Historias de Bolivia, Archivos Históricos.- Sitio dedicado a la recolección de notas periodísticas, revistas, libros, fotografías, postales, litografías, investigaciones, curiosidades, etc., etc. Todo lo relacionado con la historia de nuestra patria Bolivia. (Historia de Bolivia).

EL 11 DE NOVIEMBRE DE 1934.- ELECCIONES PRESIDENCIALES



Las relaciones entre la cúpula militar y el presidente Salamanca fueron tensas desde su inicio. Sin embargo, en 1934 estas se encontraban en un franco deterioro. Se convocó entonces a elecciones presidenciales a pesar de que Bolivia se encontraba en plena guerra, y estas se llevaron a cabo el 11 de noviembre. El afamado intelectual Franz Tamayo fue el ganador. Sin embargo, la caótica situación bélica y política interfirió desechándose así el cumplimiento del mandato de las urnas.

LA MASACRE MINERA DE SAN JUAN EN BOLIVIA

Por: Edgar Ramos Andrade (*) El País 1 de Julio de 2013.

1. En fecha 2-noviembre-1964, en Cochabamba el coronel René Barrientos emite un “Pronunciamiento militar” y “desconoce” al Presidente Víctor Paz; dos días después consolida el Golpe Militar.
Por entonces la Revolución del ’52 aceleraba su regresión política: a) Pese a la nacionalización minera, Bolivia no podía concretar una fundidora de estaño por oposición de EEUU, Gran Bretaña y el magnate Simón Iturri Patiño. b) En fecha 20-junio-1957 el vicepresidente Ñuflo Chávez Ortiz renuncia y denuncia que “EEUU elabora el nuevo Código Minero Boliviano”. c) EEUU inicia una cuádruple intervención en su “patio trasero latinoamericano” con la “Alianza para el Progreso”, los “Cuerpos de Paz voluntarios”, la CIA y la exacción, vía privatización de recursos naturales como petróleo (Gulf Oil) y minería (IMPC, Philip Corp., otros). Pero el Che ya estaba en Bolivia (6-noviembre-1966).
2. El Golpe de Estado fue insuficiente. Barrientos “democratizó” su dictadura. Creó el Frente Revolución Boliviana FRB y para la elección de julio-1966 se alió con campesinos (“Pacto Militar Campesino” prebendalizado) y la clase media: el “prestigioso” filósofo, abogado y catedrático Luis Adolfo Siles fue Vicepresidente y luego Presidente y el no menos tenebroso Mario Rolón Anaya (colaborador del dictador Hugo Banzer) fue ministro. Barrientos-Sil es Salinas fueron alumnos aplicados de la “Doctrina de Seguridad Nacional” con la Ley de Seguridad del Estado que les permitía detener, exiliar, torturar, deportar o “residenciar” a trabajadores y campesinos. Ejemplo: Juan Espejo Ticona, secretario de Conflictos de la Federación de Trabajadores Fabriles de La Paz, fue detenido, torturado y luego residenciado en el entonces monte de Yapacaní. Además, el gobierno entregó a empresas estadounidenses las colas y desmontes de Catavi, mina Matilde y otras.

ELÍAS BELMONTE FUE SUBPREFECTO DE LA PROVINCIA POTOSINA BUSTILLOS

Fotografía fue tomada en Uncía, el año 1936. Belmonte al centro.

POR: DIEGO MARTÍNEZ ESTÉVEZ


A poco de haber sido liberado de su prisión - del tristemente célebre conocido como "Cambio Grande" en Asunción - el teniente Elías Belmonte fue designado por el Presidente David Toro para ocupar el cargo de Subprefecto de la Provincia Bustillos. Belmonte, en su libro, refiere a este nombramiento no como un premio, sino, como una medida política para alejarlo de la sede gubernamental donde como miembro de la logia secreta RADEPA comenzaba a mostrarse francamente contestatario. En su novísima y corta gestión política, el joven teniente ( a quien se lo ve al centro de la imagen después de haber sido posesionado), recuperó mensualmente para el Estado, gran cantidad de oro que era contrabandeado a la Argentina, por los "Rescatistas". Uno de los compradores era una joyería ubicada en una de las esquinas de la plaza Murillo de la ciudad de La Paz. El ex Agregado Militar argentino en Bolivia (Capitán Mac Hannover), que cumplió esta función desde febrero de 1932 con la finalidad de montar el servicio de espionaje para el Paraguay, cuando retornó a su país, en octubre de 1934 fue reclutado como espía,por la Legación Diplomática boliviana acreditada ante el gobierno argentino. El ahora mayor y Ayudante de la máxima autoridad del ejército de su país, entre otras vaiiosísimas informaciones referidas a la planificaciòn de las operaciones militares paraguayas a cargo del Estado Mayor argentino de Buenos Aires, que finalmente le permitieron a Bolivia ganar esta guerra, informó que esa joyería realizaba contrabando de oro boliviano, utilizando la ferrovía La Paz - Villazón. Encontrándose en La Paz como Agregado Militar, Hannaford le prestaba dinero al 10 por ciento de interese mensual, al dueño de la joyería. Tan oprobiosa conducta para un oficial, fue denunciado en diciembre de 1935, desde Santiago de Chile, por el entonces tambièn Agregado Militar,el mayor Juan Domingo Perón, futuro Presidente de la Argentina. Perón, el año 1932 y en plena guerra con el Paraguay, elaboró un plan para provocar al ejército boliviano y ´de este modo, participar directamente en la guerra con su aliada el Paraguay. Nuestro ejército no cayó en la trampa, a pesar de recivir contínuos disparos desde la banda argentina donde se habían discolado 10 mil hombres, incluida su aviaciòn.



LAS MUERTES HEROICAS DE SOLDADOS Y OFICIALES BENIANOS EN LA GUERRA DEL CHACO


Gracias al relato que hiciera el Cnl. Carmelo Cuéllar Jiménez en 1975, sabemos que muchos benianos fueron verdaderos leones ante el enemigo, tanto para pelear como para morir heroicamente.28 De una extensa galería de héroes benianos que supieron luchar en las trincheras con el enemigo, siguiendo a Carmelo Cuéllar Jiménez, mencionaremos a los más salientes, empezando por los aviadores militares Fabián Monasterio Claure, Armando Suárez Ardaya, Medardo Solares Arias y Jorge Henrich Araúz.
Jorge Henrich Araúz. “Actuó en la guerra del Chaco con excepcional bravura, con una rapidez de acción realmente asombrosa. Era un adolescente, no mayor de 17 años, cuando ya era comandante de compañía y de grupo; habiendo caído herido, salió evacuado a La Paz y luego se reincorporó a la aviación militar donde actuó como metrallista y observador, con gran estirpe de valiente saturado de conocimientos y responsabilidades. Terminada la guerra fue seleccionado para hacer especialización en la escuela de Caserta, Italia. Vuelto de allí, murió trágicamente, en Santa Cruz. Fue declarado Héroe Nacional. En 1948, una ley nominó con su nombre al aeropuerto de Trinidad, mandato que recién se cumplió en 1983, por intervención de nuestra Sociedad Geográfica”.

ROBERT BROCKMANN SOBRE HANS KUNDT

Soldados paraguayos.

"En gran medida, Hans Kundt fue un chivo expiatorio por los errores, inoperancia y desobediencias de sus subordinados bolivianos. Kundt fue traicionado por sus subordinados, especialmente por el más cercano, David Toro. Ello, sin embargo, no lo exime de sus propios grandes errores, como haber enviado a la muerte a oleada tras oleada de soldados bolivianos en ataques frontales contra la fortaleza de Nanawa, o el no haber reconocido la magnitud de la ofensiva paraguaya en octubre-diciembre de 1933, que lo llevó al desastre de Alihuatá-Campo Vía”, pondera Brockmann.

BOLIVIA Y EL LEGADO DEL PADRE DE HANS KUNDT

Por: Robert Brockmann / Página Siete 6 de abril de 2014.

El libro El general y sus presidentes – Hans Kundt, Ernst Röhm y siete presidentes de Bolivia, 1911-1939 (Plural, 2007, 2008, 2009, cuarta edición 2012), escrito por quien suscribe, es un intento serio por elaborar la biografía del militar más influyente en la historia boliviana en la primera mitad del siglo XX.
Pero, completa y relevante como es la obra, adolece de ciertas lagunas que impiden afirmar inobjetablemente, que se trata de una biografía. A saber, la relativa ausencia de datos biográficos básicos: los datos familiares. La primera edición, de 2007, no contiene ningún dato, y sí una especulación, basada en una fuente secundaria.
Previamente, el libro del general Luis Fernando Sánchez Guzmán, titulado Hans Kundt - Luces y sombras, especulaba honestamente que el padre de Kundt debió haber sido de origen y ocupación humilde, pues de haber sido militar, el dato no habría sido mantenido casi en secreto por quien sería el jefe del Ejército boliviano.
La primera edición de El general y sus presidentes (EGYSP) pretendió corregir aquel dato con otro, menos especulativo, pero en retrospectiva también precario: un documento fechado en 1939 titulado Berühmnte Männer aus Neustrelitz (Hombres famosos de Neustreliz, la ciudad natal de Hans Kundt), de Ernst Meyer, que se podía encontrar en internet en julio de 2007, sostenía que el padre de Kundt, sin mencionar su nombre de pila, había servido como capitán en el Batallón Dorado de esa ciudad archiducal.
Otra versión, del mayor alemán Adolph (Adolf) Röpnack, que sirvió con Kundt en sus misiones bolivianas, sostenía que el padre de éste había llegado al grado de mayor y que había muerto joven. Ambos datos se mantuvieron a lo largo de las cuatro ediciones que existen de EGYSP.

