"BOCA" EN ORURO


El 23 de Junio de 1975, el periódico Hoy”, publicaba una fotografía del club argentino de fútbol Boca Juniors en el estadio “Jesús Bermúdez” de Oruro antes de jugar un partido amistoso con la selección boliviana en 1975 previo a las eliminatorias para el mundial de fútbol de Argentina 1978. Algunos de esos partidos se jugaban en Oruro que era la una de las sedes de entonces.

LA MASACRE DE SAN JUAN Y LA GUERRILLA DEL CHE




Las acciones guerrilleras comandadas por el Che se iniciaron en Bolivia el 23 de marzo de 1967, tres meses antes de la Masacre de San Juan. Aunque en escenarios completamente distintos y alejados, los sucesos de San Juan no se explican sin la insurgencia del grupo armado en Ñacahuasu.

La masacre fue, en última instancia, una medida estratégica preventiva dispuesta por el presidente René Barrientos Ortuño y sus asesores estadounidenses, precisamente para evitar que se constituya y articule un nexo entre mineros y guerrilleros. De no mediar San Juan y si el movimiento guerrillero no hubiese sido aplastado de manera tan temprana, unos y otros hubieran terminado, sino encontrándose, por lo menos, marchando en paralelo por objetivos comunes. De ahí la necesidad de Barrientos de anticiparse a los hechos.

Los mineros, en particular los del eje Huanuni-SigloXX-Catavi, eran en esa época el sector social más combativo y un baluarte de la oposición a la política oficial, el único capaz de ser un obstáculo para el gobierno y, por tanto, el único susceptible de constituirse en aliado significativo de la guerrilla. En otras palabras, se levantó una barrera de sangre para impedir la alianza entre mineros y guerrilleros.

San Juan en el Diario del Che

El día 8 de junio en su célebre diario aparece la primera anotación del Che referida a la situación en las minas. La información propalada por las radioemisoras era la única fuente que disponían los guerrilleros. Por lo general, captaban las radios Altiplano y Cruz del Sur de La Paz, Norte de Montero, así como algunas del exterior.

“…Se da noticias sobre el estado de sitio y la amenaza minera, pero todo queda en agua de borrajas.”, dice ese apunte. En efecto, el día anterior el gabinete ministerial había decretado el Estado de Sitio en todo el territorio nacional, “en razón de la situación explosiva reinante” al decir del ministro de gobierno, Antonio Arguedas. Se declaraba fuera de la ley a los partidos de izquierda por haberse solidarizado públicamente con la guerrilla y se prohibía terminantemente todas las reuniones y manifestaciones públicas. Según el portavoz del gobierno, la medida se tomó fundamentalmente por la amenaza de los mineros de Huanuni de salir en marcha de protesta hacia la ciudad de Oruro y debido a que varios dirigentes mineros habían pronunciado discursos “francamente subversivos y en apoyo a las guerrillas que operan en el sudeste del país”.

…“La noche de San Juan no fue tan fría como podría creerse de acuerdo a la fama… El asma me está amenazando seriamente y hay muy poca reserva de medicamentos”, anota el comandante guerrillero la noche del 23 de junio. Dado el aislamiento en que se hallaba la guerrilla, el Che no tenía ninguna noticia de que, para aquellas fechas, los dirigentes mineros que todavía no habían sido apresados, funcionando como núcleo semi clandestino y un tanto disperso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), habían convocado a un Ampliado Nacional en el campamento minero de Siglo XX, al mismo que también habían sido invitados dirigentes de varios sectores laborales afiliados a la Central Obrera Boliviana (COB).

El Che no podía estar al tanto de que los dirigentes sindicales tenían la pretensión, más o menos implícita, de intentar en esta reunión dar vigencia a la perseguida e ilegalizada organización matriz de los trabajadores bolivianos.

El Che ignoraba también, en absoluto, que de forma espontánea en asambleas de trabajadores de Huanuni y Siglo XX, habían comenzado a darse señales de solidaridad con la guerrilla pues se hablaba de donar medicamentos, de entregar una “mita”, es decir los réditos de una jornada laboral, para apoyar a los alzados del sudeste. También se escuchaban voces, particularmente en Huanuni, en sentido de declarar a las minas como “territorios libres”, aspecto que fue ampliamente magnificado por el gobierno con el propósito de justificar su incursión punitiva de la noche del 23 al 24 de junio.

“… Acampamos en las faldas del cerró Durán. La radio trae la noticia de lucha en las minas. Mi asma aumenta”. (24 de junio).

“…La radio argentina da la noticia de 87 víctimas; los bolivianos callan el número (Siglo XX). Mi asma sigue en aumento y ahora no me deja dormir bien”. (25 de junio). Estas dos anotaciones sucesivas en su diario, revelan la escasa información y, por tanto, el aparente desinterés del Che en los acontecimientos que tuvieron lugar esos días. Una de sus mayores preocupaciones era el tema de su salud que se iba tornando angustiante para él.

“Volveré a ser…”

Sólo el 30 de junio hay nuevamente una anotación relacionada con la masacre: “…Me atribuyeron ser el inspirador del plan de insurrección en las minas, coordinado con el de Ñancahuasú. La cosa se pone linda; dentro de algún tiempo dejaré de ser “Fernando sacamuelas”.

El final de este apunte es sumamente significativo. El Che insinúa la posibilidad de revelar abiertamente que era él quien comandaba la guerrilla de Ñacahuasu .

Hay que recordar que hasta ese momento, y en realidad hasta el final, el Che estuvo en Bolivia clandestino, sin confirmar su presencia por ninguna vía, ni siquiera en sus esporádicos contactos con la población campesina. Su presencia era intuida y sospechada por muchos, pero sólo las fuentes militares y gubernamentales, las menos creíbles de todas, más o menos desde el mes de abril insistían sobre esta posibilidad dándole cierto grado de verosimilitud.

Entretanto, alguna prensa de los Estados Unidos publicaba versiones escépticas sobre la presencia del Che en Bolivia, parece que las autoridades de ese país no lo creían posible. O, al contrario, lo sabían, pero no querían admitirlo públicamente, previendo la repercusión que esto acarrearía.

Los máximos dirigentes del PCB, entonces Mario Monje, Jorge Kolle y Simón Reyes, estaban al tanto de todo, incluso el primero de ellos se había entrevistado con el Che en Ñacahuasu el 31 de diciembre de 1966. Kolle y Reyes, por su parte, estuvieron en La Habana las semanas siguientes y acordaron con Fidel Castro una reunión con el Che para discutir los términos en los que el PCB se relacionaría con la guerrilla. Kolle había aducido que no estaba al tanto del carácter continental del proyecto del Che.

Pero, no obstante ese amplio conocimiento que la cúpula del PCB tenía, mantuvo férreamente el secreto de la presencia del Che.

Los servicios de inteligencia norteamericanos y bolivianos desde el comienzo tenían muchos indicios y cuasi evidencias de que el Che estaba aquí, pero la confirmación definitiva al parecer la obtuvieron de las declaraciones de Regis Debray y Ciro Roberto Bustos, quienes habían sido apresados en Muyupampa el 19 de abril.

Precisamente para aproximarse a Muyupampa con objeto de permitir la salida de estos dos “visitantes” el grueso de la columna guerrillera se había separado de la retaguardia comandada por Joaquín (el comandante cubano Juan Vitalio Acuña Núñez), hecho que resultó nefasto pues ambos grupos jamás se volvieron a encontrar a lo largo de la campaña.

