EUSTAQUIO (MOTO) MÉNDEZ



Extracto del periódico Opinión, 6 de agosto de 2014 

LA VICTORIA DE SUIPACHA

Se enroló en la división de gauchos de Güemes, con los que participó en la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, luchando en la victoria de Suipacha. Más tarde luchó contra las invasiones realistas.
A fines de 1812 formó su propia guerrilla en la región de Tarija, y peleó activamente contra las varias invasiones de los españoles. Cada vez que Tarija caía en manos de los realistas, Méndez lanzaba sus ataques sobre la ciudad o sobre los caminos que la comunicaban con el resto del Alto Perú, por el norte o por el oeste. 

TRAS LA BATALLA DE SIPE SIPE

Logró sus mayores proezas en el año 1816, después de la batalla de Sipe-Sipe: aunque el ejército enemigo capturó y logró retener en su poder a Tarija, durante más de un año los rodeó y atacó metódicamente, cortando sus líneas de comunicaciones y, sobre todo, impidiendo que realizaran operaciones desde esa ciudad. Murió en la batalla de Santa Bárbara de Tarija.

TARIJEÑO DE PURA CEPA

Nació el 19 de septiembre de 1784, en Churquihuayco, Canasmoro, Villa de San Lorenzo, departamento de Tarija.
Patriota conocido como el Moto, era hijo legítimo de Juan Méndez y de María Arenas, ambos criollos hijos de españoles.De muy joven perdió el brazo en un accidente.

“EL MAR NOS PERTENECE POR DERECHO, RECUPERARLO ES UN DEBER”



Por: Ramiro Molina Alanes / El Diario 19 de Marzo de 2013

Este excelso y explícito lema, que pese a su laconismo trasunta elocuente e imperativamente el profundo sentir de todos los bolivianos, desde hace medio siglo está cincelado, sin que falte una letra, en el alma de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas y en el corazón del noble y denodado pueblo de Bolivia.
CONTEXTO HISTÓRICO
El arbitrario e inconsulto desvío de las aguas del río Lauca, perpetrado por el usurpador de nuestro Litoral el 14 de abril de 1962, al margen de indignar profundamente a todos los bolivianos, tuvo la virtud de acrecentar el fervor patriótico y unirnos en torno a la justa, imperiosa e indeclinable reintegración marítima.
De esta manera, emergió a la vida institucional la Fuerza Fluvial y Lacustre; se revalorizó a nuestros héroes y batallones de la Guerra del Pacífico, nominando a instituciones y promociones de oficiales de las FF.AA. con sus egregios nombres; asimismo, se adoptaron una diversidad de lemas e idearios cívicos inherentes a nuestra irrenunciable causa marítima. En la Fuerza Aérea Boliviana fueron muy populares los lemas “Alzaremos las Alas al Mar” y “La Fortaleza de la FAB Abrirá el Sendero Hacia el Mar”.
Sin embargo, como fruto de una profunda y meditada acción, germinó el grandioso y contundente lema: “EL MAR NOS PERTENECE POR DERECHO, RECUPERARLO ES UN DEBER”, que por su vigoroso y hondo contenido espiritual y patriótico, caló hondamente en el sentimiento nacional.
En él se magnifica la firmeza, el estoicismo y el sacrificio de un pueblo digno en contra de la ignominia; sacude las fibras más íntimas en pos de un ideal; alimenta la esperanza de ver un día a la Patria con su mar, que por justicia y derecho le corresponde como mandato imperativo del acendrado recuerdo de Avaroa
DISPOSICIÓN LEGAL
Debido a que las Fuerzas Armadas del Estado, son la más fiel y genuina expresión del civismo, el honor, la grandeza de la Patria y factor indispensable de la ineludible decisión de reivindicación marítima, mediante Orden para las FF.AA. No. III-5-63 de 28 de marzo de 1963, se dispuso que a partir de esa fecha toda comuni-cación (menos los radiogramas) cursada en la Institución Armada deberá contener el lema “EL MAR NOS PERTENECE POR DERECHO, RECUPERARLO ES UN DEBER”; lo cual se cumplió sacrosantamente en estas últimas cinco décadas.
EL AUTOR
Este significativo lema es fruto de la profunda meditación y la patriótica inspiración del señor Cnl. Serv. Guillermo Zuna Ville-gas2, que en ese entonces desempeñaba el eminente cargo de Secretario General del Comando de Ejército, quien lo presen-tó, siguiendo el conducto regular, al mando militar, que de inmediato dispuso su institucionalización oficial, ya que constituía la más acertada expresión del pensamiento militar de nuestra Patria en su siempre latente derecho de retornar a las costas del océano Pacífico, arrebatadas en una artera guerra de conquista.
DOCUMENTO HISTÓRICO
Por constituir un documento inédito y verdaderamente histórico, se transcribe arriba in extenso la referida disposición militar:

NOTAS
1 Actual Armada Boliviana, creada por D.S. No. 06339 de 4 de enero de 1963.
2 Este verdadero patricio boliviano, permanece injustamente olvidado.

* El autor es Académico de Número de la Academia Boliviana de Historia Militar.



SANTA CRUZ LA BELLA TIERRA ORIENTAL



Por: FERNANDO MELGAREJO FONSECA / Publicado en el periodico El Diario el 25 de Septiembre de 2012

Es la bella “tierra oriental” que, cautivó a los españoles de la época colonial, quienes, se lanzaron infructuosamente a la conquista del Mítico Imperio denominado “EL Dorado” o “Gran Paitití”.
Ciertamente, a partir de los primeros tiempos de la dominación ibérica, se tuvo noticias de la existencia de un territorio, extraordinariamente rico, cuyas montañas, eran de oro y cuyos habitantes empleaban este metal, en abundancia e, inclusive, en sus indumentarias. Por ello, los castellanos promovieron numerosas expediciones –desde varios puntos de América con un resultado totalmente negativo.

Por orden de Domingo Martínez de Irala, Gobernador de Asunción, Paraguay, don Ñuflo Chávez, al mando de unos 300 hombres emprendió viaje en busca de esas famosas riquezas, en el año 1557. Estando en cumplimiento de esa misión, supo del fallecimiento de Irala. Ante tal circunstancia imprevista, determinó actuar por cuenta propia. Al arribar a la región del cacique guaraní Grigotá, la que Irala había tratado de explorar, diez años antes, fundó una población con el nombre de “Barranca”, en 1559.

El día 26 de febrero de 1560, efectuó la fundación de Santa Cruz de la Sierra, en conmemoración de su pueblo de Extremadura, España. Este poblado estaba situado en la cabeceras del río San Miguel, en Chiquitos. El Gobernador de Santa Cruz, don Lorenzo Suárez de Figueroa, el año 1592, recibió el encargo de trasladar la ciudad para esquivar así las frecuentes invasiones nativas. Por esta razón, la trasladó hasta el lugar donde Chávez fundara “La Barranca”. Allí quedó establecida definitivamente la Nueva Ciudad.
Santa Cruz, con el transcurso de los años, se ha convertido en una linda ciudad oriental, con impenetrables selvas, pájaros y flores multicolores, con caldeados arenales y azuladas lagunas. Cobijó a audaces capitanes, a valerosos guerrilleros y a diversidad de etnias autóctonas, desparramadas a lo largo y ancho de la inmensa Chiquitanía. Su fértil suelo cuenta con ingentes riquezas naturales que, constituyen realmente la vanguardia de su constante progreso.

Santa Cruz es una ciudad pródiga, cuna de hombres y mujeres ilustres, que destacaron en todos los campos de la vida humana, matizada por los rasgos peculiares del clima tropical y de pintorescos escenarios, donde se respira la fresca brisa de sus ríos, su abundante fauna y flora.

En verdad este paisaje oriental, cuenta con selvas frondosas que cubren el cristal de las lagunas, rodeando sus doradas playas, bajo el nostálgico metal de la luna. La lluvia, el agua y el aire, en fresco aroma se esfuman y la exuberante maleza verde se mece como la hamaca.

Todo lo anterior, junto a la añoranza de la tierra natal y de la “cruceñita amada”, fueron fuente de copiosa inspiración, para escritores, poetas y músicos que descollaron con sus creaciones dentro y fuera de nuestras fronteras.

Santa Cruz ocupa el primer lugar como departamento productor de petróleo, gas y sus derivados. El departamento celebra sus efeméride cívica, el 24 de septiembre, fecha en que evoca a los caudillos de la gesta libertaria de 1810, como Ignacio Warnes y el popular “Cañoto”.

Fieles a sus tradiciones religiosas, la población acude en romería al Santuario de la Virgen de Cotoca, donde se dan cita feligreses de todo el oriente boliviano y de otras ciudades del interior, así como de los países vecinos.

Al presente, Santa Cruz ha experimentado un desarrollo notable, habiendo llegado a ser catalogada como la primera ciudad más importante de Bolivia.

Tomado del Suplemento Literario de EL DIARIO. Dic. 1993.



EL 1 DE NOVIEMBRE DE 1606.- FUNDACIÓN DE ORURO



El año 1605, el cura de Colquemarca Francisco Medrano, y otros españoles descubrieron un cerro de la región de Urus rico en plata. Pronto se trasladaron a esta región muchos españoles, así nació una población que estaba bajo la nombre de San Miguel Arcángel puesto que en la fecha del arcángel se comenzó la explotación del mineral.

A solicitud de los vecinos a la Audiencia de Charcas, se encargó la fundación al licenciado Don Manuel Castro de Padilla, al pie del cerro Pie de Gallo efectuó la fundación en 1 de noviembre de 1606, con el nombre de “Real Villa de don Felipe de Austria”, en honor al monarca reinante Felipe III.

EL GENERAL PEÑARANDA ALTERNANDO CON SUS SOLDADOS


Vestido como ellos (él de más a la izquierda), siempre participaba de sus inquietudes y privaciones. Al visitar las trincheras los saludaba, y ellos contestaban con cariño: "a su orden, mi general".


26 DE FEBRERO DE 1561.- FUNDACIÓN DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA

Santa Cruz mediados del siglo XX.