100 AÑOS DEL PRIMER ENSAYO DE VUELO EN BOLIVIA

Por: Ramiro Molina Alanes / El Diario 16 de Abril de 2013.

Ha transcurrido exactamente un siglo desde la llegada del primer avión a Bolivia, con el cual no sólo se realizaron las incipientes tentativas de vuelo en nuestro medio, sino que se experimentó científica y objetivamente la posibilidad de implantar la navegación aérea en el país.

AVIADORES Y AEROPLANO

En febrero de 1913, cuando se encontraba en la República de Chile el Ministro de Guerra y Colonización, Sr. Juan María Zalles, recibió la proposición de los hermanos Miguel y Napoleón Rapini para “efectuar vuelos en la ciudad de La Paz y contribuir a resolver el problema de su aplicabilidad en el Ejército de Bolivia, ya que se consideraban como serios obstáculos la altura de nuestro territorio y la presión atmosférica”(1)
Convenido el monto de la subvención exigida, el 31 de marzo de 1913 arribaron a la ciudad de La Paz, ambos aviadores, acompañados por su representante el Dr. Américo Mancini y el mecánico de la Casa Bleriot, Antonio Peuch. Mientras que su aeroplano, que fue embarcado en tren desde Antofagasta, llegó a El Alto el 8 de abril.

LOS RESTOS DEL GRAL. PERUANO AGUSTÍN GAMARRA (BATALLA DE INGAVI)


Por:  Oskar Cordova

Comprobada la muerte de Gamarra, se procedió el examen del cadáver, y resultó que tenía una herida en el pecho y otra en la garganta, precisamente de bala y balín, o sea un sólo tiro de hannoveriano. Estos proyectiles ofrecían el doble peligro de que a distancia de 18 metros de la boca del fusil se bifurcaran y herían a dos personas que estuvieran próximas. 
En el caso presente surge la conjetura de que el pelotón de caballería comandado por Montero, debió ser él que ocasionó la muerte de Gamarra, a corta distancia, puesto que ambos proyectiles estaban a un palmo en el pecho, entre uno y otro. Fué por consiguiente de arma argentina manejada por bolivianos, de donde surgió la victoria de Ingavi y la muerte de Gamarra; a lo cual habría que agregar que aquellos jefes y oficiales argentinos emigrados, combatieron al lado de Ballivián con recomendable intrepidez. 
Ballivián contempló breves instantes aquellos restos, que tantos recuerdos le traían. Y presintiendo quizá que algún día el Perú los reclamaría, pero que ellos mejor debieran descansar en suelo boliviano, como un sarcasmo del destino; cambió súbitamente de pensamiento y mandó sacar del ataúd los restos de Gamarra, haciendo colocar en su lugar los del Sargento Mayor Juan Pedro Garavito, artillero boliviano; hizo clavar rápidamente la caja funeraria y la mandó sepultar, como si contuvieran en ella los restos auténticos de Gamarra, en el mismo sitio donde había caído éste para no levantarse más. 
Pero los verdaderos restos de Gamarra fueron sepultados a cinco varas de distancia al norte de la primera pirámide, con los demás cadáveres peruanos, haciéndole quitar la hermosa casaca de Generalísimo de mar y tierra, como el más preciado trofeo de la victoria, para conservarla en perpetuo recuerdo al pie de altares del dios Jano.
La Batalla de Ingavi acaeció el jueves 18 de noviembre de 1841 en la localidad de Viacha, en la Provincia de Ingavi, Bolivia. Allí se enfrentaron tropas bolivianas al mando del general José Ballivián con tropas peruanas al mando de general Agustín Gamarra, venciendo las tropas bolivianas y muriendo en esa batalla el general y Presidente del Perú Agustín Gamarra.


FUENTE.- José Manuel Aponte - La Batalla de Ingavi. CCFFAA DIRECCIÓN DE PUBLICACIONES MILITARES BIBLIOTECA DEL MILITAR BOLIVIANO, VOLUMEN 02 AÑO MMVI.



LA PROVINCIA DE TARIJA


Por: Joseph Barclay Pentland / El País 28 de febrero de 2016.

Esta provincia ocupa la extremidad sudoriental de la República, situada entre los departamentos de Potosí, Chuquisaca y la provincia bonaerense de Salta. Sus fronteras orientales se extienden hasta los llanos que limitan con los ríos Pilcomayo y Paraguay, los que son recorridos por numerosas tribus de indios nómadas, de los cuales los Chichas y los Chacos, dos razas ecuestres, son las más poderosas. Bajo el dominio de España, Tarija formaba una provincia dentro de la Intendencia por el Gobierno de Buenos Aires, y ha permanecido hasta ahora sin anexarse a ninguno de los otros Departamentos.