El Che no firmó con su nombre ninguno de los cinco comunicados numerados que la guerrilla intentó sin éxito difundir. Entre ellos el Nr. 1 publicado con gran revuelo el 1 de mayo en el periódico “Prensa Libre” de Cochabamba, gracias a que el mayor Rubén Sánchez, prisionero de los guerrilleros, lo hizo llegar subrepticiamente.

Entre la documentación capturada aparece un breve documento de salutación al 26 de julio en Cuba, que lleva como firma sólo el nombre de Inti en su calidad de comisario político de lo que, ya desde marzo, comenzó a llamarse Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

El Che aparecía como Ramón, nombre con el que también se presentaba en sus breves contactos con la población rural. Después, cuando esos encuentros fueron más intensos y frecuentes e incluso se dedicaba a dar asistencia dental a muchos campesinos, se hizo llamar Fernando. El 21 de junio con un toque humorístico anotó en su Diario: “Después de dos días de profusas extracciones dentales en que hice famoso mi nombre de Fernando Sacamuelas … cerré mi consultorio y salimos por la tarde; caminando poco más de una hora.”

Por eso, a raíz de la propaganda gubernamental que lo relacionaba con los sucesos en las minas dice que dentro de algún tiempo dejaría de ser “Fernando Sacamuelas”. Revela así su intención de presentarse públicamente, de proclamar a los cuatro vientos que era él quien comandaba el grupo guerrillero instalado en el sudeste boliviano. Deseo al final no cumplido, dada su captura el 8 de octubre y su asesinato en La Higuera al siguiente día.



* Artículo publicado en el periódico “La Prensa”. La Paz, junio de 2008.



’DARÍO’, EL ÚLTIMO GUERRILLERO DEL CHE



Por: LUPE CAJÍAS / Historiadora, Movida ciudadana contra la corrupción-Publicado en el periódico El Deber el 28 de diciembre de 2014.

Los disparos sonaron a nuestra vera y la dueña de la tienda de la esquina del barrio me jaló hacia adentro, agitada como los otros clientes que compraban los últimos detalles para festejar aquel 31 de diciembre de 1969. Anochecía y las primeras ráfagas se confundieron con la ilusión de los cohetillos que suelen anticipar el cambio de dígito anual.

En los primeros instantes no sabía que era mi primer reportaje y que esas imágenes me acompañarían durante décadas, igual que el nombre de “Darío”, el último guerrillero boliviano sobreviviente de Ñancahuazú, estuvo siempre en mi recuerdo, en mis escritos y en los paseos de turismo histórico que organizamos con la Fundación Cultural Cajías.

La familia aún guardaba luto por la muerte de nuestra madre y fue al volver de su turno, en el periódico Presencia, que mi padre decidió que era mejor tenerla presente brindando por el nuevo año que en el silencio doloroso y me mandó a pedir en la tienda una botella de champán. Como solía ser, en la chocolateada vespertina nos contó las últimas novedades de la jornada.

Asalto a la Cervecería
Unos hombres habían asaltado el día anterior a la Cervecería Boliviana Nacional, cuya sede estaba en su tradicional local de la avenida Montes, al ingreso del centro histórico paceño y con calles que conectan al norte industrial, hacia la actual terminal de buses o hacia la antigua estación de trenes. El grupo se llevó 250.000 pesos, una fortuna para la época.
Después se supo que el plan era limpio, para evitar daños físicos innecesarios, pero como suele suceder, un incidente precipitó el asesinato de un guardia y del contador de la CBN. Lo peor para los asaltantes fue que uno de ellos, Juan Martín Tejada Peredo, fue también alcanzado por el fuego cruzado.

En esos años eran escasos o nulos los atracos y el último de envergadura había sucedido con la remesa de la Corporación Minera Boliviana (Comibol) en la localidad altiplánica de Calamarca y que, cual novela, fue protagonizada por una banda de delincuentes y policías, incluso el que inicialmente investigó el hecho. Los primeros comentarios en las radios recordaban aquel antecedente. Pero a las pocas horas se descubrió el cadáver de Tejada en un automóvil Austin abandonado en la calle Beni, a poca distancia de la avenida Armentia, por donde habían huido los asaltantes.

El hallazgo de ese cuerpo y de documentos en el vehículo dieron rápidamente las pistas a la Policía para saber que la acción no era de delincuentes comunes, sino de guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que iniciaba una serie de las llamadas ‘expropiaciones’ para financiar su lucha política.

Por ello, la investigación, persecución y cerco estuvo a cargo de la Dirección de Investigación Criminal (DIC), la famosa y temida oficina de control político que funcionaba con diferentes nombres desde la sistematización de la violación a los Derechos Humanos con el MNR.

ELN y el Gobierno de Ovando
El año de 1969 fue uno de los más violentos y de más y diversas protestas políticas que vivió Bolivia. Alguna vez lo comparé con el ‘mayo francés’ del 68, porque las manifestaciones callejeras también estuvieron relacionadas con la aparición de las primeras peñas reclamando la herencia cultural indígena, el poncho entre los jóvenes, la revuelta universitaria o la presentación del film Yawar Mallku, de Jorge Sanjinés, para denunciar el control de la natalidad forzado que alentaba el Banco Mundial entre mujeres aimaras y quechuas.

También fue la época de los más extraños asesinatos, como del periodista Alfredo Alexander (director de Hoy) y de su esposa, con una bomba escondida en un ramo de flores, y del colega que comenzó a investigar esas muertes, Jorge Otero Calderón. Se hablaron de misteriosas conexiones de militares bolivianos con tráfico de armas para Medio Oriente y otros detalles que parecían inverosímiles.

Se encontró el cuerpo de Jorge Solís, dirigente campesino ‘nacionalista’ y exministro del fallecido presidente René Barrientos, también muerto en un extraño accidente de aviación. Félix Sandóval Morón mató al piloto Mendieta, acusado a su vez de asesinar a su hermano.

En septiembre, en medio del espanto por el accidente aéreo que terminó con el plantel de The Strongest, el general Alfredo Ovando Candia dio un golpe de Estado junto a un gabinete de izquierda nacional y a la vez de tintes fascistas. Durante su mandato, se tomaron decisiones en ambos extremos. Lo más notable fue la nacionalización de la petrolera Gulf por el ministro de Minas y Petróleo Marcelo Quiroga Santa Cruz, al mismo tiempo que se negaba la libertad a los detenidos Regis Debray y Ciro Bustos, juzgados en Camiri.

El Gobierno expulsó a cinco funcionarios estadounidenses acusándolos de pertenecer a la CIA. Por otro lado estallaba el escándalo cuando agentes oficiales confesaron que por orden del Ministerio del Interior se había involucrado a políticos con el tráfico de cocaína. Los sindicatos se fortalecían en el marco de un ambiente revolucionario en América Latina, pero el Gobierno negó el ingreso a su máximo líder, Juan Lechín, y lo detuvo cuando intentó cruzar la frontera con nombre falso. El ELN, fundado en el contexto de las guerrillas comandadas por Ernesto Che Guevara en el sudeste de Santa Cruz, consideraba que Ovando seguía siendo tan enemigo como en los días de combates en la selva y le negaba cualquier asomo izquierdista, aunque en EEUU se calificaba a la situación boliviana como la “Mini Cuba”.

