LA DICTADURA DE BANZER AL DESNUDO



Por: Carlos Soria Galvarro / Extracto de su blog carlossoriag.wordpress.com - 23 de agosto de 2015

El movimiento golpista que llevó a Hugo Banzer al poder se inició en Santa Cruz el 19 de agosto de 1971 y culminó en La Paz el día 21.
Cuarenta y cuatro años después vale la pena hacer un recuento de la etapa que se inició en esta fecha, subrayando que los golpes de Natusch en 1979 y de García Meza en 1980, fueron prolongaciones breves, defectuosas y grotescas nacidas de la matriz banzerista.

“Paz, orden y trabajo”

El sacerdote católico y activista en pro de los Derechos Humanos Federico Aguiló, en consonancia con las denuncias del propio Jaime Paz Zamora ante el Tribunal Russell y las de la COB ante la ONU y la OIT, hizo cálculos numéricos bastante bien documentados de lo que fue la represión fascista en aquellos tiempos de poder dictatorial (“Nunca más para Bolivia”, Cochabamba, 1993). Las cifras de los siete años de dictadura fascista son escalofriantes y si bien pueden admitir más precisiones, jamás fueron desmentidas:

Detenidos, 3.059 personas (15% mujeres y 85% varones).
Residenciados y confinados, 1259.
Exiliados forzosos, 663
Torturados, 125 (25 de los cuales no vivieron para contarlo)
Muertos y desaparecidos en enfrentamientos y masacres, 429. (por lo menos 24 cayeron en la Universidad de Santa Cruz al segundo día de iniciado el movimiento golpista).
En lo que se llamó la Masacre del Valle de 1974, figuran 78 personas.
Asesinatos políticos, 39.

Terrorismo de Estado

René Zavaleta Mercado afirmó que el modelo instaurado por Banzer generalizaba el terror como un movimiento de reconstitución ideológica, o sea que la función de la represión no se dirigía solamente a enfrentar a quienes resistían al régimen, sino que también buscaba la implantación de “horizontes de referencia”.
Inicialmente Banzer declaró vigente la Constitución de 1967, “en todo aquello que no contradiga el espíritu y naturaleza del Gobierno Nacionalista y sus realizaciones” (D.S. 09875, 7 de septiembre de 1971). Esto le permitió manejar el país discrecionalmente con “decretos-leyes” pues el parlamento ya no existía desde 1969. Se aprobaron normativas autoritarias como la Ley de Seguridad del Estado, la Ley Fundamental de la Universidad Boliviana (sin vestigios siquiera de autonomía) y decretos que autorizaban detenciones políticas por “el tiempo que fuere necesario”.
La libertad de expresión de hecho fue suprimida y se implantó una “prudente” autocensura en los medios. 104 periodistas, reporteros y radialistas fueron víctimas de despidos, persecuciones y destierros. La cifra representa un ato porcentaje de la planta profesional de los periodistas bolivianos de aquella época.
Del mismo modo, los derechos de libre asociación fueron en la práctica ignorados o pisoteados pues los dirigentes de las principales organizaciones sindicales y profesionales fueron perseguidos, apresados, confinados o exiliados.
Los únicos partidos políticos permitidos fueron, durante un tiempo, los dos aliados del gobierno, el MNR y la FSB.

Violencia represión y fraude

El 9 de noviembre de 1974 Banzer lanzó una serie de nuevos decretos instaurando un “Nuevo Orden” que prohibía formalmente toda actividad política, disolvía los sindicatos y autorizaba la nominación directa de “coordinadores” sindicales por el Ministerio de Trabajo.
Las cosas debían permanecer sin alteración hasta 1980, año en el que la dictadura anunciaría medidas de institucionalización constitucional.
Pero con Carter soplaban nuevos vientos desde Washington y la resistencia popular que buscaba la reinstauración de la democracia había horadado los cimientos de la dictadura. Una masiva huelga de hambre, iniciada en La Paz a fines de 1977 por un grupo de mujeres mineras a favor de una amnistía irrestricta y el retorno de todos los exiliados, le dobló la mano a Banzer. De ahí en adelante su régimen se desmoronó sin remedio.
Para las elecciones adelantadas de 1978 organizó un inmenso fraude destinado a favorecer a su candidato Juan Pereda, ex ministro de Gobierno.
“El banzerismo había surgido con la violencia, se había mantenido con la represión y quería perpetuarse con el fraude” sostuvo la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en una publicación que pone al desnudo la manipulación de cómputos, ánforas y papeletas (“El Fraude Electoral”. La Paz, 1979).
Fue tan burdo el atentado a la voluntad popular que la propia Corte Electoral anuló el resultado de los comicios. A los pocos días el ahijado se rebeló y derrocó al padrino. Dicen que Banzer se fue del Palacio Quemado con lágrimas en los ojos.
Cuando Marcelo Quiroga Santa Cruz inició un juicio de responsabilidades en el Congreso, recapitulando no solo los desmanes represivos, sino el festinatorio manejo de los recursos del país que practicó la dictadura fascista, los militares banzeristas lo condenaron a muerte. Garcia Meza mandó ejecutar la sentencia el 17 de julio de 1980.
Pero, dos años después las Fuerzas Armadas se vieron forzadas a entregar el poder, como una brasa caliente que les quemaba las manos. Aquel memorable 10 de octubre de 1982 comenzó otra historia que muchos hubiéramos querido vivir sin la vergüenza de la impunidad con la que Banzer se cubrió, gracias a la complicidad de Paz Zamora y su partido.
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PRIMERA ACCIÓN EXITOSA DEL EJÉRCITO SOBRE LA GUERRILLA DEL CHE


El 31 de agosto de 1967, los miembros de la guerrilla fueron acribillados mientras cruzaban el Río Grande en un lugar llamado Vado de Yeso. Entre las víctimas se encontraban Joaquín (Juan Vitalio Acuña), Tania (Tamara Bunke), Braulio (Israel Reyes), Moises (Moises Guevara), Negro (José Restituto Cabrera, médico peruano), Alejandro (Gustavo Machín), Ernesto (Freddy Maimura), Polo (Apolinar Aquino Quispe) y Walter Arancivia. Solo sobrevivió Paco (José Castillo), que fue apresado por el Ejército. Su aniquilación quedó en manos del General Vargas Salinas, quién se sirvió de Honorato Rojas, un campesino que en un primer momento se había mostrado como amigo de Paco.