Posterior a su regreso de Lima, Ñuflo de Chaves se estableció a bastantes leguas hacia el oriente. Y el 26 de febrero del año 1561, fundó en aquella comarca una ciudad con el nombre de Santa Cruz de la Sierra, (a orillas del Sutós, al pie de las colinas Riquió y Turubó), que era el de la villa extremeña endonde había nacido.


Tomó posesión a nombre del rey la idea de que la ciudad fuera un punto de unión comercial entre el Río de la Plata y Paraguay con Charcas. Santa Cruz la Vieja, tenía una población de 50 manzanas, con casas de cimientos de piedra, techos de teja, palma negra o motacú, pisos de ladrillo y adobe crudo, el agua escaseaba en la zona.

La ciudad quedó lejos de los núcleos urbanos y del centro administrativo de la Audiencia de La Plata.

HACE MÁS DE 20 AÑOS VOLÓ EL PRIMER AVIÓN CONSTRUIDO EN BOLIVIA



Por: Ramiro Molina Alanes (*) / Publicado en el periódico El Diario el 23 de Abril de 2013

Hace exactamente dos décadas, el histórico 14 de abril de 1993, en un ambiente de inusitada expectativa e incertidumbre, el “Huayna” FAB-X02, primera aeronave construida por la Fuerza Aérea Boliviana, realizó con marcado éxito su primer vuelo oficial, concretando de esta manera un largo anhelo institucional y sentando las bases de la aclamada industria aeronáutica, pilar fundamental del poder aéreo nacional.
Esta aeronave de corte experimental, que constituía lo último de la tecnología aeronáutica moderna, tanto por el novedoso material utilizado en su construcción como por su moderna aviónica digital, fue el fruto del proyecto “Lancair 360” que emergió promisoriamente el año 1989; pero, que dio su decisivo primer paso en 1991 con el arribo a nuestro país del correspondiente kit de este prototipo, diseñado y concebido en los Estados Unidos y dotado de un motor Lycoming I0-360 de 180 H.P.
De esta manera, en un precario ambiente que se asignó para el proyecto en predios del ex Politécnico Militar de Aeronáutica de la Base Aérea de El Alto, se iniciaron los tra-bajos de construcción del singular avión, a cargo de los Suboficiales Rafael Céspedes Escóbar y Ángel Iriarte Lima, destacados aerotécnicos de la institución, dirigidos por los capitanes Renán Julio Calleja y José Luis Murillo Pacheco, eminentes ingenieros en electrónica y aeronáutica, respectivamente.
El trabajo fue arduo y complejo, puesto que por primera vez se utilizaron en la construcción de la estructura materiales compuestos de aviación como el kevlar, nómex así como fibras de vidrio y carbono, a los cuales no estaban habituados nuestros técnicos y que requerían de procesos sumamente delicados y especiales; sin embargo, a través de los respectivos manuales, y sobre todo, demos-trando profesionalismo, empeño, iniciativa y creatividad, proverbiales cualidades que caracterizan al aerotécnico boliviano, se fue concretando paulatinamente pero dentro de los términos de la primera fase, la dificultosa construcción de la aeronave.
Soslayando dificultades de toda índole, hasta los recelos y criterios pesimistas, tanto de autoridades como de personas proclives a los estándares conservadores, en agosto de 1992 la aeronave estaba lista para empren-der el esperado vuelo de prueba; pero, por indecisiones y desconfianzas infundadas, no se pudo concretar esta fundamental etapa de toda aeronave.
Tuvieron que pasar siete largos meses, hasta que el 15 de febrero de 1993, por insistencia del personal que intervino con ahínco e ilusión en el proyecto, se realizó con resultados por demás satisfactorios el ansiado vuelo de prueba a cargo del piloto primigenio del proyecto, Cap. Av. Javier García Soruco, eximio aviador de la bizarra especialidad de caza; si bien el vuelo había durado sólo dos minutos, tuvo la virtud de demostrar objetivamente que estaba en condiciones de operar con seguridad y normalidad.
El histórico 14 de abril de 1993, ante un nutrido público compuesto por autoridades militares, representantes de la prensa y el personal de la institución, el Lancair 360, al que se le denominó “Huayna” FAB-X02(1) despegó de la pista principal del Aeropuerto Internacional de El Alto, seguido de un “avión nodriza” en el que tuvieron la oportunidad de abordar algunos periodistas ansiosos de cubrir el sensacional vuelo.
El “Huayna”, al mando del Cap. Javier García Soruco y el Cap. Ing. José Luis Murillo Pacheco, se remontó majestuosamente por los aires ante la inocultable algarabía de todos los que se dieron cita en la plataforma del Grupo Aéreo de Caza “31”. La aeronave surcando raudamente los diáfanos cielos de la ciudad de El Alto, no sólo realizó varias pasadas sobre el público, sino que ejecutó arriesgadas maniobras acrobáticas que demostraron amplia y obje-tivamente el excepcional performance de esta aeronave construida en nuestro país íntegramente por ma-nos bolivianas y sin asesoramiento foráneo.
Después de un aterrizaje impecable, la aeronave se dirigió hasta los predios del GAC 31 donde se encon-traba el entusiasmado pú-blico que ovacionó frenéti-camente a los tripulantes.
Este inédito evento de nuestras alas militares concluyó con un solemne acto en el Salón VIP de la unidad, donde el Comandante General de la Fuerza Aérea Boliviana, Gral. Fza. Aé. Fernando Sanjinés Yánez, impuso a los oficiales y suboficiales que intervinieron brillantemente en la concreción del proyecto la condecoración “Al Mérito Aeronáutico”, máxima expresión de nuestra aviación militar.
Después de ser probado en los diferentes ambientes de nuestro variado territorio geográfico, por un incidente fortuito y ajeno al venerable “Huayna”, suscitado en el Aeropuerto “El Trompillo” de la ciudad de Santa Cruz, el FAB X-02 dejó de operar y actualmente se encuentra como material de estudio y práctica en el Politécnico Militar de Aero-náutica de la capital del valle.
Como homenaje a esta histórica fecha, el novel Centro de Industria y Tecnología Aeroespacial de la Fuerza Aérea Boliviana “Cnl. DEMA Renán Julio Calleja”, conmemora su aniversario el 14 de abril.

*El autor es Académico de Número de la Academia Boliviana de Historia Militar.


PLAN BOHAN UNA HISTORIA DE ÉXITO

Migración de familias indígenas andinas al oriente boliviano.

Informe nacional de coyuntura, 19 de junio de 2015 / Fundación Milenio.