17 DE DICIEMBRE DE 1830, MUERE SIMÓN BOLÍVAR



La guerra de la independencia americana fue cruenta y difícil, no sólo porque se luchó contra aguerridos soldados realistas, sino también por la despiadada represión con que hombres como Goyeneche, Morillo y otros intentaron ahogar en sangre el fervor patriótico de los insurgentes. En esta guerra surgieron figuras excepcionales que sacrificaron sin dudar un instante sus vidas, bienes y familia por la más noble de las causas, la libertad, y la figura más destacada de la emancipación americana frente al Imperio español y que contribuyó de manera decisiva a la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá fue Simón Bolívar, cuya sombra heroica se proyectó sobre todo el continente, y la posteridad le hizo justicia, sancionando el glorioso título de “Libertador”, que congresos, ejércitos y pueblos entusiastas, le dieron entre aclamaciones de júbilo en sus días de triunfo.
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Hijo de padres aristócratas de antiguo origen español –el coronel Juan Vicente Bolívar y María de la Concepción Palacios. Bolívar queda huérfano a muy temprana edad, el 19 de enero de 1786 fallece su padre y el 6 de julio de 1792 muere su madre. Aquel muchacho al quedar huérfano suplió la falta de cariño de sus padres el cura Andújar, maestros como el humanista y jurisconsulto Andrés Bello, pero sobre todo, su preceptor Simón Rodríguez, quien influyó más en su personalidad y formación, le hizo comprender con vehemencia las ansias de los pueblos americanos, nativos, criollos y mestizos, que tras dos siglos de coloniaje español deseaban liberarse y ser dueños de sus tierras y destinos.
En 1798 Bolívar es designado por el Rey subteniente de la Sexta Compañía del Batallón de Milicias de Blan-cos de los Valles de Aragua. A fines de 1799 viaja a Madrid, en casa de unos parientes allegados a la corte y el 26 de mayo de 1802 contrae matrimonio con María Teresa Rodríguez del Toro, embriagados por la felicidad recorren algunas ciudades de Europa y luego se embarcan hacia América.
Sin embargo, la felicidad que disfrutaba la pareja es efímera, una epidemia de fiebre diezma la población de Caracas, y entre las víctimas se encuentra la joven esposa de Bolívar, quien hundido en la más negra desesperación cierra la casa de Caracas y parte hacia Europa.
La huella imborrable de su paso por Milán fue la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador. En 1805, ya en Roma, sobre el Monte Aventino pronuncia su célebre juramento: dedicar su vida a la causa de la libertad de su patria. En 1806 se embarca para América y llega a los Estados Unidos. Retorna a Caracas en 1808, en plena efervescencia revolucionaria, y toma parte activa en las conspiraciones populares. Bolívar es el agitador infatigable.
La llegada del español Vicente Emparan a Caracas como Gobernador y las noticias procedentes de España, de que toda Andalucía había sido conquistada por los franceses, acabaron por precipitar los acontecimientos. El 2 de marzo de 1811 se instala el primer Congreso y el 5 de julio de ese mismo año, se declara solemnemente la Independencia de Venezuela.
Pero a aquel acontecimiento siguieron días funestos para los patriotas, que sufrieron una serie de derrotas ante las fuerzas españolas. En agosto de 1812 Bolívar va a Curazao, en su primer destierro y en octubre de este año viaja a Cartagena, donde dirige a los ciudadanos granadinos el famoso Manifiesto de Cartagena, en el que convoca a todos a luchar por Venezuela. En Mérida, el 23 de mayo de 1813 es llamado por primera vez Libertador. El 15 de junio en Trujillo, Bolívar publica su célebre proclama por la cual declara “guerra a muerte” a las fuerzas realistas. Luego emprende la campaña de liberación del territorio nacional, que culmina triunfalmente en Caracas, 6 de agosto de 1813.
Tras algunas victorias, sufre la terrible derrota de La Puerta donde Tomás Boves destroza al ejército patriota y Venezuela cae otra vez en poder de los realistas. Un nuevo exilio le espera; regresa a Haití, donde Alejandro Pétion, Presidente de este país, le facilita recursos para la nueva campaña. En 1816 decreta la libertad de los esclavos.
Las cosas se hacen más difíciles con el retorno de Fernando VII al trono de España, quien implanta otra vez el absolutismo y consagra esfuerzos para detener la rebelión en América que amenazaba con extenderse por toda la región, enviando 13.000 hombres al mando de Pablo Morillo, abril de 1815. Por entonces Bolívar se encuentra en Jamaica.
El 15 de febrero de 1819 instala el famoso Congreso de Angostura (territorio de Colombia), ante el cual pronuncia su más brillante discurso, en el que dicta cátedra republicana a los tres poderes tradicionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) agrega el Poder Moral y se juramenta como Presidente de Venezuela. Luego el Libertador junto al general Páez prepara un ejército en la falda oriental de los Andes para ir a sorprender a los realistas en Nueva Granada. Con audacia increíble, azotados por la nieve y las tempestades cruzó la cordillera de los Andes y en una campaña que dura setenta y cinco días y que la historia registra como la más gloriosa, derrota a los españoles en la Batalla de Boyacá, 7 de agosto de 1819 y entra victorioso en Bogotá, donde proclama la independencia definitiva de Colombia
El 17 de diciembre de 1819 crea la GRAN COLOMBIA, con tres departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito. Bolívar es el Presidente. Ante el alejamiento de Morillo, que regresa a la Madre patria lo reemplaza el general Latorre, quien es derrotado por Bolívar en la brillante batalla de Carabobo, victoria que consagra la independencia de Venezuela. Acto seguido Bolívar envía a Sucre a conquistar Quito, quien desembarca en Guayaquil y derrota a los realista en la batalla de Pichincha, 24 de mayo de 1822, lo que significa la liberación del Ecuador.
Tras la entrevista de Guayaquil y el retiro del Capitán General José de San Martín, del escenario bélico, Bolívar uniendo sus tropas con las del Perú, Chile, Argentina, y del Alto Perú, entran en campaña y en las célebres batallas de Junín, 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, 9 de diciembre de 1824, dan fin de manera definitiva a la guerra de la independencia americana.
El 6 de agoto de 1825, la Asamblea Deliberante proclama solemnemente la independencia de las provincias del Alto Perú, Bolívar ingresa a La Paz el 17 de agosto y la Nueva República lleva el nombre del Libertador, quien es reconocido entonces como su primer presidente.
El 25 de mayo de 1826 Bolívar manda desde Lima la Constitución de Bolivia y el Discurso de la Legislatura. Posteriormente, convoca a un Congreso Anfictiónico en Panamá, que se instala el 22 de junio de 1826 y cuyos resultados no fueron satisfactorios. Él mismo dijo: “Su poder será una sombra y sus Decretos consejos nada más”. El 25 de septiembre de 1828 sufre un atentado y Manuelita Sáenz es quien salva su vida. Bolívar en marzo de 1830 entrega el Poder al general y político colombiano Domingo Caicedo y en abril renuncia a la Presidencia de la República. El 10 de diciembre, en su última proclama, exhorta a mantener la unidad de la Gran Colombia. Enfermo, afectado por la tuberculosis, el 17 de diciembre de 1830 deja de existir el Libertador en la Quinta San Pedro Alejandrino, hacienda ubicada en la ciudad de Santa Marta, Colombia.
ÚLTIMAS PALABRAS DE BOLÍVAR
“Digo con verdadero dolor, que soy víctima de mis enemigos, que me han conducido al sepulcro; y, sin embargo de esto, yo los perdono. Colombianos, los dejo.
En mis últimos momentos ruego a Dios por la tranquilidad de Colombia; y si mi muerte, desvaneciendo las animosidades de los partidos y restableciendo entre ustedes la concordia, puede contribuir a este apetitoso resultado, llevaré un sentimiento de satisfacción a la tumba que para mí se abre”.

Este artículo apareció publicado en el periódico El Diario el 17 de Diciembre de 2013. 

AYACUCHO, 1824



Por: Pablo Michel Romero, Arquitecto, historiador y documentalista (Universidad Mayor de San Andrés y Universidad Complutense de Madrid)

“¡Soldados! Vais a contemplar la obra más grande que el cielo ha encargado a sus hombres, la de salvar a un mundo entero de la esclavitud.
¡Soldados! Los enemigos que debéis destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.
¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria; aún en Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad del Nuevo Mundo en la esperanza del universo. ¿La burlareis? ¡No!, ¡No!, ¡No!, vosotros sois invencibles” .
Simón Bolivar 

Todo estaba listo para la batalla... el 9 de diciembre de 1824 pasaría a la historia como el día en que finalizarían mas de tres siglos de colonialismo español en América del Sur. 

El significado de la batalla de Ayacucho, una batalla formal, estratégicamente preparada y tácticamente conducida, significó el último enfrentamiento armado en terreno abierto. Si bien se produciría en abril de 1825 la última acción de armas en Tumusla (Potosí), Ayacucho significó la última gran batalla por la capitulación incondicional del Virrey La Serna después de la derrota del ejército realista. 

Ayacucho... rincón de los muertos 

El 16 de noviembre de 1532 el conquistador Francisco Pizarro había degollado al Inca Atahualpa junto con 6.000 indios apoderándose de todo el Perú.
Doscientos noventa y dos años después, en el mismo Perú en un lugar llamado Ayacucho que traducido del quechua quiere decir “Rincón de los Muertos” sería escenario de una gran batalla entre los herederos de Pizarro dirigidos por el Virrey La Serna en persona y los combatientes revolucionarios del ejército americano bajo la dirección del Gral. Don Antonio José de Sucre. 

Si bien en las colonias españolas de América se produjeron a lo largo del siglo XVIII manifestaciones aisladas de un incipiente movimiento emancipador, no fue hasta 1809 (Charcas y La Paz) donde realmente se inició el proceso revolucionario que llevaría en el curso de dos décadas y con altibajos, a la independencia total de las antiguas posesiones españolas. 

Los antecedentes 

Una vez asumida la dirección de la guerra de independencia y tras la renuncia de San Martín en Guayaquil el 26 de julio de 1822, Bolivar emprende la campaña del Perú, pero le retienen problemas en Colombia y la situación creada en Lima donde el primer presidente peruano José de la Riva Agüero había tomado el mando de la lucha contra los realistas. Pero Agüero sufriría derrotas y los sucesivos descalabros de los patriotas pondrían fin a su mandato. El congreso pediría a Bolivar resolver el problema y le otorgaría el mando supremo, con el beneplácito del pueblo.

El 6 de agosto de 1824, en la planicie de Junín, Bolivar lograría una resonante victoria.
Mil jinetes patriotas se enfrenarían a 1300 hombres de la caballería realistas bajo el mando de Mariano Necochea, general argentino y José de Canterac, jefe de Estado Mayor del ejército español. Bolivar con toda la infantería aguarda en los cerros cercanos el resultado de la batalla.
Al caer la tarde los realistas emprenden la retirada.
Junín es una batalla de sables y lanzas, sin disparos, que abriría el camino de Ayacucho. 

Concluida la batalla de Junín, el Gral. Simón Bolivar se ocupó de resolver los graves problemas políticos que se producían en Lima. Bolivar ordenó y realizó la ocupación de las provincias de Jauja y Huamanga. Como fruto del reconocimiento realizado en persona de aquellas regiones, regresó a la costa peruana para realizar la movilización de refuerzos, rezagados y recuperados de los hospitales de campaña se sumarían a los cuerpos auxiliares que llegaban de Colombia, para lo que nominó al Gral. La Mar, en su calidad de jefe más antiguo. 

Antonio José de Sucre... el Mariscal de Ayacucho 

Antonio José de Sucre y Alcalá fue criado en una familia rica y distinguida, es uno de los pocos casos de militares de profesión dentro del ejército libertador. En 1802 comienza sus estudios de matemáticas y fortificaciones, tenía la idea de convertirse en ingeniero. 