LA MASACRE DE LA NOCHE DE SAN JUAN PERMANECE EN EL RECUERDO

Domitila Chungara

La ex dirigente Domitila Chungara y el párroco de la Iglesia de Siglo XX y Llallagua, Roberto Dureti, relatan los sucesos de aquella noche del 23 y la madrugada del 24 junio de 1967.



Un ambiente de fiesta se desarrollaba en vísperas de San Juan de 1967, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño. Las fogatas agitaban las sombras de los niños, ancianos, mujeres y hombres, que enredaban sus voces al ritmo de alguna melodía andina.

Las calles olían a pólvora, cigarrillo, coca y alcohol. A lo lejos se escuchaba uno que otro petardo, quizás dinamita; cuando las nubes colgaban bajas y pesadas del cielo, los juegos artificiales se confundían con estrellas.
Así era la noche de San Juan en los campamentos mineros de Siglo XX, en Potosí. Una región singularmente lúgubre, rodeada de riquezas escondidas entre cerros y debajo la tierra.
Al día siguiente, el 24 de junio, se debía realizar el Ampliado Nacional de Mineros, en Siglo XX, donde iban a iniciar protestas contra la rebaja de un 50 por ciento de salarios; y el aporte económico y voluntario para la guerrilla del Che Guevara para derrocar al gobierno y la posibilidad que emerja un foco guerrillero en las minas, lo que habría que frenar lo antes posible, con las armas.

La ocupación

Cada hora que pasaba, el silencio iba ganando los parajes. La gente se disponía a dormir, pensando que al día siguiente, la pulpería se llenaría de alimentos que esperaban en los vagones, frente a la estación de trenes.
Sin que los obreros en fiesta se pudiesen enterar, la madrugada del 24 de junio, fracciones del regimiento Rangers y Camacho de Oruro bajaban de los vagones del frente de la estación, ocupando dispersos campamentos.
A los pocos minutos, las tropas se desplazaron hacia la plaza del Minero, el local sindical de piedra, donde funcionaba la emisora “La Voz del Minero”.
Los obreros fueron sorprendidos por un nutrido tiroteo en la zona de Llallagua y La Salvadora, confundidos por la fiesta, pensaron que se trataba de dinamitazos o cohetillos usados en fiestas similares.
No obstante, los gritos desesperados de mujeres, el llanto de los niños y el lamento de los heridos los sacaron de su error.
Las viviendas fueron atacadas por soldados del ejército. Cientos de balas cruzaban por todas partes, mataban gente, aun cuando estuviera dormida.
Entonces ese ambiente de fiesta se tornó trágico; las calles, en esos momentos, olían a sangre y el estallido de dinamitas y balas reemplazaban a los juegos artificiales.
Las mayores víctimas se registraron en el campamento denominado “La Salvadora”, cerca de la estación ferroviaria de Cancañiri.
Es así como relata la histórica “Masacre de San Juan”, la ex dirigente, Domitila Chungara, que ahora radica en Cochabamba, pero que sus constantes luchas se gestaron en las minas.
Hoy, cientos de mineros relocalizados, desterrados y migrantes recuerdan una de las acometidas del gobierno militar de René Barrientos Ortuño.

Cifras

La prensa orureña, creyó de su deber, dejar sentado que se produjeron “enfrentamientos de grandes proporciones”.
Muchos heridos no fueron al hospital, algunos obreros simplemente desaparecieron, sin que se hubiese podido establecer con exactitud, hasta el día de hoy, las cifras de la masacre.
El Diario “La Patria” informó: “A las 4:55 de ayer, las poblaciones mineras de esta zona amanecieron con intensos disparos de fusiles, ametralladoras y explosiones de dinamita, cuando las fuerzas del ejército y la policía minera ocupaban los campamentos mineros en sangrienta acción”. Inicialmente se hablaba de 20 muertos y 72 heridos.
Las emisoras radiales Siglo XX y la Voz del Minero, fueron intervenidas; sin embargo, en la clandestinidad se informaba la lista de algunos muertos, heridos y desaparecidos.
Rosendo García, Ponciano Mamani, Nicanor Tórrez, Maximiliano Achú, Bernardino Condori, un niño de 8 años, un bebé de horas de nacido y otros más fueron los primeros de la lista.
Al final, ningún medio pudo determinar la cantidad exacta de muertos, heridos y desaparecidos.

Causas

El párroco de la Iglesia de Siglo XX y Llallagua, Roberto Dureti, recuerda haber llegado al lugar el año 1962.
Comentó que desde esa época, existía una resistencia minera a las medidas gubernamentales, que terminó con el ascenso de masas en 1964.
Según Dureti, era posible adelantar que el Poder Ejecutivo y las Fuerzas Armadas descargarían un golpe preventivo, con la finalidad de doblegar a los mineros.
Un año después, con el pretexto de reactivar la Corporación Minera de Bolivia y equilibrar el déficit, el gobierno disminuyó los salarios de los mineros en un 50 por ciento y obligó a otros a exiliarse.
Domitila Chungara recuerda haber visto, cómo el gobierno despilfarraba el dinero del Estado, comprando autos de último modelo, inclusive helicópteros.
Fue en ese contexto, que en 1967, los mineros acordaron la reposición de los sueldos, marcha por la unidad, ampliado de la Federación de Mineros (que iba a ser desarrollada el 24 de junio) y el apoyo a las guerrillas del “Che” Guevara (gestada coincidentemente); luego de realizada una asamblea general.
“No sabíamos de qué se trataba la guerrilla del Che, pero el gobierno estaba en contra, así que amenazábamos con ayudar a la guerrilla. Además sabíamos que el movimiento del Che, nos ayudaría a luchar por la reivindicación obrera”, indicó Chungara.
La ex sindicalista dijo que el gobierno utilizó como pretexto la guerrilla y una supuesta amenaza a las Fuerzas Armadas, para cometer la sangrienta masacre.
“Sólo pedíamos la reposición de nuestros salarios y el retorno de nuestros compañeros que fueron despedidos”, explicó Chungara.
El padre Dureti recordó que la situación se tornaba tensa, unos meses antes dejó el país para visitar a su familia en Estados Unidos, sin advertir lo que ocurriría luego.
Chungara comentó haber sido parte del directorio de la asamblea que se estaba preparando; asimismo, recibían información de una guerrilla que se estaba gestando, en el que participaron los dirigentes Moisés Guevara y Simón Cuba.



TRES ARTÍCULOS SOBRE EL ASESINATO DE LUIS ESPINAL

El cuerpo de Luis Espinal Camps en la morgue el 22 de marzo de 1980.