Las guerrillas rurales terminaron con el asesinato del Che pero el ELN continuó con sus acciones urbanas y la figura carismática del argentino cubano convocaba a los jóvenes que decidieron continuar su lucha. Muchos periodistas bolivianos que habían cubierto esas noticias ingresaron clandestinamente al ELN, igual que intelectuales y artistas.
El 9 de septiembre de 1969 fue asesinado en su refugio de la calle Santa Cruz, en un populoso barrio paceño, Guido ‘Inti’ Peredo, el más notable de los seis sobrevivientes de la guerrilla, uno fue muerto en la huida y los cubanos habían retornado a la isla en una espectacular fuga vía Chile. Solo quedaba ‘Darío’.

Minero y combatiente
Savino Adriázola Veizaga nació en el histórico centro minero de Huanuni, en el departamento de Oruro, en la punta más equidistante de Ñancaguazú, a cerca de 4.000 metros de altura, sin árboles y en la pampa interrumpida por la cadena de montañas mineralizadas que mantenían la economía nacional desde la época colonial.

Savino era hijo de Flavio Adriázola y Marcelina Veizaga, el mayor de dos hermanos y parte de una típica familia minera. En el paso hacia Siglo XX-Catavi, Huanuni compartía con el proletariado minero el protagonismo histórico desde la primera revuelta en Uncía en 1918. Ahí se había fundado en 1944 la combativa y unida Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), que durante seis años jaqueó a la rosca minero feudal y desde Huanuni habían partido las huestes que determinaron la victoria de la Revolución Nacionalista entre el 9 y el 11 de abril de 1952.

El 31 de octubre de ese año, el MNR había nacionalizado las minas y aprobado varias medidas para favorecer a los mineros con mejores salarios, pulpería, centros de salud, educación, pero la calidad de vida no mejoraba y desde 1956 recomenzaron las huelgas. Huanuni fue un centro polémico en esa etapa y se sucedieron hechos violentos entre los propios mineros, como habría de pasar en 2006.

Savino vivía en ese ambiente, estudió hasta el nivel medio, hablaba quechua y como otros guerrilleros pasó por el servicio militar, con lo que conoció el uso de armas. Los historiadores Adyz Cupull y Froilán Gonzáles, que investigaron a los guerrilleros bolivianos del 67, muestran que muchos eran hijos de beneméritos de la Guerra del Chaco y licenciados del servicio militar, entre ellos Savino.

Ingresó a trabajar en la mina casi al mismo tiempo en el que se enrolaba en el Partido Comunista de Bolivia (PCB) y luego de la división Moscú- Pekín- se pasó al PC-ML junto a Moisés Guevara. A pesar de su juventud, pronto era un gran lector e instructor de la historia mundial del movimiento obrero.

Según Gonzáles, junto a Moisés Guevara, a Simeón Cuba (“Willy”) y otros mineros, fundó el ELN el 24 de junio de 1965, antes del estallido guerrillero y en la época más dura de las nuevas luchas mineras contra la dictadura de Barrientos. Aunque se ha manejado mucho tiempo la tesis del poco apoyo obrero a la guerrilla del Che, la serie de documentales “Semillas de Ñancahuazú” de Cupull- González, muestra que los ‘elenos’ bolivianos eran parte del famoso proletariado ilustrado boliviano, con más participación sindical, formación política y militar que muchos otros grupos de guerrilleros en el continente. Con 25 años ingresó a la guerrilla, fue parte de la Vanguardia y sobrevivió al último combate en Quebrada del Yuro.

El cerco y la muerte
‘Darío’, nombre de guerra de Savino, se salvó de morir de algún derrumbe en el socavón, del choque con las tropas entre marzo y octubre de 1967, de ahogarse en los caudalosos ríos como sucedió a otros amigos que apenas podían moverse en el hostil ambiente, y burló la persecución del Ejército y de sus asesores de la CIA.

Junto con ‘Inti’, optó por quedarse para seguir la lucha clandestina y organizar el retorno a las montañas y acciones urbanas que se dieron en varias ciudades del país entre 1968 y 1969.

Aún hay datos contradictorios sobre el asalto a la CBN, la muerte de uno de los guerrilleros y la toma de la casa donde se escondieron en la esquina de la Avenida Ecuador y pasaje Cardón, en pleno Sopocachi, barrio tradicional boliviano. Ya se comentaba que el muerto podía ser ‘Darío’.

Es difícil entender por qué no salieron de esa ratonera cuando sabían que habían dejado huellas en su huida. Al anochecer del 31 de diciembre, al mando de un agente de apellido Murillo, la Policía cercó la casa donde se habían refugiado.

Recuerdo una gran cantidad de jeeps blancos estacionados para impedir el tráfico en esa esquina de encrucijada que marca el ingreso al parque del Montículo, la avenida hacia la Plaza España, la bajada a la Pedro Salazar y la salida del callejón hasta la Abdón Saavedra que conecta con San Pedro.

Los disparos tronaban mientras alcancé a observar a un guerrillero intentando escapar cojeando por otra callejuela, sin saber que esa solo conduce a un par de casas en las alturas. Fue la última imagen antes de esconderme en la tienda de las “Yungueñas”.

Regresé a casa con retraso, pero con una histórica excusa. Conté con detalle a mi padre los sucesos y él, una vez más, tuvo que retornar al periódico para preparar la primera plana con la nueva noticia: el último sobreviviente de la guerrilla del Ché, uno de los asaltantes a la CNB, había muerto ese 31 de diciembre de 1969.

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LINDAURA ANZOÁTEGUI CAMPERO DE CAMPERO, NOTABLE POETISA Y ESCRITORA



Lindaura Anzoátegui Campero, nació el 31 de marzo de 1846 en la comunidad en Tojo perteneciente al antiguo Marquesado del Valle de Tojo, actual municipio de Yunchará, Segunda Sección de la provincia Avilés del Departamento de Tarija. Fue una notable poetisa y escritora boliviana y también primera dama de Bolivia entre 1880 y 1884. Murió en la ciudad de Sucre el 25 de junio de 1898.

Hija de Miguel Anzoátegui-Pacheco de Melo y de María Calixta Campero Barragán, hija a su vez del último titular del Marquesado de Yavi o del Valle de Tojo, Juan José Feliciano Fernández Campero y Pérez de Uriondo Martiarena , quien murió en 1820, como prisionero de los realistas en Kingston, Jamaica, cuando era trasladado a España para ser juzgado como noble alzado en armas contra la Corona española, luego de haber sido tomado prisionero en el hecho de armas conocido como la Sorpresa de Yavi en 1816.

Lindaura Anzoátegui Campero quedó huérfana a la edad de 16 años, trasladándose a vivir con su hermana Adelaida Anzoátegui Campero, casada con Pedro José Zilvetti en Sucre. En esta ciudad, pudo desarrollar sus inquietudes intelectuales, gracias a la brillante vida social que pudo realizar en virtud de su origen y de su posición entre la clase alta chuquisaqueña. En 1872 conoció a un pariente suyo, el General Narciso Campero Leyes, quien se desempeñaba como Ministro de Guerra del Gobierno de Bolivia con quien contrajo matrimonio el 24 de junio de ese año, a pesar de la diferencia de 33 años de edad entre ambos.

Lindaura Anzoátegui Campero descubrió una gran afinidad intelectual y artística con su esposo, En julio de 1872, Narciso Campero renunció a su cargo de ministro de Guerra y fue designado ministro plenipotenciario de Bolivia ante los gobiernos de Francia, Gran Bretaña e Italia. Este periplo diplomático le permitió a Lindaura, conocer las últimas novedades europeas en el ámbito literario, lo que le permitiría incursionar en la literatura.

