Historias de Bolivia, Archivos Históricos.- Sitio dedicado a la recolección de notas periodísticas, revistas, libros, fotografías, postales, litografías, investigaciones, curiosidades, etc., etc. Todo lo relacionado con la historia de nuestra patria Bolivia. (Historia de Bolivia).

LA MASACRE DE SAN JUAN

Por: Yuri Aguilar Dávalos / Historiador y periodista / Publicado en www.semanarioaqui.com

En 1967 gobernaba el país el Gral. René Barrientos Ortuño, quien legaliza su régimen (surgido de un golpe militar en 1964) mediante elecciones generales realizadas en 1966.
En marzo del 67 se conoce la existencia de guerrillas en el sudeste del país. Paralelamente la situación económica, en especial para los mineros, no era nada buena, pues sus salarios habían sido reducidos desde 1965, además de que muchos trabajadores y dirigentes habían sido despedidos.
En ese ambiente social, los mineros deciden convocar a un Ampliado Minero donde se acuerden acciones para enfrentar al gobierno, recuperar derechos y apoyar al movimiento guerrillero.

LA INVASIÓN DE BRASIL A CHIQUITOS Y SU DESALOJO POR ANTONIO JOSÉ DE SUCRE



Pocos meses antes de que se fundara la República, cuando aún no se sabía si quedaríamos con Lima o Buenos Aires o formaríamos otro país independiente, la provincia Chiquitos fue anexada al Imperio del Brasil. Este suceso, escasamente estudiado en la historia de Bolivia, era una maniobra desesperada de las corrientes monárquicas por establecer una especie de cabecera de playa para detener el proceso nacional-liberador y revertir el resultado final de la Batalla de Ayacucho. Contaban para ello con el apoyo de la Santa Alianza de las potencias absolutistas europeas y tenían como último reducto las fuerzas comandadas en el sur de Potosí por Pedro Antonio de Olañeta quien esperaba un cargamento de armas precisamente del Brasil.

Estas pretensiones no se cumplieron, entre otras razones, por la fulminante respuesta del Mariscal Antonio José de Sucre. Quince días tardó en llegar la noticia, desde Santa Ana de Chiquitos hasta el Cuartel General de Chuquisaca y la reacción fue inmediata. El vencedor de Ayacucho no solamente tomó las medidas militares pertinentes para reforzar la guarnición de Santa Cruz, sino que en los términos más duros conminó al aventurero carioca Manuel José de Araujo a volver sobre sus pasos. Si no desocupa en el acto la provincia Chiquitos, le amenazó, el comandante de Santa Cruz, coronel Videla, marchará contra usted y no se contentará con libertar nuestras fronteras, sino que penetrará al territorio que se nos declara enemigo “llevando la desolación, la muerte y el espanto para vengar nuestra patria y corresponder a la insolente nota y la atroz guerra con que V.S. lo ha amenazado”.

El general inglés Guillermo Miller, al servicio del Ejército Libertador, recuerda en sus memorias que la pretensión de Sucre era llegar hasta Río de Janeiro para evitar la repetición de cualquier agresión imperial. Miller considera viable la idea puesto que se contaría con el apoyo de los republicanos brasileños contrarios al imperio. Bolívar no aprobó el plan y, además, ya no fue necesario. Araujo puso pies en polvorosa, y por esos días Olañeta fue muerto por sus propios oficiales en desbandada.

Chiquitos, con sus inmensas riquezas y su esplendoroso patrimonio cultural, quedó para siempre en la naciente Bolivia. Esta información está contenida en “La invasión brasileña a Bolivia” de Jorge Ovando Sanz, libro publicado en 1977 por Antonio Paredes Candia y que reclama una urgente segunda edición.

Cinco años después del hecho histórico que relata Ovando, cuando la declaración de la independencia estaba todavía fresca, el naturalista francés Alcides D’Orbigny hizo un recorrido por la región, visitó todas las sedes misionales y junto a sus apuntes científicos sobre la fauna, la flora y las características de la población chiquitana, registró su admiración por los logros de los sacerdotes de la Compañía de Jesús, que perduraban a pesar de que habían ya transcurrido casi 50 años desde que fueran expulsados por la corona española. Los relatos de D’Orbigny, casi día por día, están en su célebre libro “Viajes por América Meridional”.

*Fragmento de la nota escrita por Carlos Soria Galvarro con el título de Chiquito, el 12 de enero de 2015 (carlossoriag.wordpress.com)

40 AÑOS ATRÁS: MINEROS EN DEFENSA DE SUS EMISORAS DE RADIO


Extracto del blog de Carlos Soria Galvarro (carlossoriag.wordpress.com) Febrero de 2015.

Al amanecer del 13 de enero de 1975, hace 40 años, una “operación comando” del gobierno de Banzer destrozó e incautó cuatro emisoras mineras: “21 de Diciembre” de Catavi, “La Voz del Minero” de Siglo XX, Radio “Llallagua” (de la población civil del mismo nombre) y Pio XII (propiedad de la Iglesia Católica). Además, detuvo y trasladó a La Paz a un grupo de trabajadores y a religiosos vinculados a la emisora católica.
A esta provocación le siguió un victorioso movimiento huelguístico de más de quince días. A continuación relato las incidencias de aquel acontecimiento memorable, apoyado en mis recuerdos y en documentos y escritos de la época.

LA HISTORIA DEL REGIMIENTO 50 DE INFANTERÍA LOS "CUCHILLEROS DE LA MUERTE"


Por: Pablo Michel - Investigador e Historiador / Publicado en el periódico La Patria el 29 de septiembre de 2016.

Un episodio muy poco conocido que hasta hoy ha sido, la historia del Regimiento 50 de Infantería, más conocido como los "Cuchilleros de la Muerte".
Este regimiento fue creado por un requerimiento especial de los altos mandos bolivianos; resultado de los alarmantes informes que llegaban al Estado Mayor boliviano, sobre las desalmadas prácticas de comandos irregulares paraguayos contra combatientes bolivianos.
Este regimiento 50 de Infantería, debía poner fin a estas prácticas y para ello se nutrió de efectivos provenientes de las cárceles bolivianas y comandadas por oficiales del Ejército y sobre todo carabineros de la Policía.

BANZER Y PINOCHET, CHARAÑA 8 DE FEBRERO DE 1975



Por: Pablo Peralta M. / Página Siete, 23 de marzo de 2015

"Banzer y Pinochet se darán hoy ‘abrazo de la amistad’”, tituló en su portada el diario Presencia el 8 de febrero de 1975. Ése fue un día que quedó para la posteridad. 
Pero alguien reparó, esa jornada, que la referencia a ese abrazo quedaría en la historia como el símbolo de la negociación que más acercó a Bolivia al mar y que 40 años después recobraría actualidad. 
No es para menos, los diplomáticos consultados coinciden en que debido a los alcances que logró ese proceso, Charaña es una base de tratativas futura y que si le va bien a Bolivia en la Corte de La Haya, se podría reponer el escenario de esa negociación. 