Por:  Carlos Soria Galvarro / Extracto de su blog: carlossoriag.wordpress.com

1. EL CONTEXTO DE UN CRIMEN ALEVOSO
Vivíamos las tensas visicitudes del proceso de recuperación de la democracia. Fracasado el sangriento golpe de Todos Santos, encabezado por Natush y las fracciones emenerristas, en vez de la restitución del gobierno provisorio legítimo de Guevara Arze, el Congreso se dejó chantajear por los militares golpistas y puso en la presidencia a
la entonces titular de la Cámara de Diputados.
El gobierno de Lidia Gueiler nació el con ese ominoso pecado original el 16 de noviembre 1979. Y el hecho tuvo consecuencias trágicas, una de ellas el alevoso asesinato de Luis Espinal.
¿Cómo es posible que en un régimen democrático, presidido además por una mujer, se haya cometido tan horrendo crimen?
Lo que pasa es que el aparato represivo construido por las dictaduras no había sido desmontado. Enquistado en la institución castrense actuaba como un poder paralelo, tomaba sus propias determinaciones y cometía toda suerte de desmanes, ante la impotente mirada del gobierno que no tenía ni la fuerza ni la voluntad de ponerle freno.
Educados para la represión
Desde el golpe de estado de Barrientos (noviembre de 1964) se había venido estructurando ese  aparato estatal de represión política que usaba a su arbitrio métodos de tortura, asesinatos, desapariciones, masacres, atentados y provocaciones. Estaba asentado fundamentalmente en los organismos de inteligencia del Ejército (sección II) aunque no dudaba en utilizar también elementos civiles organizados en grupos paramilitares. La inspiración y el entrenamiento provenía de la doctrina de “seguridad nacional” de los Estados Unidos y  de la influencia nazi-fascista inoculada por diversos medios en las instancias castrenses.
Forjados y educados para reprimir al “enemigo interno” no podían tolerar que el pueblo boliviano goce de las libertades que había conquistado, arrinconando a la sanguinaria dictadura de los siete años de Banzer.