Bolivia hasta 1950 era un país eminentemente dependiente de la minería, tradición seguida desde la colonia, además era un país físicamente poco integrado, todos los esfuerzos para conectar las diferentes regiones eran concentrados en la parte andina, por el interés de la minería de tener bajos costos de transporte para las exportaciones y su preferencia era la importación de alimentos baratos para abastecer a sus trabajadores, lo cual a su vez determinó una agricultura insuficiente en la parte andina básicamente hortalizas y algunas frutas provenientes de la zona yungueña y la quinua como uno de los pocos pseudo cereales, cuya producción era muy limitada.
Las demandas de parte de Santa Cruz, ansiosa de proveer azúcar y otros productos para el abastecimiento interno, para integrar por carretera o por la vía férrea, fueron permanentemente obstaculizados y contrariamente se otorgó prioridad a las comunicaciones ferroviarias con Chile, Perú y Argentina (Ver: García Enriquez Fernando, “Historia de la industria azucarera cruceña”, Editorial el País, Santa Cruz 2013).
Un nuevo enfoque se inicia con el interés de parte de Estados Unidos hacia América Latina durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno norteamericano Invitó al Gral. Enrique Peñaranda, presidente de Bolivia, a la mesa de los aliados, con el interés de negociar la provisión de estaño a ese país, estratégico para la producción de armas durante ese periodo. El 1 de agosto de 1941, el embajador de Bolivia Luis Fernando Guachalla suscribió el memorándum de Cooperación Económica (Ley Pública 63). Por su parte, Washington envió a Merwin L. Bohan, jefe de la Misión que comandó una fuerza de tareas conformada por el economista agrícola Ben H. Thibodeaux y 9 expertos del Departamento de Estado (Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos), Departamento de Agricultura, Departamento de Minas y la Administración de Caminos Públicos. La misión llegó a Bolivia el 17 de diciembre de 1941, empezó su trabajo el 21 de mayo de 1942 y el 15 de agosto presentó su informe al Secretario de Estado de EEUU, afirmando: “El deseo ferviente de todos los miembros de la Misión es que el programa de cooperación económica a ser emprendido prontamente por los Gobiernos de Bolivia y de los Estados Unidos conduzca no solo a un permanente realineamiento y fortalecimiento de la economía nacional boliviana, pero también al progreso material y social del pueblo boliviano”….
El 15 de agosto de 1941, el señor Bohan remitió su informe final a la Secretaría de Estado, esbozando un programa de desarrollo que consistía en tres componentes mayores. El primer componente proponía la creación de un sistema nacional de carreteras para hacer posible la conexión de la producción con los centros de consumo.
El segundo componente de esta estrategia de desarrollo concernía al sector agrícola. Una preocupación mayor era estimular la producción de goma, quina, y otros productos que eran importantes en las tareas de guerra en la que Estados Unidos estaba particularmente interesado en obtener de Bolivia. También se consideró de importancia incrementar la producción de productos básicos como el arroz, trigo, azúcar y algodón. El procesamiento, mercadeo, y facilidades de crédito, requeridos para incrementar la producción agrícola fueron incorporados. El informe recomendó la creación de un sistema de investigación y de extensión agrícola que serían desarrollados para estas áreas donde hubiera el mayor potencial agropecuario. Una dimensión clave de la estrategia agrícola era el desarrollo de sistemas de fincas con riego. El informe reconoció la necesidad para desarrollar instituciones educativas donde se enseñara agricultura como parte de un programa educativo para promover el mejoramiento científico y técnico de la agricultura. El Oriente fue el área geográfica meta con el soporte de desarrollo que irradiara desde Santa Cruz. Esto apuntaba a que incrementos significativos de la producción serían posibles mediante la explotación de las tierras bajas donde se podría lograr una agricultura comercial de gran escala. El tercer componente proponía una serie de recomendaciones para invertir en posteriores desarrollos del sector minero y la posible producción doméstica de petróleo.
La primera prioridad asignada por el Plan era una carretera que uniera Santa Cruz y Cochabamba, la cual conectaría este futuro centro de actividad económica y agricultura con los centros poblados de Occidente. Entre otras cosas, las exportaciones agrícolas las cuales contribuirían a mejorar la balanza de pagos nacional.
Además, para poder elevar la disponibilidad financiera para completar sus metas de desarrollo, “El informe Bohan” recomendó que el Gobierno Boliviano inmediatamente contratara un experto impositivo para revisar su sistema actual de cobro de impuestos e hiciera las recomendaciones de modificación que fueran necesarias para incrementar los ingresos impositivos que permitieran el Desarrollo de Bolivia.
Para poner en práctica el plan Bohan, el gobierno creó en 1942 la Corporación Boliviana de Fomento (CBF), cuyo objetivo era impulsar el desarrollo agroindustrial del país, que incluía instalación de ingenios azucareros. Creó el Banco Agrícola para abrir una línea de crédito a un potencial sector agroindustrial. La carretera Cochabamba-Santa Cruz, se inició en 1942, la que partiendo de Santa Cruz, unió a la capital oriental con la ciudad de Cochabamba. Posteriormente, con los proyectos 1 y 4, se hizo la carretera que partiendo de Puerto Grether, conectó el departamento oriental con la parte este del río Chimoré. Unos añas más tarde se uniría el tramo Chimoré - Villa Tunari población hasta la cual llegaba entonces la carretera desde Cochabamba. Muchos años después se construiría el puente Alfonso Gumucio Reyes sobre el río Chapare.
Otras iniciativas del plan Bohan comprendían el proyecto de riego para Villa Montes, desarrollo de campos petroleros probados y explotación de nuevas áreas; incluso desarrollo de mercados. Para todo esto se presupuestaron US$ 88.000.000 de la época.
Durante la aplicación de estas medidas se crearon además de la CBF, el Servicio Agrícola Interamericano y el Servicio Nacional de Caminos que fueron valiosos instrumentos operativos que contribuyeron a convertir en realidad la ambiciosa propuesta. En su primera etapa el plan Bohan preparó para la CBF hasta los estatutos; los mismos que constan como apéndices D y E del mencionado plan; incluso el Gerente y el Sub-gerente general de la CBF eran nombrados por el Export-Import Bank (Banco controlador de Estados Unidos).
Pero establecidas las bases conceptuales por el Plan Bohan, lo que sigue es una historia de éxitos gracias a la designación de personas capaces que tuvieron la virtud de continuar con las líneas de acción propuestas por dicho Plan. Con la toma del gobierno por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1952, bajo la presidencia de Víctor Paz Estenssoro, el Gobierno le dio considerable impulso a la CBF, poniéndola bajo el mando de Alfonso Gumucio Reyes, un hombre de extraordinaria personalidad y un visionario extraordinario que se empeñó en lograr el desarrollo nacional bajo las líneas maestras que había trazado el Plan Bohan. Desempeñó estas tareas entre 1952 y 1956 y posteriormente Ministro de Economía entre 1960 a 1964.
En la memoria sobre este vigoroso y tenaz personaje, se relatan los principales logros para el desarrollo nacional, “El ingeniero descalzo”, escrito por Alfonso Gumucio Reyes, relata las hazañas del mismo bajo el paraguas de un proyecto político que cambió al país, proyectándolo hacia el futuro.
Alfonso Gumucio Reyes, comenzó seleccionando los mejores profesionales en diferentes especialidades que podía conseguir, donde quiera que ellos se encontrarán, en cierta ocasión el comentó que el éxito de sus proyectos era porque buscaba los “loquitos” para cada tema, un grupo selecto de ingenieros civiles para las carreteras, uno de ellos Jaime Balcazar, otro Luís Barrón del Castillo, que hizo el desarrollo lechero con las PILES, otro el Ing. Raúl Vivado que fue el coordinador de los proyectos del denominado Punto Cuarto, programa de cooperación a USA, en la fase operativa de los proyectos planteados por el Plan Bohan.
Sesenta años más tarde uno puede apreciar que las bases que formuló el Plan Bohan han significado una verdadera transformación del país; la economía del departamento de Santa Cruz, que en 1950 representaba el 6 por ciento de la producción boliviana y tenía una población de 417.000 habitantes hoy Santa Cruz, producto de la marcha hacia el Oriente tiene una población de 1.343.727 con 822.287 habitantes en la capital, y su aporte a las exportaciones agropecuarias fue de US$ 2.046 millones el 2013, sobre un total de US$ 12.200 millones, un 16,7 por ciento, una clara respuesta de lo que fue la propuesta de dicho Plan.
Se puede concluir que el Plan Bohan fue uno de las propuestas más extraordinarias en la Historia de nuestro país, cuya aplicación sentó las bases de lo que es hoy Bolivia.

Recomendaciones El Plan Bohan constituye un ejemplo de política pública, continuada por diferentes gobiernos, y con objetivos de desarrollo de largo plazo. Este es el tipo de proyectos que los gobernantes debían diseñar e implementar al margen de cualquier condicionamiento político, tomando en cuenta como criterios fundamentales la generación de capacidad productiva sostenible y el mejoramiento, también sostenible, de las condiciones de vida de la población.

MASACRE DE COSMINI Y AYO AYO



Dr. Antonio Dubravcic Luksic/ Socio de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre / Socio correspondiente de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz

La guerra federal, coincide con el paso entre dos siglos, representó un cambio radical del eje de poder político, social y económico, aunque no determinó un cambio en la estructura de quienes lo detentaban. Coincidió también con uno de los momentos más difíciles de la relación entre la élite urbana y las masas indias.

Varios factores explican la confrontación que en los hechos fue una guerra civil. Por el desgaste de los gobiernos conservadores tras casi 20 años de administración, a ello se sumó la popularidad creciente de los liberales, que estaban cansados de esperar una transmisión pacífica en el mando de la nación y por que habían sufrido más de una vez la manipulación de los resultados electorales en manos de los conservadores. Finalmente la realidad socioeconómica de Bolivia mostraba un desequilibrio de los centros de decisión. 
La Paz fue durante todo el siglo XIX la primera ciudad de Bolivia y frecuentemente sede de los gobiernos nacionales (comenzando por el Mariscal Andrés de Santa Cruz). Su dinámica como ciudad se vería muy pronto respaldada por el nacimiento de la economía del estaño que desplazó el eje Potosí - Sucre al eje Oruro - La Paz. La caída de la plata trajo consigo el debilitamiento de la influencia de los viejos caudillos conservadores: Arce, Pacheco y sus colaboradores más allegados.

A este contexto debe sumarse la presión por el establecimiento de un país federal que tuvo algunos antecedentes destacados, como las ideas de Lucas Mendoza de la Tapia en Cochabamba a mediados de siglo, el movimiento de los igualitarios de Ibáñez en Santa Cruz (1874-1876) y las varias propuestas de llevar el gobierno a La Paz realizadas por los paceños en el período conservador. 
La realidad sin embargo era otra, el federalismo fue una bandera coyuntural mediante la cual se inflamó el sentimiento regionalista del poderoso departamento de La Paz para justificar la rebelión, aunque no es menos cierto que algunos de sus propugnadores creían genuinamente que el federalismo era la mejor solución para Bolivia.

En la sesión del 13 de noviembre, el parlamentario Abel Iturralde argumentó: “La Paz no acepta otro trato que no sea el que le corresponde por sus condiciones económicas y comerciales, y por el tamaño de su actividad. De nada nos sirve el llamado gobierno central, a cuya acción benéfica estamos dispuestos a renunciar en aras de un cuerpo autónomo con leyes propias que mejor se adapten a nuestros fines”. En la sesión del 15 del mismo mes, la Bancada paceña en pleno presentó el Proyecto de Ley Federal, donde Bolivia cambiaria el nombra a “Unión Federal Boliviana”.

El Senador por Chuquisaca Cnel. José Manuel Pando, protagonista central de esta historia, dijo: “Aunque sea cruel, las grandes paginas de la humanidad han sido escrita por las puntas de las bayonetas”. Era el líder del partido Liberal y miembro de la Junta Federal Paceña. Sabedor de la simpatía por la causa federal en la Nación, con astucia diseñó la consigna federalista.
El ejército boliviano decidió destituir a todos los jefes y oficiales paceños. Lo mismo se hizo en la administración pública. Se Habló de un escarmiento “a los separatistas paceños”.

El estallido formal de problema se dio el 18 de noviembre de 1898 cuando el congreso reunido en Sucre después de un áspero debate proclamó la ley de radicatoria que exigía al Presidente su presencia permanente en la capital de la República, precisamente como respuesta a la exigencia paceña. La brigada de La Paz que había pedido sin éxito la reunión de un congreso en un punto “neutral”, Cochabamba, para discutir el tema sin presiones, decidió abandonar la ciudad de Sucre en señal de protesta. Fue el rompimiento de lanzas entre el norte y el sur. En el Ínterin, el 6 de noviembre de 1898 un gran mitin reunido en la plaza de armas paceña, exigió el federalismo y el 14 se creó un comité federal presidido por el jefe de los liberales José Manuel Pando, quien irónicamente como senador por Chuquisaca votó a favor de la aprobación de la ley de radicatoria.

El 12 de diciembre se formó en La Paz una junta federal de gobierno, integrada por José Manuel Pando, Serapio Reyes Ortiz y Macario Pinilla que había renunciado al ministerio de Instrucción del gobierno de Alonso. La declaratoria de guerra estaba hecha 
Alonso, a pesar de su postura contraria a la ley que promulgó a regañadientes y de su posición conciliatoria, no tuvo más remedio que ponerse a la cabeza de ejército del sur y marchar a Oruro, donde llegó el 15 de diciembre de 1898.