El diplomático Ramiro Prudencio Lizón, quien fue primer secretario en la Embajada de Bolivia en Chile durante ese proceso, sostiene: "Ése ha sido uno de los momentos más importantes de nuestra historia del problema marítimo, haber llegado a un acta en la que Chile reconoce el problema marítimo y está dispuesto a negociar”, afirma.
El excanciller Javier Murillo de la Rocha, quien en esa época fue subsecretario de Política Exterior de la Cancillería, asegura que si Bolivia obtiene los resultados esperados en La Haya, se puede reponer el escenario de Charaña. "Es decir, negociar sobre las bases de Charaña, que fue la negociación más avanzada del siglo XX”, afirma. 
Al menos dos son los elementos en los que radica la gran importancia de esas tratativas, según los consultados: 1) No hubo improvisación, sino una planificación de parte de Bolivia para encarar las negociaciones; y 2) Chile ofreció, de manera formal, una solución concreta. 
Murillo de la Rocha comenta que el proceso iniciado en Charaña obedeció a una "prolija planificación” política-diplomática, la cual tuvo como precedente el apoyo que el país obtuvo con la Declaración de Ayacucho y la creación de la Comisión Marítima. 
A esta última –relata Murillo- se le encomendó elaborar un estudio sobre las alternativas para resolver el centenario problema marítimo. 
En ese marco es que el 26 de agosto de 1975, diplomáticos bolivianos entregaron a sus pares chilenos una propuesta formal de negociación. La respuesta chilena tuvo lugar el 19 de diciembre de 1975, en la que las autoridades de ese Estado expresan, entre otros detalles, su disposición a negociar una franja de territorio al norte de Arica; una de las condiciones es el canje de territorios. 
"Chile se comprometió, mediante notas formales, a cederle a Bolivia un corredor al norte de Arica y si bien estaba sujeto a canje territorial, evidentemente fue un compromiso formal asumido por Chile”, sostiene el excanciller Agustín Saavedra Weise. 
Prudencio Lizón comenta que es muy importante el ofrecimiento de Chile para alcanzar una solución, dado que en anteriores negociaciones se trató todo en reserva. "En Charaña algo fundamental es que hay esa nota del 19 de diciembre en que Chile ofrece claramente, oficialmente, mediante un documento, una salida al mar para Bolivia, plena y soberana”, manifiesta. 
Murillo explica que con la propuesta de Bolivia y la respuesta de Chile se conformó una base global de negociación, y que Chile consultó a Perú sobre las tratativas, en atención a lo que estipula un protocolo del Tratado de 1929. No obstante, Perú hizo una contrapropuesta, que fue descartada por Chile, y la negociación quedó entrampada. 
Pese a los esfuerzos de Bolivia para seguir avanzando en aras de encontrar una solución, no se logró el objetivo. Así, el 17 de marzo de 1978, el Gobierno rompió relaciones con Chile. "El Gobierno de Chile ha abandonado el compromiso esencial que explica históricamente la reapertura del diálogo”, dice parte del comunicado oficial que selló, otra vez, la ruptura de relaciones.


PISÁNDOLES LOS TALONES A LA GUERRILLA DEL CHE


Por: Hugo A. Brown - Revista Panorama - Junio 1967 / Este artículo fue extraído de: http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/aquello/revaquello117.htm

Un enviado especial de Panorama sigue en plena selva la huella de los guerrilleros. Con la presencia fantasmal del Che Guevara y la lengua suelta de un desertor se descubre, en el terreno mismo, la estrategia de la sublevación: un foco es la base de operaciones y tiene importancia táctica para abrir el abanico de emboscadas, la trama del ataque y los secretos de la subversión que vive nuestra América.

EL AMANTE DE LA NATURALEZA; NOEL KEMPFF MERCADO



Noel Kempff Mercado, cuyo signo predominante fue el amor por la naturaleza, nació en Santa Cruz de la Sierra el 27 de Febrero de 1924. Desde su niñez mostró curiosidad por los campos y los bosques, pero, paradójicamente, se graduó como contador. Después de titularse pasó 20 años viviendo en el campo, iniciándose en las actividades de la apicultura. En su afán por conocer las fuentes del néctar utilizadas por las abejas, se acercó al mundo maravilloso de las flores, su curiosidad le llevó a profundizar sus conocimientos de botánica y de zoología. Luego, alentado a publicar algunas de sus observaciones, se inició como autodidacta en el campo de la investigación y la ciencia, lo que dio lugar a que dictara durante siete años las cátedras de apicultura, horticultura y jardinería en la Escuela de Agronomía de Santa de la Sierra; años en que vio formarse a un grupo de agrónomos que tuvo marcada inclinación por la jardinería a quienes se debe, en gran parte, las áreas verdes de nuestra ciudad.

Fue un conocedor de la geografía oriental boliviana, explorando distintos lugares de interés biológico, en la búsqueda de nuevas especies tanto de fauna como flora. En esta dedicación luchó tenazmente por la conservación de zonas de interés ecológico, impulsando la creación de los Parques Nacionales Amboró y Huanchaca (hoy Noel Kempff M.). Entre las exploraciones que realizó al actual Parque Nacional Noel Kempff Mercado, en 1980, junto con Gunter Holzman, viajó a fin de confirmar la existencia de las cataratas del río Pauserna, que se encontraban en una región poco accesible. Para proteger mejor este parque, presentó ante las autoridades el proyecto de creación del Parque Bi-nacional Caparuch, en la zona denominada Huanchaca, frente a la serranía Ricardo Franco en el lado brasileño. Esta idea, muy avanzada aún para ahora, se conoce como “manejo transfronterizo de áreas protegidas”. 

Entre sus trabajos se destaca como creador del primer Jardín Botánico de Santa Cruz, siendo esta obra sepultada por un turbión del río Piraí. El desastre era previsible ante la falta de un encauzamiento del río, sin embargo el Prof. Kempff no se doblegó, empeñándose de inmediato en la creación de un nuevo Jardín Botánico, de mayor alcance, en la zona de Guapilo, con fines estrictamente científicos. Esta obra, lamentablemente, quedó inconclusa, y aún después de transcurridos más de veinte años de su muerte, sigue sin alcanzar la auténtica categoría de “botánico”, de acuerdo a estándares internacionales. 

El Parque Zoológico de Fauna Sudamericana fue otra de sus grandes contribuciones al ornato de la ciudad, convirtiéndose rápidamente en centro de referencia científico de lo que representa la fauna sudamericana. El Zoológico fue “creado con fines educativos y recreativos, y al mismo tiempo despertar y generar una conciencia conservacionista”. Este espacio público se crea “en un momento en que se hace tan necesario mostrar la importancia de la conservación de la vida silvestre, problema que cada día adquiere mayores dimensiones por el peligro que se corre de perder para siempre este valioso patrimonio que usado racionalmente puede contribuir al desarrollo socio-económico del país”. 

En esta misión que le apasionaba instauró el concepto de emplear especies nativas ornamentales en el arbolado urbano de la ciudad y dirigió la gestión de áreas verdes. Kempff fue autor de varios libros de botánica y zoología, entre los que se destacan obras como Ofidios de Bolivia (1975), Flora Amazónica de Bolivia (1976), Flora Apícola Subtropical Boliviana (1980), Aves de Bolivia (1985). Entre sus investigaciones técnicas de importancia para el desarrollo, está su invalorable aporte al mejor conocimiento de las abejas africanas (Apis elllifera adamsonii), contando con múltiples publicaciones y documentos de investigación, entre los que destacan textos sobre abejas indígenas, murciélagos libadores de flores, primates de Bolivia, etc. Algunos de ellos fueron traducidos a varios idiomas. 

En el terreno del pensamiento, era universal, congregador e incluyente. Por sus ideas amplias y abiertas al mundo, obtuvo capacidad de convocatoria ante la sociedad civil, actitud de interpelación y reclamo ante la clase política de la época, además de un reconocido prestigio ante la comunidad científica internacional. Como defensor inclaudicable de los recursos naturales alertó y denunció sobre los daños y alteraciones ecológicas causadas por la desforestación y la depredación de nuestra fauna por el contrabando de aves valiosas y la cacería de mamíferos en peligro de extinción. 