De regreso a Bolivia, el matrimonio se retiró a la vida privada en su hacienda de Sucre, hasta que en 1879 estalló la Guerra del Pacífico entre Bolivia, Chile y Perú, ocasión en la que Narciso Campero ofreció sus servicios militares al presidente Hilarión Daza, quien le encomendó la formación de la célebre Quinta División del Ejercito con hombres de los Departamentos del sur boliviano. En esta ocasión, Lindaura Anzoátegui Campero de Campero escribió una de sus poemas más conocidos, Bolivia, dedicado a su esposo, designado al frente de las fuerzas bolivianas. También publicó poemas de carácter patriótico que fueron publicados en libros ylos periódicos de Potosí y Sucre.

Los sucesos posteriores llevaron al derrocamiento de Hilarión Daza, la derrota de Bolivia frente a Chile y la elevación de Narciso Campero a la presidencia en el periodo 1880-1884, hechos que encontraron a Lindaura acompañando a su esposo en su papel de Primera Dama de la Nación, mientras en su vida privada experimentaba escribiendo sus primeras obras. Lindaura Anzoátegui Campero escribió cuentos cortos y largos, poemas y novelas de carácter histórico. Entre sus obras pueden citarse la novela corta costumbrista Cómo se vive en mi pueblo, La mujer nerviosa y Cuidado con los celos. También ocupan un lugar relevante en su producción las novelas de carácter histórico Huallparrimachi, Manuel Ascensio Padilla y El año de 1815, centradas en personajes históricos como el General Gregorio Aráoz de Lamadrid, el poeta Juan Wallparrimachi o Juana Azurduy de Padilla, la heroína de la Guerra de las Republiquetas, presentados a modo de ficción histórica como personajes cargados de la visión literaria romántica en boga durante la segunda mitad del siglo XIX.

Su producción literaria fue presentada al público bajo los seudónimos de El Novel y Tres Estrellas. Lo mejor de su obra fueron sus poemas. Fue contemporánea de otra celebra escritora boliviana Adela Zamudio; inaugurando ambas una nueva etapa de protagonismo de la mujer boliviana en la literatura, cuyos pasos iniciales los había dado la escritora de origen argentino, Juana Manuela Gorriti.

El reconocimiento y la valoración de esta destacada poeta del valle de Tojo, un Centro Femenino, un internado de Colegio y un establecimiento educativo el Liceo Lindaura Anzoátegui de Campero.ubicado en la plaza Mariscal Sucre en la ciudad de Tarija, llevan su nombre.

Este articulo apareció publicado en El Periódico el 30 de octubre de 2016.

ESE FATÍDICO 14 DE FEBRERO DE 1879



La mañana del 14 de febrero de 1879, fuerzas chilenas al mando del coronel Emilio Sotomayor hacen su ingreso por la calle San Martín para ocupar la plaza Colón de Antofagasta, importante puerto que fue toma-do por los invasores sin previa declaratoria de guerra y ante la falta de previsión del gobierno boliviano de Hilarión Daza.

Días antes al fatídico día del 14 de febrero de 1879, había fondeado en el puerto de Antofagasta el blindado Blanco Encalada ya con la intencione de ocupar militarmente este importante puerto de Bolivia.

A las primeras horas del 14 de febrero, tropas chilenas desembarcan del blindado Blanco Encalada y ocupan la Plaza de Antofagasta, la población no ofrece resistencia, porque en su mayoría chilenos y extranjeros alientan la ocupación, pese a la protesta de los pocos bolivianos junto al prefecto Severino Zapata, que se ven obligados a desalojar el lugar porque todos los edificios públicos son ocupados y se instalan nuevas autoridades. Una semana después Cobija también es ocupada por los invasores, de esta manera Bolivia es despojado de la salida al Pacífico.

La ambición de Chile sobre el Litoral boliviano despertó al descubrirse las guaneras de Mejillones en 1842, el auge del salitre, la explotación de minerales como el cobre y la plata en el extenso territorio de Atacama y al aplicar el gobierno de Daza el impuesto de los 10 centavos sobre quintal de salitre exportado por la Compañía de Salitres, provocó la guerra de 1879, en la que Bolivia perdió todo su territorio costero al Pacífico.

Fuente: periódico El Diario.

SPRUILLE BRADEN, HUEY PIERCE LONG Y LA GUERRA DEL CHACO


Por: Luis González Quintanilla - El autor es periodista. / Fragmento de la nota publicada en el periódico Los Tiempos el 19 de diciembre de 2012.


Spruille Braden

Braden había llegado a Bolivia en los años 20, con la encomienda de conservar y ampliar los intereses de la Standard Oil of Bolivia, que había recibido concesiones en el país. Años más tarde se probó que sus transacciones y las que se subrogó de la Richmond Levering no estaban a Derecho.
En su clásico “Salamanca o el metafísico del fracaso”, Augusto Céspedes sostiene que introducir la motivación del petróleo en la guerra, “no pasa de ser material literario de desertores izquierdistas”. También Robert Brockman, sólo con un razonamiento primario, hace tambalear el mito: si la guerra fue de intereses petroleros, el papel de la Standard debía haber sido ayudar a Bolivia. Fue todo lo contrario. Con el absurdo complejo de las grandes empresas, la compañía se declaró neutral, como si se tratara de una gran potencia o de un país vecino. Pero lo que quedó sentenciado es que mientras la transnacional declaraba su neutralidad, también se dedicó a contrabandear, en plena guerra, el petróleo boliviano a la Argentina, el mismo que quizá cayó en manos del adversario bélico. Esta situación no conmovió al egregio Presidente boliviano que no intentó corregir los desmanes de la transnacional, a pesar de las dificultades para satisfacer la sed energética de su ejército en campaña. Sus generales, de esta manera, fueron obligados a convertirse en expertos comerciantes, más pendientes en la prioridad de comprar gasolina en el mercado negro argentino, que en elaborar planes de combate. Como se sabe, todas las irregularidades de la Standard remataron, luego de la guerra, en su nacionalización.
Braden alcanzó la talla de embajador de su país en varios de nuestro hemisferio. Y por fin recaló en Argentina. Intervino intensamente en acelerar la firma del protocolo de la Paz del Chaco. No fue esta una expresión de amor a principios pacifistas: el embajador tenía como misión despojar a la Argentina --y a su canciller, Saavedra Lamas-- de su espacio de potencia regional. La intervención del diplomático gringo se desató completamente en 1946, cuando tomó partido por la oligarquía vacuna contra el insurgente peronismo. El general populista aceptó el envite y formuló el eslogan “Braden o Perón” que lo llevó a triunfar en las elecciones. No obstante, Braden se las arregló para ser ascendido a subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos. 