El Gral. realista Don Jerónimo Valdez describió el aspecto del Gral. Antonio José de Sucre en el día de la batalla de la siguiente manera: “llevaba como en toda campaña, sobre el pantalón un par de medias gruesas que le llegaban hasta medio muslo, y sobre ellas botas cortas hasta la pantorrilla; un chaleco que era cualquier cosa; su gabán blancuzco le llegaba hasta los tobillos, su sombrero de ala ancha que era de vicuña, usaba un poncho blanco y no tenía ninguna insignia”. Esta magnífica descripción del aspecto del mariscal Sucre hecha por la borda las interpretaciones pictóricas sobre Sucre en el campo de batalla y mas bien nos muestra la descripción de un hombre sencillo en su vestir… como lo fue en toda su vida. 

Los combatientes 

Si el ejército americano estaría al mando del Gral. Sucre, el mando supremo del ejército realista estaría a cargo del propio Virrey del Perú... el Gral. Don José de la Serna e Hinojosa, nacido en Jerez de la Frontera, España en 1770.
La jefatura de Estado Mayor en las tropas reales, fue encomendada al Gral. José de Canterac, un veterano de las guerras contra los franceses.
El ejército realista estaría al mando de militares de una extraordinaria trayectoria que se remontaba desde las campañas napoleónicas en Europa. 

En el libro de memorias: “In the service of the Republico of Perú” el general Guillermo Miller que sería en Ayacucho comandante general de la caballería americana, nos ofrece su visión sobre el Ejército Americano: “Además del talento de Simón Bolivar y de Antonio José de Sucre, el ejército unido libertador reunió en sus filas buena parte de la experiencia militar del siglo. Veteranos de la Guerra de independencia española, mexicana, centroamericana; de la lucha emancipadora, venezolana, granadina, quiteña, argentina, peruana y altoperuana; de la norteamericana e inclusive, como era el caso de los voluntarios alemanes del mayor Carlos Sowersby, veteranos de la batalla de Borodino en Rusia contra Napoleón”. 

Es importante mencionar que muchos de los combatientes en Ayacucho habían alcanzado una gran experiencia como combatientes, muchos de sus jefes y oficiales eran hábiles lanceros y artilleros, inclusive habían aprendido de los indios morochucos ayacuchanos como conducir un caballo con las piernas y combatir con un sable en cada mano.
Otro dato interesante es el referido al célebre regimiento “Numancia” regimiento español que llegó a América en 1815 dentro de la expedición enviada por Fernando VII; este regimiento compuesto por 1.500 plazas “se daría la vuelta” en 1820 por la naciente simpatía de sus jefes por la causa americana y combatiría en Ayacucho al lado de los americanos. 

Es importante mencionar que muchos de los combatientes en Ayacucho habían alcanzado una gran experiencia como combatientes, muchos de sus jefes y oficiales eran hábiles lanceros y artilleros, inclusive habían aprendido de los indios morochucos ayacuchanos como conducir un caballo con las piernas y combatir con un sable en cada mano.

Otro dato interesante es el referido al célebre regimiento “Numancia” regimiento español que llegó a América en 1815 dentro de la expedición enviada por Fernando VII; este regimiento compuesto por 1.500 plazas “se daría la vuelta” en 1820 por la naciente simpatía de sus jefes por la causa americana y combatiría en Ayacucho al lado de los americanos.

Orden de Batalla Simón Bolivar retornó a su cuartel general en Lima acompañado de su Estado Mayor a la cabeza del General Andrés de Santa Cruz, quedando el Ejército Libertador unido a la Orden de Batalla, el cual se dispuso de esta manera:
Comandante General: Gral. Don Antonio José de Sucre
Jefe de Estado Mayor: Gral. Don Agustín Gamarra
Comandante General de Caballería: Gral. Don Guillermo Miller
Ayudante General: Cnl. Don Francisco Burdett O Connor
Primera División: Gral. Don José María Córdova
con 2.300 hombres
Segunda División: Gral. Don José La Mar
con 1.280 hombres
Tercera División: Gral. Don Jacinto Lara
con 1.800 hombres

El Ejército Realista de Operaciones el Virreinato de Perú estaba conformado de la siguiente forma tal como está registrado en su Orden de Batalla:
Comandante General: Gral. Don José de la Serna, Virrey del Perú
Jefe de Estado Mayor General: Gral. Don José de Canterac
División de Vanguardia: Gral. Don Jerónimo Valdez
con 2.063 hombres
Primera División: Gral. Don Juan Antonio Monet
con 2.264 hombres
Segunda División: Gral. Don Alejandro Gonzales de Villalobos
con 1.720 hombres
División de Reserva: Gral. Don José Carratalá
con 1.820 hombres

La Batalla En la madrugada del 9 de diciembre, Sucre instruyó a sus oficiales sobre el dispositivo de combate. Sus 5.780 combatientes eran colombianos, peruanos, argentinos y altoperuanos. El Gral. José María Córdova comandaba las divisiones granadinas por el ala derecha; el Gral. José La Mar los destacamentos peruanos de la izquierda y el Gral. Jacinto Lara las fuerzas de refuerzo, Sucre Había concentrado en el centro la caballería. 

El virrey La Serna, por su parte tenía 9.310 soldados, cuyos oficiales eran españoles y peruanos... conocidos como. “de la casta superior”, y exceptuando los combatientes de caballería que eran españoles, los demás eran nativos del Perú. 

Simón Bolivar era famoso por sus grandes arengas antes de iniciar una batalla; en Ayacucho… Bolivar no se encontraba y por consiguiente Sucre consideró elegante el de no emular con las fulgurantes proclamas típicas del libertador, pero es memorable esta frase que dijo antes de la batalla de Ayacucho: “Soldados…de vuestros esfuerzos depende el destino de América El virrey La Serna dispuso que los famosos regimientos del Gral. Jerónimo Valdez atacaran el punto más frágil del ejército de Sucre, cuya inferioridad numérica era manifiesta desde los catalejos del alto mando realista, y solo disponía de un cañón frente a la poderosa artillería realista. 

El Gral. Valdez se lanzó con su regimiento en contra de los destacamentos peruanos del Gral. La Mar. Y los patriotas entraron en combate vivando al Libertador y a la revolución. 

El realista Valdez pudo vencer con facilidad el ala izquierda de los patriotas y esto provocó una alegría desmedida y optimismo entre el resto de las formaciones realistas que el mariscal Juan Antonio Monet, sin dar espera a que entraran en acción las fuerzas del centro patriota, se lanzó al combate presumiendo que con ello decidiría la batalla, y repitiendo el gran error del mariscal francés Ney, nueve años antes en Waterloo. 

Aprovechando esto el Gral. Córdoba se lanzó como una tromba al campo de batalla, seguido por sus emocionados soldados de los batallones Bogotá, Caracas, Voltígeros (que antes se llamó Numancia) y Pichincha; en poco tiempo destrozó las fuerzas del Mariscal Monet. 

Las fuerzas del Gral. Córdoba demolieron a lanzazos a la caballería realista y asaltaron las alturas para inutilizar la artillería, en tanto las reservas del batallón Vargas comandadas por el Gral. Lara corrían a reforzar al Gral. La Mar, obligando a los agotados soldados realistas a huir desordenadamente. 

En un último esfuerzo por evitar la inesperada derrota, el virrey La Serna ordenó al Gral. Canterac y al resto de su ejército que entraran al combate para detener la embestida de Córdoba; pero la furia de los patriotas, estimulada por la cercanía de una victoria definitiva, anuló todo intento de reanimación realista y se lanzaron sobre el Gral. Canterac que fue herido. 

El virrey La Serna y todos los oficiales importantes del ejército realista cayeron prisioneros. 

Existe un episodio digno de resaltar el cual nos muestra la caballerosidad de la época… cuando prácticamente la batalla llegaba a su fin el cabo Villarroel de la división del General Córdova se enfrentaba sable en mano al Virrey La Serna, con quien establecía un espectacular duelo llegando a ocasionar una herida en la frente del virrey, cuando decide ultimarlo es reconocido por el sargento Barahona de los Húsares de Junín quien grita: “Es el Virrey, no lo mates” luego es conducido como prisionero a la presencia del Gral. Sucre, con todas las consideraciones del caso. El virrey La Serna le entrega su sable en señal de rendición diciendo “Gloria al Vencedor”, en ese momento Sucre detiene la mano del Virrey dejándole portar su sable diciendo a su vez “Honra al vencido” los oficiales le ofrecen los brazos para ayudarlo a trasladarse a otro ambiente mas cómodo y el Virrey contesta “Mil gracias caballeros, puedo caminar con mis pies”.

La derrota sufrida por los españoles fue tan rotunda, que estos no tuvieron otra opción que admitir la generosa capitulación que les ofreció Sucre, poniéndose a salvo de una inútil masacre. 

Sucre en ningún momento atribuyó para si mismo los méritos de la grandiosa victoria, no obstante que fue el “cerebro” de la acción; pero señaló a Córdoba y en el mismo campo de batalla lo ascendió a Gral. de División. 

Consecuencias de Ayacucho 

Después de la batalla de Ayacucho, el parlamento peruano nombré al Gral. Antonio José de Sucre “Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos”. Al frente de esos marchó al Alto Perú donde proclamó la República de Bolivia en homenaje al libertador, a quien encargó la redacción de la Constitución.