Fue el primer autodidacta cruceño que ingresó a la Academia Nacional de Ciencias como Académico de Número (1985). Recibió innumerables distinciones en reconocimiento de su proficua labor, entre las que se destacan el título Dr. Honoris causa otorgado por la Universidad Gabriel René Moreno, la condecoración de la Educación Boliviana en el Grado de Gran Cruz y el Premio a las Ciencias Manuel Vicente Ballivián. Resalta entre los homenajes post mortem la conferida Encomienda de Número de la Orden Isabel La Católica, por su Majestad Don Juan Carlos, Rey de España.

Desarrollando trabajos de investigación en el Parque Nacional Huanchaca, con científicos de la Estación Biológica de Doña Ana, España, el 5 de Septiembre de 1986 fue asesinado en la meseta de Caparuch por narcotraficantes. Su muerte ocasionó una conmoción nacional sin precedentes en la sociedad, surgiendo con ello un necesario y reclamado repudio al narcotráfico. Sin embargo, su labor académica e institucional quedó trunca, en diversos grados de desarrollo y concreción. Noel Kempff Mercado se ha constituido en un icono emblemático de la conservación de la biodiversidad y dio un vigoroso impulso al establecimiento de la agenda ambiental cruceña y boliviana, que hoy, mucho tiempo después de su prematuro fallecimiento, se la sigue reconociendo. 

Extracto de: www.boliviabella.com



EL RETORNO DIFÍCIL DE ANTES DEL 82

El 10 de octubre de 1982 comenzó la etapa democrática más larga de la historia de Bolivia y que dura hasta nuestros días.

Por: Mario Espinoza / Publicado en el periódico La Razón, el 10 de octubre de 2012.

Los hechos tienen su base, generalmente, en decisiones económicas y políticas, aunque algún clásico aseguró que la política no es otra cosa que economía concentrada.
Lo que ocurrió en Bolivia a partir del 10 de octubre de 1982 tiene en estos dos elementos el sustento clave para entender los siguientes 30 años de la historia de Bolivia. Todo ello sumado, obviamente, a la circunstancia y al momento que vivíamos en el mundo, con Estados Unidos gobernado por Jimmy Carter, pero siempre basados en la política y la economía.
En lo político, las dictaduras habían tocado fondo, no sólo en Bolivia, sino en el resto de los países de la región. Los gobiernos militares en América Latina habían agotado sus excusas y la sociedad estaba cansada de casi dos décadas de esos regímenes y esperaba ansiosa la apertura total de la democracia.
Con la caída del gobierno de facto de Hugo Banzer Suárez, el 21 de julio de 1978, y hasta la recuperación de la democracia ese 10 de octubre de 1982, se abrió el periodo de mayor inestabilidad política de la historia de Bolivia. En esos cuatro años, el país tuvo nueve gobiernos, ocho presidentes y una junta militar, de los que siete fueron militares y sólo dos constitucionales, los de Lydia Gueiler Tejada, la primera y única mujer presidenta de nuestra historia, y de Wálter Guevara Arze. Cuatro de esos gobiernos se cuentan entre los diez más breves de toda nuestra historia. Eso implica un promedio de un gobierno cada cinco meses y medio.
Nunca antes Bolivia había sido sacudida por tal índice de inestabilidad.
En lo económico, el modelo de Estado instaurado en 1952 mantuvo todavía por muchos años su vigor, y el capitalismo de Estado había sido seguido al pie de la letra por los militares. Y en ese contexto, durante su dictadura, probablemente Banzer fue el presidente que más empresas estatales creó desde las históricas medidas de 1952, merced a la “plata dulce” que llegaba a Bolivia producto de los altos precios de las materias primas, como el estaño, y la entonces recién inaugurada venta de gas a la Argentina. Fue un momento de “estabilidad” económica gracias al “orden, paz y progreso” impuesto por el régimen, en el que ese progreso se medía en el número de edificios que se construían en el eje central. El endeudamiento del país creció y la crisis comenzó a sentirse al principio de los años 80. Fue el principio del final de una época crítica en el país, comandada por militares y acompañada por algunos políticos que, a su vez, formaron parte del sistema democrático.
Entre 1978 y 1980 se convocó a tres elecciones generales. La primera fue anulada tras el escandaloso fraude cometido por el candidato oficialista, el general Juan Pereda Asbún. En 1979, las elecciones dieron casi un empate entre la Unidad Democrática y Popular (UDP), con el 35,99% de los votos, y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), con el 35,89%. Dicha situación obligó al Congreso Nacional a elegir como mandatario constitucional, aunque ilegítimo, al presidente de la Cámara de Senadores, Wálter Guevara Arze, llamado entonces a constituir un gobierno de transición. Entre la noche del 31 de octubre, cuando en La Paz había terminado la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), y el 1 de noviembre de ese año, vino el golpe de Alberto Natusch Busch, secundado por políticos como Guillermo Bedregal (éste lo admitió años después), que suspendió el gobierno político con la llamada Masacre de Todos Santos.
Aquél fue un intento democrático interrumpido con un centenar de fallecidos, otros tantos desparecidos y 204 heridos. Luego sucedieron la heroica resistencia del pueblo boliviano, la elección en el mando del país de Lydia Gueiler Tejada (entonces presidenta de la Cámara de Diputados), las elecciones de 1980 en las que volvió a ganar Hernán Siles Zuazo con la UDP y el golpe de Luis García Meza del 17 de julio de 1980, que volvió al país a la dictadura. La resistencia dentro de las Fuerzas Armadas a García Meza obligaron a éste a renunciar y luego de un mes de una Junta Militar, conformada por Celso Torrelio, Waldo Bernal y Óscar Pammo, las Fuerzas Armadas “eligieron” a Celso Torrelio Villa como presidente.
Pero la elección era el problema menor comparado a la crisis económica que se avecinaba. Sólo el gobierno de Torrelio trató de enfrentar tímidamente el problema.
Por eso, no extrañó a nadie que la salida a la crisis económica tenga una respuesta política, y a fines de septiembre —a propuesta de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), algunos partidos políticos y el vespertino Última Hora— el Gobierno decidió convocar al Congreso Nacional elegido en 1980 y que no pudo asumir funciones por el golpe de García Meza. Desde el punto de vista de la UDP, partido ganador de las elecciones de 1980 con un buen margen sobre el MNR y Acción Democrática Nacionalista (ADN), la situación era paradójica, pues si por una parte era evidente que el Congreso Nacional elegiría a Siles Zuazo, por otra no era menos cierto que una eventual elección en ese momento le podía dar una cómoda mayoría absoluta legislativa que no tenía y con la posibilidad de que el MNR-I (Izquierda) vaya sólo a las elecciones, deshaciéndose de sus aliados, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Partido Comunista de Bolivia (PCB).
El presidente de facto Guido Vildoso Calderón, que al jurar al mando el 21 de julio de 1982 había dicho que en un año se convocarían a elecciones generales, tuvo que retroceder ante la presión de los sectores políticos y sociales, pero sobre todo con el informe de la situación económica del país y un aparato militar desgastado. Por eso, la convocatoria al Congreso Nacional de 1980 fue cuestión de tiempo, y en menos de dos meses de gestión instruyó a su ministro de Gobierno, el coronel Édgar Rojas, a llamar a los representantes de los partidos políticos para que sean ellos los que decidan sobre el futuro democrático del país. Pero no todo era tan idílico. Había dentro de las Fuerzas Armadas una corriente que se negaba a abandonar el poder a tal punto de que hubo intentos no sólo de continuar ejerciéndolo, sino de hacerlo a cualquier costo.
Finalmente, el 5 de octubre de 1982, los legisladores eligieron a Siles Zuazo por mayoría absoluta, con 113 votos de 146. Fue elegido como vicepresidente Jaime Paz Zamora, que obtuvo 118 votos. Inmediatamente, fijaron la fecha para el juramento de los nuevos mandatarios: el 10 de octubre de 1982. No fue fácil, porque, ante cualquier propuesta, ya se vislumbraban dos bandos que en definitiva serían en el futuro gobierno el oficialismo y la oposición: por un lado, la UDP conformada por el MNR-I (de Siles Zuazo), el MIR (de Paz Zamora) y el PCB (de Jorge Kolle), y, por otro, el MNR histórico (de Víctor Paz Estenssoro) y ADN (de Banzer). El Partido Socialista se mantuvo en una línea curiosa, al margen de la oposición y oficialismo, y los otros partidos aportaron con pocos parlamentarios en ambos bandos.
Así, ese 10 de octubre de 1982 terminaba una de las etapas más turbulentas de la historia republicana y se encaminaba a Bolivia hacia una ruta totalmente nueva, la práctica de una democracia universal regida por la Constitución, que apenas si tenía precedentes.