Huey Pierce Long

El otro gringo no se acercó siquiera a la zona de conflicto, pero logró colocar su nombre en calles y plazas del Paraguay, al nivel de otros héroes de verdad que sí los tuvo esa república. Se trata de Huey Long. Afiliado al Partido Demócrata, fue elegido en 1928 gobernador de Luisiana, en el profundo sur americano. Le tocó administrar el Estado en el momento de la Gran Depresión. Realizó un intenso plan de inversiones públicas y no le tembló la mano para subir impuestos a las grandes fortunas y corporaciones. Esos afanes produjeron sus primeros choques con la Standard. Su programa lo manejó con mano de hierro, sin importarle minucias democráticas. Fue un auténtico autócrata populista: capturó toda la Administración para sus parciales e intervino la prensa y la justicia. Hay que subrayar que por aquellos años Europa ya cantaba himnos parecidos; se vestía de negro y de pardo. Nuestro hombre, de verbo emocional y demagógico, llegó al Senado, y en 1934 pronunció un violento discurso contra su enemiga, la Standard Oil. La acusó de haber provocado la Guerra del Chaco en defensa de sus concesiones en Bolivia, de ladrona y criminal doméstica e internacional, de traficante bélica y asesina. El mito de la Guerra del Petróleo se afianzó. Long, el héroe de Luisiana, comenzó a serlo también del Paraguay. 
Un atentado provocó su muerte, truncando su ambiciosa carrera política. El asesino fue acribillado con varias decenas de balas por su servicio de seguridad. Como casi siempre ocurre en el caso de los magnicidios, nunca se supo quién estuvo detrás del hombre descartable que apretó el gatillo.


GUERRA DEL CHACO; EL LLAMAMIENTO A LAS MUJERES A LAS FILAS



El 22 de julio de 1932, la Cruz Roja Boliviana convocó a todas las mujeres bolivianas a enrolarse al Ejército en Campaña. El diario La Razón de esa fecha publicó el siguiente llamamiento:

“Habiéndose comenzado la organización del Cuerpo de Enfermeras destinado a la atención de los heridos en la campaña del Chaco, se hace un llamado a las señoras y señoritas que deseen formar parte de esta institución. Enfermeras y voluntarias que deseen prestar sus servicios en la región del sudeste. Se comenzarán los cursos instruyendo únicamente a aquellas personas que, por sus condiciones de independencia, estén dispuestas a partir a los frentes de batalla en el Chaco a la primera indicación, a cuyo fin deberán firmar un compromiso. Las señoras y señoritas que carezcan de esa independencia, sólo serán admitidas si son autorizadas por la forma marital o paterna. Las inscripciones se reciben todos los días de hrs. 14:00 a 19:00 en la casa de la señora Milner, calle Montevideo. La Paz. Fdo. Bethsabé Montes de Montes, Presidenta de la Cruz Roja Boliviana.

MUJERES EN LAS GUERRAS DEL PACIFICO Y DEL CHACO

Durante las conflagraciones bélicas que confronto Bolivia con Chile y Paraguay las mujeres no estuvieron exentas de su participación, destacando entre estas las Hijas de la comunidad católica de Santa Ana, que llegaron al país a partir del año 1883. A Tarija arribaron el 21 de abril de 1884 y el 23 de mayo del mismo año asumieron la conducción del Hospital San Juan de Dios en su condición de enfermeras.

El Registro Histórico de la Cruz Roja Internacional señala que, estallada la Guerra del Pacifico en el año 1879, nueve religiosas integraron las ambulancias bolivianas ostentando el brazalete de la Cruz Roja Internacional, que recibió su ‘bautizo de fuego’ en la sangrienta Batalla del Campo de la Alianza. Antes de salir al frente, dichas religiosas, sin descuidar la atención de los hospitales de La Paz, confeccionaron junto con sus otras compañeras las hilas, vendas, fajas y otros útiles necesarios para la atención y auxilio de los heridos en los campos de batalla. En la guerra del Chaco las Hermanas de Santa Ana, desde la ciudad de Tarija asumieron una valerosa y heroica actitud partiendo las primeras cinco de ellas al escenario de la guerra y a los campos de batalla del Chaco el 11 de mayo de 1933 para desarrollar labores de apoyo al equipo médico y socorro a los heridos en su condición de enfermeras. Fueron despedidas desde el Hospital San Juan de Dios, por el personal sanitario y organizaciones de mujeres de la ciudad en medio de medio de euforia, congoja y angustia. Este primer grupo de mojas enfermeras estaba conformado por Sor Ana Julio Covalchini, Sor Ana Virginia Arnone, Sor Ana Benjamina Gardelli, Sor Ana Regina Cabrera y Sor Ana Paulina Neri, quienes tomaron a su cargo el Hospital de Sangre en el Fortín Ballivián, principal centro sanitario de la guerra que contaba con ocho establecimientos de atención, donde llegaban cientos de heridos de Campo Jordán, Nanawa, Campo Fernández, Alihuatá, Kilómetro 7, Capirenda, Algodonal, Picuiba, Pozo del Tigre y otros frentes de batalla.. El periódico La Razón de junio de 1933 en las noticias referidas al desarrollo de la contienda bélica señalaba “… han recibido pues las “Hijas de Santa Ana” la orden de movilización y como soldados se hallan listas a partir al teatro de operaciones a la primera indicación”.



PARTE DE GUERRA: LA MUERTE DE ENFERMERAS

El 31 de julio de 1935 el periódico La Razón, publicaba; “…En el fragor de la guerra tan encarnizada en esa inmensa hoguera de odio y confrontación, estas religiosas Hijas de Santa Ana que se diría que están dedicadas solo a llevar cantos, oraciones e incienso al Señor, en una atmosfera de calma y serenidad, han sabido afrontar en los hospitales en el campo de batalla, las fatigas más rudas, las mismas fatigas y angustias de los soldados, allá donde más recio era el combate y donde los elementos naturales eran más mortíferos que la guerra misma.” Un hecho importante para recordar fue el fallecimiento de Sor Ana Graciana Gras, por insolación y debilidad ocurrido el 2 de octubre de 1934 y de Sor Fulgencia Zonto por efecto de una enfermedad contraída en el Chaco. El parte de Guerra decía, “…han muerto dos meritorias Religiosas Enfermeras de Guerra en el cumplimiento de su sagrada y sacrificada labor. El Puesto de Comando, expresa su pesar por la pérdida de dos ángeles puestos en la tierra llenas de bondad.”

En el Hospital Nº 12 de Tarija, también prestaron servicios Sor Ana Bernardetta Soria Galvarro como enfermera, por lo que fue recomendada para su reconocimiento con la Medalla “Florencia Nightingale”, Premio Internacional otorgado a la mejor enfermera de guerra. En el desarrollo de la contienda bélica las misioneras de Santa Ana y voluntarias prestaron servicios en los Hospitales de Ballivian, Cururenda y Macharetí, además de otorgar asistencia a heridos en puestos de socorro instalados en medio de las trincheras y puestos de Comando junto a las denominadas Ambulancias de Guerra, que eran carretas tiradas por mulas que abastecían de vituallas y medicinas a los puestos de socorro en medio del monte.

LA TRISTE MISIÓN DE SALVAR VIDAS DESTROZADAS POR LA METRALLA

El año 1934 en medio del fragor de la Guerra, el Gral. Enrique Peñaranda, Comandante en Jefe del Ejército en Campaña, condecoró con la Medalla de Guerra a cinco religiosas del Instituto de las Hijas de Santa Ana por la esforzada y abnegada labor en la atención, cuidado de los enfermos y heridos y apoyo a los médicos del ejército boliviano. En la línea de fuego, a las enfermeras de Guerra, les tocó vivir los momentos más crueles de este conflicto, tenían la triste misión de salvar vidas destrozadas por la metralla. Los hospitales de campaña eran vetustas instalaciones en las que los cadáveres sumaban con incontrolable rapidez. Las enfermeras tenían el mandato de atender solamente a los heridos sobre los que se tenía la certeza absoluta de su sobrevivencia, no así a los soldados que tenían órganos vitales comprometidos o heridas que por su gravedad ya no auguraban al combatiente más vida que su triste y dolorosa agonía y muerte.