Al llegar Guevara y después Gueiler al gobierno los represores trasladaron su centro de operaciones desde la avenida Arce a Miraflores.
Luis Arce Gómez, jefe de la sección II, a los seis días de posesionada la presidenta tuvo la desfachatez de allanar el Ministerio del Interior y llevarse al Gran Cuartel los archivos y demás implementos de la represión política. Jorge Selum Vaca Diez, ministro del ramo recién posesionado, nada pudo hacer. A los pocos días denunció otro hecho insólito: agentes de su despacho habían sido capturados, interrogados y torturados por la inteligencia militar.
Resultaba obvio, quien tenía el mando en esas esferas no era precisamente el gobierno civil y democrático.
Espinal en sus garras
Luis Espinal les era particularmente incómodo por el  trabajo periodístico que desarrollaba. El semanario Aquí rompía los esquemas de acomodaticia autocensura a la que se habían acostumbrado los medios durante la dictadura banzerista. Publicaba revelaciones y denuncias que los otros ocultaban. Exigía abiertamente el juzgamiento de los crímenes de Banzer. Alertaba sin pausa sobre los preparativos golpistas que casi podría decirse estaban a la luz del día y propugnaba sin cortapisas la unidad de la izquierda.
Era más de lo que podían tolerar. Decidieron suprimirlo y sentar un  escarmiento. Estaba en plena aplicación la llamada “estrategia de la tensión” destinada a aumentar el  clima de inseguridad, temor e inestabilidad, propicio a la intervención militar para “acabar con el caos y la anarquía” que ellos mismos creaban artificialmente.
El asesinato y martirio del sacerdote jesuita, cineasta y periodista, era parte de esa campaña criminal. Como lo eran también frecuentes detonaciones dinamiteras en cualquier esquina de la noche, algunas cobraban víctimas inocentes como ocurrió en el concurrido restorán “Lido Grill” de La Paz o en la explosión de una granada de guerra en el cierre de campaña de la UDP
Primero buscaron impedir la realización de las elecciones y, al no lograrlo, decidieren tomar el gobierno directamente el 17 de julio de 1980. Arce Gómez hizo el camino inverso de los archivos que había secuestrado: de Miraflores se trasladó a la avenida Arce, convirtiéndose en el Ministro del Interior del régimen atrabiliario de Luis García Meza. Cesaron los atentados terroristas callejeros y comenzó la represión generalizada con las consecuencias que todos conocemos.
Un relato estremecedor
“Mientras en la ciudad de Cochabamba, en la Escuela Superior de Guerra, bajo la supervisión de asesores del ejército argentino, se estudiaban uno por uno, todos los detalles para la toma del poder y una eventual guerra civil, un grupo de agentes civiles del Servicio d Inteligencia Militar, a órdenes del mayor JAVIER HINOJOSA, está dando los primeros pasos para cometer uno de los crímenes más horrendos de nuestra historia”
Así comienza un macabro relato del asesinato de Espinal, aparecido en el suplemento “Facetas” del periódico “Los tiempos” el 23 de marzo de 1986. El periódico aclara que los nombres tanto el redactor como el informante que proporcionó los detalles del hecho, se mantienen en reserva por obvias razones de seguridad. Se trata de una narración que asume una forma ficcional, literaria, pero se apoya en los datos que brinda un participante y testigo presencial del acontecimiento.
Los esbirros habían capturado a Espinal en la calle para trasladarlo al matadero de Achachicala donde lo torturaron salvajemente, pretendiendo arrancarle los nombre de las personas que hacían llegar al semanario Aquí información sobre los preparativos golpistas y las andanzas de oficiales militares en el negocio del narcotráfico.
Pero existía la orden expresa de eliminarlo. “Hechos y no palabras. Quiero que cante su última misa” habría dicho Arce Gómez a “Lince” Hinojosa, responsable del operativo.
Parte culminante del relato es la siguiente:
“El jeep se detuvo al borde de la polvorienta carretera. Torres y Moscoso sacaron el cuerpo agonizante y lo arrojaron a la cuneta, Ramírez informó:
Está todavía vivo mi mayor.
Mátelo rápido carajo.
Tommy, verifique si ya está tieso ese cura.
Muerto jefe.
Por si acaso métele dos o tres tiros de gracia.
Listo jefe
Súbanlo, yo conozco bien estos cerros, vamos a botarlo más arriba”.
A lo largo del texto se proporcionan algunos nombres de los integrantes del grupo: Moscoso, Ramírez, Melquíades Torres, Tito Montaño… De estos, que sepamos, solo el último figura entre los sentenciados del juicio de responsabilidades y por delitos más bien genéricos cometidos después del 17 de julio.
No a la impunidad
Treinta y  seis años después es casi imposible lograr que los juicios puedan reabrirse para sancionar a los autores materiales de este delito, aunque queda el consuelo de que los autores intelectuales están ya tras las rejas. Sin embargo, una reconstrucción fiel de los hechos permitiría por lo menos una implacable condena moral a todos y cada de los ejecutores de este crimen. Una razón más para que se abran los archivos y se busquen todos los indicios probatorios.
2. VÍCTIMA DE UNA MENTALIDAD NAZIFASCISTA
¿Qué tuvo que ver el criminal de guerra nazi Klaus Barbie en el brutal asesinato de Luis Espinal?
A falta de evidencias que muy bien podría proporcionar Luis Arce Gómez desde Chonchocoro, van a continuación lo que podría considerarse indicios reveladores.
Barbie llegó a Bolivia en 1951 protegido por los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Años después confesó sus manifiestas simpatías por Falange Socialista Boliviana, cuando contempló emocionado un desfile de “camisas blancas” haciendo “nuestro saludo fascista” a poco de su llegada a La Paz.
Su presencia comenzó a hacerse notoria desde que los militares tomaron el poder, en noviembre de 1964. Se presentó como “experto en asuntos navales” y se involucró en la campaña de “un barco para Bolivia” que culminó con la formación de la empresa mixta Transmarítima Ltda., en la cual ocupó el cargo de gerente.
También por estas fechas se produjo la petición de los servicios de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos para que la CIA contacte y “reactive” a Barbie en previsión de los movimientos guerrilleros en gestación.
Información recogida por una red de agentes nazis  en varios países de América Latina era entregada por Barbie a la CIA a través de Ernesto León, funcionario del Ministerio del Interior de Bolivia. “La CIA sabía que la información venía de Barbie, verificaba su validez y pedía más”,  dijo un informante anónimo al periodista Peter Mc Farren, versión que corrobora la investigación encomendada a Alan Ryan del Departamento de Justicia de EE.UU.
Las relaciones de Barbie con el régimen de García Meza, al parecer  fueron mucho más fluidas y menos clandestinas.
De ese tiempo data la Credencial que lo acredita como Teniente Coronel “Ad Honorem” con su fotografía luciendo el uniforme militar boliviano y el “acta de lealtad” firmada entre Luis Arce Gómez y Klaus Altmann en la que, entre otros acuerdos Barbie dice: “me comprometo a participar directamente en planeamiento y operaciones que requiera el Ejército de Bolivia y donde se requiera mi participación activa”.
Poco más de un mes después de la firma de este documento se producía el martirio de Luis Espinal.
Ascendido de Jefe del Departamento II del Ejército al Ministerio del Interior una vez consumado el golpe del 17 de julio de 1980, Arce Gómez dijo públicamente que los opositores debían caminar con el testamento bajo el brazo.
Las acciones que realizó desde la Seción II y en su corta permanencia en el ministerio, corroboran esa fatídica declaración.
ACTA DE LEALTAD
En la ciudad de La Paz y en las oficinas del Depto. II EMGE, a los 12 días del mes de febrero de 1980, se hicieron presentes los sres. CNL. DAEN. LUIS ARCE GÓMEZ, Jefe del Depto II EMGE. y el Sr. KLAUS ALTMANN HANSEN a objeto de celebrar el compromiso de lealtad que a continuación se detalla:
I.- Yo, KLAUS ALTMANN HANSEN me comprometo prestar servicios de orden incondicional con el Ejército de Bolivia dentro de la especialidad de Inteligencia.
II.- Asimismo, me comprometo a participar directamente en planeamiento y operaciones que requiera el Ejército de Bolivia y donde se requiera mi participación activa.
III.- Me comprometo a guardar la reserva de todo cuanto se realice, exista, conozca o participe poniendo como garantía mi vida.
IV.- Yo, CNL. DAEN. Luis Arce Gómez a nombre del Ejército Nacional y con las atribuciones que me compiten, otorgo con la venia de la Superioridad, el grado de Tcnl. Honorífico al Sr. KLAUS ALTMANN HANSEN.
V.- Asimismo, el Ejército Boliviano garantiza su actividad dentro del país y de acuerdo al grado que se le ha asignado el Comando General del Ejército procederá a reconocer su jerarquía.
En prueba recíproca de lealtad y para los fines consiguientes firman ambos el presente documento.

           La Paz, 12 de febrero de 1980

Cnl. DAEN Luis Arce Gómez                     Sr. Klaus Altmann Hansen
JEFE DEPARTAMENTO II EMGE             TCNL. AD HONOREM