EL ENIGMA DEL ESTAÑO



Por: José Guillermo Tórrez G. O./ Página Siete, 22 de agosto de 2016 / Guillermo Torrez es ingeniero geólogo y administrador de empresas. jgtorrezgo@gmail.com



Hace más de cien años, la producción boliviana de estaño era insignificante. Las estadísticas hablan de una exportación anual de apenas trecientas toneladas. En la década de 1891 a 1900 creció a más de 9.000 toneladas anuales. El siglo pasado se puede decir de una industria extractiva minera del estaño. En aquellos años el precio de la plata era muy superior al del estaño vendido. Hasta principios del siglo XX la plata era el principal metal boliviano y su valor sobrepasaba 20 veces el valor del estaño. 

Desde el inicio del siglo pasado, el estaño tiene un papel sumamente importante en nuestra economía nacional, éste metal ha sido nuestra bendición, y es virtualmente imposible imaginarse qué hubiera sido de Bolivia sin esta riqueza natural. En las dos primeras décadas del siglo XX nuestra producción había subido de 3.482 toneladas a 20.811 toneladas anuales y el precio, término medio, de 18 centavos de dólar a 43 centavos por libra fina.

Sin embargo, estos antecedentes, como suele ocurrir con cualquier riqueza, resultó ser también la manzana de la discordia, donde se recuerda que el escritor don Augusto Céspedes lo tildó en su libro El Metal del Diablo. En 1939 se fundó el Banco Minero como el principal rescatador de éste y otros minerales. Luego, en 1952, se observó la existencia de tres empresas grandes que se dedicaban a su explotación, conocidos como los barones del estaño y que el gobierno del MNR resolvió nacionalizarlas para crear los que hasta hoy es Comibol. Más tarde, la exportación de minerales encontró severas críticas y se resolvió fundir el mineral en el país, creando la empresa ENAF como el único emprendimiento piro-metalúrgico, hasta nuestros días, con Funestaño. 

No deja de llamar severamente la atención que, durante la segunda guerra mundial, Bolivia entregó su producción de estaño a precios totalmente concesionales como país aliado y exportador a la GSA de EEUU. Para que posteriormente sea esa horrible Espada de Damocles, que a nombre de sus reservas estratégicas, perjudicaba constantemente el desarrollo minero del estaño y el debilitamiento constante a nuestra economía.

Todos estos eventos que se acaban de mencionar han tenido un fuerte impacto en nuestra vida institucional. Fueron base de nuestra política interior y exterior en más de un siglo, que nos llevaron a violentos enfrentamientos en el campo social y político con el resultado de la pérdida de cientos de vidas humanas de valiosos hombres y mujeres. Sin embargo se debe admitir que una apreciación honesta demuestra que los verdaderos problemas con el estaño han sido otros completamente diferentes: fueron la producción y los precios. 

Nuestras minas se están agotando paulatinamente, a pesar de haber exportado más de tres millones de toneladas de estaño en todo este largo y dilatado tiempo. Lo que se ha vendido, no volverá más. No conozco manera alguna para juzgar el futuro, sino a través del pasado. Ya no es un secreto para nadie que el principal yacimiento, Huanuni, tendrá una vida útil de producción sólo por unos pocos años más. Por otra parte, se comprueba que ya no existe una producción, como la de Totoral o de Avicaya, en el cañadón de Antequera en Oruro. Colquiri, con una producción mínima, nos hace ver un panorama sombrío sobre esta producción.

La demanda actual de China, India, Corea del Sur, USA mantienen aún una interesante expectativa de consumo, a pesar de la caída de los precios a nivel internacional de alrededor de los siete dólares por libra fina. Se debe pensar que si se usa una materia prima para fines de intercambio, no se debe creer que la cantidad disponible de esta materia prima crecerá sin límites. Esta situación nos obliga a pedir una política de exploración, prospección, investigación y evaluación, especialmente para nuevos yacimientos de estaño en nuestro territorio. 



28 DE FEBRERO DE 1920.- COMIENZOS DE LA ERA DEL PETRÓLEO EN BOLIVIA



En esta fecha, se dictó una disposición que fue el hito más importante, para la explotación petrolera en Bolivia, a través de un instrumento legal el gobierno de José Gutiérrez Guerra concede una superficie de un millón de hectáreas en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija a la empresa estadounidense Richmond Levering and Company, ya desde entonces un senador vinculado al nacionalismo Abel Iturralde conocido como en centinela del petróleo objetó el contrato a la empresa estadounidense.

HISTORIAS DEL VIAJE QUE CONVIRTIÓ A ERNESTO EN CHE GUEVARA


CARLOS "CALICA" FERRER, JOSE MARIA NOGUES Y OSCAR VALDOVINOS EVOCAN Al AMIGO A 38 AÑOS DE SU MUERTE
Walter Curia y Ricardo Rios. - wcuria@clarin.com; rrios@clarin.com / Este artículo fue extraído de: http://www.elortiba.org

Cuidámelo mucho a Ernestito". A Carlos "Calica" Ferrer todavía le resuena el pedido, casi un ruego de Celia en la estación Retiro del Belgrano, cuando el tren arrancaba rumbo a Bolivia. Era el reclamo propio de una madre que no se resignaba al destino nómade de su hijo. Calica, el amigo, asintió casi de compromiso. Había una precaria hoja de ruta, pero se respiraba en el aire que ese viaje sería más que una colección de anécdotas y que iba a terminar en un punto no calculado por nadie. Era comprensible: ni Celia, ni Calica, ni el entusiasta puñado de amigos que fue a despedir a los viajeros, podía imaginar que esa travesía iba a convertir al entonces flamante médico Ernesto Guevara de la Serna en el Comandante Che Guevara.

100 AÑOS DE ÚNZAGA


Por: Ricardo Sanjinés Ávila - El autor escribió Únzaga, la voz de los inocentes. una intensa biografía del líder falangista. /  Este artículo fue publicado en el periódico Pagina Siete el 8 de mayo de 2016.
La vida de Únzaga permanece cubierta por una espesa bruma de dudas sobre sus propósitos e ideología. Sus adversarios políticos lo borraron de la historia al considerarlo incompatible con el proceso de la Revolución Nacional, salvo en el papel de "enemigo” y catalogaron a su partido, FSB, entre las tendencias totalitarias del siglo XX. Pero nadie puso en duda su honestidad y patriotismo.

LOS OCHO ASESINADOS DE LA CALLE HARRINGTON

Foto: Gonzalo Barrón Rondón y su hija Olivia.