Entre alaridos espantosos, ellas tenían también que proveer un último consuelo a los moribundos. Cuando la muerte se acercaba, el soldado rogaba que se comuniquen con sus familiares para avisar de su muerte como valiente y no como cobarde, “…hermanita dígale a mi mamita que la quiero”, “dígale por favor…”. Al hospital de Villa Montes llegaban los heridos cuya vida ya no estaba comprometida; los médicos y las enfermeras vestían batas blancas impregnadas de sangre y purulencia que caracterizaba al personal sanitario en el campo de batalla. El grueso de la tropa de enfermeras estaba conformada por estas religiosas alistadas en diferentes ciudades de Bolivia, enfermeras de la Cruz Roja Boliviana y jóvenes voluntarias que se enrolaron en la más horrible aventura de sus vidas.

La entrega incondicional, el espíritu de sacrificio, su profesionalidad y la madurez de personalidad de estas mujeres, se engrandeció frente a la realidad que tuvieron que afrontar; temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, viajes en camiones en picadas recién abiertas, largas jornadas a pie por matorrales de hojas espinosas, pajonales interminables o desiertos de arena caldeada para otorgar auxilio a los enfermos, atender y transportar heridos, en las retiradas de los batallones ordenadas por los jefes militares, en las emboscadas, bebiendo agua de río y conociendo el hambre y el frio.

Nota publicada en el Periódico el 16 de Octubre de 2016.

LA BATALLA DE YANACOCHA



Por: José Alberto Diez de Medina / Publicado en el periódico El Diario, el 14 de Mayo de 2016

Una vez que ingresó el Ejército boliviano, a pedido del Presidente peruano, a fin de pacificar y poner orden en la República del Perú, el cuartel boliviano es ubicado en la localidad de Lampa, donde los esperaba una división peruana para ponerse a órdenes del Gral. Andrés de Santa Cruz.

El 13 de agosto de 1835 se presentó el ejército peruano, fuertemente armado, parapetado a un lado de la laguna Yanacocha, los dirigía personalmente el Gral. Agustín Gamarra, quien estaba plenamente informado del número de las fuerzas confederadas.

Cuatro compañías de Cazadores, y el Escuadrón Escolta de S.E. a órdenes del Cnel. José Ballivián, ocupaban las alturas a modo de reconocimiento, que son lugares favorables para el inicio de la batalla, seguían el movimiento la primera y segunda Brigada de Infantería de Bolivia y tras éstas, la artillería y la caballería; dos compañías del Batallón Arequipa, cerraban la retaguardia.

A mediodía, el Gral. Felipe Braun recibió la orden de abrir el ataque, el combate fue terrible, lleno de arrojo y temeridad por ambas partes. El Cnel. Ballivián, con su acostumbrado arrojo, arrolló las guerrillas delanteras peruanas; al mismo tiempo el Cnel. Morán se introdujo por el flanco izquierdo, entrando de frente los batallones 1º, 3 y 4º de línea del Ejército boliviano.
La batalla se desarrolló durante casi tres horas, dándose el triunfo boliviano, frente a las fuerzas superiores en número del Gral. Gamarra.

Se tomó 3 banderas, 4 piezas de artillería, 1216 fusiles, vituallas, enseres, 915 prisioneros, 78 jefes y oficiales.

Dos batallones enemigos se mantenían protegiendo a su jefe Gamarra, perseguido por fuerzas bolivianas, huyendo hasta el pueblo de Oropeza.

El General Santa Cruz, quien dirigió la batalla personalmente, reconoció el valor demostrado en batalla por los coroneles Ballivián y Morán, lo mismo que los generales Braun y Velasco.
Fueron ascendidos los generales de Brigada Braun y Herrera, a generales de División; los coroneles José Ballivián, Anglada, José de la Trinidad Morán y Avilés, a generales de Brigada.

El ejército victorioso de Bolivia fue recibido en medio de aplausos y ovaciones por los habitantes del Cusco. Desde esa ciudad, el 16 de agosto, el Gral. Santa Cruz emitió un decreto, disponiendo lo siguiente:
Todos aquellos combatientes que han concurrido a la batalla de Yanacocha, portarán una medalla de cinta blanca y verde, con las armas del Perú y Bolivia entremezcladas, y en el reverso la inscripción de “Vencedores de Yanacocha”; la medalla será de oro, orlada con brillantes, para los generales, solo oro para los jefes y oficiales, y plata para la tropa.

Se declaran nulos todos los actos administrativos, mandados o por mandar, por los generales Agustín Gamarra y Felipe Santiago Salaverry, en toda la extensión de la República del Perú.

El 20 de agosto, conocido el triunfo de Yanacocha, se hizo festejos en toda la República de Bolivia; en la ciudad de La Paz los festejos duraron cinco días, con misas de gracias, banquetes, saraos y una corrida de toros, según la costumbre de esa época.

Sociedad Bolivariana de Bolivia. Fundada en l926.

ACTA DE INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS ALTOPERUANAS



Lanzándose furioso el León de Iberia desde las columnas de Hércules hasta los imperios de Moctezuma, y de Atahuallpa, es por muchas centurias que ha despedazado el desgraciado cuerpo de América y nutridosé con su sustancia. Todos los Estados del continente pueden mostrar al mundo sus profundas heridas para comprobar el dilaceramiento que sufrieron; pero el Alto- Perú aun las tiene más enormes, y la sangre que vierten hasta el día, es el monumento más auténtico de la ferocidad de aquel monstruo.
Después de diez y seis años que la América ha sido un campo de batalla, y que en toda su estensión los gritos de libertad, repetidos por sus hijos, se han encontrado los de los unos con los de los otros, sin quedar un ángulo en toda la tierra, donde este sagrado nombre no hubiese sido el encanto del americano, y la rabia del español; después que en tan dilatada lucha las naciones del mundo han recibido diferentes informaciones de la justicia y legalidad con que las rejiones todas de América han apelado, para salvarse, á la santa insurrección; cuando los genios de Junín y de Ayacucho han purgado la tierra de la raza de los déspotas; cuando en fin grandes naciones han reconocido ya la independencia de Méjico, Colombia y Buenos Aires, cuyas quejas y agravios no han sido superiores á las del Alto Perú; sería superfluo; presentar un nuevo manifiesto justificativo de la resolución que tomamos.

El mundo sabe que el Alto-Perú ha sido, en el continente de América, el ara adonde se vertió la primera sangre de los libres, y la tierra donde ecsiste la tumba del último de los tiranos: que Charcas, Potosí, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, han hecho constantes esfuerzos para sacudir el yugo peninsular; y que la irretractibilidad de sus votos contra el dominio español, su heroica oposición, han detenido mil veces las impetuosas marchas del enemigo sobre rejiones que, sin esto, habrían sido encadenadas, o salvándose sólo con el último, y mas prodigioso de los esfuerzos.

El mundo sabe también, que colocados en el corazón del continente, destituidos de armas, y de toda clase de elementos de guerra, sin las proporciones que los otros estados para obtenerlos en las naciones de ultramar, los altoperuanos han abatido el estandarte de los déspotas de Aroma y la Florida, en Chiquitos, Tarabuco, Cinti, Tumusla en los valles de Sicasica y Ay paye, y en otros puntos diferentes: que el incendio bárbaro de mas de cien pueblos, el saqueo de las ciudades, cadalsos por cien os levantados contra los libres, la sangre de miles de mártires de la patria ultimados con suplicios atroces que estremece-rían á los caribes, contribuciones, pechos y ecsacciones arbitrarias é inhumanas, la inseguridad absoluta del honor, de la vida, de las personas y propiedades, y un sistema, en fin inquisitorial, atroz y salvaje, no han podido apagar en el Alto Perú el fuego sagrado de la libertad, el odio santo al poder de Iberia.