El escenario de la guerra civil se enmarcó básicamente en los departamentos de La Paz y Oruro y algunas provincias de Potosí y Cochabamba. Aquí hay que detenerse en la decisión de Pando de aliarse con los indios aimaras de la región. El pacto entre Pando y Pablo Zárate Willka, marcó un hecho sin precedentes en la historia republicana. La alianza estuvo probablemente sazonada por compromisos reivindicatorios para los indios que habían sido sistemáticamente despojados, como consecuencia de la legislación de 1880, pero estaba claro que respondía a un interés específico y militar por parte de Pando. 

Entre enero y abril de 1899 se desataron acciones con la presencia de masivos contingentes indígenas, fueron decisivos para el triunfo de los federales. En las provincias Inquisivi, Aroma, Carangas, Chayanta, Tapacarí y Ayopaya, hicieron un cerco con bloqueos y ataques que diezmaron el ejército de Alonso.

El ejército constitucional mejor equipado que el federal, desaprovechó a principios de enero de 1899 la oportunidad de atacar La Paz antes de la llegada de un contingente de armas y pertrechos negociados en Lima por Claudio Pinilla, quien tras renunciar a su cargo de embajador se transformó en gestor de los federales y adquirió 1.500 rifles Mannlincher, 500 carabinas Winchester, medio millón de proyectiles y 1.200 uniformes.

PRIMER CRUCERO - MASACRE DE AYO AYO

El 24 de enero de 1899 en Cosmini, Pando gran estratega militar, derrotó a Alonso en la llamada batalla del primer crucero (en Chacoma donde cruzan los caminos a Luribay y a Ayo ayo), 250 efectivos de los batallones Abaroa y Vanguardia avistaron un convoy constitucional con pertrechos del batallón 25 de Mayo y el Escuadrón Sucre, que se dirigían al encuentro de las tropas leales, fueron interceptados por “las tropas de Pando y una numerosa indiada”. El intercambio de disparos concluyó con la violenta explosión de un carro cargado de munición que precipitó la fuga y derrota de los alonsistas. 

Los heridos en el combate de Cosmini se quedaron en Ayo Ayo. Al atardecer, más de un centenar de comunaríos rodearon el pueblo, tomaron la plaza principal y el hostigamiento a los heridos que se encontraron refugiados en el templo.

El pueblo de Ayo Ayo parecía tranquilo, de pronto comenzó el alarido de los pututus de los federalistas de Willca, destruyeron y saquearon todo lo que encontraban a su paso. Incluso rompieron la puerta del templo, masacrando a sus ocupantes. El cura Fernández de Córdoba salió al atrio con un crucifijo pidiendo en nombre de Dios la paz. Los indios llevaron al cura hasta la plaza y allí le amputaron una pierna, le cortaron el pecho, le arrancaron el corazón y se lo comieron.

Los curas José Rodríguez y José Gomes sacados también de la iglesia fueron picados a machetazos. ¡Tres curas muertos! 
Cuando todo terminó el templo parecía un matadero y el pueblo un cementerio. 
Melitón Sanjinez, herido en una pierna, recibió, en pleno rostro, la punta de una picota. Murió instantáneamente. Félix Morales, en cambio, fue mutilado, le quitaron sus pies y sus manos. Luego lo remataron degollándolo. Víctor Betancour, Ismael Roncal, Eladio Fiengo y Eulogio Selvas, fueron colgados boca a bajo en las vigas del Templo de Ayo Ayo. Con cortes de cuchillo, fueron vaciados sus intestinos. Quedaron como animales faenados.

Al respecto el historiador Alfredo Jáuregui Rosquellas, relata el episodio de esta cruenta guerra fratricida de la siguiente manera: “Con rumbo al sur, en carretera desatentada y confusión inmensa, cual correspondía a la inmensa significación del desastre, atravesaban la llanura los vencidos, los heridos, los salvados que al encontrar asilo, que creyeron seguro, en la casa de Dios, en el pueblo de Ayo-Ayo iban a hallar el ara del martirio siendo sacrificados en forma infernalmente bárbara, diabólicamente horrorosa, crispantes por su saña y refinamiento de crueldad. Y allí a la luz crepitante del incendio y al rumor tumultuoso de la muchedumbre alcoholizada y excitada por el vaso de la primera sangre vertida, fueron descuartizados, desmembrados, quemados clavados a los muros, degollados como bestias de sacrificio 27 jóvenes del escuadrón simbólico, que pagaron con la flor de su vida en el error de un ideal extraviado en el tortuoso camino del mas engaño”.

LA MASACRE DE MOHOZA

Pero el hecho más estremecedor de la guerra federal se produjo en Mohoza y no tuvo que ver con el enfrentamiento entre federales y constitucionales. El escuadrón Pando de los federales llegó al pueblo de Mohoza bajo el mando de Arturo Eguino. Los abusos y excesos de los oficiales contra los pobladores dieron pie a la intervención de una hueste indígena comandada por el caudillo Lorenzo Ramírez. Tras rodear a los militares a la salida de Mohoza, Ramírez logró de manera increíble desarmar a la tropa. Los soldados fueron invitados a comer y a beber con los indígenas. Se les pidió dejar sus armas como señal de paz y confraternización. Los soldados accedieron ingenuamente. Ya en la noche en el templo de la localidad, al igual que en Ayo Ayo. En la madrugada del 1ro de marzo los 130 efectivos del escuadrón Pando fueron vejados, torturados y asesinados salvajemente en uno de los episodios más horrorosos de toda nuestra historia.

SEGUNDO CRUCERO
El 10 de abril de 1899 en las inmediaciones de Paria (Oruro) se produjo la batalla decisiva llamada del segundo crucero (por haberse desarrollado en el llamado crucero de Copacabana donde se juntaban y hacían cruz los caminos hacia Lequepalca y hacia Caracollo). Con la presencia de las fuerzas indígenas de Zarate Willka, el ejército de Pando (1.820 efectivos y un cañón denominado "Walaycho") enfrentó al ejército de Alonso comandado militarmente por el Gral. Julián María López (1.966 efectivos con seis cañones y cuatro ametralladoras). 

Los indios protegieron a los federales y provocaron el primer ataque de un escuadrón de a caballo que abrió fuego. En más de cuatro horas de enfrentamiento sin cuartel, en el que se destacaron con virulentos ataques el batallón Murillo de Pando y en la defensa desesperada el batallón Alonso de los constitucionales, los federales derrotaron definitivamente a las fuerzas del sur. Casi 4000 combatientes protagonizaron la batalla que dejó un saldo de cerca a 1.000 víctimas entre muertos y heridos. 

El Ejercito Federal se vio en serias dificultadas al comienzo; en especial con los cañones y ametralladoras que manejaban los mercenarios comandados por el chileno Anabalón. En un grave error el Escuadrón Alonso avanzo imprudentemente y se mezclo en lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo, anulando la acción de las ametralladoras que habían parado de disparar para no matar a sus propios colegas. La muerte del mercenario argentino, Coronel Campos, fue determinante también en desorden de la artillería de Fernández. Los Federales comenzaron a tomar control de la contienda, ayudados por la defección de los escuadrones Sucre y el Aroma. Pando luchaba con éxito en primera línea. Finalmente El ejército Federal había ganado la batalla y la guerra.

Los sobrevivientes del Ejercito Constitucional huyeron a Oruro, con la idea de rehacerse y resistir. A las 8 de la noche entraron en Oruro, Alonso entro al palacio e hizo tocar llamada, pero más de 1.500 bajas entre muertos y heridos era demasiado. Aconsejado por su gente huyo a Chile en ferrocarril; en compañía de su esposa, no sin antes dejar orden a su banquero para entregar 15.000 bolivianos para atender a los heridos. Firmo también el último decreto, traspasando el Mando a Rafael Peña. Como se puede apreciar fácilmente, en el trasfondo de esta guerra estuvo el movimiento indígena que se independizó muy pronto del control de los federales para actuar por cuenta propia


Como se puede apreciar fácilmente, en el trasfondo de esta guerra estuvo el movimiento indígena que se independizó muy pronto del control de los federales para actuar por cuenta propia. Zarate Willka, bautizado “el temible” por la prensa, buscó un gran levantamiento del altiplano y valles que reivindicara a los indios y organizara una nueva sociedad. Si bien los objetivos no están claramente explicados, el reclamo secular agudizado por los abusos de las dos últimas décadas a partir de las leyes de ex vinculación, llevaron las cosas al punto de la explosión. Si Pando usó a Willka y sus huestes, éste aprovechó la alianza para desplegar un poder que en condiciones normales no habría podido organizar nunca. Las acciones indígenas contra tropas federales pusieron en alerta a la junta y se inicio la represión. Los hechos de Ayo Ayo, Mohoza, la insurrección de Peñas, la amenaza de un cerco sobre Oruro en febrero y marzo de 1899 y las acciones de sublevación en más de una veintena de localidades en tres departamentos del país

Para la guerra federal en 1898, Pando hizo esta promesa formal al Cacique Pablo Zárate Willka, jefe de los indios aymaras:
"... Willka -le dijo- te doy el grado de Coronel; levanta al indio; destruye al blanco del Sud, (al blanco alonsista). Cuando derrotemos al Ejército Constitucional, yo seré Presidente y tu serás el Segundo Presidente de Bolivia. Y devolveremos la tierra al indio; la tierra que le ha arrebatado el Gral. Melgarejo".
En consecuencia el líder comunero al ingresar a la guerra exigio:
Liberación de los colonos. 
Participación de los quechuas y de los aymaras en el gobierno. 
Devolución de las tierras comunales.

Pablo Zárate “Willka”, recibió la propuesta de José Manuel Pando mediante la esposa de este, Carmen Guarachi oriunda de Sica Sica. Esta intermediaria hizo la ofrenda de coca a la Pachamama y convenció a los indios de las provincias Omasuyos, Pacajes, Sica Sica e Iquisivi para iniciar el hostigamiento a los Conservadores.
El temible Willka entonces, organizó y dirigió al Ejército Aymara, que fue un conjunto de pequeñas unidades con poderosas masas humanas Quechua y aymaras. 