3. PARA UN PRONTUARIO DE ARCE GÓMEZ
Cuando una inmensa multitud acongojada acompañaba al Cementerio General los restos de Luis Espinal, en marzo de 1980, surgió de pronto una palabra muy rápidamente convertida en coro generalizado:
¡Arcesino, arcesino, arcesino!
Era la inventiva popular que con certeza incuestionable señalaba al autor intelectual del secuestro, tortura y asesinato del sacerdote, cineasta y  periodista que había llevado hasta el final su compromiso con los pobres de este país.
Luís Arce Gómez era entonces el jefe de la sección segunda (inteligencia) del ejército nacional y desde sus oficinas en la ciudadela militar de Miraflores planificaba y ejecutaba, con total impunidad, un plan de sistemático desgaste del precario sistema democrático que asomaba en el horizonte boliviano.
Todos sabían, sin duda ninguna, que era él quien andaba detrás de este y otros hechos similares, pero era tal la debilidad del gobierno y de los otros poderes del Estado, que nadie hacía absolutamente nada para frenarlo.
Prolegómenos
Había fracasado el escandaloso fraude electoral que montó Banzer en 1978. Se empantanó la designación presidencial en el Congreso por una suerte de empate entre Siles Zuazo y Paz Estensoro en las elecciones de 1979. La solución transitoria que significó Guevara Arze, como presidente del Senado, se desmoronó a los tres meses con el golpe sangriento de Natusch y Bedregal (Todos Santos, 1979). Caído a las dos semanas el espurio gobierno militar-civil erigido sobre cientos de muertos y heridos en La Paz, el Congreso puso en el mando del país a la presidenta de la Cámara de Diputados, Lidia Gueiler, con la misión de volver a convocar a elecciones en 1980.
La estructura de la cúpula militar golpista y masacradora, que venía desde los tiempos de la dictadura de Banzer, había quedado intacta. Luis Arce Gómez se movía a sus anchas. Una de las primeras fechorías que cometió en el gobierno de la mujer-presidenta fue secuestrar, mediante una operación comando por él mismo, los archivos de la represión política. Se los llevó del ministerio de Gobierno al gran cuartel de Miraflores, ante la impotencia y el asombro del ministro Jorge Selum Vaca Diez, recién posesionado en el cargo.
Quienes estuvimos en las garras de la represión consumado el golpe el 17 de julio de 1980 pudimos comprobar, además, que Arce Gómez no sólo se llevó los papeles, sino también la “mano de obra calificada”. Agentes especializados, torturadores y soplones con vasta experiencia adquirida en tiempos de Banzer, pasaron a figurar en las planillas de la sección segunda. De ese modo es que se formaron algunos de los grupos paramilitares que actuaron en ese período.
Estrategia de la tensión
Después vino una cadena de atentados dinamiteros sin finalidad aparente, pero que en realidad buscaban crear un  clima de tensión favorable al golpe de Estado que casi a la luz del día se preparaba en los cuarteles. Pocos días después de realizadas las elecciones de 1980, en una reunión de la dirección de la Unidad Democrática y Popular (UDP), en presencia del virtual presidente electo Hernán Siles Zuazo, el general ya retirado Alfredo Ovando Candia, informó que los preparativos golpistas contaban con el asesoramiento directo de oficiales argentinos enviados por la dictadura de Rafael Videla. Como trabajo de aula y en pizarra se diseñaba el golpe en la escuela de Estado Mayor de Cochabamba.
Las actuaciones más impactantes de Arce Gomez en esa etapa, anterior al golpe, fueron sin duda el ya mencionado asesinato de Luís Espinal y el atentado a la marcha de cierre de campaña de la UDP en La Paz. Fue una granada de guerra la que se arrojó sobre la multitud en la avenida 16 de julio, a la altura del Hotel Plaza, el 26 de junio de 1980. Dos muertos y más de 50 heridos, muchos de ellos horriblemente mutilados, fueron el resultado de esta acción desalmada y alevosa que quedó en la más completa impunidad. Sus autores se convirtieron en gobernantes de facto pocas semanas después y sepultaron para siempre la investigación.
Asesoramiento nazi
Lo que no todos saben es que en febrero de ese año Arce Gómez había firmado una curiosa “acta de lealtad” con Klaus Barbie, escondido en Bolivia con el nombre falso de Klaus Altmann. El criminal de guerra nazi se comprometía a realizar todo tipo de asesoramiento y servicios y a cambio recibía el grado de teniente-coronel “ad honoren” de nuestras Fuerzas Armadas. El carnet en el que aparece la fotografía de Barbie con uniforme militar boliviano, junto al facsímile del acta, se conocieron recién en 1983.
Uno de los amanuenses de García Meza en un curioso como voluminoso libro, confesó después que el asalto a la sede de los mineros donde funcionaba la COB, se planificó como la “Operación Avispón”. La dirección sindical y popular, así como los periodistas,  fuimos atraídos a una ratonera con el señuelo de un pronunciamiento militar efectuado a tempranas horas en la capital beniana.
En este asalto, la iniciación sangrienta del golpe, fueron asesinados Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura. Luego se tomaron el Palacio de Gobierno y varios medios de comunicación. Cargaron con dirigentes, ministros y periodistas, todos en ambulancias, hacia el gran cuartel de Miraflores, desde donde comandaba los operativos Luis Arce Gomez.
La patria bajo semejante tutela
Se entronizó así un régimen atrabiliario que masacró a mineros en Caracoles, instauró el toque de queda, la cadena radial obligatoria, detuvo, torturó, confinó y exilió a cientos de ciudadanos, liquidó a la dirección clandestina del MIR el 15 de enero de 1981 y se involucró en el negocio del narcotráfico.
Los contornos de este gobierno desnudaron una mentalidad que pretendió convertir a la patria en alguien necesitada de su tutela. Pero el intento no era nuevo, representaba la conjunción de la doctrina estadounidense del enemigo interno, las fronteras ideológicas y la seguridad nacional, los resabios nazis y la presencia de militares sin principios, inescrupulosos y ávidos de poder.  En otras palabras, García Meza y Arce Gómez eran la continuación agónica del modelo banzerista que asoló el país entre 1971 y 1978.


Semanario Aquí. 



LA ÚLTIMA MOVILIZACIÓN MINERA DEL SIGLO XX, 28 AÑOS DESPUÉS

Un grupo de mineros parte de Oruro rumbo a La Paz.

Por: Ricardo Aguilar / Publicado en el periódico La Razón, el 28 de agosto de 2014