Cuando, pues, nos llega la vez de declarar nuestra independencia de España, y decretar nuestro futuro destino y un modo decoroso, legal y solemne, creemos llenar nuestro deber de respeto á las naciones estranjeras, y de información consiguiente de las razones poderosas y justos principios impulsores de nuestro conductor; reproduciendo cuando han publicado los manifiestos de los otros estados de América con respecto a la crueldad, injusticia, opresión y ninguna protección con que han sido tratados por el gobierno español; pero si esto, y la seguridad con que protestamos á presencia del gran padre del Universo, que ninguna región del continente de Colón ha sido tan tiranizada como el Alto Perú, no bastase á persuadir nuestra justicia, apelaremos á la publicidad con que las legiones españolas, y sus jefes más principales, han profanado los altares, atacado el dogma, han insultado el culto, al mismo tiempo que el gabinete de Madrid ha fomentado, desde la conquista, la mas hórrida y destructora superstición:

Les mostraremos un territorio con mas de trescientas leguas de extensión de norte A sur, y casi otras tantas de este a oeste, con rios navegables, con terrenos feraces, con todos los tesoros del reino vegetal en las inmensas montañas de Yungas, Apolobamba, Yuracaré, Mojos y Chiquitos, poblado de los animales los mas preciosos y útiles para el sustento, recreo e industria del hombre, situado donde existe el gran manantial de los metales que hacen la dicha del orbe, y le llenan de opulencia, con una población, en fin, superior a las que tienen las repúblicas Argentina, y la de Chile; todo esto les mostraríamos y les diríamos; ved que donde ha podido, existir un floreciente imperio, solo aparece, bajo la torpe y desecante, mano de Iberia, el símbolo de la ignorancia, del fanatismo, de la esclavitud e ignominia, venid y ved, en una educación bárbara calculada para romper todos los resortes del alma, en una agricultura agonizante guiada por sola rutina, en el monopolio escandaloso del comercio, en el desplome e inutilización de nuestras más poderosas minas, por la barbarie del poder español, en el cuidado con que en el siglo 19 se ha tratado de perpetuar entre nosotros solo los conocimientos, artes y ciencias del siglo 18;

Venid, en fin, y si cuando contempláis a nuestros hermanos los indígenas hijos de del grande Manco Capac, no se cubren vuestros ojos de torrentes de lágrimas, viendo en ellos hombres los más desgraciados, esclavos tan humillados, seres sacrificados a tantas clases de tormentos, ultrajes y penurias, diréis, que respecto de ellos parecerían los Ilotas ciudadanos de Esparta y hombres muy dichosos los Níjeros Ojandalams del Indostan concluyendo con nosotros, que nada es tan justo como romper los inicuos vínculos con que fuimos uncidos a la cruel España.

Nosotros habríamos también presentado al mundo una necesaria y grande manifestación de los sólidos principios con que después de las más graves, prolijas y detenidas meditaciones, hemos creído interesar a nuestra dicha, no asociar- nos ni a la república del Bajo Perú ni a la del Río de La Plata, si los respetables congresos de una y otra, presididos de la sabiduría, desinterés y prudencia, no nos hubiesen dejado en plena libertad para disponer de nuestra suerte. Pero cuando la ley del 9 de mayo del uno, y el decreto de 23 de febrero del otro, muestran notoriamente un generoso y laudable desprendimiento, relativamente a nuestro futuro destino, y colocan en nuestras propias manos la libre y espontánea decisión de lo que mejor conduzca a nuestra felicidad y gobierno; protestando a uno y otro estado eterno reconocimiento, junto con nuestra justa consideración, y ardientes votos de amistad, paz y buena correspondencia hemos venido por unanimidad de sufragios en fijar la siguiente:

Declaracion
La representación Soberana de las Provincias del alto Perú, profundamte penetrada del grandor e inmenso peso de su responsabilidad pa con el Cielo, y la tierra, en el acto de pronunciar la suerte futura de sus Comitentes, despojándose en las aras de la Justicia todo espíritu de parcialidad, interés y miras privadas; habiendo implorado, llena de sumisión y respetuoso ardor, la paternal asistencia del Hacedor Santo del orbe, y tranquila en lo íntimo de su conciencia por la buena fe, detención, moderación, justicia y profundas meditaciones que presiden a la presente resolución, declara solemnemente a nombre y absoluto poder de sus dignos representados: Que ha llegado el venturoso día en que los inalterables y ardientes votos del Alto Perú, por emanciparse del poder injusto, opresor y miserable del Rey Fernando VII, mil veces corroborados con la sangre de sus Hijos, consten con la solemnidad y autenticidad que al presente, y que cese para con esta privilegiada región la condición degradante de colonia de la España, junto con toda dependencia, tanto de ella, como de su actual y posteriores monarcas: que en consecuencia, y siendo al mismo tiempo interesante a su dicha, no asociarse a ninguna de las repúblicas vecinas, se erige en un Estado Soberano e Independiente de todas las naciones, tanto del viejo como del nuevo mundo y los departamentos del Alto-Perú, firmes y unánimes en esta tan justa y magnánima resolución, protestan a la faz de la tierra entera, que su voluntad, irrevocable es gobernarse por sí mismas, y ser regidos por la constitución, leyes y autoridades que ellos propios se diesen, y creyesen más conducentes a su futura felicidad en clase de nación.
Y el sostén inalterable de su santa religión Católica, y de los sacrosantos derechos de honor, vida, libertad, igualdad, propiedad y seguridad.

Y para la invariabilidad y firmeza de esta resolución, se ligan, vinculan y comprometen, por medio de esta representación soberana, a sostenerla tan firme, constante y heroicamente, que en caso necesaria sean consagrados con placer a su cumplimiento, defensa e inalterabilidad, la vida misma con los haberes, y cuanta hay caro para los hombres.

Imprimase comuníquese a quien corresponda para su publicación y circulación.

Dada en la Sala de sesiones en 6 de agosto de 1625, firmada de nuestra mano, y refrendada por nuestros diputados secretarios.

REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS

DIPUTACIÓN POR CHARCAS 
1. José Mariano Serrano, Presidente 
2. Ambrosio Mariano Hidalgo, 
3. Ángel Mariano Moscoso, 
4. Casimiro Olañeta, 
5. Francisco Palazuelos, 
6. José Maria Dalence, 
7. Manuel María Urcullo,

DIPUTACIÓN POR SANTA CRUZ 
8. Antonio Vicente Seoane, 
9. Vicente Caballero,

DIPUTACIÓN POR LA PAZ 
10. Eusebio Gutiérrez, 
11. Fermín Eyzaguírre, 
12. Francisco Maria Pinedo, 
13. José Ballivián, 
14. José Ignacio Calderón y Sanjinés, 
15. José María de Asín, 
16. José Maria Mendizábal, Vice-Presidente 
17. José Miguel Lanza, 
18. Juan Manuel Velarde, 
19. Martín Cardón, 
20. Miguel Casimiro Aparicio, 
21. Rafael Monje,

DIPUTACIÓN POR POTOSÍ 
22. Isidoro Trujillo, 
23. José Antonio Pallares, 
24. José Eustaquio Gareca, 
25. José Ignacio Sanjinés, Secretario 
26. José Mariano Enríquez, 
27. Juan Manuel Montoya, 
28. Manuel Anselmo Tapia, 
29. Manuel Antonio Arellano, 
30. Manuel Argote, 
31. Manuel José Calderón, 
32. Manuel Maria García, 
33. Manuel Martín Cruz, 
34. Martiniano Vargas, 
35. Melchor Daza,

DIPUTACIÓN POR COCHABAMBA 
36. Dionisio de la Borda, 
37. Francisco Vidal, 
38. José Manuel Pérez, 
39. José Manuel Tames, 
40. Manuel Caballo, 
41. Manuel Mariano Centeno, 
42. Marcos Escudero, 
43. Mariano Mendes, 
44. Melchor Paz, 
45. Miguel José Cabrera, 
46. Miguel Vargas, 
47. Nicolás de Cabrera, 
48. Pedro Terrazas.