La Asamblea de la recién creada República de Bolivia nombró a Sucre presidente vitalicio, pero dimitió en 1828 a raíz de los motines y la presión de los peruanos opuestos a la independencia de Bolivia

El mariscal Sucre se fue de Bolivia y nunca más regresó, pero nos dejó un pedido que hasta nuestros días es un verdadero llamado de unidad para todos los bolivianos: 

“Aún pediré otro premio a la Nación, el de no destruir la obra de mi creación y mantener por entre todos los peligros la independencia de Bolivia”
Antonio José de Sucre, 1828 

Destinos trágicos de los protagonistas de Ayacucho

Teniente coronel Pedro Blanco

Que comandó uno de los escuadrones de los “Húsares de Junín” en la batalla de Ayacucho, alcanzaría mas tarde el grado de General.
Una vez creada la república de Bolivia se comprometería con la política, gracias a la influencia del Gral. Agustín Gamarra, también excombatiente de Ayacucho. Blanco llegaría a la presidencia de Bolivia pero solo estaría en el poder seis días pues sería asesinado el 1º de enero de 1829 por militares contrarios a la anexión de Bolivia al Perú.

Gral. José María Córdoba

El héroe de la batalla de Ayacucho que solo contaba con 26 años de edad regresó a Bogotá donde permaneció aislado de la política y las milicias, pero en 1829 encabezó una rebelión contra Simón Bolivar y murió en la batalla del Santuario el 17 de octubre de 1829.

Gral. José de Canterac

Sobre el brigadier general Canterac, que se desempeñó como Jefe de Estado Mayor bajo el mando del Virrey La Serna en Ayacucho, y que firmó la capitulación, sería asesinado en Madrid, el 18 de enero de 1835.

Gral. Agustín Gamarra

Se desempeñó como Jefe de Estado Mayor bajo el mando de Sucre. Moriría diecisiete años mas tarde, el 18 de noviembre de 1841, en la batalla de Ingavi, (La Paz). Gamarra dirigiría la invasión peruana en contra de Bolivia; pero sería el Gral. Ballivián y su ejercito reclutado de todos los rincones de Bolivia que detendrían y frustrarían los intentos del Gral. Gamarra de anexar La Paz al Perú.

Gral. Guillermo Miller

El Gral. ingles que comandó la caballería del ejército americano, fallecería el 31 de octubre de 1861 en el buque ingles “Naiad”. Su muerte nunca fue esclarecida.

Gra. Antonio José de Sucre

Sucre: “El Mariscal de Ayacucho”, representaba el símbolo de la continuidad de Bolivar. Por su talento, por sus dotes intelectuales, y por su espíritu altivo, digno y limpio se convirtió en un hombre respetado por argentinos, chilenos, admirado por los bolivianos y quiteños. Sucre estaba destinado a ser el natural sucesor de Bolivar. 

Sin embargo sus enemigos logran poner en la reforma constitucional de 1830 de la Gran Colombia que para ser presidente o vicepresidente se debía tener como mínimo 40 años de edad y Sucre tenía 35. Sucre, el vencedor de Ayacucho sería asesinado en Berruecos el 4 de junio de 1830. 

Las Paradojas 

Después de la victoria de Ayacucho pasaron muchos años antes que España, la antigua propietaria por más de tres siglos del Perú y el Alto Perú reconocieran formalmente sus Independencias. 

El 21 de julio de 1847, (23 años después de Ayacucho) España reconocería formalmente la independencia de Bolivia. 

El 14 de agosto de 1879, (55 años después de Ayacucho) en plena Guerra del Pacífico, España reconocería finalmente la Independencia del Perú.

Este articulo fue extraído de:www.boliviaentusmanos.com

FRANZ TAMAYO

Publicado en el periódico El Diario el 28 de Julio de 2015.

Franz Tamayo Solares, el escritor, poeta y diplomático paceño falleció un 29 de julio de 1956, a los 77 años de edad. Es considerado como una de las figuras centrales de la literatura boliviana.
El escritor, otrora presidente de la Cámara de Diputados, vivía en sus últimos años casi encerrado en su casa de la calle Loayza, escribiendo muy de vez en cuando algún mensaje político.
Sus padre fueron Felicidad Solares e Isaac Tamayo, destacado político paceño, diputado, diplomático y ministro de Estado. Un pe-queño periodo estudio en el Colegio Ayacucho, luego pasó a Europa donde ingresó en La Sorbona. En Londres tomó matrimonio con la francesa Blanca Bouyon, de este matrimonio nacieron dos hijas que luego murieron.
Posteriormente, en 1910, en segunda nupcias casó con Luisa Galindo.
Como político fundó el Partido Radical en 1911, en 1914 fue elegido diputado por La Paz y en 1917 candidato a la presidencia de la República.
Como escritor plasmó una serie de artículos en EL DIARIO. En 1915 fundó el periódico “El Fígaro” y en 1917 “El Hombre Libre” del cual fue su director. Desde sus páginas fue un crítico de las políticas de Ismael Montes, Bautista Saavedra y Hernando Siles.

LA EXPEDICIÓN DE DANIEL CAMPOS


Pocos años después de la Guerra del Pacífico, concretamente en el año 1883, el abogado potosino Daniel Campos fue nombrado Delegado Nacional de la República de Bolivia, con la misión de buscar una salida al Río de La Plata. Para conseguirlo, Daniel Campos debía abrir un camino por el Chaco boliviano, siguiendo el accidentado lecho del río Pilcomayo hasta alcanzar el curso del río Paraguay y desembarcar en Asunción del Paraguay; objetivo patriótico que logró coronar, pese al peligro de muerte que corrieron él y sus bravos compañeros.