“Bolivia se nos muere”, dijo Víctor Paz el 29 de agosto de 1985 al promulgar el Decreto 21060. Un año después, el movimiento minero sindicalizado, que emprendió la Marcha por la Vida para evitar el mayor despido laboral de la historia, quedó agonizando en Calamarca.
Róger Cortez, en 1986 diputado por el Partido Socialista-1 (PS-1), pone como prueba de la debilidad en la que quedó el movimiento minero, —el corazón de la Central Obrera Boliviana (COB)— el protagonismo de otros actores que en los años 90 salieron a las calles para rechazar las secuelas de la capitalización, uno de los efectos que se le endilga al decreto de Víctor Paz.
La Marcha por la Vida “fue el último intento (de los mineros) de replicar su ética en medio de una ofensiva neoconservadora, una minería que dejaba de tener un rol principal y una crisis de la izquierda desprestigiada por la UDP (Unión Democrática y Popular)”, describió Cortez.
La marcha, detenida para siempre a 60 kilómetros de La Paz, se forjó en ese panorama. La Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) inició un “paro forzoso” el lunes 18 de agosto de 1986, según informó entonces el periódico Presencia, contra el incumplimiento gubernamental de revitalizar la economía minera tras el inicio del periodo neoliberal inaugurado por el 21060.
La norma promovía el “retiro voluntario” o “relocalización” de los mineros. “La situación (...) sigue siendo la incertidumbre. Se mantienen las presiones para que los trabajadores se acojan a los retiros voluntarios”, dice un comunicado de esa fecha.
Desde el 21060 a ese lunes, las minas Siglo XX, Matilde, Corocoro y otras se habían paralizado y se prevía la misma suerte para otras más. El precio de la libra fina de estaño se había desplomado hasta los dos dólares, cuando el costo de producción era cercano a los ocho dólares.
Comibol. Desde el martes 19, el paro de la FSUTMB sumó las adhesiones de las centrales obreras departamentales de todos los departamentos. La COB llama a paro para el jueves 21 y viernes 22 (Presencia) y se programan manifestaciones en Oruro y La Paz.
Paralelamente, esa semana hasta antes del 27 son comunes titulares anunciando que el Gabinete tratará el tema de la reactivación de Corporación Minera de Bolivia (Comibol) “como respuesta concreta a las movilizaciones”, diría varias veces el ministro de Informaciones de entonces, Herman Antelo Laughlin. Otro leitmotiv de los titulares de esos días fueron las exhortaciones de la Iglesia al diálogo. También fue común encontrar denuncias gubernamentales de una “subversión de extrema izquierda”.
“La situación sobrepasa a la de un simple paro. (...) Esto es lo que consideramos una subversión”, afirmó el ministro del Interior Fernando Barthelemy, ese 20 de agosto. El 21 y 22 se dio el paro de la COB y de la FSUTMB. En Oruro y Potosí, donde el Gobierno desplazó militares, se registraron enfrentamientos.
La tarde del 21, en Oruro, los mineros anunciaron la Marcha por la Vida: “La marcha es un hecho”, dijo Filemón Escóbar, dirigente minero que siete días después pediría a sus compañeros retirarse para evitar enfrentamientos. En contraparte, el Gobierno lanzaba bombas de ensayo con declaraciones sobre el estado de sitio.
Solicitada. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el 22 de agosto, manifestó su apoyo a Paz Estenssoro y condenó “las acciones de provocación promovidas irresponsablemente por una pseudoizquierda antinacional y cipaya (mercenaria)”.
El 22 salió de Oruro la primera columna, se habló de 5.000 trabajadores, por la noche llegaron cerca de Caracollo. El 23 pasaron por Panduro, mientras que en la carretera La Paz-Oruro el Gobierno los esperaba con tanques. Se esperaba lo peor. El Gobierno se negaba a negociar “bajo presión”. El 23 y 24 se plegaron a la movilización mineros de todos los centros productores.

El 25, el Gobierno decretó la “descentralización minera” o cooperativización de 13 minas de Comibol que ahora podían ser arrendadas al cooperativismo libre para que no se siga “funcionando a pérdida”. Los mineros llegaban ese día a Sica Sica y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) se plegaba a la marcha.
Los periodistas daban por hecho que la marcha llegaría a La Paz el viernes 29 y la FSTMB rechazaba el decreto de descentralización y pedía hacerse cargo de Comibol. La marcha llegaba a Patacamaya el 26 de agosto.
El 28, Última Hora informó la intervención de la marcha: “Sorpresivo cerco se hizo a los mineros”. Presencia, en cambio, tenía como titular central otra exhortación de la iglesia y como un titular subordinado “Gobierno aprobó aplicación de medidas de Excepción (estado de sitio)”
A una hora de haber sido decretada la medida, unidades militares rodearon Calamarca, donde estaba el grueso de los marchistas. “A cien metros de la población está un convoy de caimanes mientras un cordón de efectivos cercó todo el poblado”, informó Última Hora, medio que también hablaba de 260 detenidos en todo el país tras la medida de excepción.
Detenidos. “Enmascarados detuvieron en Oruro a Adán Rioja”, decía Presencia; “Los asesores de Siles Zuazo (Tamara Sánchez y Félix Rospigliosi) fueron detenidos por sujetos armados”, informó Última Hora. El líder de la COB Juan Lechín estaba lejos, asistiendo a una invitación en Bruselas. Afirmó “no estar sorprendido por el estado de sitio” (Última Hora, 29 de agosto).
Por su parte, el ministro del Interior, Barthelemy, un día antes decía que la movilización “era justa”. Al día siguiente afirmaba que los mineros pretendían “el derrocamiento del presidente”.Como síntoma de la derrota, los líderes sindicales en la clandestinidad anunciaban la radicalización de las medidas, cuando la marcha ya había sido desmovilizada en Calamarca.
Posteriormente, ganó la postura del MIR-MASAS o del dirigente minero Filemón Escóbar: obtener beneficios sociales para los relocalizados, lo que significó el paso a un segundo plano de los mineros como organización capaz de enfrentar al Estado. “Al final el sistema pudo dar beneficios extraordinarios y ése fue el tiro de gracia para el movimiento obrero. Cómo una demanda de intención subversiva se puede convertir en la cuerda amansadora que está requiriendo el sistema. Ahí termina todo”, juzga Cortez.
Tras la desmovilización y la acogida masiva de los trabajadores mineros a la relocalización se dice que muchos se fueron al Chapare y dieron fuerza al movimiento cocalero. Cortez rechaza esa tesis en función de datos de la composición demográfica del trópico de Cochabamba. Allí, los cocaleros vieron la forma de organizarse y adoptaron varios mecanismos que habían aplicado los mineros. “Así nació el sindicato campesino en los años 20 y 30 y así se vio luego en el Chapare”, interpreta Cortez, 28 años después.
La COB conmemora

Mineros

El secretario de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Trujillo, informó que junto a la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) conmemorarán en Calamarca los 28 años de la Marcha por la Vida.


Asistencia


El presidente Evo Morales confirmó que participará de la conmemoración de la movilización.


Líder


El dirigente minero y de la Central Obrera Boliviana Huracán Ramírez fue uno de los pocos que se sostuvo en la posición de no cobrar la indemnización y permanecer en la Corporación Minera de Bolivia.


Walter Montenegro AMELLER (*): Culpables... son muchos


Rostros quemados por el sol, pies ampollados por el recorrido, niños que son amamantados por sus madres mineras, jóvenes de la minas que participan de la marcha expresan: “continuaremos con esta movilización, porque de ella depende nuestra vida, nuestro futuro... o moriremos aquí”.
Si tomamos esas palabras, coincidiremos en que la minería, por los errores administrativos desde la misma fecha en que se nacionalizó, ha muerto gradualmente. Los gobiernos expoliaron la misma fuente de riqueza del país, convirtieron a Comibol en el botín de guerra, donde los más ambiciosos le exprimieron hasta dejarla inerme como está ahora.
La pregunta surge ahora: ¿será solo la destrucción de la FSTMB? ¿Cuál será el destino de la Central Obrera Boliviana?, ¿surgirá otra dirigencia sindical? Culpables de toda esta situación son muchos, pero los que la juzgarán son aún más.