Por: Víctor Quintanilla / Extracto de: lapublica.org.bo

“Si estoy en tu memoria soy parte de la historia”, reza el lema de la Asociación de Familiares de Detenidos Desparecidos y Mártires por la Liberación Nacional (Asofamd). Hace 35 años, el 15 de enero de 1981, ocho miembros de la Dirección Nacional del MIR fueron asesinados en un inmueble de la calle Harrington, en la zona de Sopocachi de La Paz. ¿Quiénes eran esos hombres más allá de la tragedia o precisamente para ella?
Cada perfil aquí consignado fue escrito tomando como base el contenido de Para que no se olvide la masacre de la calle Harrington, libro publicado en 2007 por la Asofamd y que a su vez es una reedición de Morir antes que esclavos vivir, publicación lanzada en 1982 por la Comisión Nacional de Prensa del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria.

LAS "CORRERÍAS" DEL "CHARATA" USTARIZ


Por: Oscar Córdova Ortega / Publicado en La Patria de Oruro el 29 de septiembre de 2016.


"Saludo cordialmente a los camaradas pilas del fortín Toledo…Queridos pata-pilas prepárense para correr…" Este tipo de mensajes eran tallados en los troncos de los árboles y encontrados por soldados paraguayos, cerca de sus fortines. El autor, el teniente boliviano Víctor Ustariz Arze. Este formidable satinador, se infiltraba en varias ocasiones en fortines paraguayos, logrando escabullirse constantemente de sus captores. Inclusive era capaz de retar a duelo de armas, a su ocasional rival. 

LA TUMBA DESHABITADA DE QUIROGA SANTA CRUZ


Por: Wilson García Mérida / Publicado en el periódico Sol de Pando el 17 de julio de 2014.

Cerca al medio día del 17 de julio de 1980, los paramilitares al mando del coronel Luis Arce Gómez —un alumno aplicado de la CIA— invadieron la sede de la Central Obrera Boliviana (COB) donde se definían acciones para defender al gobierno de Lidia Gueiler que en ese momento era prisionera del general Luis García Meza dentro el Palacio Quemado.

ELIZARDO PÉREZ Y AVELINO SIÑANI


Por: Carlos Soria Galvarro / La Razón, 27 de julio de 2014.


Notas escritas en 1981, en vísperas de las Bodas de Oro de la fundación de la Escuela-Ayllu de Warisata, publicadas originalmente en México, fueron actualizadas para la presente entrega. El texto mantiene su vigencia, señala el autor, porque no se termina de conocer y valorar en su justa dimensión “la más importante creación pedagógica boliviana”. Primera parte.


En los últimos años, Warisata ha comenzado a ser rescatada del olvido, se la estudia mucho más que antes y con mayor entusiasmo y rigor; muchas de sus proyecciones han sido declaradas vigentes por educadores y por las propias autoridades de educación. Los fundadores de Warisata, Elizardo Pérez y Avelino Siñani, han comenzado a obtener merecida reparación, son menos desconocidos que hace tres decenios. Incluso la nueva ley educativa (Nº 070 del 20 de diciembre de 2010) ha consagrado sus nombres.

Para situarnos en el tiempo de Warisata hay que tener presente a la Bolivia de la primera mitad del siglo XX, diferente a la de hoy por muchos conceptos, pero esencialmente la misma en lo tocante a su composición étnica. Por diversas causas de orden histórico Bolivia es, seguramente, uno de los países latinoamericanos con mayor componente aborigen en su población. Y así empezamos a reconocernos a nosotros mismos. A estas alturas ya no resulta una aberración, como lo era antes para las cúpulas intelectuales, afirmar que somos un país “multinacional”. La Constitución Política del Estado vigente desde 2009 ha consagrado el concepto de Estado Plurinacional. Pueblos prehispánicos como quechuas y aymaras, además de otros grupos étnicos menores, conforman la mayoría poblacional. No solo que son evidencias perfectamente discernibles en la compleja realidad boliviana, sino que adquieren cada vez más tal relevancia, que superan en mucho el simple atractivo folklórico para turistas ávidos de impresiones bucólicas.

La creación de la República en 1825, únicamente significó la organización estatal de los criollo-mestizos, una ínfima minoría conformada por la clase dominante. De ello resultaba —hablando en términos de simplificación— una doble opresión para las masas nativas: la que podríamos llamar etno-cultural o nacional y la que estaba determinada por las relaciones de producción.

Aymaras, quechuas, ava-guaraníes y otros formaban el grueso de los trabajadores explotados (llámense mitayos, pongos, colonos, proletarios, campesinos pobres, pobladores urbanos marginales). Y en el otro polo, los “blanco-mestizos” o “blancoides” nutrían en lo fundamental el estamento explotador (encomenderos, latifundistas, grandes empresarios capitalistas). Y si bien hay que admitir que se opera un lento proceso de “integración nacional” en torno a la formación del mercado interno y la permanente mestización, la cuestión no está aún resuelta ni mucho menos.

Los cambios estructurales introducidos por la Revolución de 1952 significaron transformaciones importantes, pero tampoco solucionaron ni eliminaron el problema. Por el contrario, abrieron la posibilidad de que, en perspectiva, se revele con tonos nuevos. Basta comprobar que desde el surgimiento de un movimiento campesino liberado de la tutela estatal (1978-1980), se reivindican símbolos como el nombre de Túpac Katari y la wiphala y se perfila el reconocimiento de una identidad nacional propia, aymara y quechua o aymaro-quechua.

Asimismo, la impactante marcha por la “dignidad y el territorio” protagonizada por las etnias nor-orientales en agosto-septiembre de 1990 evidenció que el fenómeno no es exclusivamente andino.

Por último, las rebeliones producidas en el altiplano en abril y septiembre de 2000 instalaron la cuestión étnica en la agenda de asuntos urgentes del país. De aquí en más, la cuestión ya no pudo ser ignorada ni menos soslayada.

En este proceso de afirmación de las nacionalidades, el rescate de los hitos históricos sobresalientes, la recuperación de la memoria histórica, generalmente ignorada o deliberadamente sepultada por la “historia oficial” resulta una tarea de primer orden. Y uno de esos hitos, ni duda cabe, es Warisata. En ese sentido, el libro La escuela Ayllu de Elizardo Pérez es a Warisata, lo que Zárate, el temible Willca de Ramiro Condarco es a la gran rebelión aymara de fines de siglo XIX.

INDIOS. ¿Escuela “para” indios o escuela “de” indios? En las aproximaciones del lago Titicaca, en pleno corazón del altiplano boliviano, a cien kilómetros de la ciudad de La Paz, con el majestuoso nevado Illampu a sus espaldas y por encima de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar, se halla Warisata, el lugar en que Elizardo Pérez y Avelino Siñani iniciaron en 1931 su mayor obra educacional.

La elección del sitio no es de ningún modo casual. Pérez pretendía —y en cierto modo lo consiguió— revolucionar la escuela boliviana, erigiendo un centro educativo sobre un terreno estrictamente indígena. Hasta antes de él los escasos ensayos de “educación indigenal” a cargo del Estado eran experimentos exógenos, completamente extraños al medio indígena. O cuando más, se arrancaba a pequeños grupos de jóvenes aymaras o quechuas para llevarlos a la ciudad e intentar instruirlos en escuelas “para” indios. Los resultados no podían ser sino francamente nulos.

Elizardo Pérez fue designado director de una de tales escuelas, ubicada en el barrio capitalino de Miraflores, cargo al que renunció a las dos semanas. Luego, consiguió la benévola tolerancia del Ministerio de Educación para formar una escuela de otro tipo: una escuela “de” indios.

En su dilatada labor de educador y en función de “inspector escolar”, varios años antes, se había topado en Warisata con un maestro aymara, Avelino Siñani, quien con su propio saber y entender, y sin contar con ningún respaldo oficial, realizaba una pionera labor educativa entre los niños de la región. Elizardo Pérez reconoce en Avelino Siñani al verdadero inspirador de Warisata, amén de describirlo con los matices del apóstol y las cualidades del amauta andino.