El Temible Willka había demostrado valor, don de mando y dureza en acciones verdaderamente exitosas comandando a miles y miles de indios. El 22 de Abril de 1899, Zarate y su estado mayor fueron hechos prisioneros en Sicasica, con lo que se desbarató la cabeza del movimiento que fue reprimido y disuelto sin contemplaciones. Así se cerró uno de los momentos más dramáticos del enfrentamiento entre la elite de poder y la mayoría aimara y quechua del país.
El 12 de abril Pando entró triunfal a Oruro acompañado de Pablo Zarate, en medio de una impresionante multitud en la que se mezcló su ejército con los hombres del caudillo indio.

Al día siguiente el Cnel. Pando envió un telegrama a la Junta Federal informando los pormenores de la batalla y su sangrienta victoria. Hemos tenido muchas bajas, las bajas del enemigo son mayores y el triunfo completo y definitivo. Sírvanse manifestar al pueblo de La Paz que se han cumplido los compromisos contraídos el 16 de diciembre de 1898. Para los sucrenses la perdida de la capital era peor que perder el pacifico.

El 14 de abril, la Junta de Gobierno decreto: Articulo Primero.- La ciudad de La Paz es la Capital de la República. Artículo Segundo.- El próximo 6 de agosto se reunirán en esta ciudad las altas corporaciones judicial y administrativa, con el mismo personal que actualmente funciona. Firmado por Serapio Reyes Ortiz y Macario Pinilla.
Pando no pensaba igual. Respondió en un telegrama: “Expedir decreto de cambio de la Capital de la República, seria declarar otra guerra civil. (…) Declinó el honor de ser parte de la Junta de Gobierno. Soy jefe del Partido Liberal que me impuso deberes”. Esta respuesta hizo crisis en el mando paceño y disolvió la Junta Federal. En ese momento La Guerra Federal, se trasformo en la Revolución Liberal. O la Guerra federalista trucha.

La crisis entre paceñistas y Pando se resolvió con el acuerdo de convocar a una Convención en Oruro para: reconstituir los poderes públicos, tratar tema Federal y la localización de la capital.
El 20 de octubre de 1899 se reunió La Convención Nacional. Luego de casi 2 horas de deliberaciones, Pando fue elegido Presidente. Debatió entre otros dos importantes tema: 1) El asunto de la capital, el mismo que después del debate fue archivado, por no existir consenso. 2) El federalismo, este tema fue de amplio y acalorados debates. No pudiendo ponerse de acuerdo y estando parejas las fuerzas, se decide por la votación, la cual dio un empate (El 100% de la representación cruceña voto por el federalismo).Tocaba Pando como Presidente dirimir el la paridad. Pando vota en contra. El federalismo también es archivado... “para una nueva legislatura”.

¡Este fue el grandioso final de la guerra Federal trucha!

HOMENAJE A LOS CAÍDOS EN COSMINI Y AYO AYO

El monumento levantado en el Cementerio General de Sucre en homenaje a los 27 héroes de la batalla de Cosmini – Ayo – Ayo es una obra magnífica que invita a la reflexión, cómo valientes chuquisaqueños entregaron sus vidas por la reivindicación de los derechos de la tierra que los vio nacer. 
Se desconoce el nombre del autor de esta obra, lo que si se sabe es que fue traída de Europa. Erigida posiblemente entre los años 1907 – 1908 por gestión del Comité Patriótico Chuquisaqueño en memoria de los caídos en Ayo – Ayo el 24 de enero de 1899 que lucharon por evitar el traslado de los Poderes Ejecutivo y Legislativo de Sucre a La Paz.

BIBLIOGRAFIA
Querejazu C.Roberto “La mal llamada Guerra Federal”.
Velásquez A Julio César. “Acerca de la capitalidad de la República de Bolivia”.
Rodríguez F Alberto. Documentos para la Historia de la Guerra Civil 1898-1899. H. Alcaldia Municipal de Sucre 1999
Ponce S Carlos; Montaño D. Ana María. “La Revolución Federal de 1898-1899”.
Loayza Joaquín: “Agua del Inisterio” Número Cuatro. Publicación de Fundación Cultural de Mutual La Plata
Roca José Luis: “Fernández Alonso Severo” Diccionario Histórico de Bolivia Edit. Túpac Katari Sucre 2002
Condarco Morales Ramiro “La Guerra Federal” Cimientos de Chuquisaca Soboce La Paz 2001
Loayza Joaquín;”Los derechos de la Capital de Bolivia como asiento de los órganos del poder publico de Bolivia” http://sucrecapitalidadplena.blogspot.com/
Sánchez S, Gonzalo “Breve historia de la Guerra Civil (1898-1899) http://sucrecapitalidadplena.blogspot.com/ 
Limpias F. Javier ¿Guerra Federal?www.portalchuquisaca.8m.com


LA REVOLUCIÓN DE 1809 ESTALLÓ A LAS 19.00 EN PLENA PROCESIÓN RELIGIOSA



Extracto del Periódico La Razón / Publicado el 16 de julio de 2012

Había pasado casi tres décadas del cerco indígena que lideró Túpac Katari en 1781, cuatro años después del primer intento revolucionario de 1805 en el Alto Perú y sólo 22 días del grito revolucionario en Sucre.

La noche del 15 de julio de 1809, Pedro Domingo Murillo reunió a todos los revolucionarios en su casa de la calle Jaén. Fue la última junta en la que se definieron los detalles para el ataque al cuartel general de La Paz y el Cabildo, según cuenta el libro La Paz revolucionaria, un paseo por la historia de la ciudad 1809-1825, de la Alcaldía paceña.

La mañana del 16 de julio, la población (unas 11 mil personas) se alistaba para la procesión de la Virgen del Carmen y, según datos e investigación de la comunicadora e historiadora Lupe Cajías, en esas horas hubo novenas con rezos de rosarios y cantos de beatas. Un día antes, las cófrades habían renovado el ajuar en el templo, hoy Catedral Metropolitana. Mientras, a una cuadra de la plaza de Armas, hoy plaza Murillo, en la antigua calle La Merced, hoy iglesia del mismo nombre, los revolucionarios se agruparon para iniciar la embestida al cuartel ubicado en lo que hoy es el Museo de la Academia Boliviana de Historia Militar.

En un billar. Los patriotas estaban reunidos en un billar de las calles Colón y Comercio (propiedad de Mariano Graneros). En tanto, unos 200 hombres esperaban órdenes en la plaza Caja de Agua, hoy Riosinho, señala el libro mencionado.

Graneros estaba identificado con la causa y era conocido por sus amigos como Ch’allatejeta, que en aymara significa “relleno de arena”; su sobrenombre describiría su gordura.

Citando al historiador Alberto Crespo, Cajías señala que ese 16 de julio de 1809 el cielo paceño estaba límpido y sin nubarrones, y de manera gradual empezó la procesión de la Virgen del Carmen a la cabeza del obispo Remigio La Santa y Ortega.

Casi simultáneamente, las campanas empezaron a repicar, que no era raro por la hora vespertina. Hasta que Ch’allatejeta, junto a un grupo de revolucionarios, salió del billar y se abalanzó hasta la plaza de Armas, según Cajías, a los gritos de “¡viva la libertad!”, ¡viva La Paz!” y “¡vamos todos!”, como santo y seña de la revolución contra los españoles.

La toma. Según el texto La Paz revolucionaria, el cuartel de veteranos, donde hoy está la Academia de Historia Militar al lado del cine plaza, fue el primer sitio de la corona española tomada por los revolucionarios julianos.

Para apoderarse de estas instalaciones, los rebeldes que seguían al revolucionario Juan Pedro Indaburo invitaron a los centinelas a beber en los boliches que se encontraban cerca de la puerta del cuartel y los entretenían con repetitivos “¡viva Fernando VII!”, a cuya señal, cada vez más ebrios respondían: “¡viva..! ¡viva..!”. 

Mientras, otro grupo se acercó al centinela; éste, como no tenía opción de disparar su arma, sacó su bayoneta, con la que de un tremendo golpe derribó al revolucionario Melchor Jiménez, pero éste llevaba en el pecho un cuero de vaca curtido que le servía de armazón y así no fue herido. 

Una vez sometido el guardia, ingresaron al patio e iniciaron fuego de la fusilería, y aunque quedaron heridos por ambas partes, apresaron a todo realista que se hallaba dentro. “Todo sucedió aproximadamente a las 19.00 de ese 16 de julio de 1809”, añade Randy Chávez, de la Unidad de Patrimonio Inmaterial e Investigación Cultural.

A esa hora las campanas empezaron a repicar con más fuerza. Había un tumulto en la plaza principal. Cajías agrega en el documento: “el obispo La Santa intentó primero ir hasta la Catedral para hacer callar las campanas y más tarde contaría: ‘encontré defendidas las torres por una porción de hombres armados con fusil y bayoneta, los cuales me respondieron ¡No cesarán las campanas, porque para esto estamos aquí!’”.

La victoria fue rápida y en el tumulto el revolucionario Juan Cordero, después de vencer a los guardias del cuartel, se puso el sombrero y las cartucheras del jefe de guardias español, y emocionado salió al balcón gritando “¡ya está todo consumado, no hay novedad…!”, pero fue confundido y recibió un tiro que le perforó el pecho y lo mató de inmediato, relata Carlos Ponce Sanjinés en su libro Documentos para la Historia de la Revolución de 1809.

Murillo. De acuerdo con Cajías, Pedro Domingo Murillo no estuvo en el cabildo, permaneció en las orillas de la ciudad organizando a las compañías de infantería y caballería, además de preparar la defensa.

Esa larga noche del 16 de julio, la plaza de Armas de la ciudad permaneció llena, habiendo cesado el tradicional toque de arrebato de las 22.00. Se encendieron fogatas que se hacían con las esteras (tarimas) de los puestos de las revendonas (vendedoras de fruta y verdura), de las que no quedó ni una sin quemar. 

El libro La Paz revolucionaria sostiene que la madrugada del 17 de julio de 1809, las salidas de la plaza fueron ocupadas por la artillería y, por orden de Murillo, frente al Cabildo se construyeron horcas, con el objetivo de obligar a jurar a los realistas.