LA CONTRAMARCHA DE CAMARONES



Por: Roberto Querejazu Calvo / Publicado enwww.cochabamba-historica.com

La mal llamada "retirada" de Camarones ("retirada" en términos castrenses se efectúa de un campo de batalla) que más propiamente debe calificarse como "contramarcha" (que según el diccionario de nuestra lengua es "el retroceso que se hace en el camino que se lleva"), ha sido uno de los episodios más extraños de la historia militar del mundo entero.
El General Hilarión Daza, que desde 7 meses antes tenía a parte de su ejército en una frustrante espera en Tacna (la otra parte había sido movilizada a reforzar los efectivos peruanos con la responsabilidad de defender el departamento de Tarapacá), sacó sus tropas de esa ciudad el 8 de noviembre (1879) por tren a Arica con el propósito de seguir de allí a pie a reunirse con el General Juan Buendía que, como se ha narrado en el capítulo anterior, tenía órdenes de salir de Iquique y sus alrededores con todas sus divisiones y venir a su encuentro. Reunidos los dos contingentes, a los que si posible iba a sumarse el que el General Narciso Campero organizaba en el departamento de Potosí, el General Daza debía asumir el comando supremo y dar la batalla que expulsase de territorio peruano a los chilenos que habían desembarcado en Pisagua y efectuado una penetración hasta la estación Dolores.
De acuerdo con lo planeado por los presidentes del Perú y Bolivia, el General Daza debió sacar de Tacna sólo 1.000 combatientes. El hecho de que se presentase en Arica con 2.350 dejando en Tacna nada más que 100 reclutas de la Legión Boliviana, contrarió vivamente al mandatario peruano, que no deseaba que Arica y Tacna quedasen desguarnecidas. Los chilenos, dueños del mar, podían tomar esos puntos fácilmente si todo el ejército aliado se concentraba en el desierto de Tarapacá. Pero Daza, según lo expresó a su Secretario General, no se separaba de ninguno de sus soldados de línea. Iba con todos o se quedaba.
La salida de Arica se efectuó el 11 de noviembre. De acuerdo con los principios más elementales de la logística, la marcha debía hacerse en las noches o en los amaneceres y atardeceres, es decir, evitándose el azote del sol y el calor del día. Sin embargo, el General Daza inició su ingreso al desierto a las 9 de la mañana, no obstante su gran experiencia como conductor de tropas y los consejos de que no cometiera semejante imprudencia que le manifestaron el General Mariano Ignacio Prado y otros jefes peruanos. Como agravante de tan craso error dejó que los soldados, que durante los tres días de permanencia en Arica habían bebido vino en exceso, llevasen sus cantimploras llenas de esa bebida, en vez de agua.
Como consecuencia de la canícula y el alcohol el avance del primer día no pudo llegar hasta Chaca, lugar programado como primera etapa. Se tuvo que acampar en medio camino, "donde no existía recurso alguno". Según José Vicente Ochoa, miembro de la secretaría del General Daza, "se pasó una noche angustiosa, porque la falta de agua y víveres hizo estragos".
En la mañana del siguiente día, volvió a caminarse en las horas soleadas. Se encontró charcos de agua cenagosa. "Muchos soldados se abalanzaron a beberla succionándola a través de un pañuelo o el extremo de una toalla. Al poco rato vomitaban estrepitosamente". A las 12 se llegó al pequeño valle de Chaca en el que existían algunos recursos. Se repartió agua, carne fresca, arroz y galletas. También vino que se producía allí mismo. Comentó Ochoa: "Volvióse a cometer la falla de dejar que la tropa lo consumiera sin tasa y llenara con él sus cantimploras. No lo pudieron evitar ni jefes ni oficiales".
La caminata del 13 fue tan desorganizada como las dos anteriores. "Se sufrió otra vez por el calor y la falta de agua. “ Se produjeron numerosas bajas por efectos del cansancio, la sed y el hambre". El Coronel Narciso Tablares, encargado del Cuartel Maestre, denunció más tarde que aunque el Proveedor General por parte del Perú, señor Pedro Melgar, acumuló 200 odres de agua para la escala entre Chaca y Camarones, el General Daza los hizo devolver a Arica con excepción de once, que fue todo lo que quedó. "Como es natural, fue imposible abastecer con tan pequeña cantidad a todo el ejército. Muchos soldados murieron de sed. Esa noche logré conseguir ocho odres más, pero en nada aliviaron la situación porque los edecanes de Daza, seguramente con consentimiento de él, repartieron el contenido a sus caballos".
El 14, al medio día, se llegó a Camarones donde existía un río con abundante caudal, fruta y otros elementos de boca. Camarones se suponía la mitad del trayecto hasta el punto en el que se pensaba encontrar al General Buendía y sus divisiones.
En esa misma fecha, el General Daza telegrafió a Arica, al Presidente Mariano Ignacio Prado, un mensaje que según el Coronel Eliodoro Camacho decía más o menos: "Desierto abruma. Ejército se resiste a continuar. No hay víveres". El desierto abrumaba porque se marchaba en las horas de sol. El ejército no había hecho ninguna manifestación para no seguir avanzando. Víveres existían en cantidad suficiente.
Daza convocó a reunión de los jefes de su ejército para adoptar las medidas que exigía la situación. Los participantes en el cónclave han dado versiones dispares sobre la forma como se desarrolló. Daza, en un manifiesto que escribió años más tarde en París, aseguró que todos los jefes, sin excepción, fueron partidarios de volver a Tacna en vista del lastimoso estado de la tropa. El General Carlos Arguedas, Jefe del Estado Mayor, dijo que "el General Daza adoptó la decisión en ese sentido el mismo día de la llegada a Camarones, que él no se opuso por temor a sus acostumbradas reacciones arbitrarias; que en el Consejo de Guerra del día siguiente, no dio ninguna opinión porque antes lo hizo llamar Daza y le previno que si no estaba de acuerdo con el retorno a Tacna "era mejor que guardara silencio". El Coronel Eliodoro Camacho declaró que él nunca fue partidario del regreso, pero sí de que la tropa descansara en Camarones mientras el General Daza, a quien él se ofrecía a acompañar, más una escolta, seguía hacia el sur para dar encuentro al General Buendía, tomar el comando de sus batallones, establecer la ubicación del enemigo, llamar a los de Camarones y dar finalmente la batalla con todo el ejército aliado. Camacho afirmó también que en el Consejo de Guerra el General Daza no emitió opinión alguna, pero que, con palabras entrecortadas y movimientos de cabeza, "mostraba su decidido propósito por la retirada".
El 15, el General Daza recibió la siguiente respuesta del mandatario peruano: "Habiendo recibido su mensaje de ayer en el que manifiesta la resistencia del ejército a continuar la marcha, convoqué anoche a una Junta de Guerra que ha resuelto se ordene al General Buendía que ataque inmediatamente. Por consiguiente no sólo es peligrosa sino inútil la marcha personal de usted al sur".
Continúa la versión de Camacho: "Los más de los jefes rogamos al General Daza proseguir la marcha. Unos pocos opinaron por la retirada. El General Daza se limitó a escucharnos. No dio ningún dictamen ofreciendo únicamente, de un modo impreciso, decirle al General Prado que telegrafíe a Pozo Almonte para que se suspenda el ataque ordenado (a Buendía). A poco de retirarme del alojamiento del General Daza escuché dianas en el campamento ejecutadas por las bandas de música. Cuando pregunté el motivo se me avisó que se había dado la orden de la contramarcha".
La orden se cumplió. El 16, después de 48 horas de descanso en Camarones, jefes, oficiales y soldados emprendieron el camino de vuelta a Tacna. Lo hicieron en mejores condiciones físicas que en sentido contrario, más moralmente desalentados, confundidos, sin poder comprender las razones que determinaron que su Capitán General, que días antes les manifestó que iban en pos de gloria, los hacía retroceder arrastrando una gran vergüenza. Cuando pasaron por el puerto de Arica fueron insultados por la población peruana. En la ciudad de Tacna, asimismo, encontraron que las demostraciones de aprecio y admiración con las que se los despidió la semana anterior, eran ahora gestos y palabras de hostilidad y desprecio.
El General Daza no estuvo con sus subordinados para compartir esas duras pruebas. Permaneció en Camarones con el Coronel Camacho, el Auditor de Guerra, señor Belisario Salinas, 100 jóvenes de la Legión Boliviana y una escolta de coraceros. Con todos ellos continuó hacia el sur. ¿Con qué intenciones? No podía ser a tomar la jefatura de las fuerzas de Buendía, pues a esta altura de las circunstancias tenían que estar cumpliendo la orden del General Prado de buscar el encuentro con los chilenos. Lo que aparentemente buscaba Daza, con gran astucia y cálculo, era diferenciarse de los jefes que llevaron las unidades de vuelta a Tacna y hacer creer que él, estuvo en desacuerdo con la contramarcha.
En el lugar denominado Tana se encontró con el coronel peruano Claure y un reportero de un diario de Lima que le dieron la noticia de que el día anterior, 19 de noviembre, las divisiones de Buendía sufrieron un gran desastre en el cerro Franciscano. Daza y sus acompañantes volvieron a Camarones. Permanecieron allí dos días más. El 23 estuvieron de vuelta en Tacna.
¿A qué se puede atribuir todas las extrañas actitudes del General Hilarión Daza en esos días? ¿Por qué trató de anular físicamente a su tropa haciéndola caminar, deliberadamente, a las horas de sol, con las caramañolas llenas de vino en vez de agua, haciendo devolver la mayor parte del agua acumulada en la etapa entre Chaca y Camarones, informando falsamente al Presidente Prado de que no quería seguir adelante y dando la orden de la contramarcha como si cediese a un "pedido unánime" de sus inmediatos colaboradores?
Uno no quisiera ser injusto con él. Sin embargo, razones con fuerza inclinan el criterio del investigador a la creencia de que acabó sucumbiendo a las constantes tentaciones que desde el comienzo de la guerra le venía haciendo llegar el Gobierno de Chile para que abandonase su alianza con el Perú, tentaciones que en último término, se expresaron en una oferta de dinero. En mayo de 1879, el Cónsul de Bolivia en Valparaíso escribió al señor Domingo Santa María, el más influyente miembro del gobierno chileno y el más activo en buscar la forma de separar a los aliados, sobre la posibilidad de "entenderse con el General Daza y conseguir que por dinero y algunas concesiones volviese la espalda a los peruanos". El mes siguiente, el señor Santa María recibió una carta de Arica, firmada con el seudónimo de Eustaquio Sierra, que expresaba que tenía un medio seguro de reducir al General Daza a los deseos del Gobierno de Chile con tal que se le dé medio millón de pesos. En diciembre de 1880, cuando el Coronel Eliodoro Camacho estaba prisionero en Chile, el señor Santa María le dijo que él arregló con el General Daza el retiro del ejército boliviano de la alianza "dándole las garantías necesarias respecto a la firma comercial de donde podía recoger los fondos con que Chile remuneraba su conducta".
La traición de Daza a la alianza no llegó a consumarse por la acción de los jefes bolivianos, que a las pocas semanas de la contramarcha de Camarones y cuando hacía preparativos secretos para volver a Bolivia con los cuerpos de línea lo despojaron de sus responsabilidades de Capitán General del Ejército y de Presidente de la República.



CAPITÁN LINO ECHEVERRIA


Por: Oskar Cordova.