Bajo la premisa de utilizar en su empeño la fuerza espiritual y organizativa del ayllu, o sea la colectividad social superviviente de la comunidad primitiva, Pérez creyó encontrarse en el lugar ideal. Sin embargo, a los pocos días comprueba que en realidad en Warisata los ayllus se hallan en franco proceso de disgregación, socavados por el gamonalismo terrateniente que en la cercana capital de Achacachi tenía su centro de irradiación. Tanto mejor, se dijo, “ningún lugar (es) más apropiado para conocer al indio y pulsar su grado de vitalidad”. (Warisata, la Escuela-Ayllu. La Paz 1962. Pág. 464)

Elizardo Pérez estaba firmemente convencido de la capacidad transformadora de la escuela. A su manera se adelantó a lo que hoy se llama “pedagogía de la liberación”.

No obstante, por las limitaciones de su tiempo, de su formación intelectual y de su propio origen de clase, no logra resolver puntualmente la paradoja en la que está sumergido. La creación de su escuela la realiza arrebatando tierras a los latifundistas de Achacachi “al margen de la legalidad”, como él mismo lo declara. Rápidamente se atrae a la ultramontana oposición de los hacendados que lo acusan de soliviantador comunista, usurpador, etcétera, y poco menos que declaran a Warisata como el “soviet” del altiplano. Al poco tiempo es acusado por más de 30 encausamientos judiciales y se ve obligado a vivir a salto de mata, protegido por los indios. A pesar de ello, todavía en 1941, afirmaba que “en Bolivia no hay problemas de tierra, sino de falta de población”. (Warisata... 462)

Elizardo Pérez no es de ninguna manera partidario del feudalismo ni menos de la odiosa servidumbre del pongueaje, al que condena al anatema. Pero tampoco acierta en señalar los caminos para su abolición, confía ese papel solamente a la escuela.

Cuando defiende tenazmente su experiencia, cultivada y extendida contra viento y marea a lo largo de una década, por lo general solo encuentra estupidez, pedantería, ignorancia, incomprensión o mala fe en sus opositores. No atina a comprender a cabalidad —por lo menos en la primera época— que aquellos “detractores” que interfieren su labor y terminan por truncarla utilizando los mecanismos del poder, eran la expresión de un régimen social que no tenía por qué entregar a los oprimidos instrumentos que ayuden a su liberación.

Sólo 20 años más tarde, cuando relata en tono conmovido las peripecias de Warisata y con el proceso de 1952 de por medio, Elizardo Pérez se aproxima a entrever las causas de su derrota. Al comentar la no aplicación de ciertos decretos de Daniel Sánchez Bustamante, relativos a la formación de escuelas rurales, sostiene que: “hay que suponer que razones de clase lo impidieron”... “pues con la conciencia tan clara de sus intereses, la feudal burguesía no podía ver sino con temor que se dieran pasos reales a favor del indio”... “el decreto de 1919 (de Sánchez Bustamante) significa un peligro, aunque remoto, para el indefinido predominio de sus privilegios, entonces el aparato gobernante se daba modos para anularlo y dejarlo sin efecto”.Acota asimismo que durante toda su experiencia en Warisata, se enfrentó “a las fuerzas desplegadas del gamonalismo y la reacción”. (Warisata... 79)

Elizardo Pérez estaba al tanto de los avances de la Revolución Mexicana en el plano educativo. En el primer capítulo de su libro, se encarga de señalar las similitudes entre Bolivia y México en el proceso de surgimiento de las escuelas rurales. Como en muchas partes de América Latina, también en Bolivia se tenía una visión esperanzada sobre la revolución democrática en México.

Pérez con singular convicción sostiene: “En el gran país azteca fueron las masas indígenas las que constituyeron el nervio de la Revolución con los postulados libertarios de ‘dotación y restitución de tierras’, bandera con la cual se dio fin al régimen feudal. Fue al amparo del nuevo orden político y social que México inició su política indigenista, proponiéndose elevar las condiciones de vida del indio por medio de la reforma agraria en lo económico y de la escuela en lo social”. (Warisata... 468 y 645)

Y acá justamente está el quid de la cuestión. En los años 30 del siglo XX no había en Bolivia nada parecido a una reforma agraria ni una gran insurgencia campesina, ni menos un “nuevo orden político y social”. Faltaban aún dos décadas para el estallido de la Revolución de 1952. El deslumbrante experimento de Warisata se estrellaba contra un muro infranqueable. Estaba irremediablemente condenado a fracasar.

EMANCIPACIÓN. Pedagogía es creación. Pero, si bien Warisata históricamente no tenía viabilidad, eso no disminuye en nada su carácter de gesta emancipatoria ni desmerece sus fundamentales logros pedagógicos. Rescatar el aporte de Warisata a la cultura de nuestros pueblos es una tarea apenas comenzada. Uno no puede menos que sorprenderse cuánto se la ignoraba y subestimaba hasta no hace mucho.

Elizardo Pérez era un maestro normalista graduado en Sucre entre las primeras promociones de la Misión Belga presidida por Georges Rouma, llegada a Bolivia a comienzos del siglo XX. No se crea, sin embargo, que en Warisata fueron aplicados los lineamientos pedagógicos allí asimilados. Pérez lo dice sin ambages y sin arrepentimientos: “Confieso que fui un mal estudiante en la Escuela Normal” ... “al verme abocado frente al problema inédito de tomar al indio en su identidad histórica y en su medio social, hice votos ante mi conciencia y ante mi patria de olvidarme de toda jerigonza pedagogista y hacer una pedagogía nacional”. (Warisata... 468)

Tampoco se ahorra calificativos para designar las concepciones oficiales: pedagogismo retoricista, simulador, fraudulento, verbalista, etcétera. Y sentenciaba: “La verdadera pedagogía no consiste en repetir simiescamente a Decroby o a la Montessori, la verdadera pedagogía consiste en crear”. (Warisata... 468)

Y lo dicho no era una especulación. Era resultado de la fecunda práctica de Warisata. Cuando en plena labor la Dirección de Educación Indigenal lo emplaza a presentar planes y programas, Elizardo Pérez responde: “¿Planes de qué?... Estábamos creando una vida nueva y planes para la acción futura, podríamos ofrecerlos solamente después de los ensayos y las experiencias”. (Warisata... 64)

Warisata es, por tanto, en lo fundamental un hecho pedagógico auténticamente creativo. (1) Continuará.

Es verosímil que Elizardo Pérez haya conocido las corrientes de la “escuela del trabajo” o la “escuela para la vida” desplegadas con la Revolución Rusa de 1917. Pero, en ningún caso hizo una traslación mecánica de esas experiencias. Quiso extraer de las condiciones económicas, sociales y culturales del terreno elegido los derroteros para su acción educativa.

Su mayor éxito es haber levantado una escuela en cuya gestión participa todo el entorno social. Con la fuerza del ejemplo personal, Elizardo Pérez y Avelino Siñani consiguen paulatinamente integrar a las comunidades aymaras en la construcción del edificio escolar. Y no únicamente porque no contaban con un solo centavo del presupuesto estatal, sino porque buscaban con afán que los pobladores de Warisata sintieran la escuela como plenamente suya, construida con sus propias manos.

Jóvenes, ancianos y niños, hombres y mujeres, se contagian de súbito de un inusitado fervor y entregan gratuitamente sus ahorros y su trabajo. Esto que ahora podría parecer natural, para la época era completamente inusual tratándose de una obra como la escuela. Warisata reivindicaba instituciones seculares como el Ayni y la Minkha y cuestionaba siglos de humillación y sometimiento.