Fuente: Facsimil tomado del original autografo, que existe en la Biblioteca de J. Rosendo Gutierrez.

ALONSO DE MENDOZA, EL FUNDADOR DE LA PAZ ACUMULÓ UNA DE LAS RIQUEZAS MÁS CUANTIOSAS, PERO MURIÓ POBRE



Investigadores españoles han corroborado que Garrovillas de Alconétar, en Extremadura, es la cuna del fundador de la ciudad de La Paz, el capitán Alonso de Mendoza, y de su hermano Juan Dávalos, quien fue el primer alcalde de Santiago de Chile.
Durante muchos decenios y con base en diversas fuentes, distintos autores atribuyeron la procedencia de ambos a un puñado de pueblos de la España del siglo XVI, entre ellos, Cáceres, en la provincia homónima, Zamora y Medina de Ríoseco, al norte de Extremadura, o Mérida, Don Benito y La Garrovilla, en Badajoz. 
Todas fueron descartadas por Cándido Serradilla, Dionisio Martín y Santiago Molano, quienes, tras revisar el archivo municipal garrovillano y de Cáceres, establecieron en un reporte, difundido en 2015 por la Revista de Estudios Extremeños, que ambos fundadores "nacen y pasan su infancia” en aquella villa, a orillas del río Tajo y sus embalses.
Garrovillas de Alconétar es una villa y municipio español, en la provincia de Cáceres, Comunidad Autónoma de Extremadura.
Esa fue, sin embargo, la primera de las conclusiones a las que siete años antes había llegado, por vías distintas y de manera independiente, un historiador boliviano, en una investigación presentada a la Universidad Mayor de San Andrés. "Mendoza no vino al mundo en Zamora, como afirmó su hermano en 1551”. Tampoco en Cáceres, Mérida o Don Benito y La Garrovilla, "sino en el poblado de Garrovillas de Alconeta”, fue una de las conclusiones del estudio La ruta de Alonso de Mendoza (2009), hoy agotado. 

Tras las huellas de Alonso de Mendoza

Aún en ese marco, el nacimiento y muerte del fundador de La Paz son todavía un misterio, lo mismo que su posible pasado mexicano y guatemalteco. Lo que no es un misterio es su fortuna de 50 mil pesos, acumulada en Charcas y el Collao, pero que perdió en 1547, durante la batalla de Huarina, y la que, finalmente, reconstituye en 1549, cuando vende dos casas suyas en Potosí, por 1.800 pesos de oro.
Alonso de Mendoza recibió también una encomienda entre los soras de Caracollo y se adjudicó cocales en Zongo, Chacapa y Challana, y minas de oro de Zimaco, además del solar principal en la plaza mayor del "pueblo nuevo” y posiblemente otro en la de Churubamba.
La última de sus firmas en las actas del Cabildo paceño data de mayo de 1551. Cuatro meses antes había notificado su partida de la ciudad, probablemente hacia Zimaco, centro aurífero aledaño a Tipuani.
En noviembre de 1551, su hermano Juan Dávalos solicitó al rey permiso para que pudiera retornar a España por siete años. El diciembre de ese año el monarca le concedió tal licencia, "sin que se le remuevan ni quiten los indios de su encomienda”, según cédulas regias a los gobernadores peruanos.

Por ese mismo año, Mendoza habría dispuesto que algunos sobrinos y su hermana, Ana Dávalos, pasaran a Chile. Pero el 5 de junio los regidores de Chuquiabo (Chuquiago, hoy La Paz) ya habían revertido ciertas tierras "del Sol” que ocupaba en Larecaja, afirmando que "se servía de ellas… sin título alguno solamente por su autoridad”
La información jurada de sus méritos, presentada por su hermano Juan al rey, a fines de 1551, refiere que "sirvió a Su Majestad en aquellas provincias (del Perú) y en otras partes de las Indias”, lo que confirmaría su pasado mexicano y quiteño.
Un 20 de octubre de 1555, a petición de Juan Dávalos para sus sobrinos, los hijos del capitán, el Consejo de Indias sugirió una merced de 1.000 pesos.
Una Real Cédula de febrero de 1556, dirigida al Virrey Hurtado de Mendoza - ubicada este año en los archivos digitalizados del Ministerio español de Cultura -hace efectiva esa compensación "para que en atención a los servicios prestados a la Corona por Alonso de Mendoza, que murió pobre, se den a cada uno de sus hijos, Pedro de Mendoza y Beatriz de Mendoza, 1.000 pesos de oro en los repartimientos de indios que estuvieren vacíos por todos los días de su vida”.
En 1557, Beatriz fue favorecida por una ayuda real para su dote ante el Monasterio de Santo Domingo El Viejo de Toledo "donde se ha metido monja”, dice un legajo del Archivo de Indias.

Las incógnitas

Genera polémica la presencia de eventuales homónimos de Alonso de Mendoza en México, Quito y el lago Titicaca. 
Uno de ellos aparece en Pánuco, en la costa mexicana del Caribe, y se relaciona con personajes como Antonio Navarro, corregidor en La Paz, y Lope de Mendoza, compañero del fundador en Charcas, hacia los años 1540-1547
Otro Mendoza confirma su presencia entre las tropas que Pedro de Alvarado alistó entre Guatemala y Nicaragua, en enero de 1534, rumbo a Perú, para disputar el imperio inca a los Pizarro. Desembarcó en Puerto Viejo, actual costa ecuatoriana. Allí es registrado junto a Alonso de Alvarado, hermano del jefe conquistador, que se convertiría en acérrimo rival de Mendoza, en Chuquiabo 
En marzo de 1535, Alonso figura como alguacil mayor de la recién fundada San Francisco de Quito. En nombre y apellido reaparece, en 1538, cuando Cieza consigna que en un flanco destacado de las fuerzas pizarristas, antes de la batalla de las Salinas, cerca del Cuzco, Diego de Almagro perdió y pagó con su cabeza.
Sin embargo, legajos de contratación del Archivo de Indias en Sevilla señalan que Alonso de Mendoza pasó al nuevo mundo por Veragua, costa caribeña de Panamá, en febrero de 1535, dos meses antes que su hermano Juan Dávalos.

Apellidos diferentes

La diferencia Mendoza/Dávalos se explica por la costumbre de la época de optar por otro distinto al que le correspondía por nacimiento, que nacía de la libertad prevaleciente entonces de tomar cualquiera de los nombres de un pariente carnal o espiritual. Ambos fundadores fueron hijos de Pedro Jufre y Elvira López de Avalos, como señala el pase a Indias de 1535.

Por: Rolando Carvajal / Página Siete, 22 de octubre de 2016.



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