Nació en CHUQUISACA el año 1884, a los 26 años de edad habría de ser el héroe del fortín "Avaroa" durante los sucesos del MANURIPI (5 Sep. 1910) En efecto la pequeña guarnición al mando del Capitán Lino Echeverría a raíz del apresamiento de un contrabandista peruano, fue atacado en junio de 1910 - nueve meses después del tratado - por una partida de 25 hombres y muchos indígenas ribereños al mando de Dulanto que fue muerto en la refriega provocando el desbande de sus parciales que habían logrado herir en un brazo al Capitán Echeverría. 
A dos meses de este suceso, la guarnición peruana del MANURIPI, intimó la desocupación del fortín "Avaroa" y la libertad de siete prisioneros que Echeverría había tomado en esos días. La intimidación daba plazo de 24 horas bajo amenaza de ataque con ciento cincuenta hombres. Echeverría consultó el caso con su diminuta guarnición de 15 hombres y contestó gallardamente "Puede Ud. atacarme el momento que guste. Estoy dispuesto a recibirlo" El ataque se produjo en la madrugada del 15 de septiembre, con los efectivos anunciados y refuerzo de indios Chamas, durando el combate 10 horas en que los soldados del fortín boliviano agotaron las municiones. Echeverría gravemente herido fue retirado por los suyos a una habitación, mientras el enemigo invadía el puesto por varios lados. El Capitán moribundo al ver que el cacique indígena Moisés, arriaba la Bandera Boliviana, aún pudo empuñar su pistola y victimar al cacique, lo que enfureció a los peruanos e ingresando al cuarto del valiente Capitan boliviano, lo victimaron a culatazos y machetazos. La heroica guarnición se dispersó por los montes dejando cuatro muertos, un herido y dos prisioneros El Cap. Echeverria tenía 26 años de edad, fue enterrado en la ciudad de RIBERALTA, junto a la Bandera Patria. (Fuente: Galería de Héroes Nacionales).
El Reg. de Inf. 29 "Cap. Lino Echeverría", fue creado el 5 de noviembre de 1982 con el denominativo de "Batallón de Policía Militar N° III Cap. Lino Echeverría", nombre que recibió en honor al valiente oficial que ofrendó su vida defendiendo la heredad nacional en el Puesto Militar Abaroa en la Campaña del Manuripi.



EL PRIMER MINISTRO DE GUERRA DE BOLIVIA EL CNL. AGUSTÍN JERALDINO FUE UN COLOMBIANO



Nació en la capital de la Provincia de Neiba, República de Colombia, desde su juventud abrazó la carrera militar en el Ejército Libertador, con el rango de oficial a principios de 1815, en el batallón que se organizó en Neiba para auxiliar a Antioquia y Cartagena, amenazada por las tropas españolas. En 1816, en el combate de Nare, a orillas del río Magdalena, fue hecho prisionero encarcelado en Bogotá y luego fue enviado como soldado raso del ejército realista en el Batallón Numancia, hacia el Perú. Atravesó a pie el Ecuador y el desierto de Sechura, llegando posteriormente a Lima. En 1820, se unió al ejército del Gral. José de San Martin, lo acompañó a Guayaquil, donde regresó de nuevo al Perú, en el Batallón Vargas del ejército auxiliar de Colombia, en el que sirvió hasta 1823. Compañero de armas del Gral. Antonio José de Sucre, lo nombró su Secretario, siguiéndolo en las batallas de Junín y Ayacucho. En 1826, durante el gobierno del Mariscal Sucre, fue nombrado como el Primer Ministro de Guerra y Marina de Bolivia, desempeñó este cargo desde enero de 1826, hasta diciembre de 1827, en este puesto organizó el Ejército y dictó el primer Reglamento Orgánico, además confeccionó el primer presupuesto de Guerra. Posteriormente, fue designado Prefecto de La Paz. Desde 1828, se retiró de la vida pública, hasta que el Gral. José Ballivián, lo convocó para servir al país. Con el transcurso del tiempo se estableció en Cochabamba, donde se retiró. Falleció de avanzada edad en la década de 1860.

ACHOCALLA: FUE CÁRCEL EN LA ÉPOCA DE BANZER



Por: Gemma Candela / Publicado en La Razón el 26 de enero de 2014.

Ya había pasado la medianoche y Mirna Murillo Gamarra estaba acostada. Sintió que su casa, ubicada en la calle Francisco Bedregal, en el barrio paceño de Sopocachi, se iluminaba desde afuera. La puerta se abrió a culatazos y oyó a sus padres dirigirse a alguien preguntando a qué se debía el atropello.

Hombres armados le pedían que saliera. Su madre exigió que la dejaran vestirse, porque estaba en pijama. Ya afuera vio la cuadra llena de autos con reflectores. La metieron en un coche. Allí dentro estaba su hermano Gary, que era médico y hacía sus prácticas en unas minas. Había llegado unos días a la ciudad para hacer unos trámites en la Comibol. “¿Cómo a una mujer sola la van a apresar?”, se indignó la hermana menor, Kivie, de 19 años. Se puso su abrigo y se metió al vehículo para acompañar a Mirna, de 21 años. En casa quedaron los padres de los tres hermanos, Max Murillo y Aída Gamarra, y Yaï, la hija de Mirna, de apenas un año, con arresto domiciliario. Era 3 de marzo de 1972. Aún tendría que pasar casi un año y medio para que Mirna pudiera reencontrarse con Yaï pero no para volver a casa, sino para exiliarse a Francia.

Aquel día, Mirna no había ido a El Diario, donde había comenzado a hacer sus primeros trabajos periodísticos, porque tenía gripe. Pero aun así, salió de casa para ir a una peluquería de la avenida 6 de Agosto. “Eran las cinco de la tarde. Una de las peluqueras entra asustada y dice: ‘Acaban de perseguir a un muchacho, ha corrido todo El Prado y estaba con su pistola’”. “Un compañero”, pensó Mirna. “Y en la noche, si hubiera relacionado con la descripción, quizá habría tomado algún recurso”, comenta, pues su casa había servido de refugio para varios compañeros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia, fundado por el Che Guevara. 

Tras la detención, los tres hermanos fueron conducidos a la Dirección de Operación Política (DOP), en la calle Comercio —donde hoy está el Palacio Legislativo—. Allí los separaron. A las mujeres las dejaron en unas dependencias en las que había otras chicas y les tomaron los datos. Un rato después, llamaron a Mirna y la llevaron a la Prefectura, ante el coronel Rafael Loayza, jefe de Inteligencia. Allí empezaron a llover las preguntas “a golpes, no esperaban ni respuestas”, recuerda la periodista. “Fue la primera vez que recibí un sopapo que me torció la cara”. Quien la golpeó fue Papi Álvarez, “un matón”. Y entonces, aunque en aquel momento no identificó su rostro, vio a un hombre de ojos azules y frente amplia: Klaus Barbie, exjefe de la Gestapo.

Mirna había cubierto, unos días antes, la rueda de prensa de la cazadora de nazis Beate Klarsfeld, quien pidió la extradición del Carnicero de Lyon.

Aquella madrugada, tras la sesión de “preguntas”, la joven fue devuelta a la celda donde estaba Kivie y otras mujeres, con un ojo ensangrentado, la nariz reventada y cojeando de una pierna. A la mañana siguiente, las hermanas fueron llevadas a Achocalla, a pocos kilómetros de La Paz. Allí, en la zona Villa Esperanza (hoy, San Martín) había uno de los campos de concentración utilizados durante la dictadura de Hugo Banzer (1971-1978).

Estaba compuesto por dos edificios: la Casa de Piedra, que era una antigua estación de ferrocarril, según el Informe: violación de los derechos humanos en Bolivia publicado en 1976, en la que tenían presos de distintos colores políticos. Más abajo, a unos 600 metros, había otras instalaciones: “varias casitas o habitaciones junto a una pequeña iglesia que posiblemente fue una antigua hacienda y hoy es granja perteneciente a la Policía. El campo de prisioneros de Achocalla se habilitó en la segunda semana de septiembre. Anteriormente había sido centro de torturas, lugar que luego cumplió ese mismo objetivo y fue centro donde se cometieron la mayor parte de los asesinatos de prisioneros” (sic). Primero fueron trasladados a este lugar presos políticos del Beni, concretamente de Riberalta y Trinidad. Luego, de otros departamentos. “Las casitas eran el centro de tortura y de asesinatos propiamente dicho”, señala el informe.

La celda de Inti

Una de las celdas de la hacienda había sido el último lugar donde estuvo con vida, aunque malherido, Guido Álvaro Peredo Leigue, conocido como Inti, integrante de la Guerrilla de Ñancahuazú. Allí murió el 9 de septiembre de 1969. Después, el espacio se convirtió en sala de ejecuciones. En una celda conjunta agonizó y fue torturado hasta la muerte, en mayo de 1972, otro integrante del ELN, Ivo Stambuck. De todo aquello solo queda en pie la capilla de San Martín y la Casa de Piedra, que ahora es parte de la Unidad Educativa Bethsabé Salmón. El 27 de noviembre de 2013, el Senado aprobó el proyecto de ley que declara Monumento Histórico Cultural del Estado Plurinacional de Bolivia a las dos edificaciones del municipio cercano a La Paz.