(*) Walter Montenegro fue escritor y diplomático [Última Hora, 28-VIII-86]


 Intervención. Militares mantienen cerco en Calamarca.

 Militares. En el segundo día del estado de sitio.

 Órdenes. Un oficial de policía organiza a sus subalternos.

 Parada. El primer descanso, cerca de Caracollo.

 Partida. Tras descansar en Panduro, reanudan la marcha.

 Portadas. Las primeras planas del 29 de agosto de 1985 de dos periódicos extintos.

Vigilancia. Militares en tanques esperan a los marchistas.

UYUNI EN LA GUERRA DEL CHACO

Soldados Bolivianos. 


Por: Rómulo Elio Calvo / Extracto de uyuniweb.com / Publicado en agosto de 2003

Surge la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay en julio de 1932, Uyuni empieza a escribir una de los más lindos ejemplos de la historia. La población entera de Uyuni sale al llamado cabildo abierto frente al edificio de la alcaldía municipal. Allí se determinaron entre el pueblo y autoridades defender hasta el último momento de la guerra como hijos del pueblo boliviano.

Más estuvieron militares y representantes de la empresa The Bolivian Railwaly Cía. Ltda..Empieza a organizarse el Comité de Defensa Nacional encabezado por el Dr. José Eduardo Pérez, y colaborado por todas la autoridades administrativas y personalidades notables como Dn. Víctor Balderrama, Dr. Teodosio Heredia, Urbano Gómez, Dr. Octavio Rubín de Celsi, Dn. Eduardo Mendoza, Dr. Rafael Tufiño, Dn. Clodomiro Melgares Gómez, Agapito Villegas, Hugo Sáenz, Dn Prudencio Alvimontes, Dn. Lucio Villena, Dn Silvestre Aramayo, Dn. Julio Calvo y Dn. Luis Maldonado.

Luego se integraron a este Comité de Defensa Nacional, los representantes de pueblos colindantes con la ciudad de Uyuni, como, Pulacayo, Tomave, Llica, y Salinas de García Mendoza. Todos dispuestos a la defensa el Sud - este boliviano, en coordinación con autoridades nacionales.

Existieron otros comités importantes que fueron a nivel local que obviamente trabajaron con el comité Principal. Como SUB COMITÉ DE DAMAS SUB COMITÉ DE SEÑORAS SUB COMITÉ DE FERROVIARIOS. SUB COMITÉ DE ASISTENCIA SOCIAL BOLIVIA COMO TE AMA UYUNI BENDITAS SEAN SANTAS MUJERES Y BENDITA LA HIJA PREDILECTA DE BOLIVIA DONDE LA HISTORIA HA ESCRITO LAS PAGINAS MAS ALTAS Y NOBLES. LOS COMBATIENTES, RECORDARAN A UYUNI SIEMPRE CON LAGRIMAS EN LOS OJOS, PUES EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES VIERON QUE ESTE CARIÑOSO PUEBLO ERA REALMENTE PATRIOTA... ¡VIVA UYUNI !El año 1958, Fue algo glorioso, en merito a la participación de Uyuni en la contienda del Chaco, fue condecorado por El Ejercito Nacional: EL CAPITÁN GENERAL DEL EJERCITO CONFIERE LA CONDECORACIÓN A LA ORDEN DEL MERITO MILITAR EN EL GRADO DE COMENDADOR A LA CIUDAD DE UYUNI, POR LOS RELEVANTES SERVICIOS PRESTADOS. La Paz, 20 de marzo 1938 Fdo. Tcnl. G. Busch Fdo. Gral. C. Quintanilla Comandante Gral. Del Ejército.

Este documento actualmente es conservado en la honorable alcaldía de Uyuni. Era las 3 de la mañana o las 3 de la tarde, a cualquier hora que pasaba el tren repleto de soldados, la población en especial las mujeres uyunenses que en frió o calor se alistaban para recibirles con comida, café, ropa, abrigo, mantas, para el viaje de los miles de valerosos soldados que pasaban al día, para ellos era paso obligatorio la ciudad de Uyuni que provenían de distintos lugares del país, como Cochabamba, Oruro, Santa Cruz, Beni, Potosí, etc. Era la puerta al Chaco y muchos de ellos ya no volvieron.

Un reconocimiento a Doña Mauricia Vda. de Aróstegui, que hoy tenemos un monumento a ella en pleno centro de nuestra ciudad, para todos los uyunenses escuchar ese nombre es legendario con mucho respeto. Ella es oriunda de Salinas, con recursos propios puso todo de si, incluso su casa, que hoy es la escuela que lleva su nombre Mixta "Mauricia Vda. de Aróstegui". Estuvieron con ella las señoras, Dominga Vda. De Claros, Josefina Mamani, Margarita Vda. De Ugarte, Rufina Mita, Petrona Rejas, Marcelina de Farfán, Asunta de Aróstegui, Antonia Aróstegui, Nicasia García, Huallani, Feliza Vda. De Fernández, Estefanía de Ignacio y también estuvieron otras señoras valerosas que quedaron en el anonimato. Hoy solo quedamos en la historia sin olvidarnos a cada instante que somos bolivianos y que servimos a nuestro país en un momento crucial, tal vez Bolivia ya se olvido del pueblo valeroso de Uyuni. Pero nosotros los Uyunenses no nos olvidamos y recordamos a cada rato que somos verdaderos bolivianos, que podemos dar la vida en el momento que peligre de nuevo la patria.

LA DECISIÓN DE TARIJA DE PERTENECER A BOLIVIA



Por: Alvaro Luksic / Publicado en el periódico El País, el 8 de agosto de 2012 

La historia nos abre sus puertas y sus más recónditos secretos para que la población afiance sus conocimientos y se empape del pasado como si fuese un presente mediato. Bajo el relato del historiador tarijeño Elías Vacaflor Dorakis y de Roberto Ávila, ex presidente del Concejo y conocedor de la historia de nuestra tierra, rescatamos un segmento del momento en que Tarija decidió pertenecer a Bolivia.