Desde esta instancia salieron Gregorio Lanza y Juan Bautista Sagárnaga a la plaza Mayor, donde los españoles se encontraban reunidos, traídos obligatoriamente para jurar fidelidad al nuevo gobierno, donde después de apoyar los dedos en señal de juramento y para formar la cruz, el que hacía jurar decía: “¿Jura usted a Dios y a esta señal de cruz hacer perpetua alianza con los americanos de esta ciudad, y no intentar cosa alguna contra ellos, y defender la religión y la patria?”. Y el que recibía el juramento respondía: “Sí, juro”. Y entonces le respondía: “Si así lo cumple usted, Dios le ayudará”.

Posteriormente, Pedro Domingo Murillo fue nombrado presidente y jefe de armas. La nueva Junta de Gobierno lanzó su proclama al pueblo de La Paz, animándole a sostener la independencia para cuyo fin pedía el concurso de todo el pueblo.

Murillo, y otros revolucionarios, moriría ahorcado el 29 de enero de 1810 no sin antes pronunciar la frase “La tea que dejo encendida, ¡nadie la apagará!”.



LA MASACRE DE UNCÍA

Uncia de antaño.

Extracto de: Llallagua Historia de una Montana - Roberto Querejazu Calvo. 

La revolución se produjo el 12 de julio de 1920 poniendo término a dos décadas de prepotencia del Partido Liberal. Fue el fin de una era política y el comienzo de otra. Cayó el régimen liberal como consecuencia de la labor de zapa del Partido Republicano, las repercusiones en Bolivia de una recesión económica mundial provocada por la guerra de 1914 a 1918, la vigencia de nuevas ideas políticas y sociales, la intranquilidad laboral y la débil personalidad del presidente José Gutiérrez Guerra. 
Las cartas de Arturo Loaiza a Simón I. Patiño, desde Antofagasta, dieron los siguientes detalles del acontecimiento: (24 de julio de 1920) "Dicen que el alma del golpe en La Paz fue un teniente coronel Fernández. Fue quien comprometió a algunos jefes y muchos oficiales y quien en compañía de un mayor Peña y otros tomó los cuarteles, algunos de ellos engañosamente, asegurando que el presidente había muerto y era necesario resguardar el orden". 
"Tomados los cuarteles y muerto el intendente de policía Cusicanqui, de quien se asegura fue asesinado en su casa la madrugada del lunes 12, la resistencia fue mínima y la ciudad quedó en poder de los revolucionarios rápidamente. De Guaqui llegó el escuadrón Abaroa y de Viacha la artillería, que se plegaron a la revolución". 
"Ha favorecido mucho para el golpe el abandono del presidente y sus ministros. Puede decirse que no había administración en los últimos tiempos. Todo andaba al impulso de los años anteriores. El país estaba cansado de un gobierno inepto. La salud del presidente, por un lado, y por otro la vida que hacía, entregado al juego y la bebida, disgustaban al país". 
"En Oruro, un cuarto de hora antes de las seis de la madrugada, sentimos en casa pasar el cuerpo de línea, al son de su banda de música, dando vivas al Partido Republicano. El cuartel fue tomado por unos 40 individuos al mando del capitán Defilipis y dos tenientes. De allí fueron a tomar la prefectura. El prefecto Ascarrunz logró fugar momentos antes y asilarse en el Consulado de Chile. Doce soldados y un comisionado vinieron a casa a apresarme. Fui conducido a la prefectura donde estuve dos días. Otros presos en Oruro fueron el doctor Antezana, los ministros Ochávez y Añez. Los primeros días fueron de mucha ansiedad por el temor de que la chusma republicana se entregara a todo género de abusos. Por suerte el señor Hernando Siles, que asumió las funciones de prefecto, dictó medidas enérgicas que contuvieron la euforia de los vencedores y tranquilizaron a la población". 
"Fui desterrado a insistencia del señor Canelas, que con Siles y Defilipis, formaban la junta local de gobierno. Gracias a la influencia de nuestro cajero en Uncía, René Urdininea; que estaba mezclado en la revolución, se logró que se revoque la orden de prisión de Máximo Nava". 
"Gutiérrez Guerra dimitió. Los revolucionarios apenas si dieron importancia al hecho. Lo dejaron a Gutiérrez Guerra en su propiedad de Obrajes, donde se encontraba desde días antes. El ministro americano fue a ofrecerle asilo en su legación. Allí es que le enviaron una comisión ridícula, compuesta de un jovenzuelo Max Bustillos, cuñado de don 
Bautista Saavedra, y cuatro tenientes, para pedirle la dimisión que el señor Gutiérrez Guerra se apresuró a firmar". En el folleto de la época "La verdadera crónica de la revolución" se encuentran los siguientes detalles: A las tres de la tarde el día de la revuelta el señor Max Bustillos, el capitán Máximo Ovando y otros nueve oficiales, buscaron al presidente Gutiérrez Guerra, primero en su casa de Obrajes y luego en la Legación de los Estados Unidos. Encontraron al mandatario en el despacho del ministro norteamericano, recostado en un sofá, cubierto con una colcha de vicuña, en actitud triste y con el espíritu agobiado. Al ver entrar a los comisionados se levantó y les tendió la mano. Bustillos le dijo en tono muy cortés: "Habiendo estallado hoy al mediodía un movimiento revolucionario a favor del Partido Republicano, se hace necesario que usted renuncie a la Presidencia de la República, acatando la soberanía del pueblo y del ejército, en homenaje a la paz pública... Yo vengo en nombre del señor Bautista Saavedra a requerirle que firme este pliego renunciando a su puesto". El capitán Ovando, que tenía el documento, avanzó unos pasos con aire marcial y se lo entregó a Gutiérrez Guerra. Este se colocó trabajosamente los anteojos y luego de leerlo declaró: "No puedo firmarlo porque no estoy de acuerdo con su texto literal". ¿"Por qué no está usted conforme"? -preguntó Bustillos-. "Mis objeciones sólo son de forma" -repuso Gutiérrez Guerra-. "Nada más sencillo" -replicó aquél- "sírvase especificar en qué términos quiere dimitir". El presidente se encaminó con lentitud al escritorio del diplomático norteamericano y escribió en hoja de papel que éste le alcanzó: "En vista del movimiento político producido, que ha alterado el orden constitucional, formulo dimisión del cargo de presidente de la nación que me fue confiado por el pueblo. La Paz. Legación de los Estados Unidos, julio 12 de 1920". El capitán Ovando le dio la mano y le dijo: "Lo felicito cordialmente, señor, y aplaudo su conducta, pues salva usted a la Patria y evita que se derrame sangre. En nombre del ejército le doy mis parabienes, haciendo votos por su tranquilidad personal". 
En la carta de Loaiza a Patiño se dan estas otras noticias: "En nuestra empresa no ocurrió nada que pudiera lamentarse. Los trabajos continuaron normalmente. A mi llegada a Antofagasta me encontré con la noticia del asesinato del señor Nava. La noticia era brutalmente lacónica: lo han asesinado, nada más. Pasé días de gran angustia. Por suerte el cónsul inglés en Oruro, señor Gray, consiguió hacerme llegar por medio del ferrocarril Antofagasta - Bolivia un desmentido categórico y la seguridad de que en las empresas reinaba el más perfecto orden".
"Se asegura que la revolución fue financiada con el concurso de don Avelino Aramayo, con 65.000 bolivianos, de don José María Escalier, con 25.000 y de la señora Soux que habría acuotado 100.000 bolivianos. Todas estas sumas las habría llevado de Potosí a La Paz el vicario señor Garret. Algunos militares que se mezclaron en el golpe han sido pagados con largueza. Fernández que fue el alma de la revolución habría recibido 100.000 bolivianos, y sumas menores los demás". 
(11 de agosto de 1920) "Sigue el orden inalterado en nuestras empresas. Los obreros de Uncía, en forma pacífica, han hecho un pedido de aumento general de jornales. El señor Nava, apreciando las circunstancias por las que atraviesa el país y que la carestía de la vida viene acentuándose de día en día, ha accedido a un aumento de 30 centavos, dando satisfacción a tal pedido. Este aumento significa un fuerte gasto para la empresa, pero no era posible mantener las cosas como antes. He oído a usted en varias ocasiones que debemos prever antes que reprimir. Es con este criterio que ha procedido el señor Nava, que está en autos del pensamiento de usted". 
"En Huanuni la gente hizo un pedido similar. Hemos autorizado el aumento de 20 centavos, instruyendo que se explique a los trabajadores los sacrificios que continuamos haciendo para mantener la empresa en trabajo, pese a las pérdidas que arroja". 
El directorio de la "Compañía Estañífera de Llallagua", desde Santiago, al saber la intranquilidad que desde tiempo atrás existía entre sus obreros, autorizó un aumento del 20 por ciento en los jornales de la mina y el ingenio. El administrador Emilio Díaz creyó conveniente demorar la aplicación de tal medida. El 13 de agosto los trabajadores de la compañía chilena se declararon en huelga, reclamando, entre otras cosas, contra la forma despótica en que eran tratados por sus superiores. Marcharon en actitud agresiva sobre el ingenio de Catavi. La fuerza militar que se encontraba en la zona desde la revolución de un mes antes, logró rechazarlos. La masa obrera se dirigió a Siglo XX y asaltó la pulpería. Se produjeron choques entre soldados y trabajadores. Hubo varios muertos y heridos. 
El conflicto de Llallagua coincidió con otros movimientos obreros en San José, Socavón de la Virgen y La Tetilla, de Oruro, y otras minas de Corocoro y Oploca, en su mayoría chilenas. Todos ellos fueron sofocados con intervención de la fuerza pública. El Partido Republicano, ahora en el gobierno, se veía en la contradictoria posición de tener que reprimir por la fuerza la agitación obrera que los años anteriores había fomentado en su política de oposición al régimen liberal.