El antiguo comedor de la hacienda era la sala de interrogatorios. Sobre una mesa había una vela —el lugar no tenía electricidad— y un taquígrafo, recuerda Mirna, que fue llevada a este cuarto al llegar a Achocalla. Volvieron a empezar las preguntas acompañadas de golpes. “No habría la boca. Entonces, con un palo con un trapo sucio me forzaron y rompieron la dentadura”, cuenta la periodista. También varios huesos, la mandíbula inferior, dos costillas… “Y el oído”, le recuerda su hermana. Uno de los torturadores, conocido como Piqui Otero, le rompió el tímpano metiéndole un lápiz recién afilado en el oído izquierdo.

“Yo no sentía nada. Tal era la fuerza de sobrevivir”, asegura.

Tenía el cabello largo, del que la agarraban para estamparla contra la pared. Hacía fuerza con el cuello para tratar de mitigar la fuerza del golpe y por ello se le hinchó. “Era de ancho como su cara”, asegura Kivie. Mientras la interrogaban, otro de los torturadores, Gary Alarcón, tomaba impulso para patearle la espalda. “Yo estaba en la celda de al lado. Oía que decía con un hijo de voz: ‘No sé’”, explica Kivie, que escuchaba cada golpe.

Como no proporcionaba información alguna, la amenazaron con traer a su hermana. Sin embargo, el cuidador de su celda, el cabo Choquehuanca, al que ambas recuerdan como “muy correcto”, puso el candado a la puerta para evitar que la sacaran. Tras la golpiza, vendaron los ojos de Mirna y la trasladaron a La Paz. La llevaron alzada a una pequeña sala llena de armas en el Ministerio del Interior. “Ahí nomás me la rematan”, sentenció Loayza.

Kivie seguía en Achocalla. Choquehuanca le preguntó dónde vivían sus padres para avisarles de que las dos estaban presas. El policía se acercó hasta la calle Bedregal pero, al ver seguridad alrededor de la casa familiar, pidió a la casera del almacén de enfrente que convocara a Aída Gamarra. Ésta acudió a la tienda. Escondido tras el mostrador, el carabinero le contó el paradero de sus hijas y que Mirna, que estaba en el Ministerio del Interior, iba a ser asesinada. Aída regresó a casa, se puso el abrigo y, desafiando a los guardias, se fue al diario Presencia (en el que el padre Juan Quirós sacó un editorial titulado “¿Dónde está Mirna?”), a la radio de Raúl Salmón, Nueva América, y al Obispado, para dar a conocer la situación. “Creo que ésa es una de las causas por las que no he muerto”, opina Mirna. Entonces la trasladaron a una “casa de seguridad” en Villa Copacabana. Mario Gutiérrez, de Falange Socialista Boliviana, y el propio Hugo Banzer acudieron hasta allá. “Así que es usted la Lolo...”, le dijo el primero, refiriéndose a su alias como miembro del ELN.

Turnos de tortura

De nuevo la trasladaron a Achocalla. Ese mismo mes (mayo del 72), Lisímaco Gutiérrez y Pedro Morant fueron detenidos cuando intentaban cruzar la frontera. Los llevaron a Oruro y, de ahí, al Ministerio del Interior, donde sufrieron las primeras torturas. Eran miembros del ELN. Finalmente, los trasladaron a Villa Esperanza. Al primero lo dejaron agonizando en la capilla de San Martín, recuerda la periodista. A Morant lo ubicaron en la que fue la celda de Inti.

“No decía nada”, asegura. Le pegaban con palos y con candelabros de la ermita por turnos: de 10.00 a 12.00, de 15.00 a 16.00, y a partir de las 21.00. A veces, los matones se marchaban a las tres de la madrugada. Así aguantó el estudiante de 23 años durante ocho días.

“Recuerdo esa noche del 24 (de mayo)”, cuenta Mirna. Fue la última en que torturaron a Morant, que era como un hermano para ella. Alrededor de las seis de la mañana se marcharon los torturadores. “Están dejando la celda abierta”, les hizo notar el portero. “No, ése ya no se levanta”, le respondieron. Desde la rendija de su celda, la reportera lo vio entrar al cubículo y volver a salir empalidecido. Se fue y retornó con unas plantas aromáticas y velas, que colocó en la pieza. A mediodía llegó un vehículo con un “cajón rústico blanco”. Mirna oyó cómo colocaban clavos y vio cómo se llevaban el ataúd.

Tres días después, ella fue llevada al mismo cuarto. “Es mi turno”, pensó. Asegura que allí había más sangre de la que puede tener un cuerpo humano (alrededor de cinco litros en un adulto). Las paredes y la payasa estaban impregnadas. Sin embargo, no corrió la misma suerte que otros presos de Villa Esperanza que murieron entre mayo y junio de 1972, como fueron Nicolás Dorsa, Enrique Ortega, Jorge Helguero, Rainer Ipsen Cárdenas y Óscar Pérez.

Mirna pasó temporadas encerrada en la hacienda pero, cuando traían nuevas presas y el edificio estaba lleno, la subían a la Casa de Piedra. Para aquel fatídico mes del 72 ya hacía semanas que su hermana había sido llevado de vuelta a La Paz, a instalaciones del DOP y también a una casa en San Pedro y al Ministerio del Interior. En junio le comunicaron que se exiliaría a México pero sus padres solicitaron la libertad condicional. Aún así, en 1973, se marcharía a Francia durante dos años.

Mirna estaba incomunicada del resto de presos. Por eso, cuando a finales de abril o principios de mayo del 72 se abrió la puerta de su celda y el vigilante le dijo: “Le he traído una presa. Usted va a ser responsable de ella”, se alegró. Era María Victoria Fernández, una joven de Huanuni que había emigrado a La Paz con su familia y cuyo “delito” era tener dibujos del Che en su cuaderno del colegio. Estaba embarazada de cinco meses y había recibido palizas en el Ministerio del Interior. Compartieron una payasa en el cuarto de la hacienda. Una semana después, ambas fueron traspasadas a la exestación ferroviaria y Vicky comenzó a sentir dolores. Durante horas, las dos pidieron la ayuda de un médico. Finalmente apareció un vehículo que trasladó a la embarazada a La Paz. El bebé nació muerto.

Presos versus tiras

A veces, las mujeres hacían sesiones de espiritismo con ouija, a las que incluso se acercaban a preguntar los tiras (policías). Y es que la relación entre presos y guardias era inevitable. Los hombres de la Casa de Piedra y sus vigilantes tenían por costumbre jugar fútbol. Los encarcelados propusieron competir el 1 de mayo pero con una condición: que sacaran al sol a la presa incomunicada (Mirna llevaba cuatro meses sin contacto con otros reos). A pesar de las reticencias, los vigilantes finalmente pensaron que nadie se enteraría. Fueron a buscarla a las nueve de la mañana del Día de los Trabajadores con una silla, porque seguía sin poder caminar, y la dejaron sobre un cerro. Los reclusos la nombraron madrina. Antes del mediodía, apareció personal del Ministerio del Interior llevando más presos políticos con Guido Benavides, uno de los miembros del sistema represivo de la dictadura. Los jugadores se esfumaron. Los mismos reclusos pusieron los candados en las puertas de sus celdas, recuerda Vicky. “Ya no tuvieron tiempo de bajarme”, ríe Mirna.

“¡Échese!”, le dijeron los carabineros. Le pusieron ramas por encima y, más tarde, la devolvieron a la celda.

Tiempo después, Mirna compartió celda con otra mujer, Mirna Castrillo. Los policías hablaban sobre la aparición de los fantasmas de algunos ejecutados, como Roberto Alvarado y Pedro Morant. Ellas guardaron algunas latas de conserva, consiguieron una pita y, aprovechando las salidas al “baño” (que era el campo), recogieron palos. Una noche sacaron por una rendija de la ventana sus latas atadas a las cuerdas y, sujetándolas por los maderos, las hicieron chocar contra la fachada susurrando: “¡Uuuuuh...!”, cuenta la periodista entre risas con Vicky, Kivie, su hija Yaï y Nila Heredia, otra de las encarceladas en Achocalla. Los que montaban guardia se refugiaron en sus cuartos. Vicky asegura que las historias sobre los espíritus del campo de concentración se quedaron en el pueblo.

Más de 40 personas murieron allí, resalta Nila. Aunque buena parte de lo que fue prisión fue destruida por el propio Banzer y había proyectos municipales de echar abajo la Casa de Piedra para ampliar la escuela, ahora lo que queda de aquello es el monumento nacional. Una fotografía del muro de una de las celdas que ya no existen inmortalizó una frase escrita por alguna persona privada de libertad: “Mi cuerpo está preso, mis ideas están libres”.

En el libro ‘Libres, testimonio de mujeres víctimas de las dictaduras’, aparecen fotografías históricas: Esta, de 1978 (fecha hasta la que estuvo en funcionamiento la cárcel de Achocalla) muestra la Casa de Piedra.

EL AUGE DE LA GOMA NO TRAJO PROGRESO AL ORIENTE BOLIVIANO

Cachuela Ezperanza, Beni en el periodo de apogeo gomero. Fuente: Santa Cruz, economía y poder, 1952-1993. De: Carmen Dunia Sandoval A...

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