En 1807 de acuerdo a cédula del diecisiete de febrero, una orden del Virrey de Lima indica que Tarija pasaba a depender del obispado de Salta tanto en la parte eclesiástica como en su administración, en ese entonces los tarijeños realizaron un cabildo abierto donde se determinó que Tarija estaba capacitada para administrarse por su cuenta, sin pertenecer a Potosí ni a Salta y se mandó la comunicación hacia el virreinato de La Plata y a Charcas.

Lamentablemente empezó la Guerra de la Independencia en una fecha muy próxima; el resultado del cabildo de Tarija, si bien es recibido en Buenos Aires y en Sucre, quedó sin respuesta ante la decisión de Tarija de gobernarse por sí misma. Los historiadores indican que Tarija es el primer pueblo de América que tomó una decisión de ese tipo y esto habría sucedido mucho antes aún del primer grito libertario de Sucre.

Comenzó la Guerra de la Independencia en 1809, con Sucre, La Paz y luego Buenos Aires, pero Tarija nunca fue dirigida por alguna autoridad argentina, era una republiqueta que tenía sus propios caudillos como José Eustaquio Méndez, cuentan los historiadores que de la Argentina vino Francisco de Uriondo, y fueron éstos parte de los que dirigieron la Guerra de la Independencia hasta 1917, fecha en la que se suscitó la Batalla de La Tablada.

“Dicha batalla no fue el final de la guerra para Tarija pero si fue la batalla más importante de los tarijeños que se llevó a cabo con la ayuda de un ejército auxiliar argentino justamente el 14 y 15 de abril de 1817”, revela Ávila.

Según Elías Vacaflor Dorakis el congreso argentino, el 30 de noviembre, sancionó la ley mediante la cual se declaraba a Tarija provincia Argentina y al día siguiente el primero de diciembre el presidente Rivadavia la promulgó. 

“Entonces aparece Bolívar y Sucre, en la batalla de Junín y Ayacucho y empiezan a organizar la nueva república que era el Alto Perú, se emite una primera convocatoria de Sucre en 1824 que era para las primeras provincias de Bolivia, entre las que estaban La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz, a ellos se los convoca para una Asamblea Constituyente y el Mariscal de Ayacucho les brinda unas reglas”, cuenta Ávila El diecinueve de noviembre de 1826 fue promulgada la primera Constitución de Bolivia, donde se reconoce a Tarija como provincia y se designa a dos diputados en la constitución promulgada, sin embargo lo paradójico fue tras que el 9 diciembre Tarija juró a la constitución política boliviana, el 24 de diciembre de 1826 el congreso argentino aprobó también en su constitución reconocer a Tarija como provincia argentina. “Es decir Tarija estuvo en dos constituciones políticas del Estado. En la boliviana aprobada el 19 de noviembre y en la constitución argentina aprobada el 24 de diciembre de 1826”, explica Vacaflor.

Luego de esto los tarijeños se reunieron para discutir si pertenecían a Salta o al Alto Perú. En la asamblea del seis de agosto realizada en Sucre no participó Tarija pese a que tenía elegidos a los dos diputados pero también tenía los diputados elegidos para ir a Salta. Existía una gran disyuntiva hasta que los tarijeños también a través de un cabildo abierto decidieron pertenecer al Alto Perú y fue el mismo Mariscal de Ayacucho en 1826 quien recibió a los diputados tarijeños y de esta manera quedó lejos de toda discusión a qué país pertenecía Tarija. 
Hay un hombre muy importante que, según nuestros relatores, se cree ha influido y volcado la balanza para convencer a los tarijeños de pertenecer al Alto Perú, se trata de don Francisco Burdett O’Connor, quien fue llamado el tercer hombre del ejército libertador de Bolívar, el mismo es mandado a Tarija a poner orden porque habían bandos que querían pertenecer al lado argentino y otros al lado boliviano. De esta manera Burdett habría venido desde Colombia libertando varios países y fue enviado como una especie de interventor a Tarija.

En 1825 también estas personas que querían pertenecer al Virreinato de La Plata eligieron una representación para que pudieran ir al Parlamento de Salta pero también había intereses económicos porque el Alto Perú era rico en minería, esos factores influyeron y triunfó el criterio de pertenecer al Alto Perú. 
En 1826 después de un cabildo abierto ya existe el pronunciamiento de que Tarija es una anexión a Bolivia, “han existido bastantes negociaciones y a partir de entonces aceptan a los diputados tarijeños en la Asamblea de Chuquisaca y hemos pertenecido a partir de ahí a la República Bolívar que luego se llamó Bolivia”, dice Ávila. 

Sin embargo, la Argentina no se conformó en la época colonial y seguía diciendo que Tarija pertenecía a Salta, durante esta época se decía que Tarija era parte del Alto Perú y la gente del Sur decía que pertenecía a Salta dentro del Virreinato de la Plata cuya capital era Buenos Aires. Con la acción de Sucre que emite un Decreto de Incorporación de nuestros legisladores al Alto Perú, se elimina cualquier dualidad de pertenencia. 

En años posteriores, señala Ávila, que dentro del gobierno de los pueblos del sur declararon incluso la guerra contra Bolivia y hubo algunas batallas como las de Bedoya y Montenegro donde pelearon ejércitos tarijeños contra la Argentina, saliendo victoriosos los tarijeños entre quienres participaron Francisco Burdett O’Connor, Otto Felipe Braw, José Eustaquio Méndez y Bernardo Trigo, quien era el gobernador de Tarija. A partir de ahí queda consolidada la permanencia de Tarija hacia la república Bolívar. 

Desde la época colonial hubo la decisión de anexar a Tarija bajo la parte eclesiástica y administrativa hacia el estado de Salta pero muchos tarijeños no aceptaban. “Existe una ley en la Argentina que es la 02 de los pueblos de Sur, de la República Argentina, donde se crea la Provincia de Tarija, pero luego de la incorporación se aclara la pertenencia y desde entonces Tarija fue leal y muy fiel a nuestra patria”, investigó Ávila.

Vacaflor indica que pasaron seis años más hasta 1831 cuando a través de un proyecto de ley presentado por los diputados tarijeños, Ibáñez y José María Aguirre, se plantea la pertenencia de Tarija a la república; “este proyecto fue discutido y el 24 de septiembre de 1831 la provincia de Tarija por Ley del General Andrés de Santa Cruz, es reconocida”. 

Sin embargo, aclara Vacaflor que en 1834 Tarija figura en la constitución política del Estado como provincia, a pesar de ser creada como departamento; pasaron cinco años más y en 1839 recién en la reforma de octubre Tarija es reconocida como departamento de la república de Bolivia.

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