En junio de 1921 Uncía celebró el acontecimiento más importante de su historia: la inauguración del ferrocarril Machacamarca - Uncía, cuya construcción iniciara Simón I. Patiño en 1914. Hubo regocijo público, que culminó con un gran baile ofrecido por el subprefecto de la provincia, a un costo de 4.500 bolivianos que eventualmente tuvieron que ser pagados por la empresa Patiño. La única nota discordante la dieron miembros de la familia de Sergio Oporto, que lanzaron denuestos contra Simón I. Patiño en una de las ceremonias. 
Patiño había vuelto a Bolivia para participar en los festejos de estreno de su ferrocarril. Al recorrer el trayecto de 96 kilómetros desde Machacamarca hasta Uncía, sobre rieles, en pocas horas, dentro de un lujoso vagón especial, rodeado de amigos y autoridades, aplaudido como el héroe del día, recordó las muchas veces que hizo el mismo recorrido, en mula, en dos o tres días, solitario, castigado por un sol inclemente o por la nieve, el viento, la lluvia y el frío, hambriento, con el alma cargada de ansiedad y esperanzas. 
Simón I. Patiño aprovechó de su presencia de varios meses en Bolivia y de su paso por Chile para dar impulso a un plan secreto y de suma importancia, cuya ejecución había iniciado en 1914 y que todavía requería de mucho dinero, paciencia y tiempo: absorber a su poderosa vecina y rival, la empresa chilena "Compañía Estañífera de Llallagua". 
Era un plan en el que buscaba dar satisfacción a su patriotismo, desplazando la presencia chilena de la zona minera más rica de Bolivia. Un plan que podía redundar en grandes beneficios técnicos y económicos al poner la montaña de Llallagua bajo el control de un solo dueño. Un plan que significaría la consagración de sus ambiciones de minero al convertir al "iluso de la cumbre" en propietario de la mina de estaño más grande del mundo. 
Desde 1914 Patiño comenzó a hacer comprar secretamente, por intermedio de la firma inglesa Duncan Fox y del Banco Anglo Sudamericano, de Santiago, acciones de la empresa Llallagua. En diciembre de 1915 Duncan Fox tenía ya 137.000 títulos, que costaron 400.000 libras esterlinas. Con ello Duncan Fox adquirió el derecho de tener un representante en el seno del directorio. Asumió esta responsabilidad el propio gerente de Duncan Fox, Guillermo Arthur, que fue haciendo conocer a su mandante todo lo que ocurría dentro de la compañía chilena. De este modo Patiño conoció el texto de los informes de los ingenieros Koeberling, Carrol y otros, que se enviaron a Llallagua para investigar el futuro de las vetas o resolver problemas como el surgido en 1920, cuando al querer almacenarse más agua en el lago artificial de Lupi Lupi, se colocaron sacos de arena sobre el muro de contención, la presión del agua arrasó con ellos y causó destrozos en las ruedas Pelton recientemente instaladas. 
Igual cosa ocurría respecto de la "Compañía Minera y Agrícola de Oploca", de la que Patiño fue también haciendo comprar acciones por intermedio de Duncan Fox, Guillermo Arthur fue presidente del directorio de esta empresa chilena durante varios años. 
Para llegar al control absoluto de la compañía Llallagua Patiño necesitaba adquirir más de dos tercios de las 425.000 acciones en las que estaba dividido su capital. Hasta 1920 Duncan Fox tenía para Patiño 168.000 acciones y el Banco Anglo Sudamericano 60.000. Ninguna de estas dos firmas inglesas sabía que la otra estaba actuando para el mismo mandante. De esta manera Patiño era el único que conocía el monto total de sus títulos. En el público chileno las compras de Duncan Fox y el banco se atribuían a un "grupo de capitalistas ingleses" y ello ayudaba al prestigio de la empresa y la confianza de los inversores. Sin embargo, en 1922, algunos diarios de Santiago y Antofagasta lanzaron la alarma, comentando que Simón I. Patiño estaba acumulando acciones de Llallagua y que su intención era ganar el control y trasladar el directorio a Oruro. Como nadie contestase para negar y corroborar tales comentarios, el asunto fue olvidado con el pasar del tiempo. 
Durante su estancia en Bolivia en 1921 Patino puso punto final y definitivo al pleito de más de 20 años con Artigue y sus socios. Estos comprendieron la inutilidad de seguir gastando tiempo y dinero en una causa prácticamente perdida y aceptaron desistir de su acción a cambio de un pago de Patiño de 150.000 bolivianos, que éste entregó de inmediato. La judicatura boliviana había conocido pleitos entre mineros que en su tiempo fueron famosos y constituyeron tema de crudas polémicas de prensa y sabrosos comentarios en plazas, cantinas y hogares. Tales fueron, por ejemplo, el de José Avelino Aramayo con Mariano Ipiña por acciones de Huanchaca, el de los primos hermanos Gregorio Pacheco y Narciso Campero por la mina Guadalupe, el de Pastor Sainz con Rubén Diez de Medina y el de Pastor Sainz con su hermano Néstor Ballivián sobre derechos en la compañía Llallagua. Mas, ninguno fue tan largo como el Patiño - Artigue cuyo papeleo de dos décadas llegó a hinchar 12 volúmenes. 
* * *
Otra decisión que adoptó Simón I. Patiño en 1921 fue la de sustituir a su gerente Máximo Nava. 
Nava era el gran empírico, pero carecía de conocimientos completos para seguir manejando con buen éxito una mina que cada vez penetraba más profundamente en la montaña con la consiguiente agravación de los problemas de geología e ingeniería. Además, si llegaba a materializarse el plan de unificar los socavones, ingenios, plantas eléctricas y demás reparticiones de la "Compañía Minera La Salvadora" y de la "Compañía Estañífera de Llallagua" y se los ponía bajo la dirección de un solo cerebro éste tendría que poseer cualidades técnicas y administrativas excepcionales. 
Patiño no se sintió con el coraje suficiente para dar la noticia a su amigo en su mismo puesto. Lo invitó a viajar con él a Europa por una temporada de vacaciones. 
El último día de permanencia de Nava en París, Patiño le avisó que no volvería a la gerencia de Uncía. Le ofreció continuar a su servicio como asesor de la Oficina Central en Oruro o como gerente de la "Empresa de Luz y Fuerza" de Cochabamba. Nava le contestó con inquebrantable lealtad: -"Acato su resolución con el mayor agrado, como siempre". 
Para reemplazarlo Patiño instruyó a Arturo Loaiza que contratase los servicios del ingeniero holandés Francisco Blieck, que durante varios años había gerentado la empresa chilena "Compañía Minera de Oruro". Blieck firmó su contrato en diciembre de 1921 por una remuneración de 44.000 bolivianos anuales. Era el equivalente de lo que Nava percibía en sueldos y comisión sobre producción. En el contrato de Blieck se prefirió el sistema de sueldo fijo, suprimiéndose la bonificación relacionada con el número de quintales de barrilla producidos. Los sueldos de todos los empleados eran exclusivamente en moneda boliviana. 
Blieck acometió su tarea con gran energía. Introdujo rápidas mejoras, particularmente en el funcionamiento del ingenio. Por entonces la empresa Patiño tenía 24 concesiones con un total de 335 hectáreas en la montaña de Llallagua y 200 hectáreas adicionales con veneros y relaves en los ríos de las faldas: Katiti y Miraflores. Hasta 1914 la extracción de los minerales se había hecho por el Socavón Juan del Valle. Ese año se comenzó la construcción del Socavón Patiño, 383 metros debajo del anterior. Mediante un convenio con la "Compañía Estañífera de Llallagua" Patiño contribuyó a la apertura del Socavón Siglo XX, en la propiedad de esta empresa, en la parte más baja de la zona mineralizada de la montaña, a 250 metros del Socavón Patiño. Por allí se pudieron desaguar las galerías de las dos empresas. Se construyó un pozo artificial o chimenea central en 1921 desde la cumbre hasta el Socavón Siglo XX y con él se conectaron los túneles horizontales, a manera de las ramas de un árbol con el tronco principal. 
En 1922 la riqueza de la famosa veta Salvadora estaba ubicada entre la cumbre y el nivel 411, pero había generado la base del capital necesario para la expansión y mecanización alcanzada por toda la mina. Su mayor riqueza había sido entre los niveles 250 y 285. La veta estaba inexplotada más abajo de los 411 metros contados desde la cumbre. A esta altura su ley era todavía de 38 por ciento, pero su ancho de sólo 9 centímetros. En comparación la veta Victoria tenía una anchura de 80 centímetros y una ley de 12 por ciento. 
El Socavón Juan del Valle estaba conectado con el ingenio Miraflores por un andarivel de 3.000 metros y el Socavón Patiño por otro de 1.500 metros. 
Dentro de la mina trabajaban 1.100 personas. El jornal promedio era de 4.50 bolivianos. El ingenio tenía secciones de concentración, calcinación, separación magnética, fuerza motriz, secadores, maestranza, carpintería, laboratorio y almacenes. Beneficiaba 250 toneladas de mineral por día. En el pueblo de Uncía estaban las oficinas, casas de empleados, la pulpería, un hotel pequeño para huéspedes y el hospital con 50 camas, 3 médicos, un boticario y varios enfermeros y ayudantes. La empresa sostenía 3 escuelas primarias para los hijos de sus obreros. 
Desde 1909 hasta 1922 la empresa Patiño produjo 126.270 toneladas de barrilla, con una ley promedio de 65 por ciento, que dieron 82.000 toneladas de estaño fino refinado. 

