los zorros del Chaco". 
"La noche era luminosa, sin embargo todo anunciaba un aire de tragedia. La tragedia no se había producido todavía, pero estaba en el ambiente. Estaba en el brillo de los ojos de aquella joven enajenada, dulce, indefensa, demasiado amistosa. Ella era el más temible enemigo que yo enfrentaba en esa madriguera donde la tenía apretujada a mi cuerpo. Donde el aire viciado y caliente nos sumía en una especie de ansiedad insoportable. Cerca de la madrugada el rocío fue serenando los ánimos. Una hora después la mayoría de los soldados dormitaban sobre sus armas". 
"Yo sentía que había vuelto entre nosotros aquella alianza compacta que nos movía como si estuviéramos conectados a una sola voluntad. Creímos que era el momento y, siempre con la mujer entre nosotros y, siguiendo el rumbo del foso que habíamos cavado, salimos reptando con los codos , alejándonos de nuestra guarida, pero cuando estábamos por salir del monte, sentimos la fuerte sacudida de la tierra por el cañoneo incesante, por los gritos y maldiciones. La mujer temblaba a mi lado; de pronto intentó escapar, pero uno de mis hombres la detuvo a tiempo, protegiéndola con su cuerpo, a pesar de que ella se defendía como una leona para recuperar su libertad, la que hubiera sido muy fugaz a campo raso". 
"El infierno duró unas horas. Los morteros y la artillería martillaban sin cesar, mezclados a los gritos del Tte. Coronel Marzana que animaba a los combatientes bolivianos a cumplir con su deber, pero los hombres al límite del sufrimiento, locos de sed abandonaban las líneas sumidas en un delirio sin retorno. El agua era el elemento que controlaba la batalla. Pronto se apoderó de los sitiados una loca desesperación agravada por las voces de algunos soldados que gritaban en quechua a sus compañeros para que se rindieran para tomar un poco de agua".
"Fue entonces cuando de todas las trincheras enemigas brotaron banderitas blancas y al rato vimos a nuestros compañeros que pasaban intrépidamente delante de los cañones, y nos unimos a ellos. Los bolivianos temían ser pasados a bayonetazos, pero al darse cuenta de que los nuestros les ofrecían agua y lo poco que les quedaban de comida, salían alborozados a estrecharnos las manos". 
"El Tte. Coronel Gaudioso Nuñez exclamaba a su paso: "Oficiales y soldados del Paraguay, saludemos las lágrimas de estos valientes. Los guerreros también lloran". Todos nos cuadramos y saludamos con los ojos empañados. Los bolivianos que salían de sus trincheras nos dejaban mudos de asombro. Eran meros esqueletos harapientos y enfermos". 
"La última vez que vimos a nuestra prisionera estaba de espaldas abrazada a sus compañeros de la Cruz Roja, con mi cantimplora en la mano". 
"El Tte. Coronel Marzana y sus hombres fueron es primer contingente de prisioneros desembarcados del ‘Humaitá’, en Asunción, donde una hostil muchedumbre los observaban en silencio, pero al ver los cientos de espectros barbudos. Rengueando, con las camisas hechas jirones… la actitud del público se transformó de inmediato. El rictus amargo del rencor desapareció de todos los rostros, para dar paso al asombro y luego a la piedad. Un conmovido silencio fue el mejor tributo; de pronto un grupo de vendedores ambulantes rompió filas ofreciendo espontáneamente a los cautivos, chipas, naranjas, cigarros". 

"Una vez más resplandecía la nobleza del pueblo paraguayo". (FIN)

NOTA.- El presente trabajo de María Luisa Moreno es parte de una veintena de cuentos de escritoras paraguayas de eventos denominados Taller Cuento Breve que dirige el Dr. Hugo Rodríguez Alcalá, que al final de la parte introductoria indica: Una vez más la literatura como expresión de arte, intenta preservar del olvido algunos episodios, recuerdos, relatos, ciertos e imaginarios, que forman parte del acervo anecdótico de la Guerra del Chaco". 
En adelante seguiremos extrayendo otros cuentos de la Obra "Sin rencor", Cuentos breves de la Guerra del Chaco, versión paraguaya, para enriquecer nuestro acervo literario e histórico sobre esta fatídica guerra para tener un juicio crítico del mismo y que este legado debe ser conocido por las nuevas generaciones para que la misma jamás se repita.
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