Ochenta años después, el rudo como monumental edificio levantado en largo tiempo sobre la base de tesón y esfuerzo, apelando incluso a medios ilícitos para agenciar materiales, se destaca en la aridez de pampa y montaña como mudo testimonio de la hazaña. Y todavía sigue prestando sus aulas para la labor educativa acogiendo a una hoy Escuela Superior de Formación de Maestras y Maestros “Warista” (antes Escuela Normal Rural Integrada de Warisata).

Pero la participación social no se limitó a poner piedra sobre piedra. Se prolongó a todo lo concerniente al manejo escolar, culminando en la constitución del Parlamento de Amautas, verdadero consejo de administración o gobierno escolar que hacía de nexo entre la escuela y la comunidad. Hay que imaginarse los remilgos de gamonales, petimetres y burócratas, al enterarse que sabios aymaras descalzos y analfabetos se reunían a deliberar y decidir sobre el funcionamiento del núcleo escolar. Ciertamente era mucho pedir que lo tolerasen.

Elizardo Pérez llega a la conclusión —y la expone en 1937— de que la comunidad indígena constituye una unidad económico-social de origen ancestral en la que superviven formas de aprovechamiento colectivo de la tierra y sistemas de organización social de la época del incario. La hacienda o finca de los terratenientes no hizo sino yuxtaponer varios ayllus sin llegar a eliminarlos. La organización escolar que él emprende recoge la tradición del Ayllu, establece la misión de alfabetizar y también se propone “solucionar de una vez por todas el problema histórico y sociológico del indio y de solucionarlo no por los medios de la huelga general o el levantamiento en masa, sino por los de la organización económica”.

En suma, una escuela instalada en la entraña misma del mundo indígena “no para negar ese mundo sino para organizarlo”, a decir del propio Pérez. Los cientistas sociales podrán advertir sin duda que en el conjunto de la proposición hay un matiz utópico, subjetivista. Pero, estudiando a fondo la experiencia de Warisata, no podrán negar que se obtuvieron resultados sorprendentes.

Elizardo Pérez no comprendió, como lo hizo José Carlos Mariátegui, por ejemplo, que el problema indígena tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra y que no se resuelve con medidas de administración, a través de la construcción de caminos o con nuevos métodos de enseñanza, por más audaces e interesantes que sean. Sin embargo, su actitud de defensa y fortalecimiento de las comunidades indígenas, lo acerca al pensador peruano. Y, aún más, comprueba en la práctica lo que Mariátegui sostenía en la teoría: la posibilidad de que la comunidad indígena facilite y acelere el tránsito a un orden social superior en condiciones históricas dadas.

ESTUDIO. Estudio y trabajo. Tratándose Warisata de una escuela no exclusivamente alfabetizadora, movilizó a maestros, alumnos, padres de familia y pobladores en general hacia las tareas productivas. Introdujo y desarrolló nuevas técnicas agropecuarias, estudió los problemas del riego y del abono, crió animales, instaló talleres e industrias.

Se advierte por momentos que el propósito ya no es solamente instruir a los educandos en las técnicas laborales, sino también lograr el autoabastecimiento de las necesidades de la escuela y, en perspectiva, de la comunidad toda. En otros términos, la escuela como unidad pedagógica y como entidad económica.

Otra sustancial experiencia que surge en el transcurso de Warisata, sobre todo en su fase expansiva, es la del sistema de núcleo o celular. Es decir, una escuela matriz con diversas escuelas filiales, dentro de un determinado ámbito socioeconómico que es la marka aymara. Esta original creación de Warisata es, por cierto, la que más se ha extendido y perdurado, aunque con contenidos diversos. Todo el sistema educacional boliviano rural se organizó de esa manera. Pérez recuerda, con ironía, que en la década de los años 50, misiones extranjeras de asistencia como el Servicio Cooperativo Interamericano de Educación (Sicde), introdujeron como “novedad” aquello que Warisata había elaborado y que el propio Pérez ya extendió a varios puntos del país mientras estuvo ligado con la educación rural boliviana.

Además, entre otras de las contribuciones significativas, está la enseñanza bilingüe que Warisata comenzó a poner en práctica, aymara-español o quechua-español según los casos, algo que la reforma educativa de fines del siglo XX recogió como política de Estado, más de 60 años después. Es tan importante esto, que se menciona regiones donde Pérez llegó (Llica por ejemplo), en las que el analfabetismo prácticamente desapareció. Hacer un estudio minucioso de esta experiencia podría iluminar las propuestas de educación intercultural bilingüe que se están adoptando. No en vano Warisata concitó en su tiempo la expectativa y el más vivo interés en Perú, Ecuador, Guatemala y México, países que, a semejanza del nuestro, poseen raíces demográficas prehispánicas.

Por último, quisiéramos mencionar algunos momentos significativos en la línea de recuperar y proyectar la memoria de Warisata.

La juventud intelectual de avanzada prestó su entusiasta concurso en esta verdadera Alma Mater andina. Músicos, poetas, escritores y pintores llevaban como un timbre de orgullo al haber aportado su trabajo en Warisata, generalmente voluntario y sin paga. De entre ellos destacan Antonio Gonzales Bravo con sus composiciones musicales; Alejandro Mario Illanes con sus pinturas; Raúl Botelho con sus escritos, como la novela Altiplano inspirada precisamente en sus vivencias de Warisata y Carlos Salazar Mostajo, educador, periodista, poeta y pintor que consagró su vida a la defensa, sistematización y divulgación de la obra que consumió sus mejores ímpetus juveniles.

Salazar Mostajo desenvolvió una encendida campaña de prensa a comienzos de la década del cuarenta y en todos los años posteriores salió con su pluma al frente de cualquier denostador de Warisata. Fue, ni duda cabe, el principal albacea del legado de Elizardo Pérez y Avelino Siñani. Sus trabajos periodísticos y también su poema Biografía de Warisata se han recogido en el libro Warisata Mía (dos ediciones) que llevan el nombre del artículo de su firma que el periódico La Calle publicó en 1943. También en 1986 publicó el libro La Taika (teoría y práctica de la Escuela-Ayllu), en el que, modestia aparte, al conocer este ensayo publicado en la revista Bases dijo que era una de las mejores síntesis que había leído acerca de Warisata.

En 1978, el Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativa (CEBIAE) dio a conocer la investigación de Carlos Huacani, José Mamani y José Subirats Warisata Escuela-Ayllu, el porqué de un fracaso cuyo principal aporte es la investigación testimonial de campo y la abundancia de documentos referidos a Warisata.

Durante el gobierno de la UDP se repatriaron los restos de Elizardo Pérez desde Argentina, donde en 1980 había muerto poco menos que olvidado. Ahora descansa junto a Avelino Siñani en el suelo de Warisata.

En 1990, Canal 13 de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) con el apoyo del Ministerio de Educación produjo un video documental en el que seguramente por primera vez se intenta llevar el tema de Warisata al lenguaje audiovisual, la realización estuvo a cargo de Martha Sardón y el asesoramiento de Teresa Rosaza.

En 1991 Cenprotac (Centro de Promoción de Técnicas en Arte y Cultura) publicó Warisata, historia en imágenes con más de 200 fotografías documentales tomadas por Carlos Salazar durante la construcción y el auge de Warisata. En 1992 CERES e HISBOL hicieron la segunda edición del libro testimonial de Elizardo Pérez.

En 2003, poco antes de morir, Carlos Salazar publicó un libro monumental con centenares de fotografías y documentos, Gesta y fotografía: Historia de Warisata en imágenes. Varios egresados de universidades han elaborado sus tesis de grado o están haciéndolo sobre Warisata. Son investigaciones seguramente muy útiles aunque todavía poco difundidas.