* * *
El período de gobierno de Bautista Saavedra (1920 - 1925) fue de intensa agitación política. Los liberales no se resignaron a la pérdida del poder que habían detentado desde comienzos del siglo. En sus maniobras para quedarse con la presidencia después de la revolución de 1920 Saavedra provocó un cisma en su partido y una buena porción de sus amigos de ayer también se alineó en su contra. 
Saavedra buscó apoyo en la clase obrera, pero su acción resultó contradictoria. Mientras con una mano otorgaba beneficios con la otra reprimió duramente nuevas demandas sociales. 
Desde principios de 1923 los gremios de trabajadores de la "Compañía Estañífera de Llallagua" y de la "Compañía Minera La Salvadora" trataron de unirse en una sola entidad. El acta de fundación se firmó el 14 de mayo de ese mismo año en los siguientes términos: "En Uncía, capital de la Provincia Bustillo, del Departamento de Potosí, a horas 15:30, reunidos en gran comicio popular todos los elementos obreros de Uncía y Llallagua, en sus distintas agrupaciones gremiales, con objeto de solemnizar la gloriosa Fiesta del Trabajo, que marca la fecha de la emancipación social del proletariado, realizaron un desfile de honor que recorrió las principales calles de la población, concentrándose luego en la Plaza 6 de Agosto, donde por acuerdo unánime se resolvió fundar la Federación Obrera Central Uncía, con fines de patriotismo, lucha y solidaridad obrera. . . ". Guillermo Gamarra, de orientación marxista, de "La Salvadora", fue elegido presidente y Ernesto Fernández, sindicado de ser agitador comunista peruano, de la compañía Llallagua, recibió la designación de secretario general. 
El primer acuerdo de la federación, esa misma fecha, fue dirigir una "nota de protesta ante el Supremo Gobierno de la República contra el ciudadano chileno Emilio Díaz, gerente de la "Compañía Estañífera de Llallagua", por los incalificables abusos y atropellos cometidos frecuentemente contra obreros bolivianos". El 19 de mayo tres delegados de la federación viajaron a La Paz y presentaron un pliego al gobierno solicitando la aplicación de la Ley de Residencia contra Emilio Díaz para que abandonase el territorio boliviano, destitución de algunos serenos (considerados soplones y traidores), restitución a su puesto de siete trabajadores retirados del ingenio de la empresa extranjera y garantías para el funcionamiento de la organización. 
El gobierno de Bautista Saavedra no accedió al petitorio, pero envió a Uncía al fiscal del Distrito de Oruro, Nicanor Fernández, y luego al Ministro de Fomento y Comunicaciones, Alfredo Flores, para que buscasen un arreglo. La federación, acogiéndose al primer decreto de Saavedra de inspiración social, que reconoció el derecho de huelga, decidió suspender labores en el distrito y envió comisionados a varias ciudades para pedir el apoyo de otras entidades obreras. El 19 de junio el gobierno decretó estado de sitio explicando que "en ciertos centros de la república se habían presentado síntomas evidentes de una honda conmoción política que venía envolviendo a elementos obreros". Se concentraron en Uncía tropas de los regimientos Sucre, Ballivián, Camacho y del Batallón Técnico. 
El 4 de junio en la mañana se apresó en Uncía a los políticos Gregorio Vincenti y Melitón Leyton, al juez de partido Silverio Saravia y a los dirigentes laborales Guillermo Gamarra y Gumercindo Rivera. Se los cerró en una habitación de la subprefectura. El edificio fue guarnecido por el Batallón Técnico. Grupos de obreros y sus familiares se concentraron en la Plaza Alonso de Ibáñez, delante del local de la prefectura, y reclamaron la libertad de sus líderes. En la tarde llegaron al lugar Emilio Díaz y Francisco Blieck, acompañados de sus abogados, para conferenciar con el subprefecto interino teniente coronel José Villegas, los mayores José V. Ayoroa y Arturo Guillén y el intendente de policía Nicolás Sánchez. 
A las 17 salió la "punta" de trabajo que había entrado a las minas e ingenios en la mañana y aumentó la poblada concentrada en la plaza. 
Las autoridades pidieron a los dos dirigentes obreros presos que aconsejasen a sus compañeros a retirarse para evitar situaciones de hecho. Gamarra y Rivera salieron a la puerta de la subprefectura y arengaron a la gente agradeciendo su solidaridad, avisando que iban a ser llevados al Panóptico de La Paz y que era mejor que retornasen en paz a sus hogares. Lo que venía diciendo Rivera no fue del agrado del mayor Ayoroa, comandante del Batallón Técnico. Interrumpió su discurso ordenándole volver a su encierro. Sonó un disparo de revólver en la plaza. Ayoroa ordenó a sus soldados que disparasen al aire para ahuyentar a la multitud. Nadie se movió. Había cerrado la noche. La actitud de la muchedumbre se hizo más altiva. El mayor José V. Ayoroa se exasperó. En un informe posterior que él mismo envió a sus superiores (citado en el libro "La Masacre de Uncía" del dirigente Gumercindo Rivera) confesó: "Antes de vernos íntegramente perdidos vime obligado a hacer uso de mi ametralladora, muy a pesar mío, con el siguiente resultado: 4 muertos y 11 heridos. De estos últimos murieron 2 más poco después y, según los médicos, morirán 3 más. Los otros sanarán completamente, menos uno inutilizado porque se le amputó una pierna". 
Al ver que esta vez los disparos eran contra ellos y que caían varios, los demás obreros, mujeres y niños escaparon despavoridos. 
Los muertos en la plaza fueron Manuel L. Tapia, Daniel Palomino, Víctor Mendoza y Pablo Montaño. La esposa de Tapia recibió cuatro heridas que la dejaron inutilizada por el resto de su vida "sin que autoridades ni organizaciones obreras se preocupasen mayormente de su triste situación". 
En el curso de la noche un obrero que logró ingresar subrepticiamente a la plaza arrojó un cartucho de dinamita con la mecha encendida por una de las ventanas de la Subprefectura. La explosión causó gran susto entre autoridades, gerentes, abogados y presos, pero no ocasionó ningún daño personal. 
Al día siguiente los obreros desenterraron a sus compañeros muertos en la plaza, que habían sido colocados en una fosa común, y los depositaron en una capilla ardiente en el local de la "Sociedad Albina Patiño". El nuevo entierro se llevó a cabo el día 6 con acompañamiento de todo el pueblo de Uncía y los trabajadores de las dos empresas. 
En su informe al Congreso Bautista Saavedra declaró que los muertos en Uncía habían sido 4 y los heridos igual número. Dijo: "Las fuerzas del ejército fueron atacadas con dinamita y armas de fuego. En vano los jefes trataron de disuadir a los obreros de usar procedimientos violentos. El ataque arreció, no quedando más remedio que apelar a las armas en uso de legítima defensa". Pocos meses después hizo aprobar una ley estableciendo el derecho de los trabajadores de cobrar indemnización a las empresas por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. 
He aquí diagnósticos médicos, escogidos al azar, de expedientes de cobro de indemnizaciones en un juzgado de Uncía de los años siguientes: Dionisio Fernández, bronquitis catarral y tuberculosis. Delfín Mejía, falleció con neumoconiosis con 10 años de trabajo. Sabino Menes, se le amputó la pierna derecha a causa de un accidente; continúa hospitalizado hasta que llegue el miembro artificial que se ha pedido. Agustín Mamani, padece de esclerosis del pulmón derecho y enfisema del izquierdo. Marcelina Amusquívar, palliri, enferma de reumatismo después de 28 años de trabajo continuo. Venancio Soto, se le trituraron los testículos al caer sobre una polea trasmisora, sufrió infección y falleció. Fernando Herrera, tuberculosis pulmonar incipiente. Marcelino Quispe, bronquitis crónica y neumoconiosis. Juan de la Cruz Zelada, murió de tuberculosis pulmonar y estrechez mitral. Crisóstomo López, empleado durante 30 años, en los últimos 20 de la compañía Llallagua, perdió el ojo derecho en un accidente. Manuel Mamani, con neumoconiosis después de 20 años en la mina de Siglo XX. Lucio Valdivia, con antigüedad de 17 años, ha perdido cuatro dedos del pie en un accidente. Víctor Arrieta, con tuberculosis y miocarditis crónica. Fanelón Gallo, barretero y luego mayordomo en Siglo XX, padece de mal de mina. Manuel Uribe, tiene fractura del cúbito y radio por un accidente. Nicolás Vázquez, con orquitis después de 4 años de trabajo. Juan Poma, cayó en el cuadro central del Socavón Patiño, muriendo instantáneamente. Gabino Claure, ha quedado ciego de los dos ojos por un accidente. Samuel Flores, cayó en una jaula de la mina y murió. Juan Bernabé, de más de 60 años, con 23 años de trabajos mineros, tiene conjuntivitis crónica, estando el ojo derecho totalmente perdido y tiene también bronquitis catarral. Severino Campero, ha perdido los dedos índice y medio de la mano izquierda. Mariano Álvarez, con catarro pulmonar crónico que puede degenerar en tuberculosis. Florencio Lizarazu, fue herido en un accidente y cuando estaba medicinándose en el hospital se contagió de fiebre tifoidea y falleció. Leoncio Córdova, ha sufrido una lesión interior por empujar un carro muy pesado. Eliseo Rojas, fue arrastrado por una correa de transmisión y murió al ser conducido al hospital. Bonifacio Tangara, murió por asfixia al derrumbarse una sección del ingenio antiguo. César Faltón, murió electrocutado. Gregorio Rivera, tuvo una caída de 6 metros y se rompió varias costillas. Al limpiarse el túnel de deslame del dique de Lupi Lupi, se produjo un violento desagüe que arrastró y mató a los obreros Eugenio Fernández, Justiniano Cejas, Antonio Molina y Gregorio Otárola... ". 
Como ejemplo de un caso personal, he aquí el texto de una carta que el obrero Francisco Baldivieso dirigió a Simón I. Patiño (se transcribe con la ortografía original): 

"Mi noble Patrón, me permito arrogarle que se me acuerde de su antiguo trabajador. - Durante veinti años que e¡ servido como barretero de su empresa La Salvadora sindar mala nota de mi persona. - Fui nombrado presidente de la Sociedad Mutual Protectora de Mineros Simón I. Patiño. - En mi periodo la sociedad asido muy bien administrada y sea echo muchos beneficios: mansuleo, carro fúnebre, un salón de funerales y últimamente la finca Orcocallpa que usted nos ha obsequiado tan humanitariamente como padre que siente de sus trabajdores invalidos. - Me ha resultado la enfermedad mal de mina o tuberculosis. - El gerente de la empresa La Salvadora me dio setecientos bolivianos para cambiar de clima y aser mi curación. Como tengo mi señora y cuatro hijos menores de edad, ese dinero escasamente me a abastecido un año en el que felizmente mejoré un poco. - Me permito dirigirme ante usted pidiendo se me de algún puesto liviano sea aqui en Uncía u en otra parte para sostener mi pobre familia que actualmente está sin el pan del día porque me beo sin ocupación e invalido para trabajos materiale y en ultima necesidad con tanta familia. - Le ruego que me conteste y seré fiel asta la ora de mi muerte".

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