Finalmente, la Ley de Educación en actual vigencia ha consagrado los nombres de las dos personas que encabezaron la hazaña, pero para que Warisata termine de salir del anonimato, lo importante es que sea más y mejor conocida. 


SUBLEVACIONES INDÍGENA; MASACRE. JESÚS DE MACHACA 1921 Y CHAYANTA 1927


Se vivieron también las masacres de Jesús de Machaca en 1921 en contra de comunarios campesinos y la de Uncía de 1923 que fue la primera represión sangrienta en la minería privada. Las condiciones económicas continuaron críticas e igual que Montes, Saavedra apeló al crédito externo con el famoso y polémico empréstito Nicolaus por 33 millones de dólares que permitió pagar deuda anterior, reducir el déficit fiscal y culminar obras de infraestructura como la conclusión del ferrocarril a la Argentina por la vía de Villazón. Saavedra transfirió ilegalmente la concesión petrolera que en 1920 se le había dado a Levering, a la Standard Oil, empresa que entre 1922 y 1937 apenas invirtió 17 millones de dólares. El primer pozo se perforó en 1922 y el primero productivo, el de Bermejo, en 1924.

12 DE NOVIEMBRE DE 1879 BATALLA DE CANCHAS BLANCAS


Armamento personal empleado en la Guerra del Pacífico por los ejércitos de Bolivia, Perú y Chile.

La conflagración bélica con Chile de 1879, ha dado lugar a que se libren muchas batallas emergentes de la invasión chilena a territorio boliviano. Una de las batallas que constituye un hecho histórico de mucha importancia es la BATALLA DE CANCHAS BLANCAS, acción que fue injustamente ignorada por historiadores y la propia historia general de Bolivia.


Es pues de justicia conocer un hecho de impresionante demostración de heroísmo y más aún si el 12 de noviembre de 1879 se recuerda el aniversario de esta batalla, que fue protagonizada por un contingente de la 5ta. División compuesta por voluntarios del Sud de Bolivia.



El historiador Octavio O‘connor D‘arlach con su “Calendario Histórico de Tarija”, hace aislada y escueta referencia a este hecho diciendo que el 30 de marzo de 1879 “se efectúa el acuartelamiento de las guardias nacionales, con motivo de la guerra con Chile. . . El batallón “Tarija”, uno de los integrantes de esa división, estaba comandado por el coronel Miguel Estenssoro y tenía como subcomandante al coronel Mariano Colodro, ambos de notable actuación en la Batalla de Canchas Blancas”. Y sobre la misma acción, acota: “12 de noviembre de 1879.- El regimiento “Ayacucho”, el “Méndez” y el “Granaderos” de Tarija, al mando de sus jefes Lino Morales, Miguel Estenssoro, Justo Villegas y Mariano Colodro, libran la Batalla de “Canchas Blancas” que, según otro ilustre militar tarijeño, el Cnl. Epifanio Apodaca, evitó el ingreso de las tropas chilenas a Potosí. Dicha acción de armas, constituyó, una de las más importantes de la Guerra del Pacífico y merece recordarse”.



Cabe corregir al historiador O‘connor, en su lacónico pero valioso aporte, que se trata del Cnl. Ezequiel Apodaca y no Epifanio Apodaca, pues, a la sazón, hemos accedido a un valiosísimo documento oficial del archivo de las FF.AA., como son las “Memorias del Cnl. Ezequiel Apodaca –Potosí – Cotagaita – Camino a Canchas Blancas – 1879 – 1880”, escrito por el coronel tarijeño Apodaca, Jefe de Estado mayor de la 5ta. División al mando del Gral. Narciso Campero.



En la presentación de la indicada memoria, el Cnl. Edmundo Sanabria Morales, Jefe del Departamento V –Historia del Comando en Jefe de las FF.AA., concluye una exhaustiva investigación sobre el particular con lo siguiente: 1o. Que por haberse tomado en la Batalla de Canchas Blancas, importante documentación que comprometía seriamente a Chile con la Argentina, Chile logró que le entreguen dicho documenta-ción; 2o. Hubo un pacto entre chilenos y grupos corruptos de bolivianos que se prestaron para hacer desaparecer de la historia a la Batalla de Canchas Blancas y así sepultar “LA GLORIA MÁS GRANDE DE BOLIVIA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO”, según textual afirmación del Cnl. Sanabria.



Cuando revisamos las memorias del Cnl. Apodaca vemos con estupor la desesperante situación de los patriotas de la 5ta. División que a toda costa querían avanzar contra el enemigo, siendo frenados por los planes políticopersonales del Gral. Narciso Campero (afirmaciones textuales de la Memoria analizada).
El relato personal del Cnl. Apodaca cursante en su memoria, en fecha 12 de noviembre de 1879, es una página que se inscribe, en el marco de nuestra historia, en una de las narraciones más impresionantes que confirma el heroísmo del soldado boliviano.



La tropa boliviana comandada por el Cnl. Lino Morales, con una disciplina digna de encomio, comiendo en túneles, sola en las noches y en el día esperando en la aridez de la zona, sin dar lugar a que el enemigo aviste siquiera el único largavistas, al que lo tapaban con un tul negro y utilizando sigilosos chasquis en una altura de Canchas Blancas, esperaron a los chilenos en las cercanías de una laguna. La patrulla de exploración chilena descubrió la laguna y avisó a toda la tropa chilena de la existencia del agua; en horas de la noche en forma impresionante la caballería chilena se agolpó tropezándose en la laguna y cuando se encontraban cuadrúpedos u humanos bebiendo el agua, desmontados, en segundos, “los sanlorenceños del Méndez atacaron a cuchillo y mache limpio al enemigo y tomaron de inmediato la retaguardia más profunda. Desde el fondo de la batalla se sentía dolorosos ayes, cuando las tropas de San Lorenzo hundían sus filos en el vientre enemigo o en la garganta y, hasta se vio cuadros de lucha debajo del caballo, cuerpo a cuerpo y escucharse tremendas interjecciones chapacas”.



El Cnl. Ayoroa que al igual que el Cnl. Villarpando con los del “Ayacucho”, seguían persiguiendo al enemigo, a las 3 de la mañana habló a la tropa con llanto emocionado que contagió a todos y dijo entre otras cosas: “Soldaditos. . . queridos hijos míos. . .indiecitos queridos, ustedes han salvado a Potosí. . . lloro de emoción porque hemos ganado, hemos defendido la Patria, desde aquí abandonados por. . .” lanzando adjetivos contrarios al Gral. Campero.



El 20 de noviembre, continúa la Memoria, “Fue muy triste, despedimos a todos los que iban a reunirse con el General Narciso Campero en la región de Tonave, o sea que ahora los vencedores de Canchas Blancas, por orden suprema, retrocedían como vencidos”.



De parte del Cnl. Lino Morales, adjunto a la Memoria precedente, se establece como resultado favorable para Bolivia, entre otros, nada menos que 330 muertos y 400 heridos chilenos, 480 caballos, 550 entre mulas y burros, bastante material bélico, etc., y especialmente documentación que comprueba que Chile buscaba ocupar los departamentos de Potosí y Chuquisaca, contra con frontera con Brasil y Paraguay y, algo muy grave, levantar a este último país contra Argentina e invadirlo luego de una supuesta ayuda boliviana.



Suplemento Literario EL DIARIO Nov. 1996.



Esta nota fue publicada en el periódico El Diario (Revistas Nuevos Horizontes) el 13 de Noviembre de 2012.

EL AUGE DE LA GOMA NO TRAJO PROGRESO AL ORIENTE BOLIVIANO

Cachuela Ezperanza, Beni en el periodo de apogeo gomero. Fuente: Santa Cruz, economía y poder, 1952-1993. De: Carmen Dunia Sandoval A...

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